Culturas políticas del

Movimiento

feminista

en México

Bienvenidx a la plataforma interactiva “Culturas políticas del movimiento feminista en México”. Este espacio es resultado del proyecto de investigación impulsado por el PUEDJS y apoyado por el CONAHCyT: “La democracia en el México actual: culturas políticas, movimientos sociales y redes digitales en disputa”, que tiene como propósito analizar las culturas políticas de México en su diversidad y desde un enfoque multidisciplinario. Esta plataforma se suma a otras dos anteriores, La cultura política del magisterio y la cultura política de las derechas en México.

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Tesis uno

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son motores del pensamiento y acción política del movimiento feminista en México.

El feminismo rompe con las ideas dicotómicas, propias de una lógica moderna y colonial, que oponen razón a emoción, cuerpo a mente, lo espiritual y lo material, entre otras oposiciones. La cultura política feminista integra estas dimensiones; aquello que ha sido históricamente entendido como no político es incorporado, politizado y convertido en el motor que impulsa a la organización y la acción colectiva. Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se expresa también en cómo las feministas se involucran y se comprometen con esta lucha, pues viven un proceso de reflexión que conecta lo personal con lo político.
En nuestra investigación pudimos constatar que para las feministas, los ámbitos de lo privado y lo público no están tajantemente separados, al contrario, reconocen que muchas de las violencias que viven son resultado de estructuras de desigualdad, discriminación y violencia que son históricas y sistémicas; que lo que le pasa a una, le pasa a muchas y, por tanto, no es un asunto personal, sino político. Así, planteamos en esta tesis que las emociones como el amor, la sororidad, la indignación y la rabia son el motor del pensamiento y acción política feminista.
Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se refleja claramente en la manera en que las feministas abordan el amor. Mientras el amor patriarcal perpetúa desigualdades y dependencias, el feminismo promueve un amor revolucionario que busca eliminar jerarquías y promover la igualdad, conectando así la esfera íntima con la lucha política. Como afirma Marcela Lagarde el amor patriarcal “encierra recovecos de dominio que generan desigualdad, lazos de dependencia y propiedad, así como privilegios e inequidad que generan frustración, sufrimiento e incluso daño”.1
El mito del amor romántico anestesia a las mujeres, las aísla, las entretiene con un supuesto destino al sufrimiento y las deja a la espera de su “complemento” de vida. Contrario a ello, el amor en el feminismo es revolucionario, posibilita pensar otras formas de relacionarse, desde el respeto mutuo, la valentía, la empatía, el buen trato, la alegría, el placer, el cuidado y la igualdad. El feminismo entiende el amor de manera crítica, cuestionando los mandatos de género y las dinámicas de poder que históricamente han permeado las relaciones afectivas. El amor feminista se basa en la igualdad, en el respeto a la autonomía, busca romper los estereotipos de género que imponen cómo debe expresarse el afecto. En suma, el amor feminista, como señala Bell Hooks, es profundamente político.2 Y este poder transformador del amor es la base de todo cambio social significativo. En ese sentido, el feminismo despatriarcaliza el amor convirtiéndolo en una fuerza subversiva colectiva que ayuda a eliminar jerarquías y reivindica la vida.
La sororidad es un pacto ético y político entre mujeres que va en contra de la lógica patriarcal que requiere de la división, la competencia y la sumisión.3 No es la vinculación sobre la base de una victimización o contra los hombres como si fueran un enemigo común, tampoco es una amistad incondicional por el hecho de ser mujer.

Entrevistada: Myriam Olivares, Colectiva Ancestras

La sororidad es el fundamento ético de las prácticas políticas entre mujeres para deconstruir la enemistad patriarcal, el racismo, el adultismo y todas las formas de supremacía, desigualdad y dominación entre mujeres, con acciones prácticas de cooperación, alianza y sustentabilidad.4
El feminismo encuentra claves para la resistencia y la construcción de nuevos horizontes de vida desde otro tipo de emociones, como la indignación y la rabia. Resultado de un incremento de las violencias contra las mujeres en México, en especial la sexual y la feminicida, surge un sentimiento de rabia e indignación en común, que ha permitido a las feministas identificarse unas con otras, romper el silencio y apropiarse de las calles. La rabia se hace presente en las manifestaciones públicas, poniendo el cuerpo en las calles, rompiendo, quemando.
Una de las vías que encuentra la rabia para expresarse es la voz, mediante consignas y canciones. “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, es un himno de las protestas. Pone voz al dolor y a la indignación, producto de la violencia de género, que se convierte en una rabia colectiva. En la canción, gritar, incendiar y romper no son acciones vandálicas sino formas de lucha necesarias para exigir el derecho de las mujeres a vivir. Expresa coraje, pero al mismo tiempo, valentía y fortaleza.

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte “¡nos queremos vivas!”
Que caiga con fuerza el feminicida
Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo
Si un día algún fulano te apaga los ojos
Ya nada me calla, ya todo me sobra
Si tocan a una, respondemos todas

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son dimensiones afectivas que el feminismo saca del confinamiento de lo privado, las politiza para ser un motor protagónico de rebeldía, resistencia y transformación. Aquí cabe explicar que entendemos las emociones y su relación con la acción colectiva desde el enfoque sociológico emocional, una perspectiva teórica que destaca la importancia de las emociones para explicar las movilizaciones sociales. Lejos de las interpretaciones psicologistas que las entienden como reacciones físico químicas o los abordajes racionalistas que las ven como impulsos irracionales, entendemos las emociones como construcciones socioculturales, que si bien son experimentadas de manera individual, están insertas en contextos sociales específicos y entramados concretos de relaciones.
Las emociones juegan un papel central en la toma de decisiones de grupos e individuos; además, pueden ser utilizadas de manera estratégica para lograr determinados fines, algo que suelen hacer los movimientos sociales.5 Las emociones son impulsos poderosos para la participación social, para la construcción de la identidad colectiva, el deseo de cambio o el empoderamiento de quien emprende una lucha colectiva.6
En suma, para la cultura política feminista, las emociones son motores de acción y pensamiento. La rabia ayuda a la transición del dolor y la indignación hacia la movilización; el amor y la sororidad redirigen la pena y la frustración hacia una dirección para la acción. Son también una manera de asumir lo deseable y lo posible, por medio de las cuales se construyen horizontes utópicos de acción. Así, para la cultura política feminista, la afectividad es un proceso de liberación y cambio individual y colectivo.

1 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro. p. 9.

2 Hooks, Bell. (2021). Todo sobre el amor. Nuevas perspectivas. PAIDÓS Contextos.

3 Lagarde, Marcela (2009). Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista. Recuperado de: Enemistad y sororidad

4 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.

5 Massal, Julie (2015). “Emociones y movilización social: un cuestionamiento al paradigma racionalista”, Análisis Político, 85, pp. 93-111; Jasper, James M. (2014). “Constructing Indignation: Anger Dynamics in Protest Movements”, Emotion Review, 6(3), pp. 208 –213.

6 Poma, Alice y Gravante, Tomasso (2015). “Las emociones como arena de la lucha política. Incorporando la dimensión emocional al estudio de la protesta y los movimientos sociales”, Ciudadanía Activa, Revista Especializada en Estudios sobre la Sociedad Civil, 3, pp. 17-43; Corduneanu, Victoria (2019). “El papel de las emociones sociales y personales en la participación política”, Revista Mexicana de Opinión Pública, 26, pp. 71-96.

Tesis uno

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son motores del pensamiento y acción política del movimiento feminista en México.

El feminismo rompe con las ideas dicotómicas, propias de una lógica moderna y colonial, que oponen razón a emoción, cuerpo a mente, lo espiritual y lo material, entre otras oposiciones. La cultura política feminista integra estas dimensiones; aquello que ha sido históricamente entendido como no político es incorporado, politizado y convertido en el motor que impulsa a la organización y la acción colectiva. Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se expresa también en cómo las feministas se involucran y se comprometen con esta lucha, pues viven un proceso de reflexión que conecta lo personal con lo político.
En nuestra investigación pudimos constatar que para las feministas, los ámbitos de lo privado y lo público no están tajantemente separados, al contrario, reconocen que muchas de las violencias que viven son resultado de estructuras de desigualdad, discriminación y violencia que son históricas y sistémicas; que lo que le pasa a una, le pasa a muchas y, por tanto, no es un asunto personal, sino político. Así, planteamos en esta tesis que las emociones como el amor, la sororidad, la indignación y la rabia son el motor del pensamiento y acción política feminista.
Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se refleja claramente en la manera en que las feministas abordan el amor. Mientras el amor patriarcal perpetúa desigualdades y dependencias, el feminismo promueve un amor revolucionario que busca eliminar jerarquías y promover la igualdad, conectando así la esfera íntima con la lucha política. Como afirma Marcela Lagarde el amor patriarcal “encierra recovecos de dominio que generan desigualdad, lazos de dependencia y propiedad, así como privilegios e inequidad que generan frustración, sufrimiento e incluso daño”.1
El mito del amor romántico anestesia a las mujeres, las aísla, las entretiene con un supuesto destino al sufrimiento y las deja a la espera de su “complemento” de vida. Contrario a ello, el amor en el feminismo es revolucionario, posibilita pensar otras formas de relacionarse, desde el respeto mutuo, la valentía, la empatía, el buen trato, la alegría, el placer, el cuidado y la igualdad. El feminismo entiende el amor de manera crítica, cuestionando los mandatos de género y las dinámicas de poder que históricamente han permeado las relaciones afectivas. El amor feminista se basa en la igualdad, en el respeto a la autonomía, busca romper los estereotipos de género que imponen cómo debe expresarse el afecto. En suma, el amor feminista, como señala Bell Hooks, es profundamente político.2 Y este poder transformador del amor es la base de todo cambio social significativo. En ese sentido, el feminismo despatriarcaliza el amor convirtiéndolo en una fuerza subversiva colectiva que ayuda a eliminar jerarquías y reivindica la vida.
La sororidad es un pacto ético y político entre mujeres que va en contra de la lógica patriarcal que requiere de la división, la competencia y la sumisión.3 No es la vinculación sobre la base de una victimización o contra los hombres como si fueran un enemigo común, tampoco es una amistad incondicional por el hecho de ser mujer.

Entrevistada: Myriam Olivares, Colectiva Ancestras

La sororidad es el fundamento ético de las prácticas políticas entre mujeres para deconstruir la enemistad patriarcal, el racismo, el adultismo y todas las formas de supremacía, desigualdad y dominación entre mujeres, con acciones prácticas de cooperación, alianza y sustentabilidad.4
El feminismo encuentra claves para la resistencia y la construcción de nuevos horizontes de vida desde otro tipo de emociones, como la indignación y la rabia. Resultado de un incremento de las violencias contra las mujeres en México, en especial la sexual y la feminicida, surge un sentimiento de rabia e indignación en común, que ha permitido a las feministas identificarse unas con otras, romper el silencio y apropiarse de las calles. La rabia se hace presente en las manifestaciones públicas, poniendo el cuerpo en las calles, rompiendo, quemando.
Una de las vías que encuentra la rabia para expresarse es la voz, mediante consignas y canciones. “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, es un himno de las protestas. Pone voz al dolor y a la indignación, producto de la violencia de género, que se convierte en una rabia colectiva. En la canción, gritar, incendiar y romper no son acciones vandálicas sino formas de lucha necesarias para exigir el derecho de las mujeres a vivir. Expresa coraje, pero al mismo tiempo, valentía y fortaleza.

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte “¡nos queremos vivas!”
Que caiga con fuerza el feminicida
Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo
Si un día algún fulano te apaga los ojos
Ya nada me calla, ya todo me sobra
Si tocan a una, respondemos todas

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son dimensiones afectivas que el feminismo saca del confinamiento de lo privado, las politiza para ser un motor protagónico de rebeldía, resistencia y transformación. Aquí cabe explicar que entendemos las emociones y su relación con la acción colectiva desde el enfoque sociológico emocional, una perspectiva teórica que destaca la importancia de las emociones para explicar las movilizaciones sociales. Lejos de las interpretaciones psicologistas que las entienden como reacciones físico químicas o los abordajes racionalistas que las ven como impulsos irracionales, entendemos las emociones como construcciones socioculturales, que si bien son experimentadas de manera individual, están insertas en contextos sociales específicos y entramados concretos de relaciones.
Las emociones juegan un papel central en la toma de decisiones de grupos e individuos; además, pueden ser utilizadas de manera estratégica para lograr determinados fines, algo que suelen hacer los movimientos sociales.5 Las emociones son impulsos poderosos para la participación social, para la construcción de la identidad colectiva, el deseo de cambio o el empoderamiento de quien emprende una lucha colectiva.6
En suma, para la cultura política feminista, las emociones son motores de acción y pensamiento. La rabia ayuda a la transición del dolor y la indignación hacia la movilización; el amor y la sororidad redirigen la pena y la frustración hacia una dirección para la acción. Son también una manera de asumir lo deseable y lo posible, por medio de las cuales se construyen horizontes utópicos de acción. Así, para la cultura política feminista, la afectividad es un proceso de liberación y cambio individual y colectivo.

1 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro. p. 9.

2 Hooks, Bell. (2021). Todo sobre el amor. Nuevas perspectivas. PAIDÓS Contextos.

3 Lagarde, Marcela (2009). Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista. Recuperado de: Enemistad y sororidad

4 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.

5 Massal, Julie (2015). “Emociones y movilización social: un cuestionamiento al paradigma racionalista”, Análisis Político, 85, pp. 93-111; Jasper, James M. (2014). “Constructing Indignation: Anger Dynamics in Protest Movements”, Emotion Review, 6(3), pp. 208 –213.

6 Poma, Alice y Gravante, Tomasso (2015). “Las emociones como arena de la lucha política. Incorporando la dimensión emocional al estudio de la protesta y los movimientos sociales”, Ciudadanía Activa, Revista Especializada en Estudios sobre la Sociedad Civil, 3, pp. 17-43; Corduneanu, Victoria (2019). “El papel de las emociones sociales y personales en la participación política”, Revista Mexicana de Opinión Pública, 26, pp. 71-96.

Tesis dos

La erradicación de la violencia de género en todas sus manifestaciones es la causa que hace confluir a las diversas expresiones del movimiento feminista. La violencia sufrida cotidianamente da lugar a formas creativas de lucha y resistencia

A pesar de la diversidad de este movimiento y de las confrontaciones que puedan derivar de la misma, hay algo que une a todas las feministas: la lucha en contra de la violencia. Si bien los desarrollos teóricos al respecto son más recientes, la violencia contra las mujeres es una constante en la historia y su eliminación una causa histórica de la lucha feminista. De ahí que, sean de la corriente que sean, las feministas se sienten interpeladas y comprometidas con su erradicación.
En los años noventa el feminismo logró que la violencia contra las mujeres fuera reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, lo que llevó a que se plantearan estrategias para prevenirla, sancionarla y erradicarla a nivel global. Se le nombró violencia de género y se definió como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada”.1
Esta definición ha generado algunas tensiones entre feministas, pues nombrarla “violencia de género” no deja claro que quienes la ejercen son hombres contra mujeres. No obstante, en México ha sido la base para iniciativas como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (decretada en 2007) que ha posibilitado nombrar sus diferentes expresiones y establecer vías para su erradicación.
En nuestra investigación pudimos constatar que la violencia es una herida compartida por todas las mujeres, se expresa tanto en el espacio privado como en el público, pues es resultado de condiciones históricas y estructurales de desigualdad. De ahí que se hable del “continuum de violencia” para señalar justamente que son violencias conectadas y que persisten a lo largo de la historia y la trayectoria vital de las mujeres. Entre las violencias mencionadas por las feministas entrevistadas encontramos: la violencia sexual, la violencia psicológica, económica, política, vicaria, feminicida, entre otras. Tal como afirma una de nuestras entrevistadas:

(…) la violencia machista se encuentra en todos lados, en todas las familias hay violencia de cualquier tipo. Está comprobado científicamente, que las mujeres en alguna etapa de nuestra vida vamos a sufrir violencia, sea en el entorno familiar, en la escuela o en el trabajo. (Nicte-Ha, Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Aunque todas las mujeres han experimentado algún tipo de violencia, también enfrentan otras formas de discriminación debido a su posición social, su origen étnico, su orientación sexual y el lugar donde viven. Estos factores pueden hacer que las agresiones sean aún más graves. En ese sentido, algunas de las entrevistadas durante nuestra investigación reconocen que las mujeres que se encuentran en los márgenes económicos y sociales cuentan con mayores índices de feminicidio y sobreviven a otras violencias como lo son: la falta de transporte público, insuficiencia de luminarias en las calles, y una mayor revictimización por parte de funcionarios públicos.
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.

