Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
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Cortar por línea de puntos (2021) Zerocalcare
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Sebastián Ortiz Pulido

Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala

Soy un chico de 19 años que no sabe lo que quiere, por eso estoy intentando abrirme a nuevos horizontes e intentar transmitir las cosas que pasan y siento a través de lo que hago.

Crisis dentro de la habitación

Número 16 / ENERO - MARZO 2025

El siguiente texto contiene spoilers de Cortar por la línea de puntos

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Sebastián Ortiz Pulido

Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala

Crear puede parecer simple al principio, pero puede volverse agotador. Escribir y escribir sin encontrar la forma correcta de plasmar esa idea que en tu cabeza suena tan bien. Tal vez, si lograras hacerlo, podrías ganar un premio, un reconocimiento o al menos una palmada en la espalda. Sin embargo, esto es algo a lo que muchos que nos dedicamos a esto, ya sea como hobby o profesionalmente, nos hemos enfrentado. Al menos en mi caso, he llegado a frustrarme múltiples veces al momento de escribir un texto. 

Días y días revisando una idea, escribiéndola, borrándola, editándola y recomponiéndola, hasta que vuelves a la realidad y te das cuenta de que llevas dos horas frente a la computadora y aún no has escrito ni una sola palabra. Es curioso, ni siquiera soy alguien importante o nominado a algo. Sólo escribo por diversión en ¡Goooya!, y ahora me presiono pensando: “Ya te publicaron en físico un par de veces; les debes, al menos, una trilogía.” 

Y es que en serio es complicado estar pensando en temas uno tras otro, investigar, hacer mil bocetos y que al final solo sea para desecharlos pensando: “No son lo suficientemente buenos”. Pero, ¿qué es “bueno”? ¿Debería gustarme a mí o a los demás? Tal vez debería intentar hablar de una película en lugar de hacer este texto. ¿Me estoy quejando demasiado o es solo mi ego hablando? Como me han dicho algunos de mis amigos, tal vez me exija demasiado. No estoy en el pico de mi carrera, tal vez solo soy alguien con suerte por haber sido publicado. Me da miedo afrontar la posibilidad de que no me publiquen otra vez y pensar que ya no soy suficiente. 

En medio de ese círculo interminable de presión y autocrítica, encontré una especie de respiro al recordar una serie que vi hace algunos años: Cortar por la línea de puntos (Italia, 2021). En su momento no pensé que tendría un impacto tan profundo en mí, pero revisitarla ahora me ayudó a entender algo esencial sobre la vida y nuestras expectativas. De las pequeñas anécdotas que cuenta ahí el protagonista Zero a lo largo de la serie, la que más resuena conmigo es la de su primer año de secundaria (primaria para nosotros). En ese momento, Zero era muy bueno en la escuela, especialmente en matemáticas, y sabía dibujar un triángulo isósceles, algo que enorgulleció a su maestra, doña Marceti. Esto lo llenó de responsabilidad y ansiedad, pues creía que, si dejaba de destacar, la decepcionaría. Todo explotó cuando llegaron las divisiones más complicadas: el estudiante ejemplar de antes ya no podía resolverlas. A los ojos de Zero, esto rompió la imagen que doña Marceti tenía de él y la decepcionó profundamente.

Después de terminar castigado por culpa de su amigo Seco, Zero conversa con su amiga Sarah. Ella le dice unas palabras que me dejaron días pensando: “No eres tan importante, Zero. No eres el centro del mundo de doña Marceti. Nosotros la vemos ahí, sola detrás de su mesa, y parece que es el gran pilar de nuestra existencia, pero su vida empieza a la 1:30 cuando sale de aquí. Tú solo eres un número entre una infinidad de cifras. Solo le importas a tu madre; a nadie más le importa una mierda si sacas un 4, un 8 o un 10 en matemáticas… Y te das cuenta de lo bonito que es así. No llevarás el peso del mundo sobre tus hombros. Tú solo eres una hierba en el campo. ¿No te notas más ligero?.

Esto, al igual que a Zero, me hizo pensar que tal vez, solo tal vez, ser una hierba más en este campo eterno que es la vida puede ser más tranquilizador en lugar de tener que ser esa flor única que necesita destacar siempre para no dejar de serlo. Desde el primer capítulo se nos presenta a Alice, la cual puede que sea el personaje más complejo de la obra. Al inicio, desde la perspectiva de Zero, parece solo una amiga más, tal vez con un interés amoroso mutuo. De ambos lados mostrando interés, pero sin demostrarlo, ambos tirando de la cuerda, pero sin dejar de tirar; durante toda la serie se muestra cómo Alice siempre estuvo enamorada de Zero, pero este, por culpa de su cobardía y narcisismo, nunca quiso darse cuenta. Mientras avanzan los episodios y analizas un poco sus escasas apariciones, se puede intuir que su suicidio estaba presente desde el principio. 

