En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Con enojo o alegría, pero seguir

Número 1 / ABRIL - JUNIO 2021

El mundo exige más que nunca un cambio, la restauración del planeta a su versión normal… bueno, si es que alguna vez fue normal

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Alexa Mendoza Ponce

Colegio de Ciencias y Humanidades-Oriente, UNAM

Todos queremos volver a salir, ¿no? Es eso por lo que luchamos día a día, bueno, al menos los pocos que verdaderamente lo hacemos. Poder vivir en paz en este fatídico presente es más complicado de lo que podríamos imaginar. Las circunstancias son nuevas para muchos de nosotros y las limitaciones son grandes, y no hablo sólo de los estudiantes o los docentes, sino de todo aquel que cada mañana se levanta sin posibilidad de permanecer en donde aparentemente se encuentra seguro. No podemos detenernos aun cuando el fin pueda estar a la vuelta de la esquina, es deber de todos continuar, sea con temor, tristeza, enojo o alegría. La realidad es que por más grandes que sean nuestros sentimientos no conseguirán modificar nada ni mucho menos erradicar las cosas.

Lo único que me atrevo a pedir es que actuemos con responsabilidad. Si no tenemos el suficiente valor para llevarlo a cabo con el fin de salvaguardar nuestra vida, hagámoslo por los demás, por todos lo que en verdad luchan por seguir adelante, los que esperan poder volver a salir con libertad, regresar a la oficina y ver a sus colegas, volver a nuestras queridas aulas y ver a nuestros compañeros y profesores, salir un buen día con aquellos amigos a los que tanto añoramos y que no hemos visto en mucho tiempo; revivir esas risas y momentos de felicidad.

Algunas personas dicen que esto es sólo un castigo, otras más que es una salvación. Honestamente, yo no dedico mucho tiempo a pensar en ello, hay tantas teorías de los posibles orígenes que no deseo vivir acomplejada por este aspecto. En lo que sí pienso es en todo aquello que la pandemia nos ha robado: buenos momentos, estabilidad (económica), salud y seres amados. Es triste pensar en cómo se nos ha arrebatado incluso a nuestros muertos, la posibilidad de despedirnos, todos aquellos que necesitaron tan sólo un último adiós y que, finalmente, les fue negado.

El destino de miles de personas fue terrible, un tanto injusto podríamos decir, a pesar de los grandes cambios positivos en que derivó esta pandemia, enfocándonos en cuanto al ambiente natural. No sería capaz de decir que fue un precio justo, sin embargo, es una oportunidad que se le está brindando al ser humano de generar un poco de conciencia en cuanto a sus actos.

El ser humano, desde sus orígenes, se desarrolló en este planeta, mejorando extraordinariamente su calidad de vida. Lamentablemente, el costo de esto ha sido muy grande, la destrucción de su hábitat persiste incansablemente. Aun cuando hoy en día se pueden percibir estas consecuencias, no hay muestra de algún tipo de acción para remediarla. Verdaderamente espero que después de la pandemia se puedan tratar estos temas con la urgencia que requieren. El mundo exige más que nunca un cambio, la restauración del planeta a su versión normal… bueno, si es que alguna vez fue normal.

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