El contexto de violencia en México se ha recrudecido, lo que plantea un escenario particular para la lucha feminista, que alza la voz para decir “nos están matando”. En condiciones tan hostiles como estas, emergen, sin embargo, expresiones de resistencia creativa a la violencia. Prácticas que buscan el cuidado colectivo, el combate a la violencia desde el arte, desde actos simbólicos y potentes como las antimonumentas o los tendederos de denuncias. Por ejemplo, los escraches y tendederos de denuncias, son señalamientos públicos de quienes ejercen violencia como una forma de salvaguardar a las víctimas, tal como lo explica una de nuestras entrevistadas:

El escrache es la exposición de un agresor, este es un tipo que está violentando a una mujer y que la pone en peligro. El punto principal es que una mujer que está en riesgo no está recibiendo el apoyo institucional o comunitario que requiere. Entonces hay que hacer un escrache porque es una manera de decirle al tipo, “Le bajas o le bajas”. Algo que siempre pasa con los agresores, es que siempre están en lo privado, y como tú estás viviendo la violencia solita, son muy cínicos y descarados. En público, enfrente de todo el mundo se les encara (…) tiene que ver con salvaguardar la integridad de la mujer. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto 2022)
Así, revelar una agresión que solía ocultarse en el ámbito privado puede desactivarla o, al menos, dirigir la atención colectiva hacia el agresor.
Las antimonumentas son otra de estas prácticas que surgen para hacer frente a la violencia. Son ocupaciones del espacio físico que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son lugares en los que se reúnen las mujeres a protestar, a tejer, a hacer política de otras maneras. Con su irrupción en el paisaje urbano, recuerdan la lucha, el trabajo colectivo, el saberse acompañadas en el dolor; todo lo cual constituye identidades colectivas en torno a la lucha por las mujeres.
Estos espacios son también objeto de disputa, pues más que el lugar físico en sí, lo que está en juego es el relato, la interpretación de la realidad. De ahí que en muchas ocasiones las autoridades y gobiernos busquen desmantelar estos espacios ocupados por las activistas, pues son un recordatorio visual y contundente de su fracaso como garantes de la seguridad y la vida de las mujeres.
Las antimonumentas recuerdan y señalan la impunidad y la complicidad del estado con la violencia patriarcal. Estas son denominadas por Mónica Inés Cejas como “prácticas irreverentes”2, acciones culturales que desafían un orden simbólico y material masculino, heteronormativo y violento que niega a las mujeres como actores autónomos y de enunciación.
En suma, en nuestra investigación pudimos notar que las feministas tejen complejas y novedosas tramas de resistencia como estas, que buscan desestabilizar al orden instituido y la violencia que impone. Este es un aspecto muy importante de su cultura política.

1 Convención de Belém do Pará (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Artículo 1. Recuperado de: ohchr.org

2 Cejas, Mónica I. (Ed.). (2019). Feminismo, cultura y política: Prácticas irreverentes. DCSH/UAM-X, Unidad Xochimilco, Ed. Ítaca.

Tesis dos

La erradicación de la violencia de género en todas sus manifestaciones es la causa que hace confluir a las diversas expresiones del movimiento feminista. La violencia sufrida cotidianamente da lugar a formas creativas de lucha y resistencia

A pesar de la diversidad de este movimiento y de las confrontaciones que puedan derivar de la misma, hay algo que une a todas las feministas: la lucha en contra de la violencia. Si bien los desarrollos teóricos al respecto son más recientes, la violencia contra las mujeres es una constante en la historia y su eliminación una causa histórica de la lucha feminista. De ahí que, sean de la corriente que sean, las feministas se sienten interpeladas y comprometidas con su erradicación.
En los años noventa el feminismo logró que la violencia contra las mujeres fuera reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, lo que llevó a que se plantearan estrategias para prevenirla, sancionarla y erradicarla a nivel global. Se le nombró violencia de género y se definió como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada”.1
Esta definición ha generado algunas tensiones entre feministas, pues nombrarla “violencia de género” no deja claro que quienes la ejercen son hombres contra mujeres. No obstante, en México ha sido la base para iniciativas como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (decretada en 2007) que ha posibilitado nombrar sus diferentes expresiones y establecer vías para su erradicación.
En nuestra investigación pudimos constatar que la violencia es una herida compartida por todas las mujeres, se expresa tanto en el espacio privado como en el público, pues es resultado de condiciones históricas y estructurales de desigualdad. De ahí que se hable del “continuum de violencia” para señalar justamente que son violencias conectadas y que persisten a lo largo de la historia y la trayectoria vital de las mujeres. Entre las violencias mencionadas por las feministas entrevistadas encontramos: la violencia sexual, la violencia psicológica, económica, política, vicaria, feminicida, entre otras. Tal como afirma una de nuestras entrevistadas:

(…) la violencia machista se encuentra en todos lados, en todas las familias hay violencia de cualquier tipo. Está comprobado científicamente, que las mujeres en alguna etapa de nuestra vida vamos a sufrir violencia, sea en el entorno familiar, en la escuela o en el trabajo. (Nicte-Ha, Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Aunque todas las mujeres han experimentado algún tipo de violencia, también enfrentan otras formas de discriminación debido a su posición social, su origen étnico, su orientación sexual y el lugar donde viven. Estos factores pueden hacer que las agresiones sean aún más graves. En ese sentido, algunas de las entrevistadas durante nuestra investigación reconocen que las mujeres que se encuentran en los márgenes económicos y sociales cuentan con mayores índices de feminicidio y sobreviven a otras violencias como lo son: la falta de transporte público, insuficiencia de luminarias en las calles, y una mayor revictimización por parte de funcionarios públicos.
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.

El contexto de violencia en México se ha recrudecido, lo que plantea un escenario particular para la lucha feminista, que alza la voz para decir “nos están matando”. En condiciones tan hostiles como estas, emergen, sin embargo, expresiones de resistencia creativa a la violencia. Prácticas que buscan el cuidado colectivo, el combate a la violencia desde el arte, desde actos simbólicos y potentes como las antimonumentas o los tendederos de denuncias. Por ejemplo, los escraches y tendederos de denuncias, son señalamientos públicos de quienes ejercen violencia como una forma de salvaguardar a las víctimas, tal como lo explica una de nuestras entrevistadas:

El escrache es la exposición de un agresor, este es un tipo que está violentando a una mujer y que la pone en peligro. El punto principal es que una mujer que está en riesgo no está recibiendo el apoyo institucional o comunitario que requiere. Entonces hay que hacer un escrache porque es una manera de decirle al tipo, “Le bajas o le bajas”. Algo que siempre pasa con los agresores, es que siempre están en lo privado, y como tú estás viviendo la violencia solita, son muy cínicos y descarados. En público, enfrente de todo el mundo se les encara (…) tiene que ver con salvaguardar la integridad de la mujer. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto 2022)
Así, revelar una agresión que solía ocultarse en el ámbito privado puede desactivarla o, al menos, dirigir la atención colectiva hacia el agresor.
Las antimonumentas son otra de estas prácticas que surgen para hacer frente a la violencia. Son ocupaciones del espacio físico que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son lugares en los que se reúnen las mujeres a protestar, a tejer, a hacer política de otras maneras. Con su irrupción en el paisaje urbano, recuerdan la lucha, el trabajo colectivo, el saberse acompañadas en el dolor; todo lo cual constituye identidades colectivas en torno a la lucha por las mujeres.
Estos espacios son también objeto de disputa, pues más que el lugar físico en sí, lo que está en juego es el relato, la interpretación de la realidad. De ahí que en muchas ocasiones las autoridades y gobiernos busquen desmantelar estos espacios ocupados por las activistas, pues son un recordatorio visual y contundente de su fracaso como garantes de la seguridad y la vida de las mujeres.
Las antimonumentas recuerdan y señalan la impunidad y la complicidad del estado con la violencia patriarcal. Estas son denominadas por Mónica Inés Cejas como “prácticas irreverentes”2, acciones culturales que desafían un orden simbólico y material masculino, heteronormativo y violento que niega a las mujeres como actores autónomos y de enunciación.
En suma, en nuestra investigación pudimos notar que las feministas tejen complejas y novedosas tramas de resistencia como estas, que buscan desestabilizar al orden instituido y la violencia que impone. Este es un aspecto muy importante de su cultura política.

1 Convención de Belém do Pará (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Artículo 1. Recuperado de: ohchr.org

2 Cejas, Mónica I. (Ed.). (2019). Feminismo, cultura y política: Prácticas irreverentes. DCSH/UAM-X, Unidad Xochimilco, Ed. Ítaca.

Tesis tres

El cuerpo ocupa un lugar central en las prácticas, discusiones y protestas del movimiento feminista. El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo es lugar de defensa de la vida, herramienta de protesta y de producción de conocimiento

El feminismo es teoría y praxis del cuerpo y desde el cuerpo. Las opresiones se encarnan, es decir, se depositan, se experimentan y se sienten en la materialidad de lo femenino. A diferencia de otros movimientos sociales, en el feminismo el cuerpo es central.
El feminismo es una teoría del cuerpo, ya que todas las desigualdades surgen porque tenemos un cuerpo distinto. Lo que vivimos y experimentamos pasa por el cuerpo. Yo creo que es una experiencia, no es como los movimientos patriarcales: porque no es la lucha por la idea, por la reforma o por la democracia, como algo que está allá. Es algo que está aquí, que tú lo vives, que tú lo sientes. […] es algo que vives cotidianamente y lo vives justamente en el cuerpo, porque las emociones las sientes en el cuerpo, los dolores los vives en el cuerpo. En el cuerpo todo se hace. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto de 2022)
El cuerpo de las mujeres es lo primero que reprime el patriarcado y que el capitalismo explota, hay un insoslayable vínculo entre patriarcado y capitalismo. Al respecto, Silvia Federici dice que la acumulación originaria no sólo se basa en la expropiación de los medios de subsistencia y la concentración de trabajadores explotables, también supone el sometimiento de las mujeres para la reproducción de la clase trabajadora.1 Las mujeres realizan ese trabajo que permite que día con día millones salgan de sus hogares a emplearse. Cocinar, limpiar y cuidar es trabajo de reproducción de la fuerza laboral que beneficia a los empleadores, es extraído del cuerpo femenino sin reconocimiento y sin ninguna remuneración.2
Siguiendo a Rita Segato,3 en todas las guerras de la humanidad el cuerpo femenino fue contemplado como territorio, se anexó como parte de lo que se conquista. La violación y la inseminación formaron parte de esa apropiación porque en lo sexual se inscribe la derrota moral del enemigo y cumple con el imaginario de destino: doblegar el cuerpo femenino. No obstante, bajo el neoliberalismo, las mujeres enfrentan una acción de guerra distinta, que es “su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte”,4 una guerra que es observable en la violencia sexual y el feminicidio. Con los altos índices de feminicidios, la defensa de la vida se ha convertido en una demanda central del activismo feminista en México.
Pero la comprensión del cuerpo desde el feminismo abarca sus conexiones con otros cuerpos, otros seres y paisajes. Así, el cuerpo se entiende como territorio y el territorio se entiende como cuerpo. El ecofeminismo latinoamericano señala cómo el proyecto capitalista y colonialista occidental impuesto en nuestra región no sólo exacerba la violencia contra las mujeres racializadas, sino también, el despojo territorial y la destrucción de la naturaleza. Aquí la defensa del cuerpo y el territorio van de la mano, porque no se puede concebir el cuerpo de las mujeres sin un espacio que dignifique la vida.5
El cuerpo es el primer territorio que se habita, es el medio para existir y habitar el mundo, ahí se reproduce y se manifiesta la vida. Es “materialidad histórica y política de la que partimos. El cuerpo vivido, el cuerpo sentido, el cuerpo territorio, el cuerpo proyectado, el cuerpo en relación con otros cuerpos, la naturaleza y la Pachamama”.6
El cuerpo no sólo es lugar de opresión sino también de resistencia. Las activistas feministas emplean sus cuerpos como herramientas para hacer visibles y denunciar de forma pública las violencias y opresiones que sobre ellas recaen, por ejemplo, a través de las marchas masivas en las que miles de cuerpos llenan las calles para protestar. O el performance, una práctica de transgresión artística en la escena pública que convierte lo vivido en primera persona, en una conciencia colectiva. Las activistas feministas lo han retomado como un elemento central de transformación, contestación, defensa, de intervención política capaz de romper con las normas, transgredir el discurso dominante y transmitir memoria colectiva mediante la materialización de sus vivencias.7
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.
Tal como afirma una de nuestras entrevistadas, Susana Gonzáles, el performance es una forma de apropiación sumamente poderosa porque el cuerpo se rebela de las ataduras patriarcales y religiosas, sale de la intimidad para destaparse, exponerse y enunciar un mensaje de opresión. Por su parte, otra de las activistas entrevistadas afirma sobre el performance: “a través del cuerpo podíamos expresar toda esta violencia y todo este dolor que sentíamos, a través de tomar espacios como la calle, espacios que siempre nos fueron negados como mujeres” (C. Aguilar, Furia Periférica, comunicación personal, 12 de septiembre de 2022).

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Además del performance, las feministas utilizan el cuerpo como herramienta política en la acción directa contenciosa. Ponen el cuerpo para intervenir el espacio pintando, quemando, quebrando vidrios y así mostrar su indignación y demandas. Esta puesta del cuerpo en la calle, desafía características propias de las mujeres: abnegación, pasividad, recato, delicadeza y agrado, desafiando el orden de género.

Además, el feminismo reivindica un tipo de conocimiento que se construye desde el cuerpo, rechazando las oposiciones modernas y coloniales que separan mente y cuerpo; apuesta por saberes encarnados. Esto quiere decir que para las feministas no hay una división tajante entre el cuerpo y la mente, por lo que nuestro conocimiento del mundo está atravesado por nuestras condiciones materiales concretas. De ahí que la epistemología feminista proponga la noción de conocimiento situado, que se refiere que no construimos conocimiento desde una mirada neutral e incorpórea, sino desde un cuerpo concreto, situado en un contexto específico. Desde ahí, nuestra mirada no puede ser total, sino parcial y localizada.

En este sentido, el conocimiento que se construye desde el feminismo es encarnado, surge de cuerpos que han sido históricamente subordinados y explotados. La mirada feminista sobre el mundo se despliega desde ese lugar y experiencia, por lo que el conocimiento que construye es distinto a aquel que proviene de cuerpos y experiencias localizadas históricamente en posiciones de dominio y privilegio.

1 Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

2 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia (comp.), Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria (pp. 49–62). CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

3 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

4 Segato, Rita (2014). “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Sociedad y Estado, 29(2), p. 342.

5 Cabnal, Lorena (2010). Feminismos diversos: El feminismo comunitario. ACSUR-Las Segovias. Recuperado de: Por una vida

6 Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana (2014), El tejido de la rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Comunidad Mujeres Creando Comunidad, p. 97.

7 Del Rio, Alfonso y Cintas, Vanesa (2013). “Los discursos feministas y las acciones de mujeres en la configuración del lenguaje de la performance”, Arte y Movimiento, 8, p. 21–32.

Tesis tres

El cuerpo ocupa un lugar central en las prácticas, discusiones y protestas del movimiento feminista. El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo es lugar de defensa de la vida, herramienta de protesta y de producción de conocimiento

El feminismo es teoría y praxis del cuerpo y desde el cuerpo. Las opresiones se encarnan, es decir, se depositan, se experimentan y se sienten en la materialidad de lo femenino. A diferencia de otros movimientos sociales, en el feminismo el cuerpo es central.
El feminismo es una teoría del cuerpo, ya que todas las desigualdades surgen porque tenemos un cuerpo distinto. Lo que vivimos y experimentamos pasa por el cuerpo. Yo creo que es una experiencia, no es como los movimientos patriarcales: porque no es la lucha por la idea, por la reforma o por la democracia, como algo que está allá. Es algo que está aquí, que tú lo vives, que tú lo sientes. […] es algo que vives cotidianamente y lo vives justamente en el cuerpo, porque las emociones las sientes en el cuerpo, los dolores los vives en el cuerpo. En el cuerpo todo se hace. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto de 2022)
El cuerpo de las mujeres es lo primero que reprime el patriarcado y que el capitalismo explota, hay un insoslayable vínculo entre patriarcado y capitalismo. Al respecto, Silvia Federici dice que la acumulación originaria no sólo se basa en la expropiación de los medios de subsistencia y la concentración de trabajadores explotables, también supone el sometimiento de las mujeres para la reproducción de la clase trabajadora.1 Las mujeres realizan ese trabajo que permite que día con día millones salgan de sus hogares a emplearse. Cocinar, limpiar y cuidar es trabajo de reproducción de la fuerza laboral que beneficia a los empleadores, es extraído del cuerpo femenino sin reconocimiento y sin ninguna remuneración.2
Siguiendo a Rita Segato,3 en todas las guerras de la humanidad el cuerpo femenino fue contemplado como territorio, se anexó como parte de lo que se conquista. La violación y la inseminación formaron parte de esa apropiación porque en lo sexual se inscribe la derrota moral del enemigo y cumple con el imaginario de destino: doblegar el cuerpo femenino. No obstante, bajo el neoliberalismo, las mujeres enfrentan una acción de guerra distinta, que es “su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte”,4 una guerra que es observable en la violencia sexual y el feminicidio. Con los altos índices de feminicidios, la defensa de la vida se ha convertido en una demanda central del activismo feminista en México.
Pero la comprensión del cuerpo desde el feminismo abarca sus conexiones con otros cuerpos, otros seres y paisajes. Así, el cuerpo se entiende como territorio y el territorio se entiende como cuerpo. El ecofeminismo latinoamericano señala cómo el proyecto capitalista y colonialista occidental impuesto en nuestra región no sólo exacerba la violencia contra las mujeres racializadas, sino también, el despojo territorial y la destrucción de la naturaleza. Aquí la defensa del cuerpo y el territorio van de la mano, porque no se puede concebir el cuerpo de las mujeres sin un espacio que dignifique la vida.5
El cuerpo es el primer territorio que se habita, es el medio para existir y habitar el mundo, ahí se reproduce y se manifiesta la vida. Es “materialidad histórica y política de la que partimos. El cuerpo vivido, el cuerpo sentido, el cuerpo territorio, el cuerpo proyectado, el cuerpo en relación con otros cuerpos, la naturaleza y la Pachamama”.6
El cuerpo no sólo es lugar de opresión sino también de resistencia. Las activistas feministas emplean sus cuerpos como herramientas para hacer visibles y denunciar de forma pública las violencias y opresiones que sobre ellas recaen, por ejemplo, a través de las marchas masivas en las que miles de cuerpos llenan las calles para protestar. O el performance, una práctica de transgresión artística en la escena pública que convierte lo vivido en primera persona, en una conciencia colectiva. Las activistas feministas lo han retomado como un elemento central de transformación, contestación, defensa, de intervención política capaz de romper con las normas, transgredir el discurso dominante y transmitir memoria colectiva mediante la materialización de sus vivencias.7
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.
Tal como afirma una de nuestras entrevistadas, Susana Gonzáles, el performance es una forma de apropiación sumamente poderosa porque el cuerpo se rebela de las ataduras patriarcales y religiosas, sale de la intimidad para destaparse, exponerse y enunciar un mensaje de opresión. Por su parte, otra de las activistas entrevistadas afirma sobre el performance: “a través del cuerpo podíamos expresar toda esta violencia y todo este dolor que sentíamos, a través de tomar espacios como la calle, espacios que siempre nos fueron negados como mujeres” (C. Aguilar, Furia Periférica, comunicación personal, 12 de septiembre de 2022).
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Además del performance, las feministas utilizan el cuerpo como herramienta política en la acción directa contenciosa. Ponen el cuerpo para intervenir el espacio pintando, quemando, quebrando vidrios y así mostrar su indignación y demandas. Esta puesta del cuerpo en la calle, desafía características propias de las mujeres: abnegación, pasividad, recato, delicadeza y agrado, desafiando el orden de género.

