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Abuela, mamá y yo

Número Especial # 0 - 2025

Soy el sueño cumplido de las que no pudieron soñar

Andrea Vanessa Martínez Martínez

Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán

En la sierra mixteca de Oaxaca nació mi abuela. Juana se casó desde pequeña y tuvo diez embarazos. Toda su vida permaneció en el campo, trabajó ajeno en cortar el trigo, pizcar la milpa y moler el maíz. 

Era una mujer trabajadora, sociable y valiente para enfrentar a su marido. Su matrimonio fue violento por el vicio. La milpa de mi abuelo nunca se dio, eso los dejó sin comida y sin centavos.   

La carencia que vivió Juana también la sufrió mi madre. Ella al ser la mayor de sus hermanas le tocó pasar tardes sin probar comida, sin ir a la escuela e iba a trabajar en el campo.

Al tener 10 años mi mamá se fue del pueblo sola para sobrevivir, no deseaba casarse joven, no quería morir de hambre, ella no quería la vida de mi abuela. Dejó a su familia, a su mamá. 

El lugar con el que ella soñó no era lo que esperaba. Llegó a una casa desconocida con costumbres diferentes, tuvo que aprender español a chingadazos, con crueldad, a quedarse callada, a no llorar, a aguantar las discriminaciones. Conoció en carne y hueso que su vida como mujer hablante de mixteco y trabajadora doméstica parecía carecer de valor.

Se casó con un chico con una historia similar. Los dos se esforzaron para construir un hogar propio y decidieron ser padres. Mi madre quería darle todo a su bebe, que saliera adelante como decía mi abuela, no quería que la discriminaran y que estudie para poder defenderse. 

Yo crecí en casas de desconocidos con contextos muy diferentes, en mi niñez no entendía “diferencia” hasta que empecé mis estudios, cuando las mamás de otros estudiantes nos excluían por venir de Oaxaca, por el mixteco, por la ocupación de mi mamá.

Mi madre abandonó sus sueños por darme la vida que tengo y por la oportunidad de estudiar. Soy la primera de mi familia materna en una licenciatura. La UNAM me permitió aprender, ampliar mi visión, mi círculo social, estar presente en espacios que nunca imaginé, en escribir sobre mis raíces.

Cargo la historia de mi familia con orgullo porque mi mamá me enseñó a ser resiliente. Soy lo que muchas mujeres de mi familia no pudieron ni soñar.

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