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CREDITO: Imagen creada con IA
Picture of Edgar Humberto “El Zanate” Soto

Edgar Humberto “El Zanate” Soto

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 2

Soy un zanate, eso es lo que soy: un pajarillo citadino, ruidoso y mexicano.

Fragmentos de obsidiana

Número 12 / ENERO - MARZO 2024

Ya existíamos antes de la llegada de los primeros seres que movían las rocas y la tierra…

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Edgar Humberto “El Zanate” Soto

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 2

El viejo: Ya existíamos antes de la llegada de los primeros seres que movían las rocas y la tierra. Cuando los únicos con la capacidad de hacerlo eran el viento opaco, el agua encabritada y el suelo mismo, cuando convulsionaba y crepitaba. Cuando las nubes cargadas de fresca lluvia se formaban a lo lejos, en el horizonte, y cuando no, surgían de montañas lejanas, avisándonos de su áspera sequedad. Estábamos aquí antes de oír los extraños sonidos salidos de sus bocas a los que nombraron palabras, o de escuchar lo que llaman música; antes de ver cómo erigían los nuevos cerros y montañas, antes de verlos sucumbir al paso del tiempo, al bosque y al soto; antes de ver cómo mezclaban tierras o plantas con agua, para después embarrar la mezcla en las piedras que movieron y apilaron; antes de verlos allanar la tierra y luego volverla a cubrir de pequeñas plantas. Todas sus acciones las veíamos desde las copas de los árboles, la orilla de los arroyos, los techos de sus hogares, y de vez en cuando posándonos descaradamente en el suelo frente a ustedes.

El amistoso: Afortunado aquel que pudo ver sus murales de colores brillantes, registro de su larga historia en la cálida tierra. Bienaventurado quien pudo disfrutar de las grandes fiestas y de las alegres danzas en el aire, volando a su lado mientras se descolgaban hacia el vacío, fingiendo ser lluvia, y nos hablaban con el dulce sonido del carrizo con el que podemos entenderlos. Honorable es quien presenció el momento de su llegada y nombramiento, dicho sea de paso, en nuestro honor, pues con voces claras ellos dijeron: “Sea pues, con el permiso de los dioses, esta, nuestra nueva morada cuyo nombre será ‘la de los pájaros ruidosos’”. Sin embargo, desgraciados son los testigos de nuestro secuestro, ¡ay pobrecitos, vieron al espinoso, al perro, al monstruo del agua!, ahora mudos fardos en el suelo, víctimas inocentes por estar presentes en nuestra tragedia.

El simplón: Mucho se cuenta del gran señor Perro del Agua, que sobre ella vivía y por su causa murió, y tratando de modificar su cauce hacia donde no debía, el acueducto se le cayó. Según unos era un sanguinario, otros señalan su mano de gobernador, mis padres dicen que era un guerrero feroz, pero mis hermanos y yo lo vimos como un protector. Sin embargo, ahora durante su ausencia, aunque nuestra ley perdió vigencia ya no nos cazan ni nos ahuyentan, ahora somos seres con indulgencia. Allá va un gran conquistador, listo para acompañar al sol, dejando en el trono a su hijo, el jovencito del ceño fruncido.

El joven: Tantos años han pasado ya, que otros nombres nos fueron dados, varios hermanos y vecinos partieron hacia rumbos desconocidos para nunca volverlos a ver. Nuevos cantos se oyen hoy en día en este valle llano y yermo, nuevos vuelos y bailes se pueden observar desde las ásperas cornisas hechas de roca viva. Ahora el cielo se llena de verdes, grises y marrones, todos extranjeros y ajenos a este lago seco al cual llamamos hogar, pero no puedo quejarme de su lenta invasión, puesto que yo también soy un extraño dentro del hueco entre los cerros donde según los abuelos de mis abuelos antes había agua, tantísima agua junta y en calma como para formar grandes pantanos y existir sobre ellos, jugando a ser sombras de las sombras, fingiendo ser pedacitos de obsidiana chillantes, imponiendo nuestro canto sobre todo el valle; en lugar de competir por la vista con los otros vistosos plumajes, en vez de luchar por hacernos oír sobre la cacofonía del cementerio de cajas grises y pétreas en que se ha convertido este valle.

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