El fugitivo
Por: Ricardo Ortega
El miedo infantil tiene ojos diminutos
Facultad de Estudios Superiores Aragón
Facultad de Estudios Superiores Aragón
Oculta bajo la sábana blanquecina de costumbre,
asoman apenas tus cualidades al drama.
Flama adicionada circundando tus pavores,
insignificando los haberes de tu calma.
Eres alma presa que, indebida sufre
y hunde amarillentas sus aspiraciones altas.
La insegura cortina que —naturalmente— finge
apoyar tu evolución y crecimiento con su abrazo;
falso palpitar que tu perspicacia restringe
en persecución eterna de tu correr rutinario.
Secundario monumento, es débil y hueca esfinge.
Es actor perecedero cuyo mundo va a matarlo.
Entonces, no falta más que el tiempo,
que conseguirá de pronto en pronto liberarte.
La fuerza de su maldad va perdiendo:
se abrirá, ya sin quererlo, ya sin desear develarte.
Envejecerá al instante que el mundo te vea sonriendo
y la vida te permitirá vivir así, sonriente.
Por: Isabella Vega Valero
Las ausencias también pueden volverse multitud