Además, el feminismo reivindica un tipo de conocimiento que se construye desde el cuerpo, rechazando las oposiciones modernas y coloniales que separan mente y cuerpo; apuesta por saberes encarnados. Esto quiere decir que para las feministas no hay una división tajante entre el cuerpo y la mente, por lo que nuestro conocimiento del mundo está atravesado por nuestras condiciones materiales concretas. De ahí que la epistemología feminista proponga la noción de conocimiento situado, que se refiere que no construimos conocimiento desde una mirada neutral e incorpórea, sino desde un cuerpo concreto, situado en un contexto específico. Desde ahí, nuestra mirada no puede ser total, sino parcial y localizada.

En este sentido, el conocimiento que se construye desde el feminismo es encarnado, surge de cuerpos que han sido históricamente subordinados y explotados. La mirada feminista sobre el mundo se despliega desde ese lugar y experiencia, por lo que el conocimiento que construye es distinto a aquel que proviene de cuerpos y experiencias localizadas históricamente en posiciones de dominio y privilegio.

1 Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

2 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia (comp.), Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria (pp. 49–62). CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

3 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

4 Segato, Rita (2014). “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Sociedad y Estado, 29(2), p. 342.

5 Cabnal, Lorena (2010). Feminismos diversos: El feminismo comunitario. ACSUR-Las Segovias. Recuperado de: Por una vida

6 Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana (2014), El tejido de la rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Comunidad Mujeres Creando Comunidad, p. 97.

7 Del Rio, Alfonso y Cintas, Vanesa (2013). “Los discursos feministas y las acciones de mujeres en la configuración del lenguaje de la performance”, Arte y Movimiento, 8, p. 21–32.

Bloque 1. Valores, principios, saberes y emociones

Tesis cuatro

El movimiento feminista en México abraza una pluralidad de identidades políticas. Rechaza la visión única que lo homogeniza.

La identidad política feminista conjuga las dimensiones personal y colectiva de manera indisoluble. En general, una mujer llega a identificarse como feminista a través de un proceso de reflexión sobre la propia vida, así como de su conexión con la vida de otras mujeres, lo que le lleva al reconocimiento de que la situación personal se vincula estrechamente con la condición social de género; que todas como mujeres compartimos una condición de subordinación, pero que la situación personal define la forma particular en la que vivimos esa condición.

Tal como afirma Marcela Lagarde “las mujeres comparten como género la misma condición histórica y difieren en sus situaciones particulares, en sus modos de vida, en sus concepciones del mundo, así como en los grados y niveles de opresión”.1 La identidad política, por tanto, comparte un horizonte, pero también difiere en algunos aspectos. De ahí que haya múltiples formas de ser feminista, pues las mujeres se identifican con distintas corrientes de este pensamiento, practican formas diversas de organizarse y de luchar.

Entrevistada: Gabriela Juárez, Colectiva Buscadoras

Algunas de las corrientes feministas mencionadas por quienes participaron en nuestra investigación son:

El feminismo negro o afrofeminismo. En términos generales, este se enfoca en la intersección del género con la raza; estos dos sistemas de opresión dan lugar a experiencias específicas de violencia y discriminación que viven las mujeres negras. De sus vivencias y reflexiones nace esta vertiente del feminismo.

El feminismo decolonial. Nace de las experiencias de opresión de las mujeres en países que han sido colonizados, específicamente de América Latina. Propone que no sólo el género produce discriminación y violencia sino el sistema colonial y neocolonial que persiste en diversas formas de desigualdad. Es una corriente que se posiciona de manera crítica frente al feminismo europeo y llama a “descolonizar el feminismo”, a crear nuestras propias categorías de análisis desde las experiencias de las mujeres de América Latina.

El feminismo lésbico. Pone el énfasis en la heterosexualidad como una norma que, al ser desafiada por las mujeres lesbianas, desencadena formas de violencia y exclusión contra ellas. Desde esta perspectiva, la mirada crítica se dirige no sólo hacia el género, sino hacia la heterosexualidad. Esta vertiente del feminismo promueve espacios separatistas y reflexiona en torno a la potencia política del amor entre mujeres.

El feminismo comunitario. Surge en Bolivia en el marco de las luchas campesinas e indígenas que llevaron a la fundación del Estado Plurinacional en 2008. Sin embargo, ha seguido su propio curso. Desde esta corriente, se apuesta por descolonizar el feminismo al mismo tiempo que por una lucha política en contra del capitalismo y el neoliberalismo. Además, ven a la comunidad como el principio que cuida a la vida y a la vida arraigada en el cuerpo y en el territorio.

El feminismo liberal. Se denomina así a un tipo de feminismo que se centra en la igualdad de género y la promoción de los derechos de las mujeres dentro del marco de las sociedades democráticas y los sistemas económicos capitalistas. En lugar de cuestionar dichas estructuras económicas y sociales, busca la inclusión de las mujeres en ellas; la igualdad de oportunidades, la igualdad de salarios y la igualdad de derechos legales y políticos.

El feminismo radical. Es un tipo de feminismo que busca ir a la raíz de la opresión de las mujeres: el patriarcado, un sistema que reproduce la supremacía masculina a partir de la explotación y subordinación femenina. Para el feminismo radical, el cuerpo y capacidad reproductiva de las mujeres ha sido siempre objeto de control y explotación en las sociedades, de ahí que buscan la abolición de la prostitución, de la pornografía y de la gestación subrogada.

El feminismo socialista. Para esta corriente la opresión de las mujeres es resultado no sólo del patriarcado sino del capitalismo, por lo cual, la lucha feminista debe abarcar ambos sistemas. Las feministas socialistas luchan por la reestructuración de la sociedad a partir de la eliminación de la propiedad privada y la esclavitud doméstica. Proponen distribuir de manera colectiva el trabajo de cuidado del hogar y las hijas e hijos. Otra de sus luchas es por la emancipación sexual tanto de mujeres como hombres y por el fin de la violencia de género.

El ecofeminismo. Señala que el mundo no sólo está construido desde la mirada masculina, sino desde un sesgo antropocéntrico, es decir que pone al humano como el centro y medida de todas las cosas, desestimando las complejas relaciones de interdependencia y cooperación que hay entre las especies, incluída la humana. El ecofeminismo argumenta que tanto las mujeres, como los animales y la naturaleza son objeto de la explotación del sistema patriarcal. Por lo tanto, la lucha ecofeminista busca transformar el mundo tomando en consideración a esas otras víctimas del patriarcado.

Como puede advertirse, esta diversidad de vertientes tiene que ver con orientaciones y énfasis distintos, no con diferencias esenciales, sino de posiciones frente a las diversas opresiones. Es decir, las feministas comparten una visión crítica que se opone a la desigualdad; pero en función de sus intereses, de sus propias condiciones de vida o trayectorias, se sentirán más cercanas a una corriente u otra del feminismo, a aquellas que hagan énfasis en uno u otro tipo de opresión, en una u otra forma de lucha. Como afirma una de nuestras entrevistadas:
Conoces las experiencias, entonces puedes decir “a mí aquí en este espacio me toca luchar desde el feminismo de la periferia”. Pero si al rato hay una opresión contra alguna compañera lesbiana, bueno, me tocará abanderarme desde el feminismo lésbico, ¿no? … esas experiencias atraviesan y me toca. Y el feminismo migrante, el feminismo comunitario, el feminismo indígena y así te vas. (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022)
Para las feministas, la identidad no es algo que siempre sea igual y fijo, sino más bien una manera en la que nos ubicamos en el mundo. Como señala Marta Lamas, se trata de una reconceptualización de la política que supone “cambiar la pregunta ¿quién soy yo?, presente en algunas reivindicaciones de diversidad, por ¿dónde estoy? El énfasis en el dónde —en la posición— permite ver a las otras personas junto a mí y facilita el pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad”.2 Pensar así la identidad posibilita la conexión entre activistas, el establecimiento de alianzas y agendas comunes, potenciando el alcance político del feminismo. Por eso “hay que cuestionar la idea de una identidad única, que supuestamente dota de sentido, y reconocer la simultaneidad de distintas construcciones de la identidad”. 3
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López
En suma, podemos entender la identidad política feminista como resultado de una serie de factores, tanto subjetivos como estructurales: la vivencia de violencia de género, la reflexión colectiva en torno a esa vivencia, condiciones materiales y económicas que sitúan a las mujeres en uno u otro lugar y, por tanto, su proceso de identificación con el feminismo de una u otra tendencia. En este proceso, la identidad es construida, no esencial, es una posición que va cambiando a lo largo de la trayectoria vital y política; es diversa y simultánea, siempre en tensión, lo que permite la crítica y apertura hacia las alianzas y agendas comunes. No obstante, hay un piso común que logra aglutinar a todas las identidades y es la lucha por un mundo mejor para las mujeres, una manera de ver y pensar el mundo que se vuelve un motor de lucha y reflexión constante.

1 Lagarde, Marcela (2008). “Antropología, feminismo y política: Violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres”, en Bullen, Margaret y Diez, Carmen (coord.), Retos teóricos y nuevas prácticas. Ankulegi Antropologia Elkartea, p. 35.

2 Lamas, Marta (2000). De la identidad a la ciudadanía. Cinta de Moebio: Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, 7, p. 20.

3 Ibid.

Tesis cuatro

El movimiento feminista en México abraza una pluralidad de identidades políticas. Rechaza la visión única que lo homogeniza.

La identidad política feminista conjuga las dimensiones personal y colectiva de manera indisoluble. En general, una mujer llega a identificarse como feminista a través de un proceso de reflexión sobre la propia vida, así como de su conexión con la vida de otras mujeres, lo que le lleva al reconocimiento de que la situación personal se vincula estrechamente con la condición social de género; que todas como mujeres compartimos una condición de subordinación, pero que la situación personal define la forma particular en la que vivimos esa condición.

Tal como afirma Marcela Lagarde “las mujeres comparten como género la misma condición histórica y difieren en sus situaciones particulares, en sus modos de vida, en sus concepciones del mundo, así como en los grados y niveles de opresión”.1 La identidad política, por tanto, comparte un horizonte, pero también difiere en algunos aspectos. De ahí que haya múltiples formas de ser feminista, pues las mujeres se identifican con distintas corrientes de este pensamiento, practican formas diversas de organizarse y de luchar.

Entrevistada: Gabriela Juárez, Colectiva Buscadoras

Algunas de las corrientes feministas mencionadas por quienes participaron en nuestra investigación son:

El feminismo negro o afrofeminismo. En términos generales, este se enfoca en la intersección del género con la raza; estos dos sistemas de opresión dan lugar a experiencias específicas de violencia y discriminación que viven las mujeres negras. De sus vivencias y reflexiones nace esta vertiente del feminismo.

El feminismo decolonial. Nace de las experiencias de opresión de las mujeres en países que han sido colonizados, específicamente de América Latina. Propone que no sólo el género produce discriminación y violencia sino el sistema colonial y neocolonial que persiste en diversas formas de desigualdad. Es una corriente que se posiciona de manera crítica frente al feminismo europeo y llama a “descolonizar el feminismo”, a crear nuestras propias categorías de análisis desde las experiencias de las mujeres de América Latina.

El feminismo lésbico. Pone el énfasis en la heterosexualidad como una norma que, al ser desafiada por las mujeres lesbianas, desencadena formas de violencia y exclusión contra ellas. Desde esta perspectiva, la mirada crítica se dirige no sólo hacia el género, sino hacia la heterosexualidad. Esta vertiente del feminismo promueve espacios separatistas y reflexiona en torno a la potencia política del amor entre mujeres.

El feminismo comunitario. Surge en Bolivia en el marco de las luchas campesinas e indígenas que llevaron a la fundación del Estado Plurinacional en 2008. Sin embargo, ha seguido su propio curso. Desde esta corriente, se apuesta por descolonizar el feminismo al mismo tiempo que por una lucha política en contra del capitalismo y el neoliberalismo. Además, ven a la comunidad como el principio que cuida a la vida y a la vida arraigada en el cuerpo y en el territorio.

El feminismo liberal. Se denomina así a un tipo de feminismo que se centra en la igualdad de género y la promoción de los derechos de las mujeres dentro del marco de las sociedades democráticas y los sistemas económicos capitalistas. En lugar de cuestionar dichas estructuras económicas y sociales, busca la inclusión de las mujeres en ellas; la igualdad de oportunidades, la igualdad de salarios y la igualdad de derechos legales y políticos.

El feminismo radical. Es un tipo de feminismo que busca ir a la raíz de la opresión de las mujeres: el patriarcado, un sistema que reproduce la supremacía masculina a partir de la explotación y subordinación femenina. Para el feminismo radical, el cuerpo y capacidad reproductiva de las mujeres ha sido siempre objeto de control y explotación en las sociedades, de ahí que buscan la abolición de la prostitución, de la pornografía y de la gestación subrogada.

El feminismo socialista. Para esta corriente la opresión de las mujeres es resultado no sólo del patriarcado sino del capitalismo, por lo cual, la lucha feminista debe abarcar ambos sistemas. Las feministas socialistas luchan por la reestructuración de la sociedad a partir de la eliminación de la propiedad privada y la esclavitud doméstica. Proponen distribuir de manera colectiva el trabajo de cuidado del hogar y las hijas e hijos. Otra de sus luchas es por la emancipación sexual tanto de mujeres como hombres y por el fin de la violencia de género.

El ecofeminismo. Señala que el mundo no sólo está construido desde la mirada masculina, sino desde un sesgo antropocéntrico, es decir que pone al humano como el centro y medida de todas las cosas, desestimando las complejas relaciones de interdependencia y cooperación que hay entre las especies, incluída la humana. El ecofeminismo argumenta que tanto las mujeres, como los animales y la naturaleza son objeto de la explotación del sistema patriarcal. Por lo tanto, la lucha ecofeminista busca transformar el mundo tomando en consideración a esas otras víctimas del patriarcado.

Como puede advertirse, esta diversidad de vertientes tiene que ver con orientaciones y énfasis distintos, no con diferencias esenciales, sino de posiciones frente a las diversas opresiones. Es decir, las feministas comparten una visión crítica que se opone a la desigualdad; pero en función de sus intereses, de sus propias condiciones de vida o trayectorias, se sentirán más cercanas a una corriente u otra del feminismo, a aquellas que hagan énfasis en uno u otro tipo de opresión, en una u otra forma de lucha. Como afirma una de nuestras entrevistadas:
Conoces las experiencias, entonces puedes decir “a mí aquí en este espacio me toca luchar desde el feminismo de la periferia”. Pero si al rato hay una opresión contra alguna compañera lesbiana, bueno, me tocará abanderarme desde el feminismo lésbico, ¿no? … esas experiencias atraviesan y me toca. Y el feminismo migrante, el feminismo comunitario, el feminismo indígena y así te vas. (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022)
Para las feministas, la identidad no es algo que siempre sea igual y fijo, sino más bien una manera en la que nos ubicamos en el mundo. Como señala Marta Lamas, se trata de una reconceptualización de la política que supone “cambiar la pregunta ¿quién soy yo?, presente en algunas reivindicaciones de diversidad, por ¿dónde estoy? El énfasis en el dónde —en la posición— permite ver a las otras personas junto a mí y facilita el pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad”.2 Pensar así la identidad posibilita la conexión entre activistas, el establecimiento de alianzas y agendas comunes, potenciando el alcance político del feminismo. Por eso “hay que cuestionar la idea de una identidad única, que supuestamente dota de sentido, y reconocer la simultaneidad de distintas construcciones de la identidad”. 3
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López
En suma, podemos entender la identidad política feminista como resultado de una serie de factores, tanto subjetivos como estructurales: la vivencia de violencia de género, la reflexión colectiva en torno a esa vivencia, condiciones materiales y económicas que sitúan a las mujeres en uno u otro lugar y, por tanto, su proceso de identificación con el feminismo de una u otra tendencia. En este proceso, la identidad es construida, no esencial, es una posición que va cambiando a lo largo de la trayectoria vital y política; es diversa y simultánea, siempre en tensión, lo que permite la crítica y apertura hacia las alianzas y agendas comunes. No obstante, hay un piso común que logra aglutinar a todas las identidades y es la lucha por un mundo mejor para las mujeres, una manera de ver y pensar el mundo que se vuelve un motor de lucha y reflexión constante.

1 Lagarde, Marcela (2008). “Antropología, feminismo y política: Violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres”, en Bullen, Margaret y Diez, Carmen (coord.), Retos teóricos y nuevas prácticas. Ankulegi Antropologia Elkartea, p. 35.

2 Lamas, Marta (2000). De la identidad a la ciudadanía. Cinta de Moebio: Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, 7, p. 20.

3 Ibid.

Tesis cinco

Las feministas viven y entienden la historia como un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias presentes y pasadas, en el que la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, en un proceso que es a la vez personal y político.

