Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia
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Cada 15 de septiembre, los mexicanos celebramos el inicio de nuestra lucha por la independencia. Es una fecha marcada por el orgullo nacional, donde muchos de nosotros nos vestimos con atuendos tradicionales: trajes charros, vestidos de china poblana, rebozos y sombreros. Sin embargo, surge una pregunta: ¿nos disfrazamos de mexicanos ese día, o simplemente abrazamos una parte de nuestra identidad que permanece dormida el resto del año? La respuesta no es sencilla. Para algunos, la vestimenta tradicional y las banderas en las calles representan una manifestación genuina de lo que nos define como mexicanos. Para otros, puede parecer un “disfraz” temporal, una celebración que activamos solo en septiembre, como si nuestra identidad nacional necesitara de un evento para salir a la luz. Porque ser mexicano va mucho más allá de un traje típico o una bandera.
Ser mexicanos es algo que llevamos con nosotros a donde quiera que vamos. Es un orgullo que, personalmente, siento profundamente en el corazón, no solo por el lugar de donde venimos, sino por la cultura, las tradiciones y la historia que nos definen. Somos una mezcla de lo antiguo y lo nuevo, un crisol de culturas que se refleja en nuestra comida, nuestra música y nuestras celebraciones. Nos caracteriza la cercanía con la familia, la alegría a pesar de los desafíos y una calidez que compartimos con todos. Aunque a veces nos toque estar lejos de casa, las raíces mexicanas siempre nos acompañan, desde el olor del mole en una cocina hasta el ritmo de un mariachi en una fiesta. El sentido de comunidad es algo que nos distingue, porque sin importar las circunstancias, un mexicano siempre está dispuesto a extender la mano a quien lo necesite. Quizá para el mundo nos definan los sombreros o los tacos, pero lo que realmente nos hace mexicanos es nuestra capacidad de reír, de adaptarnos, de resistir y de mantener viva la esencia de quienes somos, sin importar dónde estemos.
Ser mexicano no se limita a las festividades patrias. Es el amor por el mariachi que suena en una fiesta, la comida que compartimos, los sabores únicos de un buen taco al pastor o un mole poblano. Es la resiliencia que hemos mostrado ante los retos históricos, la calidez con la que recibimos a extraños y la forma en que siempre encontramos motivos para reír, incluso en los momentos difíciles. Nos define nuestra riqueza cultural, el sincretismo de nuestras raíces indígenas, españolas y mestizas. Nos define el idioma, la historia de resistencia y la creatividad cotidiana que se refleja en nuestro arte, música y hasta en la picardía del lenguaje. Pero también nos define el contraste: la modernidad de nuestras ciudades y las tradiciones que perviven en nuestras comunidades rurales.
Entonces, ¿nos disfrazamos?
Puede parecer que el 15 de septiembre nos “disfrazamos” de mexicanos, pero en realidad, es una oportunidad para recordarnos quiénes somos y lo que hemos logrado como nación. Ese día no nos transformamos en algo diferente, simplemente hacemos visible, de forma más ostentosa, una identidad que siempre está presente en cada uno de nosotros, aunque a veces no la celebramos con tanta intensidad. Ser mexicano es algo que vivimos día a día en las pequeñas cosas y no solo en una celebración nacional. Porque más allá de las fiestas y los colores, lo que verdaderamente nos define es nuestra historia compartida y la forma en que enfrentamos el futuro juntos, como una nación que siempre encuentra motivos para seguir adelante, orgullosa de lo que es y de lo que será.
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