Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Facultad de Estudios Superiores Iztacala
Te levantas, tienes la boca seca, estás cansado, no has dormido en días. Desayunas, te preparas para salir, vas tarde, corres a esperar el camión, no llega. Te apresuras al suburbano, recorres la estación llena de puestos, esa oda al consumismo. Por fin llega, te llevará a ese templo del conocimiento que te fastidia. Te apresuras al aula, está alejada de la puerta principal, subes esas largas y pesadas escaleras. Cuando entras, el profesor ya pasó lista. No lo lograste, tienes retardo.
Deberías prestar atención, anotar o incluso participar, no lo haces. Miras por la ventana y piensas: “¿qué voy a hacer en la tarde?”, ¿ver esa serie, leer ese libro, jugar ese videojuego? Pero no, no estás en casa, te encuentras en este pequeño salón. El profesor está hablando, hay un texto en el pizarrón, no lo comprendes, entras en desesperación. El profesor pregunta, rezas para que no te preste atención, tu mala suerte te acompaña, eres la primera persona a la que interpela.
Termina la clase, estás cansado, asistes a otras clases aburridas y repetitivas, no sabes de lo que hablan, ni te interesa. Ves a tus compañeros con la esperanza de sentir alivio en no ser el único enajenado. Pero no, ellos lo entienden a la perfección, saben de lo que se habla. Te sientes solo, te han dejado atrás. No deberías estar aquí.
Recuerdas el pasado, cuando eras bueno en algo, destacabas, pertenecías. ¿En qué momento cambió todo? Eres la sombra de lo que eras, ya no eres el mejor en lo que amabas. Los demás tienen mejores calificaciones, sacan mejores fotos, hacen dibujos de mayor calidad, saben más cosas que tú. No hay a quien recurrir. Cuando externalizas un pensamiento, un sentimiento, te dicen que deberías echarle más ganas, estudiar más, levantarte más temprano.
Te consideras listo, demuestras que sabes, sin embargo, los demás saben más. Te sientes extraño, sabes que estás mal, no puedes expresarlo, lo sobrellevas. Todos tus días son iguales.
¿Esto es lo que tiene que vivir un estudiante?: “Si no sufren, no aprenden.” Quieres descansar, llegar a tu casa y tirarte a dormir. No puedes, tu universidad te pide un idioma, dos horas más.
Ya es el final de tu jornada estudiantil. Entraste de mañana y ahora se oculta el sol. Vas de regreso a casa. Tomas un camión, metro, transbordo y suburbano. Por fin llegas a tu hogar, un momento de gloria en el que sólo quieres tirarte a dormir, comer algo, no lo habías hecho desde la mañana. Cuando te dispones a descansar recuerdas que tienes tarea que hacer, las clases en línea nos dejaron plataformas con el potencial de arruinar tu tarde. Tu jornada parece no acabar.
Ocho horas en la escuela, tres horas de tareas en casa, tres más de traslado, ocho horas para dormir y una para comer. ¿Cuánto queda para ti?, ¿tú escogiste ésto?, ¿son tus ambiciones o las de tus padres?, ¿estás en la universidad por elección? Por fin terminó el día, al fin esa dosis gratis de dopamina conocida como TikTok, llega el momento de dormir que será arruinado por esa alarma que sonará en cinco horas. Apenas es lunes.
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