La historia es un terreno ocupado por personajes y voces masculinas, los hombres la han contado ejerciendo el poder de los vencedores y con ello, las voces y experiencias femeninas han quedado silenciadas. Como afirma Françoise Theubaud, “durante mucho tiempo la historia fue la historia de los hombres, a los que se concebía como representantes de la humanidad”.1 Pero el feminismo rompe con esta idea abriendo paso a otros relatos y formas de contar y entender el mundo. No se trata únicamente de incluir a las mujeres en la historia hegemónica, sino replantear la forma de entender el pasado y su vínculo con el presente y futuro; formular otras preguntas a las fuentes; desentrañar las formas de ocultamiento, silenciamiento y distorsión de los hechos, así como la reproducción de estereotipos de género y las formas de justificar la desigualdad en el relato histórico.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Para las feministas la historia no sólo es el relato hegemónico y lineal que ordena acontecimientos y personajes, sino un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias. En dicho tejido la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, tanto cercanas como lejanas. La historia de la lucha de las mujeres incluye no sólo a las grandes referentes teóricas y políticas del feminismo, sino también a las abuelas, madres, hermanas, amigas, maestras.
La rebeldía de alzar la voz, la valentía, si para nosotras es complicado ahorita, sé que para ellas lo fue más y creo que eso es un motorcito que nos impulsa a seguir; las ancestras lo hicieron y se rebelaron en su casa, en los espacios públicos, se quedó esa llamita encendida. (Dafne, Crianzas feministas, comunicación personal, 25 de agosto del 2022)

Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Por otra parte, en la historia de la lucha de las mujeres se teje también el pensamiento de feministas que, desde la teoría, ponen sus palabras al servicio de la comprensión del mundo. La teoría feminista ayuda a nombrar y entender lo que vivimos y por tanto, a transformarlo, de ahí que, en el tejido histórico feminista, las autoras ocupan un lugar importante. En este sentido, las feministas han creado formas de recuperar y compartir la teoría con otras mujeres más allá de los espacios académicos. Por ejemplo Luna, escuela de pensamiento feminista; Tallercitas Feministas, Ancestras o la Escuela Feminista de Comunicación (colectivas que conocimos en el transcurso de la investigación), son esfuerzos de divulgación de la teoría feminista que buscan hacer llegar a un público más amplio las ideas y pensamiento feminista.
Me fui haciendo todo este mapa conceptual de todos los lugares del feminismo, activismos, teorías, y decidí formar una escuela de pensamiento feminista, porque yo dije: a mí me costó mucho trabajo entender teóricamente dónde está cada lugar, cada piso, cada vertiente, así que desarrollé Luna, intentando dar a las mujeres esta teoría… que las mujeres salgan con una formación política y filosófica y sobre todo teórica de lo que es realmente el feminismo y que considero que es una responsabilidad también decirnos feministas. (Andrea, Luna, Escuela de Pensamiento Feminista, comunicación personal, 6 de septiembre del 2022)
Así, la teoría feminista sale de las aulas y espacios académicos y es transmitida a otras mujeres y niñas. Este proceso de enseñanza y aprendizaje colectivo es profundamente político y el conocimiento es asumido como una responsabilidad.

La lucha feminista tiene también sus espacios físicos de memoria. Entendiendo con Elizabeth Jelin2 que son procesos subjetivos anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales, las memorias feministas enlazan lo individual y lo colectivo y construyen significados que le dan sentido a la vivencia común. Así, por ejemplo, las Antimonumentas o la Glorieta de las mujeres que luchan, son espacios físicos que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son espacios en los que se reúnen las mujeres a protestar sabiéndose acompañadas por otras que comparten su misma experiencia; así se constituyen identidades colectivas en torno a una lucha común.

En suma, para las feministas la historia no es el relato hegemónico lineal y progresivo que ordena personajes y acontecimientos en el tiempo, sino un entramado de experiencias, ideas y resistencias cotidianas que van abriendo caminos y posibilidades de ser. Son aprendizajes de cultura política que se van transmitiendo de unas a otras.
Esta forma de entender la historia de la lucha de las mujeres contrasta con los relatos hegemónicos de los movimientos sociales, estado-céntricos y en clave de liderazgos y heroísmos individuales. Desde el feminismo —principalmente desde el feminismo comunitario, que es una de las corrientes que explícitamente replantea la idea de la historia— se apuesta por descolonizar esta temporalidad, la concepción única y lineal del tiempo y “mirar con ojos que miran en otro tiempo, que recuperan el tiempo de nuestras abuelas y sus luchas en comunidad, un tiempo que no se ha ido, que circula, para construir nuestro tiempo de esperanza, de vivir bien en comunidad”. 3
En ese fluir del tiempo, la lucha y pensamiento de las mujeres es una llama encendida que nutre al feminismo y le permite constituirse como una fuerza política e intelectual que transforma el mundo para las que están y para las que vienen.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

1 Thébaud, Françoise (1993). “Introducción”, en Duby, Georges y Perrot, Michelle (coord.), Historia de las mujeres en occidente, Tomo V. El siglo XX. Taurus, p. 26.

2 Jelin, Elizabeth (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

3 Guzmán, Adriana (2019). Descolonizar la memoria, descolonizar feminismos. Tarpuna Muya, p. 15.

Tesis cinco

Las feministas viven y entienden la historia como un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias presentes y pasadas, en el que la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, en un proceso que es a la vez personal y político.

La historia es un terreno ocupado por personajes y voces masculinas, los hombres la han contado ejerciendo el poder de los vencedores y con ello, las voces y experiencias femeninas han quedado silenciadas. Como afirma Françoise Theubaud, “durante mucho tiempo la historia fue la historia de los hombres, a los que se concebía como representantes de la humanidad”.1 Pero el feminismo rompe con esta idea abriendo paso a otros relatos y formas de contar y entender el mundo. No se trata únicamente de incluir a las mujeres en la historia hegemónica, sino replantear la forma de entender el pasado y su vínculo con el presente y futuro; formular otras preguntas a las fuentes; desentrañar las formas de ocultamiento, silenciamiento y distorsión de los hechos, así como la reproducción de estereotipos de género y las formas de justificar la desigualdad en el relato histórico.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Para las feministas la historia no sólo es el relato hegemónico y lineal que ordena acontecimientos y personajes, sino un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias. En dicho tejido la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, tanto cercanas como lejanas. La historia de la lucha de las mujeres incluye no sólo a las grandes referentes teóricas y políticas del feminismo, sino también a las abuelas, madres, hermanas, amigas, maestras.
La rebeldía de alzar la voz, la valentía, si para nosotras es complicado ahorita, sé que para ellas lo fue más y creo que eso es un motorcito que nos impulsa a seguir; las ancestras lo hicieron y se rebelaron en su casa, en los espacios públicos, se quedó esa llamita encendida. (Dafne, Crianzas feministas, comunicación personal, 25 de agosto del 2022)

Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Por otra parte, en la historia de la lucha de las mujeres se teje también el pensamiento de feministas que, desde la teoría, ponen sus palabras al servicio de la comprensión del mundo. La teoría feminista ayuda a nombrar y entender lo que vivimos y por tanto, a transformarlo, de ahí que, en el tejido histórico feminista, las autoras ocupan un lugar importante. En este sentido, las feministas han creado formas de recuperar y compartir la teoría con otras mujeres más allá de los espacios académicos. Por ejemplo Luna, escuela de pensamiento feminista; Tallercitas Feministas, Ancestras o la Escuela Feminista de Comunicación (colectivas que conocimos en el transcurso de la investigación), son esfuerzos de divulgación de la teoría feminista que buscan hacer llegar a un público más amplio las ideas y pensamiento feminista.
Me fui haciendo todo este mapa conceptual de todos los lugares del feminismo, activismos, teorías, y decidí formar una escuela de pensamiento feminista, porque yo dije: a mí me costó mucho trabajo entender teóricamente dónde está cada lugar, cada piso, cada vertiente, así que desarrollé Luna, intentando dar a las mujeres esta teoría… que las mujeres salgan con una formación política y filosófica y sobre todo teórica de lo que es realmente el feminismo y que considero que es una responsabilidad también decirnos feministas. (Andrea, Luna, Escuela de Pensamiento Feminista, comunicación personal, 6 de septiembre del 2022)
Así, la teoría feminista sale de las aulas y espacios académicos y es transmitida a otras mujeres y niñas. Este proceso de enseñanza y aprendizaje colectivo es profundamente político y el conocimiento es asumido como una responsabilidad.

La lucha feminista tiene también sus espacios físicos de memoria. Entendiendo con Elizabeth Jelin2 que son procesos subjetivos anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales, las memorias feministas enlazan lo individual y lo colectivo y construyen significados que le dan sentido a la vivencia común. Así, por ejemplo, las Antimonumentas o la Glorieta de las mujeres que luchan, son espacios físicos que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son espacios en los que se reúnen las mujeres a protestar sabiéndose acompañadas por otras que comparten su misma experiencia; así se constituyen identidades colectivas en torno a una lucha común.

En suma, para las feministas la historia no es el relato hegemónico lineal y progresivo que ordena personajes y acontecimientos en el tiempo, sino un entramado de experiencias, ideas y resistencias cotidianas que van abriendo caminos y posibilidades de ser. Son aprendizajes de cultura política que se van transmitiendo de unas a otras.
Esta forma de entender la historia de la lucha de las mujeres contrasta con los relatos hegemónicos de los movimientos sociales, estado-céntricos y en clave de liderazgos y heroísmos individuales. Desde el feminismo —principalmente desde el feminismo comunitario, que es una de las corrientes que explícitamente replantea la idea de la historia— se apuesta por descolonizar esta temporalidad, la concepción única y lineal del tiempo y “mirar con ojos que miran en otro tiempo, que recuperan el tiempo de nuestras abuelas y sus luchas en comunidad, un tiempo que no se ha ido, que circula, para construir nuestro tiempo de esperanza, de vivir bien en comunidad”. 3
En ese fluir del tiempo, la lucha y pensamiento de las mujeres es una llama encendida que nutre al feminismo y le permite constituirse como una fuerza política e intelectual que transforma el mundo para las que están y para las que vienen.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

1 Thébaud, Françoise (1993). “Introducción”, en Duby, Georges y Perrot, Michelle (coord.), Historia de las mujeres en occidente, Tomo V. El siglo XX. Taurus, p. 26.

2 Jelin, Elizabeth (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

3 Guzmán, Adriana (2019). Descolonizar la memoria, descolonizar feminismos. Tarpuna Muya, p. 15.

Tesis seis

El movimiento feminista rompe con los esquemas jerárquicos e individualistas propios de las formas liberales de hacer política; crea espacios que tienden a la deliberación democrática y horizontal, la diversidad y lo comunitario

Desde su origen, las feministas organizadas han roto con las formas típicas de hacer política. Su posición al margen de la política patriarcal les ha permitido tener una mirada distinta del mundo y las vías para su transformación. Por política patriarcal nos referimos a la que surge del “privilegio de lo masculino en todos los ámbitos de la construcción de significado del mundo occidental, la predominancia de líderes y las militancias estructuradas”1; esto se traduce en instituciones, leyes, normas sociales y prácticas políticas que refuerzan la dominación masculina y la opresión de las mujeres. El feminismo, nos dice Rita Segato2, lleva a la política en otra dirección; una política encarnada, enraizada en lo comunal-social, una política arraigada en la vida. Contraria a la lógica patriarcal, la política feminista no busca tomar el Estado para transformar a la sociedad, sino que se enlaza con la vida y es ahí, en el sostenimiento cotidiano de la vida en donde está lo político.
La lógica dicotómica de la modernidad hegemónica excluye al cuidado del ámbito de lo político. Si bien no hay una definición consensuada al respecto, el cuidado se refiere a todas las actividades y prácticas que se necesitan para reproducir y sostener la vida cotidiana de las personas en sociedad, como: el cuidado de las y los niños y otras personas dependientes, la limpieza de los espacios domésticos, la elaboración de alimentos, y toda la planificación y gestión que suponen dichas tareas; además, involucra una dimensión afectiva y vincular. Estas tareas, a pesar de ser indispensables para la vida cotidiana de cualquier persona, han recaído históricamente en los hogares y en las mujeres. Esto responde, como afirman Karina Batthyány y otras3, a la división sexual del trabajo, la naturalización de las mujeres como cuidadoras, la escasez de políticas públicas para atender este tema y las desigualdades sociales.
Desde la perspectiva política patriarcal, cuidar no es político, sino una tarea doméstica de carácter privado, atribuido históricamente a las mujeres y por tanto desvalorizado. Pero el feminismo pone al cuidado en el centro y nos recuerda su alto potencial político. Pues, como señala Ana de Miguel4, a los teóricos se les ha olvidado señalar que los humanos, por naturaleza, somos cuidables. Somos vulnerables y necesitamos del cuidado para sobrevivir, es una condición fundamental de la existencia humana sobre la que la teoría política tradicional poco ha elaborado.
Por otra parte, Rita Segato afirma que el movimiento feminista no acepta vanguardias, la politicidad de las mujeres no es burocrática, en el sentido de que no gestiona al movimiento, sino que lo va construyendo al andar; aprendiendo en el hacer5. La política feminista es, en términos de Guiomar Rovira, una “política de prefiguración”, experimental, lúdica, hacker; “es más evanescente y limitada en el tiempo, pone en escena la sociedad a la que se aspira en el aquí y el ahora”.6

La entrevistada es Laura Nieto de Las Vanders

Las formas de organización y deliberación de las colectivas feministas tienden a la horizontalidad y lo democrático, priorizan el diálogo sobre la imposición. Si bien, son procesos difíciles y no siempre lo logran, hacen un esfuerzo deliberado por no repetir las formas patriarcales de hacer política. Tal como señalan nuestras entrevistadas:

Como una colectiva autogestiva, nunca hemos tenido fondos, todo lo que se ha hecho ha sido de manera autogestiva, somos una colectiva lineal, las decisiones se toman en colectiva, no hay una representante. (Candy Rodríguez, Colectiva insubordinadas, comunicación personal, 13 de septiembre del 2022)

Tenemos una junta mensual, en donde nos reunimos a final de mes y ya vemos qué nos falta, qué se ha avanzado, qué podemos hacer, cómo han visto a las integrantes de sus comisiones, qué están haciendo y todo […] la junta mensual nos sirve para eso, para dialogar entre nosotras, por si algo no estamos haciendo bien […] nunca he tomado una decisión sin antes consultarlo a ellas […] siempre en las juntas trato de que ellas dialoguen, de que den su opinión, cómo se sienten ellas trabajando, cómo estamos avanzando, qué nos hace falta. (Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Muchas veces, lo que impulsa a la acción colectiva feminista es un deseo común de sanar en términos emocionales o espirituales, de encontrarle sentido y lugar a historias compartidas de dolor. Como afirma Diana Gómez, “todas estas emociones están íntimamente relacionadas con el cuidado, y son materialización del afecto. Estas emociones son el motor que enciende la lucha”7. Así lo formula una de las activistas entrevistadas para la investigación:
[La espiritualidad] es una herramienta que lleva a las mujeres a buscar a sus hijos, a levantarse cada día. Que las ayuda a tener un aire, a seguir buscando una energía vital, una fuerza interior que las mueva desde la fe, desde la espiritualidad. Y yo lo que les digo a ellas es que eso se llama espiritualidad feminista. (Gabriela Juárez, Colectivo Buscadoras, comunicación personal, 13 de agosto del 2022)
Sobre la lucha por el Estado, no hay una posición única dentro del feminismo, sino múltiples perspectivas. Desde los años noventa con la institucionalización del feminismo, el lugar de las activistas frente al Estado ha sido un tema de discusión. Mientras que algunas se asumen autónomas y denuncian al Estado como una institución patriarcal; otras, denominadas institucionales, encuentran ahí vías eficaces para la transformación. Entre estos dos polos, hay diversas posiciones y propuestas que hacen del feminismo un movimiento con una relación compleja con el Estado, como expondremos en la tesis 8.
En suma, la política en femenino, como dice Raquel Gutiérrez, no se trata sólo de añadir mujeres a la política ya existente, eso sería “gestionar el infierno y lo que queremos es desarmarlo… queremos ir construyendo algo distinto que vaya naciendo de los intersticios que quedan en el infierno”8. La política feminista rompe con la forma patriarcal, liberal, de hacer política, pues parte desde un lugar distinto. La posición históricamente subordinada de las mujeres, les ha brindado la posibilidad de plantear otros caminos para la transformación del mundo. Políticas que rompen con las dicotomías modernas que oponen razón/emoción, cuerpo/mente; políticas que integran, cuidan, sostienen. Que buscan la horizontalidad y la autonomía, más que la verticalidad y la lógica de mandar y obedecer.

1 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), pp. 223-240.

2 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

3 Batthyány, Karina (Coord.) (2020). Miradas latinoamericanas a los cuidados. CLACSO, Siglo XXI Editores.

4 De Miguel, Ana (2021). Ética para Celia. Contra la doble verdad. Ediciones B.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), p. 225.

7 Gómez, Diana (2019). “Emociones, epistemología y acción colectiva en contextos de violencia socio-política. Reflexiones breves de una experiencia de investigación feminista”, en Castañeda, Martha, Otras formas de (des)aprender: investigación feminista en tiempos de violencia, resistencia y decolonialidad. Hegoa, SIMREF, p. 82.

8 Gutiérrez, Raquel (18 de mayo de 2017). “No queremos gestionar el infierno, queremos desarmarlo y construir algo distinto”, Pikara Magazine. https://www.pikaramagazine.com/2017/05/raquel-gutierrez-aguilar/ [Consultado el 28 de junio del 2023].

