Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
“Yo pensaba que si uno escribía era una necesidad para uno mismo, no para publicar, pero me hicieron entender que si lo que uno hacía tenía cierto valor, lo debías compartir con los demás” – Amparo Dávila
No todas las semanas son iguales como muchas veces lo imaginamos. Pasa algo similar en cada rutina de aquellos con quienes nos cruzamos a diario. Estamos aquí reunidos por una misma razón, eso es cierto, pero no todos podemos “gozar” del mismo regreso.
Prontitud
Ayer estaba acompañado de todas mis cosas como es costumbre
y en eso, recibí una carta.
No tenía remitente, y procedí a abrirla.
En ella, se hablaba de las hazañas más grandiosas que pude haber realizado.
Junto con otros inconvenientes que me habían beneficiado.
Dentro de lo que me concierne, no compadezco aún hacia ningún bando,
y apenas si voy asimilando al inmiscuirme en aquella realidad que me es relatada.
El último párrafo no cuenta más que con distintas irregularidades, bagajes técnicos que no entiendo, y simplezas transferidas de un futuro exasperado.
Y la inminente fijación de un final, no evita que me ponga triste.
Por ello, creo que lo mejor es cerrar la carta, seguir jugando, alertar de mis necesidades, fluir con lo sano y volver a revivir todo aquello, que supuestamente ya concluí.
Jornada laboral
Solía pensar antes que todo era fácil, pero no es así.
Desde que dejé aquella tranquilidad cotidiana las mañanas ya no me han sido placenteras.
Echo de menos poder estar con ellos ahora mismo, y así como se han ido dando las cosas, es muy probable que aquel encuentro tenga que postergarse hasta la siguiente quincena.
Al final del día sigo sin poder encontrarme conmigo mismo, y como ya es costumbre, pasar inadvertido con todos estos desconocidos en el vagón me resulta sumamente normal.
De pronto me detengo, y por un instante, veo en el horizonte una única salida, pero luego recapacito, retomando mi paso como si nada hubiera ocurrido entre aquellos gigantes que iluminan la noche.
Y más tarde, ya inundado en sollozos, finalmente consigo llegar a mi techo, donde soy nuevamente recibido por esa inocente criatura, que me hace olvidar momentáneamente aquella triste realidad que años atrás desconocía.
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