El tablero de la guerra
Por: Lucero Morales
La guerra comienza en las palabras
Escuela Nacional Preparatoria plantel 9
Escuela Nacional Preparatoria plantel 9
Cuando tenía siete años, mi madre decidió inscribirme en el catecismo y desde el primer día me encantó. Me ofrecía la oportunidad de conocer gente nueva, tener una actividad los sábados y asistir a misa los domingos. Me involucré en cada evento de la iglesia, disfrutando del ambiente acogedor y la comunidad que se formaba. Además los temas me parecían interesantes. Tenían ahí libros infantiles con historias de la Biblia, como la creación del mundo, Abel y Caín, o el llamado “hijo pródigo”. Me fascinaban esos relatos.
Me enseñaron que Dios ama, que Jesús murió por nosotros, y que el bien y el mal estaban claramente definidos. Nunca me cuestioné si todo esto tenía sentido, simplemente lo aceptaba porque los adultos me decían que era verdad. Con el paso de los años, fui prestando cada vez más atención a las misas. Poco a poco, me di cuenta de que muchas cosas no tenían coherencia, y empecé a ver la religión desde una perspectiva distinta.
Cuando tenía 11 años, encontré un video que cuestiona la religión de una manera en la que nunca antes la había pensado. En ese momento no entendí todo el mensaje, pero varias cosas se quedaron conmigo. La chica del video hablaba sobre la dificultad de creer en algo que no se te inculcó desde pequeño, especialmente en un país como México, donde la religión es parte importante de la cultura y la identidad de las personas. Entre sus reflexiones, había una que me llamó la atención: el miedo que ella sentía hacia el arte sacro. Para la mayoría de las personas este tipo de expresiones son símbolos de paz, pero para ella eran casi perturbadoras. Esto me hizo pensar cómo la percepción de la fe puede depender completamente del entorno en el que nacimos. Aunque en ese momento no tenía madurez para analizar a fondo, el video me dejó inquieta. No porque me hiciera perder la fe, sino porque me llevó a cuestionar cosas que nunca había considerado. Ahora al recordar ese momento me doy cuenta que fue uno de los primeros pasos para cambiar mi pensamiento sobre la religión.
A medida que fui creciendo, las dudas comenzaron a aparecer. Primero fueron pequeñas preguntas: ¿por qué los milagros ocurren en imágenes y no en problemas urgentes? ¿Realmente el mundo se creó en 7 días? Luego, al entrar a la preparatoria, la perspectiva cambió por completo. En la preparatoria aprendí un poco sobre historia, y fue ahí donde empecé a entender la religión no como una verdad absoluta, sino como una necesidad humana. Descubrí que esto fue un punto de quiebre. Me di cuenta que la religión era una construcción humana para llenar vacíos existenciales.
Las dudas fueron creciendo. ¿Existe realmente un creador? Desde pequeña me enseñaron que Dios creó el mundo, pero en la escuela aprendí sobre el Big Bang; entonces, ¿qué historia es verdadera? ¿Si Dios es amor, porque hay tanto odio, dolor y destrucción? Se supone que Dios es misericordioso, pero veía tragedias todos los días. Si Dios tiene el poder de cambiar las tragedias, ¿por qué deja que sucedan? ¿Qué pasa después de la muerte? Desde la religión me decían que existe el cielo y el infierno pero algunas personas creen en la reencarnación, otras en el vacío absoluto. ¿Quién tiene razón? ¿O ninguna respuesta es la correcta?
Estas dudas me llevaron a explorar nuevas formas de conectar conmigo misma y encontrar respuestas fuera de la religión. Empecé a notar cómo en estos tiempos, muchas personas buscan sentido en prácticas como el yoga, la meditación, la astrología, el mindfulness, la filosofía, ir a terapia o incluso, no pensar en esos temas para no agobiarse.
Ante tantas preguntas sin respuestas, comencé a explorar otras maneras de encontrarme a mí misma, comencé con la meditación. La meditación ayuda a reducir el ruido de la vida y encontrar calma. También que el arte, la escritura, la música y la creatividad permiten expresar cosas que no siempre podemos decir. Otras personas encuentran sentido en viajar, caminar o simplemente observar el mundo.
Antes pensaba que la espiritualidad solo tenía que ver con la religión que me inculcaron desde pequeña. Ahora creo que cada quien cuenta con su propia manera de darle sentido a la vida. Ya no se trata de seguir reglas impuestas, sino de descubrir que nos hace sentir bien, que nos hace conectar con nosotros mismos y con los demás.
Quizás no tenga respuesta si el mundo se hizo en 7 días, o si seré castigada si como carne en viernes santo. Sin embargo, encontré una nueva forma de encontrar el sentido a la vida, de conectar conmigo misma y tener paz, y eso es lo importante. Tal vez la verdadera respuesta no esté en una sola creencia, sino en la capacidad de seguir explorando y buscando significado en nuestra existencia. Tal vez tú también has sentido esa necesidad de buscar respuestas, de encontrar sentido en medio de la incertidumbre. ¿Cómo has construido tu propia manera de ver el mundo?
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