Tesis seis

El movimiento feminista rompe con los esquemas jerárquicos e individualistas propios de las formas liberales de hacer política; crea espacios que tienden a la deliberación democrática y horizontal, la diversidad y lo comunitario

Desde su origen, las feministas organizadas han roto con las formas típicas de hacer política. Su posición al margen de la política patriarcal les ha permitido tener una mirada distinta del mundo y las vías para su transformación. Por política patriarcal nos referimos a la que surge del “privilegio de lo masculino en todos los ámbitos de la construcción de significado del mundo occidental, la predominancia de líderes y las militancias estructuradas”1; esto se traduce en instituciones, leyes, normas sociales y prácticas políticas que refuerzan la dominación masculina y la opresión de las mujeres. El feminismo, nos dice Rita Segato2, lleva a la política en otra dirección; una política encarnada, enraizada en lo comunal-social, una política arraigada en la vida. Contraria a la lógica patriarcal, la política feminista no busca tomar el Estado para transformar a la sociedad, sino que se enlaza con la vida y es ahí, en el sostenimiento cotidiano de la vida en donde está lo político.
La lógica dicotómica de la modernidad hegemónica excluye al cuidado del ámbito de lo político. Si bien no hay una definición consensuada al respecto, el cuidado se refiere a todas las actividades y prácticas que se necesitan para reproducir y sostener la vida cotidiana de las personas en sociedad, como: el cuidado de las y los niños y otras personas dependientes, la limpieza de los espacios domésticos, la elaboración de alimentos, y toda la planificación y gestión que suponen dichas tareas; además, involucra una dimensión afectiva y vincular. Estas tareas, a pesar de ser indispensables para la vida cotidiana de cualquier persona, han recaído históricamente en los hogares y en las mujeres. Esto responde, como afirman Karina Batthyány y otras3, a la división sexual del trabajo, la naturalización de las mujeres como cuidadoras, la escasez de políticas públicas para atender este tema y las desigualdades sociales.
Desde la perspectiva política patriarcal, cuidar no es político, sino una tarea doméstica de carácter privado, atribuido históricamente a las mujeres y por tanto desvalorizado. Pero el feminismo pone al cuidado en el centro y nos recuerda su alto potencial político. Pues, como señala Ana de Miguel4, a los teóricos se les ha olvidado señalar que los humanos, por naturaleza, somos cuidables. Somos vulnerables y necesitamos del cuidado para sobrevivir, es una condición fundamental de la existencia humana sobre la que la teoría política tradicional poco ha elaborado.
Por otra parte, Rita Segato afirma que el movimiento feminista no acepta vanguardias, la politicidad de las mujeres no es burocrática, en el sentido de que no gestiona al movimiento, sino que lo va construyendo al andar; aprendiendo en el hacer5. La política feminista es, en términos de Guiomar Rovira, una “política de prefiguración”, experimental, lúdica, hacker; “es más evanescente y limitada en el tiempo, pone en escena la sociedad a la que se aspira en el aquí y el ahora”.6

La entrevistada es Laura Nieto de Las Vanders

Las formas de organización y deliberación de las colectivas feministas tienden a la horizontalidad y lo democrático, priorizan el diálogo sobre la imposición. Si bien, son procesos difíciles y no siempre lo logran, hacen un esfuerzo deliberado por no repetir las formas patriarcales de hacer política. Tal como señalan nuestras entrevistadas:

Como una colectiva autogestiva, nunca hemos tenido fondos, todo lo que se ha hecho ha sido de manera autogestiva, somos una colectiva lineal, las decisiones se toman en colectiva, no hay una representante. (Candy Rodríguez, Colectiva insubordinadas, comunicación personal, 13 de septiembre del 2022)

Tenemos una junta mensual, en donde nos reunimos a final de mes y ya vemos qué nos falta, qué se ha avanzado, qué podemos hacer, cómo han visto a las integrantes de sus comisiones, qué están haciendo y todo […] la junta mensual nos sirve para eso, para dialogar entre nosotras, por si algo no estamos haciendo bien […] nunca he tomado una decisión sin antes consultarlo a ellas […] siempre en las juntas trato de que ellas dialoguen, de que den su opinión, cómo se sienten ellas trabajando, cómo estamos avanzando, qué nos hace falta. (Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Muchas veces, lo que impulsa a la acción colectiva feminista es un deseo común de sanar en términos emocionales o espirituales, de encontrarle sentido y lugar a historias compartidas de dolor. Como afirma Diana Gómez, “todas estas emociones están íntimamente relacionadas con el cuidado, y son materialización del afecto. Estas emociones son el motor que enciende la lucha”7. Así lo formula una de las activistas entrevistadas para la investigación:
[La espiritualidad] es una herramienta que lleva a las mujeres a buscar a sus hijos, a levantarse cada día. Que las ayuda a tener un aire, a seguir buscando una energía vital, una fuerza interior que las mueva desde la fe, desde la espiritualidad. Y yo lo que les digo a ellas es que eso se llama espiritualidad feminista. (Gabriela Juárez, Colectivo Buscadoras, comunicación personal, 13 de agosto del 2022)
Sobre la lucha por el Estado, no hay una posición única dentro del feminismo, sino múltiples perspectivas. Desde los años noventa con la institucionalización del feminismo, el lugar de las activistas frente al Estado ha sido un tema de discusión. Mientras que algunas se asumen autónomas y denuncian al Estado como una institución patriarcal; otras, denominadas institucionales, encuentran ahí vías eficaces para la transformación. Entre estos dos polos, hay diversas posiciones y propuestas que hacen del feminismo un movimiento con una relación compleja con el Estado, como expondremos en la tesis 8.
En suma, la política en femenino, como dice Raquel Gutiérrez, no se trata sólo de añadir mujeres a la política ya existente, eso sería “gestionar el infierno y lo que queremos es desarmarlo… queremos ir construyendo algo distinto que vaya naciendo de los intersticios que quedan en el infierno”8. La política feminista rompe con la forma patriarcal, liberal, de hacer política, pues parte desde un lugar distinto. La posición históricamente subordinada de las mujeres, les ha brindado la posibilidad de plantear otros caminos para la transformación del mundo. Políticas que rompen con las dicotomías modernas que oponen razón/emoción, cuerpo/mente; políticas que integran, cuidan, sostienen. Que buscan la horizontalidad y la autonomía, más que la verticalidad y la lógica de mandar y obedecer.

1 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), pp. 223-240.

2 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

3 Batthyány, Karina (Coord.) (2020). Miradas latinoamericanas a los cuidados. CLACSO, Siglo XXI Editores.

4 De Miguel, Ana (2021). Ética para Celia. Contra la doble verdad. Ediciones B.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), p. 225.

7 Gómez, Diana (2019). “Emociones, epistemología y acción colectiva en contextos de violencia socio-política. Reflexiones breves de una experiencia de investigación feminista”, en Castañeda, Martha, Otras formas de (des)aprender: investigación feminista en tiempos de violencia, resistencia y decolonialidad. Hegoa, SIMREF, p. 82.

8 Gutiérrez, Raquel (18 de mayo de 2017). “No queremos gestionar el infierno, queremos desarmarlo y construir algo distinto”, Pikara Magazine. https://www.pikaramagazine.com/2017/05/raquel-gutierrez-aguilar/ [Consultado el 28 de junio del 2023].

Tesis siete

Las feministas miran de manera crítica y situada no sólo el mundo, sino su propio quehacer político; tienen una alta capacidad de autocrítica

Uno de los fundamentos del feminismo es partir de la propia experiencia para conocer y transformar el mundo. Es decir, tanto en términos epistemológicos como políticos, la mirada de las feministas sobre el mundo no se desliga de la mirada sobre sí mismas. A esta manera de actuar le podemos llamar conocimiento situado.
La noción de conocimiento situado supone que ningún conocimiento es abstracto y universal, sino que está atravesado y moldeado por el lugar desde el que se construye, por el cuerpo y mirada de quien investiga, por el contexto social, cultural y político desde el que se sitúa.1 Esto no solo es una tarea epistemológica del feminismo, sino también ética y, por tanto, política. Es asumir que el contexto importa, tanto el contexto personal como el social. Que las vivencias de las personas influyen en cómo perciben y entienden el mundo; por lo tanto, las condiciones concretas de vida resultan en formas distintas de entender la lucha feminista, tal como afirma una de nuestras entrevistadas:
Nosotras hablamos de luchas de mujeres, las mujeres en todos lados del mundo luchan y eso debe resaltarse. Las estrategias y las formas de resistir van a ser distintas, las cadenas de estas mujeres van a ser distintas a las nuestras. Hay una identificación, estamos justamente luchando para liberarnos… El sistema patriarcal […] es la base de las opresiones y es en donde se superponen otro tipo de opresiones, como pueden ser las relacionadas con el racismo, la clase social, con las dominadas, dominantes, etc […] no es lo mismo mis opresiones que las que se viven en otro lado. (P. Flores, Colectiva Crea Ciudad, comunicación personal, 14 de septiembre de 2022)
Esta postura también implica el reconocimiento de las diferentes miradas, no asumir que desde un solo lugar es posible dar cuenta de la totalidad de lo que se quiere conocer o transformar. Por ende, esta mirada crítica no sólo se dirige hacia la sociedad, sino a la propia vida y militancia, así como al movimiento mismo. En nuestra investigación pudimos dar cuenta de la alta capacidad autocrítica de las feministas tanto en su vida privada, sus relaciones, así como en términos colectivos. Cabe decir que el ejercicio autocrítico no es cómodo, es más bien doloroso, como señala una de las entrevistadas:
De entrada, el feminismo confronta y aprender a ver el camino desde el feminismo, duele. Duele renunciar o tratar de renunciar a un sistema que es seductor. El patriarcado y el capitalismo son seductores, entonces nos jala. Por eso, hay lo de la ética del placer, que es como este freno que le vamos a poner a toda esta seducción tan perversa del sistema político y económico. La reflexión feminista ha sido una herramienta muy poderosa para entender mi propia historia y para sostener mi vida. (Raquel Ramírez, Escuela feminista de comunicación, comunicación personal, 2022)
La autocrítica dentro del feminismo no es nueva, por una parte, es lo que ha permitido que sea un pensamiento y un movimiento antidogmático, comprometido con los grupos oprimidos y potente en su capacidad de análisis y transformación social. Pero, por otra parte, ha sido motivo de distanciamientos y dificultades para encaminar la lucha hacia resultados más tangibles. En el IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Taxco, México, en 1987, se elaboró un documento que condensa esta mirada autocrítica del feminismo y que llama a no negar “los conflictos, las contradicciones y las diferencias. Seamos capaces de establecer una ética de las reglas de juego del feminismo, logrando un pacto entre nosotras, que nos permita avanzar en nuestra utopía de desarrollar en profundidad y extensión el feminismo en América Latina”.2

Reflexión colectiva en el foro: (Re)articulando la historia y el presente de los feminismos en México: Acción, colectividad y política

En suma, el feminismo como pensamiento y como movimiento ha sido históricamente crítico, no sólo de la sociedad sino de sí mismo. Las activistas feministas están en constante reflexión sobre su propia vida, su lugar en el mundo y su militancia. Este carácter autocrítico ha permitido que el movimiento se mantenga vivo, antidogmático, irreverente. No obstante, también ha sido motivo de tensiones y distancia entre las feministas.

Entrevistada: Las Sabinas

Pero, como señala Vanessa, “el problema de la fragmentación llega con la intolerancia a la diferencia, en lugar de mirar nuestras diferencias para separarnos tendríamos que ver en qué puntos nos encontramos, pueden ser pocos, pero tiene que haber puntos de encuentro y desde ahí se puede trabajar” (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022).

A pesar de las diferencias, la lucha feminista avanza porque las une un compromiso común por la construcción de una vida libre de violencia para las mujeres. Como afirmamos en la tesis 2, esa es la causa que hace converger a todas las vertientes del feminismo y es en ella en la que se han logrado pactos para avanzar en la utopía feminista.

Nos une un compromiso común

1 Haraway, Donna (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra; Harding, Sandra (1996). Ciencia y Feminismo. Morata.

2 D’ Atri, Andrea. (2004). Pan y Rosas Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Las Armas de la Crítica, p. 18.

Tesis siete

Las feministas miran de manera crítica y situada no sólo el mundo, sino su propio quehacer político; tienen una alta capacidad de autocrítica

Uno de los fundamentos del feminismo es partir de la propia experiencia para conocer y transformar el mundo. Es decir, tanto en términos epistemológicos como políticos, la mirada de las feministas sobre el mundo no se desliga de la mirada sobre sí mismas. A esta manera de actuar le podemos llamar conocimiento situado.
La noción de conocimiento situado supone que ningún conocimiento es abstracto y universal, sino que está atravesado y moldeado por el lugar desde el que se construye, por el cuerpo y mirada de quien investiga, por el contexto social, cultural y político desde el que se sitúa.1 Esto no solo es una tarea epistemológica del feminismo, sino también ética y, por tanto, política. Es asumir que el contexto importa, tanto el contexto personal como el social. Que las vivencias de las personas influyen en cómo perciben y entienden el mundo; por lo tanto, las condiciones concretas de vida resultan en formas distintas de entender la lucha feminista, tal como afirma una de nuestras entrevistadas:
Nosotras hablamos de luchas de mujeres, las mujeres en todos lados del mundo luchan y eso debe resaltarse. Las estrategias y las formas de resistir van a ser distintas, las cadenas de estas mujeres van a ser distintas a las nuestras. Hay una identificación, estamos justamente luchando para liberarnos… El sistema patriarcal […] es la base de las opresiones y es en donde se superponen otro tipo de opresiones, como pueden ser las relacionadas con el racismo, la clase social, con las dominadas, dominantes, etc […] no es lo mismo mis opresiones que las que se viven en otro lado. (P. Flores, Colectiva Crea Ciudad, comunicación personal, 14 de septiembre de 2022)
Esta postura también implica el reconocimiento de las diferentes miradas, no asumir que desde un solo lugar es posible dar cuenta de la totalidad de lo que se quiere conocer o transformar. Por ende, esta mirada crítica no sólo se dirige hacia la sociedad, sino a la propia vida y militancia, así como al movimiento mismo. En nuestra investigación pudimos dar cuenta de la alta capacidad autocrítica de las feministas tanto en su vida privada, sus relaciones, así como en términos colectivos. Cabe decir que el ejercicio autocrítico no es cómodo, es más bien doloroso, como señala una de las entrevistadas:
De entrada, el feminismo confronta y aprender a ver el camino desde el feminismo, duele. Duele renunciar o tratar de renunciar a un sistema que es seductor. El patriarcado y el capitalismo son seductores, entonces nos jala. Por eso, hay lo de la ética del placer, que es como este freno que le vamos a poner a toda esta seducción tan perversa del sistema político y económico. La reflexión feminista ha sido una herramienta muy poderosa para entender mi propia historia y para sostener mi vida. (Raquel Ramírez, Escuela feminista de comunicación, comunicación personal, 2022)
La autocrítica dentro del feminismo no es nueva, por una parte, es lo que ha permitido que sea un pensamiento y un movimiento antidogmático, comprometido con los grupos oprimidos y potente en su capacidad de análisis y transformación social. Pero, por otra parte, ha sido motivo de distanciamientos y dificultades para encaminar la lucha hacia resultados más tangibles. En el IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Taxco, México, en 1987, se elaboró un documento que condensa esta mirada autocrítica del feminismo y que llama a no negar “los conflictos, las contradicciones y las diferencias. Seamos capaces de establecer una ética de las reglas de juego del feminismo, logrando un pacto entre nosotras, que nos permita avanzar en nuestra utopía de desarrollar en profundidad y extensión el feminismo en América Latina”.2
En suma, el feminismo como pensamiento y como movimiento ha sido históricamente crítico, no sólo de la sociedad sino de sí mismo. Las activistas feministas están en constante reflexión sobre su propia vida, su lugar en el mundo y su militancia. Este carácter autocrítico ha permitido que el movimiento se mantenga vivo, antidogmático, irreverente. No obstante, también ha sido motivo de tensiones y distancia entre las feministas.

Entrevistada: Las Sabinas

Pero, como señala Vanessa, “el problema de la fragmentación llega con la intolerancia a la diferencia, en lugar de mirar nuestras diferencias para separarnos tendríamos que ver en qué puntos nos encontramos, pueden ser pocos, pero tiene que haber puntos de encuentro y desde ahí se puede trabajar” (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022).

A pesar de las diferencias, la lucha feminista avanza porque las une un compromiso común por la construcción de una vida libre de violencia para las mujeres. Como afirmamos en la tesis 2, esa es la causa que hace converger a todas las vertientes del feminismo y es en ella en la que se han logrado pactos para avanzar en la utopía feminista.

1 Haraway, Donna (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra; Harding, Sandra (1996). Ciencia y Feminismo. Morata.

2 D’ Atri, Andrea. (2004). Pan y Rosas Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Las Armas de la Crítica, p. 18.

Bloque 2. Trayectorias y prácticas políticas feministas

Tesis ocho

El movimiento feminista es crítico del Estado patriarcal y sus formas liberales de justicia y democracia. Las mujeres crean constantemente alternativas que buscan disputar y trascender las instituciones del Estado

La relación entre el feminismo y el Estado siempre ha sido compleja. Al ser un movimiento y pensamiento fundamentalmente crítico del status quo, su relación con la estructura de gobierno ha sido tanto de confrontación y crítica como de colaboración y participación. Sin embargo, las feministas tienen muy claro que el Estado, como un ente patriarcal, no puede ser el objetivo último de la lucha, sino que lo trascienden y encuentran otros espacios para la transformación.

Los gobiernos, por su parte, se han posicionado de formas distintas frente al movimiento feminista. En ocasiones han sido receptivos a sus demandas, en otras han permanecido indiferentes, mientras que en otros momentos han recurrido a la represión como respuesta a las protestas y reclamos feministas. A pesar de estas respuestas, la lucha de las mujeres persiste y para ello se plantean diversos caminos que suponen formas distintas de relación con el Estado.