Alice es retratada como una chica carismática y optimista, siempre intentando encontrar el lado positivo de la vida. Su personalidad contrasta directamente con la de Zero, narcisista y egocéntrico. A primera vista, podríamos pensar que Zero es el único que lucha contra un trastorno psicológico, principalmente depresión. Sin embargo, al analizar más de cerca, descubrimos una realidad más dolorosa: Alice también sufría de depresión, pero no en su forma más visible. En lugar de mostrar una tristeza desmedida o una incapacidad para levantarse de la cama, Alice seguía enfrentándose a la vida, acumulando pequeños fracasos y decepciones. Entre rupturas amorosas y contratiempos profesionales, su lucha interna nunca fue evidente hasta que llegó a su límite. 

La parte donde más se demuestra esto, es cuando Alice le pide a Zero por mensaje que le haga un cómic para los niños de sus clases particulares (esto mostrándonos después que era para que a Zero se le hiciera más fácil declararse). Zero, como el pesimista que es, hizo una historia triste sobre un matón que hacía zancadillas (tiraba a la gente) y Alice en ese momento le dice que es muy deprimente, que le falta algo de esperanza. Esta palabra fue la que detonó todo. Al menos para mí, en este momento Alice era la que más necesitaba de alguien.

Al final de la serie, Zero está en el funeral de Alice, y provocado por la revelación obvia para todos, al enterarse que Alice gustaba de él, comienza a preguntarse si podría haber hecho algo diferente por ella. Tal vez, si no hubiera sido tan cobarde, Alice seguiría aquí. Pero antes de llegar a una catarsis, la vida en forma de su amiga Sarah lo golpea de nuevo, diciéndole: “Eras su amigo. Tal vez durante un tiempo quiso algo más, pero luego solo quería comer helado contigo en el sofá. A veces la hacías reír y a veces enojar. La gente es así, pero no podrías determinar si vivía o moría. Al menos déjale eso”. 

Esto me hace recordar lo complicados que somos. No sólo somos nuestros problemas o dolencias; somos un cúmulo de experiencias y momentos. Tal vez buenos, tal vez malos, pero al final, eso es lo que somos, y como en la serie y en la vida estos momentos no necesariamente están conectados lógicamente a veces existen malas rachas que podemos ver gracias al pesimismo, mismas que ocurren sin que exista un momento bueno. Lo cierto es que si echamos la vista atrás está todo ahí: tanto bueno como malo conviven juntos en armonía, delimitando el existir. Como se expone en esta serie, las vivencias y experiencias –buenas y malas– son las que nos hacen ser lo que somos. 

Y este texto, como la serie, es un espejo de la vida: un conjunto de fragmentos, emociones y pensamientos que, aunque puedan parecer desconectados, construyen algo más grande cuando los vemos en perspectiva. No somos nada más lo que logramos o fallamos, ni las expectativas que nos imponemos o nos imponen; somos los momentos que compartimos, las palabras que decimos y las que callamos, los errores y los aciertos que nos hacen humanos. 

La vida, como lo demuestra Cortar por la línea de puntos, no sigue un patrón perfecto ni responde siempre a nuestras preguntas. A veces, es una mezcla de dolor y esperanza, de cargas que aprendemos a soltar y otras que elegimos llevar. Pero incluso en el caos, hay una belleza que se encuentra en ser parte de este campo inmenso, en ser una pequeña hierba que, aunque no siempre destaque, es valiosa por simplemente estar. 

Para quienes sienten que el peso es demasiado, como Alice, es importante recordar que no estamos solos. Nuestras historias se entrelazan, y a veces, basta con pedir ayuda o compartir un momento para encontrar un poco de luz en la oscuridad. Como se nos muestra en la serie, un problema que parece pequeño desde fuera puede ser inmenso desde dentro, y eso no te hace débil, te hace humano. Así que, si alguna vez sientes que no puedes más, busca apoyo. Tu historia todavía tiene capítulos por escribir, y mereces estar aquí para verlos desarrollarse.

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