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Según Virginia Vargas1, estas relaciones se pueden resumir en dos tendencias históricas: las feministas que han decantado por una estrategia dentro de las instituciones del Estado y la sociedad política, y aquellas que prefieren una estrategia autónoma. Las primeras reconocen la necesidad de integrarse a las distintas instituciones del Estado y a los tres niveles de gobierno, para crear políticas públicas que atiendan las necesidades particulares de las mujeres. Las segundas ven como una contradicción cooperar con la que consideran es la principal estructura de opresión hacia las mujeres (el Estado), por lo que crean proyectos alternativos de impacto local o regional en beneficio de las mujeres.

En nuestra investigación encontramos esas dos grandes tendencias, que expresan una diversidad de matices en torno a una discusión fundamental para la transformación social: la cuestión de la democracia. Por un lado, hay quienes consideran que no existe la democracia, que es una ilusión, pues “…no es representativa, no es interseccional, no es incluyente; hay mucho derroche para cosas innecesarias, pero no para un parlamento abierto, una apertura a la participación real” (Mizraya, Colectividad(es) comunicación personal, 11 de octubre 2022).
Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Desde esta visión crítica a la democracia, hay feministas que señalan su carácter unilateral y androcéntrico. Afirman que las formas de organización, participación, representación y toma de decisiones se han establecido a partir del reconocimiento de una sola forma de ser ciudadanos, la de los hombres, que los muestra como los únicos capaces de hacer política, pues el espacio público les pertenece. Mientras que a las mujeres, históricamente se les ha atribuido el espacio doméstico y con ello han sido expulsadas del espacio y discusión pública.

Algunas de nuestras entrevistadas críticas a la democracia afirmaron que no existe un solo molde para la participación y la toma de decisiones, por lo que, a través del pensamiento crítico, se pueden explorar otras formas de participación: “…pues también habrá otros feminismos que harán algunas críticas a la democracia liberal y que busquen otros sistemas de participación, de horizontalidad, manteniendo este horizonte crítico, creo que uno de los principios fundamentales es mantener la crítica a las relaciones de poder” (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal el 31 de agosto 2022).

En este sentido, ante la inacción del Estado y las instituciones de impartición de justicia en casos de violencia sexual, por ejemplo, las feministas impulsan proyectos que buscan resarcir dicha falla institucional. Desde distintas trincheras organizan conversatorios, se solidarizan con familiares y sobrevivientes a partir de la creación de colectivas para la asesoría jurídica y psicológica; acompañan a través de círculos de reflexión y erigen y toman monumentos para crear memoria.

Como alternativa a la impunidad, algunas colectivas y organizaciones de la sociedad civil han comenzado a discutir el antipunitivismo como forma de justicia y resarcimiento del daño. Esto implica que dan más peso a las estrategias que reconstruyen el tejido social, que a las que castigan a través del encierro, además de cuestionar fuertemente el acceso a la justicia que tienen las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, pues para ellas nunca es pronta ni expedita. Proponen otra forma de entender la justicia, una muy emparentada con la noción de “sanación”, que ofrece alternativas al trauma y el aislamiento que el castigo y el encierro traen, tanto para mujeres como para hombres:

Queremos brindar un enfoque de la justicia a partir de lo que las sobrevivientes consideran que es la justicia. Para nosotras la justicia puede tener un significado diverso, depende de la sobreviviente. Por ejemplo, para una persona puede ser una sentencia que esté a su favor, pero quizá para otra eso no sea realmente lo que está esperando, sino quizás solo necesite sanar lo que ocurrió en ella después de una experiencia de violencia sexual. O quizá para otras, por ejemplo, poder hablar de lo que sucedió simplemente. (C. Doroteo, Las Sabinas, comunicación personal el 16 de septiembre de 2022)
Por lo tanto, muchas colectivas y organizaciones acompañan el proceso de sanación y justicia de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, y que en muchos casos han pasado por la experiencia de la revictimización y la violencia de Estado en las instituciones de impartición de justicia. Apuestan por crear una alternativa que permita reconstruir el tejido social desde la perspectiva de la víctima. Retoman la estrategia de los grupos de autoconciencia2 de la década de los años setenta y lo transforman en un lugar de reconocimiento de la justicia.

Por su parte, las feministas que trabajan desde dentro del Estado para impulsar los cambios a favor de las mujeres, han sido históricamente señaladas por las alas más autónomas del feminismo por cooperar con una institución patriarcal. No obstante, entre nuestras entrevistadas se expresó el reconocimiento del trabajo que hacen las feministas institucionales, pues sin su esfuerzo muchas de las demandas del movimiento feminista seguirían sin ser concretadas. Como ejemplo, Marcela Lagarde, desde el feminismo institucional impulsó comisiones, reformas, discusiones legislativas que pusieron en el centro la urgencia de atender la violencia feminicida en México. Derivado de todo ese esfuerzo se tipificó el feminicidio como delito y se promulgó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En su lucha, las feministas desde dentro del Estado se enfrentan con las formas patriarcales de hacer política, pues su presencia en las instituciones suele ser incómoda para quienes quieren mantener el statu quo, no obstante desde ahí ayudan a concretar y estructurar las demandas del movimiento.

Más que una separación tajante entre feminismo institucional y autónomo, lo que vemos es que ambos caminos contribuyen a la transformación de la vida de las mujeres, y que ya sea fuera o dentro, las feministas son críticas del Estado, sus instituciones, así como sus formas patriarcales de política, justicia y democracia.

1 Vargas, Virginia (2008). “La tensión entre ‘institucionalizadas’ y ‘autónomas’ en los feminismos latinoamericanos”, en Vargas, Virginia, Feminismos en América Latina. Su aporte a la política y a la democracia (pp. 133–211). UNMSM, Programa Democracia y Transformación Global, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. América Latina Genera

2 Esta práctica política tuvo su origen en el feminismo estadounidense radical de los años setenta. Consistía en pequeñas reuniones de mujeres en las que se planteaban temas que les aquejaban en su vida cotidiana. El proceso de reflexión colectiva les conducía a la conciencia de que esos problemas aparentemente personales, en realidad eran políticos, reflejo de una sociedad históricamente construida para sostener la supremacía masculina. Por tanto, la solución no podía ser personal.

Tesis ocho

El movimiento feminista es crítico del Estado patriarcal y sus formas liberales de justicia y democracia. Las mujeres crean constantemente alternativas que buscan disputar y trascender las instituciones del Estado

La relación entre el feminismo y el Estado siempre ha sido compleja. Al ser un movimiento y pensamiento fundamentalmente crítico del status quo, su relación con la estructura de gobierno ha sido tanto de confrontación y crítica como de colaboración y participación. Sin embargo, las feministas tienen muy claro que el Estado, como un ente patriarcal, no puede ser el objetivo último de la lucha, sino que lo trascienden y encuentran otros espacios para la transformación.

Los gobiernos, por su parte, se han posicionado de formas distintas frente al movimiento feminista. En ocasiones han sido receptivos a sus demandas, en otras han permanecido indiferentes, mientras que en otros momentos han recurrido a la represión como respuesta a las protestas y reclamos feministas. A pesar de estas respuestas, la lucha de las mujeres persiste y para ello se plantean diversos caminos que suponen formas distintas de relación con el Estado.

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Según Virginia Vargas1, estas relaciones se pueden resumir en dos tendencias históricas: las feministas que han decantado por una estrategia dentro de las instituciones del Estado y la sociedad política, y aquellas que prefieren una estrategia autónoma. Las primeras reconocen la necesidad de integrarse a las distintas instituciones del Estado y a los tres niveles de gobierno, para crear políticas públicas que atiendan las necesidades particulares de las mujeres. Las segundas ven como una contradicción cooperar con la que consideran es la principal estructura de opresión hacia las mujeres (el Estado), por lo que crean proyectos alternativos de impacto local o regional en beneficio de las mujeres.

En nuestra investigación encontramos esas dos grandes tendencias, que expresan una diversidad de matices en torno a una discusión fundamental para la transformación social: la cuestión de la democracia. Por un lado, hay quienes consideran que no existe la democracia, que es una ilusión, pues “…no es representativa, no es interseccional, no es incluyente; hay mucho derroche para cosas innecesarias, pero no para un parlamento abierto, una apertura a la participación real” (Mizraya, Colectividad(es) comunicación personal, 11 de octubre 2022).
Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Desde esta visión crítica a la democracia, hay feministas que señalan su carácter unilateral y androcéntrico. Afirman que las formas de organización, participación, representación y toma de decisiones se han establecido a partir del reconocimiento de una sola forma de ser ciudadanos, la de los hombres, que los muestra como los únicos capaces de hacer política, pues el espacio público les pertenece. Mientras que a las mujeres, históricamente se les ha atribuido el espacio doméstico y con ello han sido expulsadas del espacio y discusión pública.

Algunas de nuestras entrevistadas críticas a la democracia afirmaron que no existe un solo molde para la participación y la toma de decisiones, por lo que, a través del pensamiento crítico, se pueden explorar otras formas de participación: “…pues también habrá otros feminismos que harán algunas críticas a la democracia liberal y que busquen otros sistemas de participación, de horizontalidad, manteniendo este horizonte crítico, creo que uno de los principios fundamentales es mantener la crítica a las relaciones de poder” (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal el 31 de agosto 2022).

En este sentido, ante la inacción del Estado y las instituciones de impartición de justicia en casos de violencia sexual, por ejemplo, las feministas impulsan proyectos que buscan resarcir dicha falla institucional. Desde distintas trincheras organizan conversatorios, se solidarizan con familiares y sobrevivientes a partir de la creación de colectivas para la asesoría jurídica y psicológica; acompañan a través de círculos de reflexión y erigen y toman monumentos para crear memoria.

Como alternativa a la impunidad, algunas colectivas y organizaciones de la sociedad civil han comenzado a discutir el antipunitivismo como forma de justicia y resarcimiento del daño. Esto implica que dan más peso a las estrategias que reconstruyen el tejido social, que a las que castigan a través del encierro, además de cuestionar fuertemente el acceso a la justicia que tienen las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, pues para ellas nunca es pronta ni expedita. Proponen otra forma de entender la justicia, una muy emparentada con la noción de “sanación”, que ofrece alternativas al trauma y el aislamiento que el castigo y el encierro traen, tanto para mujeres como para hombres:

Queremos brindar un enfoque de la justicia a partir de lo que las sobrevivientes consideran que es la justicia. Para nosotras la justicia puede tener un significado diverso, depende de la sobreviviente. Por ejemplo, para una persona puede ser una sentencia que esté a su favor, pero quizá para otra eso no sea realmente lo que está esperando, sino quizás solo necesite sanar lo que ocurrió en ella después de una experiencia de violencia sexual. O quizá para otras, por ejemplo, poder hablar de lo que sucedió simplemente. (C. Doroteo, Las Sabinas, comunicación personal el 16 de septiembre de 2022)
Por lo tanto, muchas colectivas y organizaciones acompañan el proceso de sanación y justicia de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, y que en muchos casos han pasado por la experiencia de la revictimización y la violencia de Estado en las instituciones de impartición de justicia. Apuestan por crear una alternativa que permita reconstruir el tejido social desde la perspectiva de la víctima. Retoman la estrategia de los grupos de autoconciencia2 de la década de los años setenta y lo transforman en un lugar de reconocimiento de la justicia.

Por su parte, las feministas que trabajan desde dentro del Estado para impulsar los cambios a favor de las mujeres, han sido históricamente señaladas por las alas más autónomas del feminismo por cooperar con una institución patriarcal. No obstante, entre nuestras entrevistadas se expresó el reconocimiento del trabajo que hacen las feministas institucionales, pues sin su esfuerzo muchas de las demandas del movimiento feminista seguirían sin ser concretadas. Como ejemplo, Marcela Lagarde, desde el feminismo institucional impulsó comisiones, reformas, discusiones legislativas que pusieron en el centro la urgencia de atender la violencia feminicida en México. Derivado de todo ese esfuerzo se tipificó el feminicidio como delito y se promulgó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En su lucha, las feministas desde dentro del Estado se enfrentan con las formas patriarcales de hacer política, pues su presencia en las instituciones suele ser incómoda para quienes quieren mantener el statu quo, no obstante desde ahí ayudan a concretar y estructurar las demandas del movimiento.

Más que una separación tajante entre feminismo institucional y autónomo, lo que vemos es que ambos caminos contribuyen a la transformación de la vida de las mujeres, y que ya sea fuera o dentro, las feministas son críticas del Estado, sus instituciones, así como sus formas patriarcales de política, justicia y democracia.

1 Vargas, Virginia (2008). “La tensión entre ‘institucionalizadas’ y ‘autónomas’ en los feminismos latinoamericanos”, en Vargas, Virginia, Feminismos en América Latina. Su aporte a la política y a la democracia (pp. 133–211). UNMSM, Programa Democracia y Transformación Global, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. América Latina Genera

2 Esta práctica política tuvo su origen en el feminismo estadounidense radical de los años setenta. Consistía en pequeñas reuniones de mujeres en las que se planteaban temas que les aquejaban en su vida cotidiana. El proceso de reflexión colectiva les conducía a la conciencia de que esos problemas aparentemente personales, en realidad eran políticos, reflejo de una sociedad históricamente construida para sostener la supremacía masculina. Por tanto, la solución no podía ser personal.

Tesis nueve

El movimiento feminista busca transformar las relaciones de opresión y exclusión que impone el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, cuestionando los roles socialmente asignados a las mujeres y proponiendo acciones para la emancipación

Tras un feminismo global que iguala a todas las mujeres, en América Latina surge uno situado, periférico, mestizo e intruso1 que devela cómo el género no es la única opresión que sufren las mujeres. Sobre éstas, recaen múltiples violencias asociadas a la raza, la clase y la geopolítica, vinculadas a estructuras impuestas por el colonialismo y el capitalismo. Este feminismo es crítico a un feminismo occidental que toma como sujeto histórico a la mujer blanca, urbanita, clase media y heterosexual; singularizando las opresiones y las resistencias. Este feminismo situado surge del pensamiento y la praxis política de mujeres indígenas, negras, campesinas y lesbianas. Es situado porque mira las condiciones y situaciones de opresión de las mujeres y sus formas específicas para hacerles frente.

12 de octubre 2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Desde Latinoamérica se habla de descolonizar el feminismo, esto es, dejar de pensar desde parámetros de occidente, dejar de asumir un tiempo lineal, la posmodernidad como proyecto único, no delimitar las opresiones a una variable; descolonizar el feminismo es, como dice Adriana Guzmán, recuperar la memoria de los pueblos, de las ancestras.2 Desde esta perspectiva, es esencial disputar los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico, para construir los propios y dar cuenta de las diversas condiciones que las mujeres afrontan.
De ahí el cuestionamiento a la noción y uso liberal de la interseccionalidad. Como señala Ochy Curiel, esta perspectiva “pregunta muy poco por la producción de estas diferencias contenidas en las experiencias de muchas mujeres, fundamentalmente racializadas y pobres. Por tanto, tiende a un multiculturalismo liberal que pretende reconocer las diferencias, incluyéndolas en un modelo diverso, pero que no cuestiona las razones que provocan la necesidad de esa inclusión”.3 Es decir, no basta con reconocer que las mujeres somos diversas, sino preguntarnos qué es lo que produce dicha diversidad, pues no son diferencias esenciales, sino productos de la diferenciación. Es así que, la crítica decolonial feminista apunta a desbaratar los sistemas de opresión como el centralismo, el racismo, el capitalismo, que hacen a las mujeres periféricas, negras, empobrecidas.
Para las feministas que entrevistamos en el transcurso de esta investigación, el patriarcado no es un sistema aislado. Por el contrario, éste se encuentra atravesado por lógicas coloniales y capitalistas, las cuales expresan un conjunto de jerarquías que divide a las mujeres en blancas/morenas, pobres/ricas, centro/periferia, que son derivadas de una lógica racial y de clase.
Yo creo que las mujeres viven una situación de discriminación y de racismo. Creo que conviven cotidianamente con esta situación […] es algo estructural, desde que vas caminando en la calle y el carro no te da el paso, no respeta que estás pasando. Son situaciones que te suenan hasta cierto punto como muy tontas, o sea estúpidas, pero pasa. De ahí se deriva todo, cómo te trata la persona que te vende el boleto del metro, quién te cobra el pasaje de la combi. Aunque sean de la misma colonia, si es de tez clara y tú eres de tez morena, pues como eres prieto y yo soy güero, te voy a discriminar desde que te veo. Justo es algo con que lidiar desde abajo, desde la cotidianidad. (F. Maldonado, Las Erinias UAM y Justicia Pro-Persona A.C, comunicación personal, 19 de octubre de 2022)
Para romper con este colonialismo y clasismo, las activistas feministas señalan la necesidad de cuestionar los propios privilegios, de reconocerse desde la pluralidad. Coinciden en la importancia de escuchar, de construir un diálogo, de superar visiones de superioridad y de no imponer realidades absolutas. Así lo plantea una de nuestras entrevistadas:
El reconocimiento de lo diferente, de lo distinto, esa empatía, es difícil reconocer al otro, reconocer que hay quien ha tenido procesos distintos, que pertenece a una colectiva o grupo distinto porque su historial es distinto al tuyo […] puedes aliarte y trabajar en conjunto […], reconocer lo distinto y reconocer tanto nuestras limitaciones, como nuestras capacidades. (Sandra Rondín, Comunidad de FB Científicas Mexicanas, 9 de enero de 2023)
Por su parte, Susana González, de GENDES, reflexiona:
¿Por qué seguimos pensando en esta visión colonizadora de imponer, de llegar y decir aquí la verdad es esta y entonces hay que hacer esto? ¿Por qué no escuchar siempre, en todas partes, a quien está viviendo una experiencia y atender desde ahí? Si estamos hablando de comunidades indígenas, ¿qué es lo que necesitan, qué es lo que están exigiendo? y no llegar y pensar que vamos a rescatarlos […] me parece que no hay nada que rescatar, más bien hay que escuchar y hay que atender desde donde se necesita. (Susana Gonzáles, GENDES, A.C., 12 de agosto 2022)
Esto se añade al proceso continuo de cuestionamiento a los roles de género, la toma de conciencia de las violencias y discriminaciones contra las mujeres, lo que trae consigo una manera distinta de ver el mundo: “supone darse cuenta de las mentiras, grandes y pequeñas, en las que está cimentada nuestra historia, nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía, los grandes proyectos y los detalles cotidianos”.4 En definitiva, es tener conciencia de género.
En suma, en esta tesis proponemos que el movimiento feminista hace una crítica al patriarcado, el colonialismo y el capitalismo como sistemas de opresión que se superponen y dan lugar a condiciones de desigualdad y violencia para las mujeres.

Entrevistada: Pamela Janin, FPFV

Es una visión crítica de la sociedad que reconoce la complejidad de las opresiones y busca activamente desmontarlas a través de prácticas como las que hemos referido en las tesis anteriores: organización social, movilizaciones, protestas, arte, redes de acompañamiento, modificaciones a las leyes, espacios de formación, así como una constante reflexión personal y colectiva, entre otras.

1 Eskalera Karakola (2004). “Diferentes diferencias y ciudadanías excluyentes: una revisión feminista”, en Hooks, Bell et al., Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras (pp. 9-32). Traficantes de Sueños.

2 Guzmán, Adriana (2020). “¿Qué es feminismo para las feministas comunitarias?”, Aguaceros, 3, pp. 5-6.

3 Curiel, Ochy (2014). “Construyendo metodologías feministas desde el feminismo decolonial”, en Mendia, Irantzu et al. (Eds.), Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista. Universidad del País Vasco, SIMRF, p. 53.

4 Varela, Nuria (2008). Feminismo para principiantes. Ediciones B, S. A., p. 19

Tesis nueve

El movimiento feminista busca transformar las relaciones de opresión y exclusión que impone el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, cuestionando los roles socialmente asignados a las mujeres y proponiendo acciones para la emancipación

Tras un feminismo global que iguala a todas las mujeres, en América Latina surge uno situado, periférico, mestizo e intruso1 que devela cómo el género no es la única opresión que sufren las mujeres. Sobre éstas, recaen múltiples violencias asociadas a la raza, la clase y la geopolítica, vinculadas a estructuras impuestas por el colonialismo y el capitalismo. Este feminismo es crítico a un feminismo occidental que toma como sujeto histórico a la mujer blanca, urbanita, clase media y heterosexual; singularizando las opresiones y las resistencias. Este feminismo situado surge del pensamiento y la praxis política de mujeres indígenas, negras, campesinas y lesbianas. Es situado porque mira las condiciones y situaciones de opresión de las mujeres y sus formas específicas para hacerles frente.

12 de octubre 2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Desde Latinoamérica se habla de descolonizar el feminismo, esto es, dejar de pensar desde parámetros de occidente, dejar de asumir un tiempo lineal, la posmodernidad como proyecto único, no delimitar las opresiones a una variable; descolonizar el feminismo es, como dice Adriana Guzmán, recuperar la memoria de los pueblos, de las ancestras.2 Desde esta perspectiva, es esencial disputar los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico, para construir los propios y dar cuenta de las diversas condiciones que las mujeres afrontan.
De ahí el cuestionamiento a la noción y uso liberal de la interseccionalidad. Como señala Ochy Curiel, esta perspectiva “pregunta muy poco por la producción de estas diferencias contenidas en las experiencias de muchas mujeres, fundamentalmente racializadas y pobres. Por tanto, tiende a un multiculturalismo liberal que pretende reconocer las diferencias, incluyéndolas en un modelo diverso, pero que no cuestiona las razones que provocan la necesidad de esa inclusión”.3 Es decir, no basta con reconocer que las mujeres somos diversas, sino preguntarnos qué es lo que produce dicha diversidad, pues no son diferencias esenciales, sino productos de la diferenciación. Es así que, la crítica decolonial feminista apunta a desbaratar los sistemas de opresión como el centralismo, el racismo, el capitalismo, que hacen a las mujeres periféricas, negras, empobrecidas.
Para las feministas que entrevistamos en el transcurso de esta investigación, el patriarcado no es un sistema aislado. Por el contrario, éste se encuentra atravesado por lógicas coloniales y capitalistas, las cuales expresan un conjunto de jerarquías que divide a las mujeres en blancas/morenas, pobres/ricas, centro/periferia, que son derivadas de una lógica racial y de clase.
Yo creo que las mujeres viven una situación de discriminación y de racismo. Creo que conviven cotidianamente con esta situación […] es algo estructural, desde que vas caminando en la calle y el carro no te da el paso, no respeta que estás pasando. Son situaciones que te suenan hasta cierto punto como muy tontas, o sea estúpidas, pero pasa. De ahí se deriva todo, cómo te trata la persona que te vende el boleto del metro, quién te cobra el pasaje de la combi. Aunque sean de la misma colonia, si es de tez clara y tú eres de tez morena, pues como eres prieto y yo soy güero, te voy a discriminar desde que te veo. Justo es algo con que lidiar desde abajo, desde la cotidianidad. (F. Maldonado, Las Erinias UAM y Justicia Pro-Persona A.C, comunicación personal, 19 de octubre de 2022)
Para romper con este colonialismo y clasismo, las activistas feministas señalan la necesidad de cuestionar los propios privilegios, de reconocerse desde la pluralidad. Coinciden en la importancia de escuchar, de construir un diálogo, de superar visiones de superioridad y de no imponer realidades absolutas. Así lo plantea una de nuestras entrevistadas:
El reconocimiento de lo diferente, de lo distinto, esa empatía, es difícil reconocer al otro, reconocer que hay quien ha tenido procesos distintos, que pertenece a una colectiva o grupo distinto porque su historial es distinto al tuyo […] puedes aliarte y trabajar en conjunto […], reconocer lo distinto y reconocer tanto nuestras limitaciones, como nuestras capacidades. (Sandra Rondín, Comunidad de FB Científicas Mexicanas, 9 de enero de 2023)
Por su parte, Susana González, de GENDES, reflexiona:
¿Por qué seguimos pensando en esta visión colonizadora de imponer, de llegar y decir aquí la verdad es esta y entonces hay que hacer esto? ¿Por qué no escuchar siempre, en todas partes, a quien está viviendo una experiencia y atender desde ahí? Si estamos hablando de comunidades indígenas, ¿qué es lo que necesitan, qué es lo que están exigiendo? y no llegar y pensar que vamos a rescatarlos […] me parece que no hay nada que rescatar, más bien hay que escuchar y hay que atender desde donde se necesita. (Susana Gonzáles, GENDES, A.C., 12 de agosto 2022)
Esto se añade al proceso continuo de cuestionamiento a los roles de género, la toma de conciencia de las violencias y discriminaciones contra las mujeres, lo que trae consigo una manera distinta de ver el mundo: “supone darse cuenta de las mentiras, grandes y pequeñas, en las que está cimentada nuestra historia, nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía, los grandes proyectos y los detalles cotidianos”.4 En definitiva, es tener conciencia de género.
En suma, en esta tesis proponemos que el movimiento feminista hace una crítica al patriarcado, el colonialismo y el capitalismo como sistemas de opresión que se superponen y dan lugar a condiciones de desigualdad y violencia para las mujeres.

Entrevistada: Pamela Janin, FPFV

Es una visión crítica de la sociedad que reconoce la complejidad de las opresiones y busca activamente desmontarlas a través de prácticas como las que hemos referido en las tesis anteriores: organización social, movilizaciones, protestas, arte, redes de acompañamiento, modificaciones a las leyes, espacios de formación, así como una constante reflexión personal y colectiva, entre otras.

1 Eskalera Karakola (2004). “Diferentes diferencias y ciudadanías excluyentes: una revisión feminista”, en Hooks, Bell et al., Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras (pp. 9-32). Traficantes de Sueños.

2 Guzmán, Adriana (2020). “¿Qué es feminismo para las feministas comunitarias?”, Aguaceros, 3, pp. 5-6.

3 Curiel, Ochy (2014). “Construyendo metodologías feministas desde el feminismo decolonial”, en Mendia, Irantzu et al. (Eds.), Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista. Universidad del País Vasco, SIMRF, p. 53.

4 Varela, Nuria (2008). Feminismo para principiantes. Ediciones B, S. A., p. 19

Bloque 3. Visión crítica de la sociedad

10 tesis

de la Cultura Política del Movimiento Feminista

Como resultado de la investigación proponemos diez tesis sobre la cultura política feminista. Con ellas buscamos condensar y comprender el movimiento feminista contemporáneo y sus aportes, así como contribuir a la discusión poniendo nuestra semilla en el fértil y vasto campo de estudios sobre feminismo y cultura política.

Tesis diez

El horizonte utópico del movimiento feminista es poner la vida y la autonomía de las mujeres al centro para transformar al mundo

El cuerpo, y por tanto la vida de las mujeres, es el primer territorio que el patriarcado y el capitalismo buscan expropiar, ocupar, explotar; son —como nos recuerda Rita Segato— recursos para la guerra, son territorios anexados y conquistados1. En el sistema capitalista y patriarcal hay vidas que merecen vivir y vidas que no lo merecen, vidas susceptibles de ser desechables e invisibles2 porque son producto de la precarización que las hace vulnerables. La vida de las mujeres ha sido históricamente concebida como vidas para otros, vidas que se encargan de la reproducción, el cuidado, el sostenimiento y el placer de otros.3 Por otra parte, si bien son vidas que socialmente valen menos, el capitalismo se sostiene gracias al trabajo de reproducción al que las mujeres dedican su vida y que es un trabajo invisibilizado y desvalorizado.4 De ahí que poner la vida de las mujeres en el centro sea una demanda radical, pues supone una transgresión al orden histórico de desigualdad que ha regido al mundo y un trastocamiento del sistema capitalista.
En esta tesis afirmamos que el reclamo por la vida y la autonomía de las mujeres configura el horizonte utópico de las feministas. Pero la utopía desde el feminismo no puede esperar, tiene que ir ocurriendo aquí y ahora. Como afirma Rita Segato, “​​la politicidad de las mujeres es de otro tipo, no es ‘utópica’, no va hacia un destino prefijado. Cada paso es una victoria hacia un horizonte que es abierto”.5 La utopía feminista se vive cotidianamente, se construye con lo que se tiene y como se puede, en ese sentido, es una utopía más concreta y pragmática.
Poner la vida al centro. Yo creo que eso es algo que resume bien como una utopía o un horizonte feminista. Tiene mucho que ver con que la vida esté puesta al centro. No sé, con que también las personas vivan felices y libres de violencia ejerciendo los derechos. Y yo igual pienso que más que un futuro, pues hay un montón de mujeres, de personas trans, personas intersex, construyendo presentes feministas. O sea, mucho tiene que ver con celebrar eso, en medio de todo el sufrimiento, que las mujeres están allí sosteniendo y conteniendo, pues celebrar también que hay una parte del gozo y que eso es en el presente, poner la vida en el centro. Creo que eso resume muy bien. (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal, 2022)
Ese pragmatismo, no obstante, no significa acotar los sueños o dar por perdida una batalla por grandes cambios, como derribar al patriarcado. Al contrario, como señala el testimonio anterior, poner la vida en el centro supone también el gozo del presente, de sabernos vivas y poder imaginar un mundo mejor. La capacidad de imaginación aunada a la práctica colectiva cotidiana posibilita la concreción de la utopía feminista.
Entrevistada: Claudia, Las Sabinas
Desde esta perspectiva, los cambios tienen lugar en el entorno más inmediato de las feministas. Es decir, la revolución feminista no aspira, en principio, a tomar el Estado para hacer grandes cambios estructurales, sino que apuesta por ir transformando el mundo que rodea a las mujeres, hacerlo más visible, más digno, más cuidadoso. En muchos casos eso empieza con las familias, el barrio, la escuela, el trabajo; en otros, como vimos, las feministas se involucran en los espacios gubernamentales, en las instituciones y desde ahí también construyen el cambio que buscan. Como afirma Raquel Gutiérrez, el “porvenir no habita un hipotético futuro sino que se construye paso a paso disputando el hoy y el ahora en múltiples niveles”.6

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

1 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

2 Butler, Judith (2002). Cuerpos que importan, sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Paidós

3 Lagarde, Marcela (2011). Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, presas, putas y locas. Siglo XXI.

4 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia, Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria. CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Gutiérrez, Raquel. (2017). Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas. Traficantes de sueños, p. 27.

Tesis diez

El horizonte utópico del movimiento feminista es poner la vida y la autonomía de las mujeres al centro para transformar al mundo

El cuerpo, y por tanto la vida de las mujeres, es el primer territorio que el patriarcado y el capitalismo buscan expropiar, ocupar, explotar; son —como nos recuerda Rita Segato— recursos para la guerra, son territorios anexados y conquistados1. En el sistema capitalista y patriarcal hay vidas que merecen vivir y vidas que no lo merecen, vidas susceptibles de ser desechables e invisibles2 porque son producto de la precarización que las hace vulnerables. La vida de las mujeres ha sido históricamente concebida como vidas para otros, vidas que se encargan de la reproducción, el cuidado, el sostenimiento y el placer de otros.3 Por otra parte, si bien son vidas que socialmente valen menos, el capitalismo se sostiene gracias al trabajo de reproducción al que las mujeres dedican su vida y que es un trabajo invisibilizado y desvalorizado.4 De ahí que poner la vida de las mujeres en el centro sea una demanda radical, pues supone una transgresión al orden histórico de desigualdad que ha regido al mundo y un trastocamiento del sistema capitalista.
En esta tesis afirmamos que el reclamo por la vida y la autonomía de las mujeres configura el horizonte utópico de las feministas. Pero la utopía desde el feminismo no puede esperar, tiene que ir ocurriendo aquí y ahora. Como afirma Rita Segato, “​​la politicidad de las mujeres es de otro tipo, no es ‘utópica’, no va hacia un destino prefijado. Cada paso es una victoria hacia un horizonte que es abierto”.5 La utopía feminista se vive cotidianamente, se construye con lo que se tiene y como se puede, en ese sentido, es una utopía más concreta y pragmática.
Poner la vida al centro. Yo creo que eso es algo que resume bien como una utopía o un horizonte feminista. Tiene mucho que ver con que la vida esté puesta al centro. No sé, con que también las personas vivan felices y libres de violencia ejerciendo los derechos. Y yo igual pienso que más que un futuro, pues hay un montón de mujeres, de personas trans, personas intersex, construyendo presentes feministas. O sea, mucho tiene que ver con celebrar eso, en medio de todo el sufrimiento, que las mujeres están allí sosteniendo y conteniendo, pues celebrar también que hay una parte del gozo y que eso es en el presente, poner la vida en el centro. Creo que eso resume muy bien. (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal, 2022)
Ese pragmatismo, no obstante, no significa acotar los sueños o dar por perdida una batalla por grandes cambios, como derribar al patriarcado. Al contrario, como señala el testimonio anterior, poner la vida en el centro supone también el gozo del presente, de sabernos vivas y poder imaginar un mundo mejor. La capacidad de imaginación aunada a la práctica colectiva cotidiana posibilita la concreción de la utopía feminista.
Entrevistada: Claudia, Las Sabinas
Desde esta perspectiva, los cambios tienen lugar en el entorno más inmediato de las feministas. Es decir, la revolución feminista no aspira, en principio, a tomar el Estado para hacer grandes cambios estructurales, sino que apuesta por ir transformando el mundo que rodea a las mujeres, hacerlo más visible, más digno, más cuidadoso. En muchos casos eso empieza con las familias, el barrio, la escuela, el trabajo; en otros, como vimos, las feministas se involucran en los espacios gubernamentales, en las instituciones y desde ahí también construyen el cambio que buscan. Como afirma Raquel Gutiérrez, el “porvenir no habita un hipotético futuro sino que se construye paso a paso disputando el hoy y el ahora en múltiples niveles”.6

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

1 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

2 Butler, Judith (2002). Cuerpos que importan, sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”. Paidós

3 Lagarde, Marcela (2011). Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, presas, putas y locas. Siglo XXI.

4 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia, Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria. CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Gutiérrez, Raquel. (2017). Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas. Traficantes de sueños, p. 27.

Bloque 4. Horizonte utópico feminista

10 tesis

de la Cultura Política del Movimiento Feminista

Como resultado de la investigación proponemos diez tesis sobre la cultura política feminista. Con ellas buscamos condensar y comprender el movimiento feminista contemporáneo y sus aportes, así como contribuir a la discusión poniendo nuestra semilla en el fértil y vasto campo de estudios sobre feminismo y cultura política.

Tesis uno

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son motores del pensamiento y acción política del movimiento feminista en México.

El feminismo rompe con las ideas dicotómicas, propias de una lógica moderna y colonial, que oponen razón a emoción, cuerpo a mente, lo espiritual y lo material, entre otras oposiciones. La cultura política feminista integra estas dimensiones; aquello que ha sido históricamente entendido como no político es incorporado, politizado y convertido en el motor que impulsa a la organización y la acción colectiva. Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se expresa también en cómo las feministas se involucran y se comprometen con esta lucha, pues viven un proceso de reflexión que conecta lo personal con lo político.
En nuestra investigación pudimos constatar que para las feministas, los ámbitos de lo privado y lo público no están tajantemente separados, al contrario, reconocen que muchas de las violencias que viven son resultado de estructuras de desigualdad, discriminación y violencia que son históricas y sistémicas; que lo que le pasa a una, le pasa a muchas y, por tanto, no es un asunto personal, sino político. Así, planteamos en esta tesis que las emociones como el amor, la sororidad, la indignación y la rabia son el motor del pensamiento y acción política feminista.
Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se refleja claramente en la manera en que las feministas abordan el amor. Mientras el amor patriarcal perpetúa desigualdades y dependencias, el feminismo promueve un amor revolucionario que busca eliminar jerarquías y promover la igualdad, conectando así la esfera íntima con la lucha política. Como afirma Marcela Lagarde el amor patriarcal “encierra recovecos de dominio que generan desigualdad, lazos de dependencia y propiedad, así como privilegios e inequidad que generan frustración, sufrimiento e incluso daño”.1
El mito del amor romántico anestesia a las mujeres, las aísla, las entretiene con un supuesto destino al sufrimiento y las deja a la espera de su “complemento” de vida. Contrario a ello, el amor en el feminismo es revolucionario, posibilita pensar otras formas de relacionarse, desde el respeto mutuo, la valentía, la empatía, el buen trato, la alegría, el placer, el cuidado y la igualdad. El feminismo entiende el amor de manera crítica, cuestionando los mandatos de género y las dinámicas de poder que históricamente han permeado las relaciones afectivas. El amor feminista se basa en la igualdad, en el respeto a la autonomía, busca romper los estereotipos de género que imponen cómo debe expresarse el afecto. En suma, el amor feminista, como señala Bell Hooks, es profundamente político.2 Y este poder transformador del amor es la base de todo cambio social significativo. En ese sentido, el feminismo despatriarcaliza el amor convirtiéndolo en una fuerza subversiva colectiva que ayuda a eliminar jerarquías y reivindica la vida.
La sororidad es un pacto ético y político entre mujeres que va en contra de la lógica patriarcal que requiere de la división, la competencia y la sumisión.3 No es la vinculación sobre la base de una victimización o contra los hombres como si fueran un enemigo común, tampoco es una amistad incondicional por el hecho de ser mujer.

Entrevistada: Myriam Olivares, Colectiva Ancestras

La sororidad es el fundamento ético de las prácticas políticas entre mujeres para deconstruir la enemistad patriarcal, el racismo, el adultismo y todas las formas de supremacía, desigualdad y dominación entre mujeres, con acciones prácticas de cooperación, alianza y sustentabilidad.4
El feminismo encuentra claves para la resistencia y la construcción de nuevos horizontes de vida desde otro tipo de emociones, como la indignación y la rabia. Resultado de un incremento de las violencias contra las mujeres en México, en especial la sexual y la feminicida, surge un sentimiento de rabia e indignación en común, que ha permitido a las feministas identificarse unas con otras, romper el silencio y apropiarse de las calles. La rabia se hace presente en las manifestaciones públicas, poniendo el cuerpo en las calles, rompiendo, quemando.
Una de las vías que encuentra la rabia para expresarse es la voz, mediante consignas y canciones. “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, es un himno de las protestas. Pone voz al dolor y a la indignación, producto de la violencia de género, que se convierte en una rabia colectiva. En la canción, gritar, incendiar y romper no son acciones vandálicas sino formas de lucha necesarias para exigir el derecho de las mujeres a vivir. Expresa coraje, pero al mismo tiempo, valentía y fortaleza.

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte “¡nos queremos vivas!”
Que caiga con fuerza el feminicida
Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo
Si un día algún fulano te apaga los ojos
Ya nada me calla, ya todo me sobra
Si tocan a una, respondemos todas

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son dimensiones afectivas que el feminismo saca del confinamiento de lo privado, las politiza para ser un motor protagónico de rebeldía, resistencia y transformación. Aquí cabe explicar que entendemos las emociones y su relación con la acción colectiva desde el enfoque sociológico emocional, una perspectiva teórica que destaca la importancia de las emociones para explicar las movilizaciones sociales. Lejos de las interpretaciones psicologistas que las entienden como reacciones físico químicas o los abordajes racionalistas que las ven como impulsos irracionales, entendemos las emociones como construcciones socioculturales, que si bien son experimentadas de manera individual, están insertas en contextos sociales específicos y entramados concretos de relaciones.
Las emociones juegan un papel central en la toma de decisiones de grupos e individuos; además, pueden ser utilizadas de manera estratégica para lograr determinados fines, algo que suelen hacer los movimientos sociales.5 Las emociones son impulsos poderosos para la participación social, para la construcción de la identidad colectiva, el deseo de cambio o el empoderamiento de quien emprende una lucha colectiva.6
En suma, para la cultura política feminista, las emociones son motores de acción y pensamiento. La rabia ayuda a la transición del dolor y la indignación hacia la movilización; el amor y la sororidad redirigen la pena y la frustración hacia una dirección para la acción. Son también una manera de asumir lo deseable y lo posible, por medio de las cuales se construyen horizontes utópicos de acción. Así, para la cultura política feminista, la afectividad es un proceso de liberación y cambio individual y colectivo.

1 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro. p. 9.

2 Hooks, Bell. (2021). Todo sobre el amor. Nuevas perspectivas. PAIDÓS Contextos.

3 Lagarde, Marcela (2009). Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista. Recuperado de: Enemistad y sororidad

4 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.

5 Massal, Julie (2015). “Emociones y movilización social: un cuestionamiento al paradigma racionalista”, Análisis Político, 85, pp. 93-111; Jasper, James M. (2014). “Constructing Indignation: Anger Dynamics in Protest Movements”, Emotion Review, 6(3), pp. 208 –213.

6 Poma, Alice y Gravante, Tomasso (2015). “Las emociones como arena de la lucha política. Incorporando la dimensión emocional al estudio de la protesta y los movimientos sociales”, Ciudadanía Activa, Revista Especializada en Estudios sobre la Sociedad Civil, 3, pp. 17-43; Corduneanu, Victoria (2019). “El papel de las emociones sociales y personales en la participación política”, Revista Mexicana de Opinión Pública, 26, pp. 71-96.

Tesis uno

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son motores del pensamiento y acción política del movimiento feminista en México.

El feminismo rompe con las ideas dicotómicas, propias de una lógica moderna y colonial, que oponen razón a emoción, cuerpo a mente, lo espiritual y lo material, entre otras oposiciones. La cultura política feminista integra estas dimensiones; aquello que ha sido históricamente entendido como no político es incorporado, politizado y convertido en el motor que impulsa a la organización y la acción colectiva. Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se expresa también en cómo las feministas se involucran y se comprometen con esta lucha, pues viven un proceso de reflexión que conecta lo personal con lo político.
En nuestra investigación pudimos constatar que para las feministas, los ámbitos de lo privado y lo público no están tajantemente separados, al contrario, reconocen que muchas de las violencias que viven son resultado de estructuras de desigualdad, discriminación y violencia que son históricas y sistémicas; que lo que le pasa a una, le pasa a muchas y, por tanto, no es un asunto personal, sino político. Así, planteamos en esta tesis que las emociones como el amor, la sororidad, la indignación y la rabia son el motor del pensamiento y acción política feminista.
Esta ruptura con la lógica dicotómica dominante se refleja claramente en la manera en que las feministas abordan el amor. Mientras el amor patriarcal perpetúa desigualdades y dependencias, el feminismo promueve un amor revolucionario que busca eliminar jerarquías y promover la igualdad, conectando así la esfera íntima con la lucha política. Como afirma Marcela Lagarde el amor patriarcal “encierra recovecos de dominio que generan desigualdad, lazos de dependencia y propiedad, así como privilegios e inequidad que generan frustración, sufrimiento e incluso daño”.1
El mito del amor romántico anestesia a las mujeres, las aísla, las entretiene con un supuesto destino al sufrimiento y las deja a la espera de su “complemento” de vida. Contrario a ello, el amor en el feminismo es revolucionario, posibilita pensar otras formas de relacionarse, desde el respeto mutuo, la valentía, la empatía, el buen trato, la alegría, el placer, el cuidado y la igualdad. El feminismo entiende el amor de manera crítica, cuestionando los mandatos de género y las dinámicas de poder que históricamente han permeado las relaciones afectivas. El amor feminista se basa en la igualdad, en el respeto a la autonomía, busca romper los estereotipos de género que imponen cómo debe expresarse el afecto. En suma, el amor feminista, como señala Bell Hooks, es profundamente político.2 Y este poder transformador del amor es la base de todo cambio social significativo. En ese sentido, el feminismo despatriarcaliza el amor convirtiéndolo en una fuerza subversiva colectiva que ayuda a eliminar jerarquías y reivindica la vida.
La sororidad es un pacto ético y político entre mujeres que va en contra de la lógica patriarcal que requiere de la división, la competencia y la sumisión.3 No es la vinculación sobre la base de una victimización o contra los hombres como si fueran un enemigo común, tampoco es una amistad incondicional por el hecho de ser mujer.

Entrevistada: Myriam Olivares, Colectiva Ancestras

La sororidad es el fundamento ético de las prácticas políticas entre mujeres para deconstruir la enemistad patriarcal, el racismo, el adultismo y todas las formas de supremacía, desigualdad y dominación entre mujeres, con acciones prácticas de cooperación, alianza y sustentabilidad.4
El feminismo encuentra claves para la resistencia y la construcción de nuevos horizontes de vida desde otro tipo de emociones, como la indignación y la rabia. Resultado de un incremento de las violencias contra las mujeres en México, en especial la sexual y la feminicida, surge un sentimiento de rabia e indignación en común, que ha permitido a las feministas identificarse unas con otras, romper el silencio y apropiarse de las calles. La rabia se hace presente en las manifestaciones públicas, poniendo el cuerpo en las calles, rompiendo, quemando.
Una de las vías que encuentra la rabia para expresarse es la voz, mediante consignas y canciones. “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, es un himno de las protestas. Pone voz al dolor y a la indignación, producto de la violencia de género, que se convierte en una rabia colectiva. En la canción, gritar, incendiar y romper no son acciones vandálicas sino formas de lucha necesarias para exigir el derecho de las mujeres a vivir. Expresa coraje, pero al mismo tiempo, valentía y fortaleza.

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte “¡nos queremos vivas!”
Que caiga con fuerza el feminicida
Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo
Si un día algún fulano te apaga los ojos
Ya nada me calla, ya todo me sobra
Si tocan a una, respondemos todas

El amor, la sororidad, la indignación y la rabia son dimensiones afectivas que el feminismo saca del confinamiento de lo privado, las politiza para ser un motor protagónico de rebeldía, resistencia y transformación. Aquí cabe explicar que entendemos las emociones y su relación con la acción colectiva desde el enfoque sociológico emocional, una perspectiva teórica que destaca la importancia de las emociones para explicar las movilizaciones sociales. Lejos de las interpretaciones psicologistas que las entienden como reacciones físico químicas o los abordajes racionalistas que las ven como impulsos irracionales, entendemos las emociones como construcciones socioculturales, que si bien son experimentadas de manera individual, están insertas en contextos sociales específicos y entramados concretos de relaciones.
Las emociones juegan un papel central en la toma de decisiones de grupos e individuos; además, pueden ser utilizadas de manera estratégica para lograr determinados fines, algo que suelen hacer los movimientos sociales.5 Las emociones son impulsos poderosos para la participación social, para la construcción de la identidad colectiva, el deseo de cambio o el empoderamiento de quien emprende una lucha colectiva.6
En suma, para la cultura política feminista, las emociones son motores de acción y pensamiento. La rabia ayuda a la transición del dolor y la indignación hacia la movilización; el amor y la sororidad redirigen la pena y la frustración hacia una dirección para la acción. Son también una manera de asumir lo deseable y lo posible, por medio de las cuales se construyen horizontes utópicos de acción. Así, para la cultura política feminista, la afectividad es un proceso de liberación y cambio individual y colectivo.

1 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro. p. 9.

2 Hooks, Bell. (2021). Todo sobre el amor. Nuevas perspectivas. PAIDÓS Contextos.

3 Lagarde, Marcela (2009). Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista. Recuperado de: Enemistad y sororidad

4 Lagarde, Marcela (2001). Claves feministas para la negociación del amor. Puntos de Encuentro.

5 Massal, Julie (2015). “Emociones y movilización social: un cuestionamiento al paradigma racionalista”, Análisis Político, 85, pp. 93-111; Jasper, James M. (2014). “Constructing Indignation: Anger Dynamics in Protest Movements”, Emotion Review, 6(3), pp. 208 –213.

6 Poma, Alice y Gravante, Tomasso (2015). “Las emociones como arena de la lucha política. Incorporando la dimensión emocional al estudio de la protesta y los movimientos sociales”, Ciudadanía Activa, Revista Especializada en Estudios sobre la Sociedad Civil, 3, pp. 17-43; Corduneanu, Victoria (2019). “El papel de las emociones sociales y personales en la participación política”, Revista Mexicana de Opinión Pública, 26, pp. 71-96.

Tesis dos

La erradicación de la violencia de género en todas sus manifestaciones es la causa que hace confluir a las diversas expresiones del movimiento feminista. La violencia sufrida cotidianamente da lugar a formas creativas de lucha y resistencia

A pesar de la diversidad de este movimiento y de las confrontaciones que puedan derivar de la misma, hay algo que une a todas las feministas: la lucha en contra de la violencia. Si bien los desarrollos teóricos al respecto son más recientes, la violencia contra las mujeres es una constante en la historia y su eliminación una causa histórica de la lucha feminista. De ahí que, sean de la corriente que sean, las feministas se sienten interpeladas y comprometidas con su erradicación.
En los años noventa el feminismo logró que la violencia contra las mujeres fuera reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, lo que llevó a que se plantearan estrategias para prevenirla, sancionarla y erradicarla a nivel global. Se le nombró violencia de género y se definió como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada”.1
Esta definición ha generado algunas tensiones entre feministas, pues nombrarla “violencia de género” no deja claro que quienes la ejercen son hombres contra mujeres. No obstante, en México ha sido la base para iniciativas como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (decretada en 2007) que ha posibilitado nombrar sus diferentes expresiones y establecer vías para su erradicación.
En nuestra investigación pudimos constatar que la violencia es una herida compartida por todas las mujeres, se expresa tanto en el espacio privado como en el público, pues es resultado de condiciones históricas y estructurales de desigualdad. De ahí que se hable del “continuum de violencia” para señalar justamente que son violencias conectadas y que persisten a lo largo de la historia y la trayectoria vital de las mujeres. Entre las violencias mencionadas por las feministas entrevistadas encontramos: la violencia sexual, la violencia psicológica, económica, política, vicaria, feminicida, entre otras. Tal como afirma una de nuestras entrevistadas:

(…) la violencia machista se encuentra en todos lados, en todas las familias hay violencia de cualquier tipo. Está comprobado científicamente, que las mujeres en alguna etapa de nuestra vida vamos a sufrir violencia, sea en el entorno familiar, en la escuela o en el trabajo. (Nicte-Ha, Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Aunque todas las mujeres han experimentado algún tipo de violencia, también enfrentan otras formas de discriminación debido a su posición social, su origen étnico, su orientación sexual y el lugar donde viven. Estos factores pueden hacer que las agresiones sean aún más graves. En ese sentido, algunas de las entrevistadas durante nuestra investigación reconocen que las mujeres que se encuentran en los márgenes económicos y sociales cuentan con mayores índices de feminicidio y sobreviven a otras violencias como lo son: la falta de transporte público, insuficiencia de luminarias en las calles, y una mayor revictimización por parte de funcionarios públicos.
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.

El contexto de violencia en México se ha recrudecido, lo que plantea un escenario particular para la lucha feminista, que alza la voz para decir “nos están matando”. En condiciones tan hostiles como estas, emergen, sin embargo, expresiones de resistencia creativa a la violencia. Prácticas que buscan el cuidado colectivo, el combate a la violencia desde el arte, desde actos simbólicos y potentes como las antimonumentas o los tendederos de denuncias. Por ejemplo, los escraches y tendederos de denuncias, son señalamientos públicos de quienes ejercen violencia como una forma de salvaguardar a las víctimas, tal como lo explica una de nuestras entrevistadas:

El escrache es la exposición de un agresor, este es un tipo que está violentando a una mujer y que la pone en peligro. El punto principal es que una mujer que está en riesgo no está recibiendo el apoyo institucional o comunitario que requiere. Entonces hay que hacer un escrache porque es una manera de decirle al tipo, “Le bajas o le bajas”. Algo que siempre pasa con los agresores, es que siempre están en lo privado, y como tú estás viviendo la violencia solita, son muy cínicos y descarados. En público, enfrente de todo el mundo se les encara (…) tiene que ver con salvaguardar la integridad de la mujer. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto 2022)
Así, revelar una agresión que solía ocultarse en el ámbito privado puede desactivarla o, al menos, dirigir la atención colectiva hacia el agresor.
Las antimonumentas son otra de estas prácticas que surgen para hacer frente a la violencia. Son ocupaciones del espacio físico que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son lugares en los que se reúnen las mujeres a protestar, a tejer, a hacer política de otras maneras. Con su irrupción en el paisaje urbano, recuerdan la lucha, el trabajo colectivo, el saberse acompañadas en el dolor; todo lo cual constituye identidades colectivas en torno a la lucha por las mujeres.
Estos espacios son también objeto de disputa, pues más que el lugar físico en sí, lo que está en juego es el relato, la interpretación de la realidad. De ahí que en muchas ocasiones las autoridades y gobiernos busquen desmantelar estos espacios ocupados por las activistas, pues son un recordatorio visual y contundente de su fracaso como garantes de la seguridad y la vida de las mujeres.
Las antimonumentas recuerdan y señalan la impunidad y la complicidad del estado con la violencia patriarcal. Estas son denominadas por Mónica Inés Cejas como “prácticas irreverentes”2, acciones culturales que desafían un orden simbólico y material masculino, heteronormativo y violento que niega a las mujeres como actores autónomos y de enunciación.
En suma, en nuestra investigación pudimos notar que las feministas tejen complejas y novedosas tramas de resistencia como estas, que buscan desestabilizar al orden instituido y la violencia que impone. Este es un aspecto muy importante de su cultura política.

1 Convención de Belém do Pará (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Artículo 1. Recuperado de: ohchr.org

2 Cejas, Mónica I. (Ed.). (2019). Feminismo, cultura y política: Prácticas irreverentes. DCSH/UAM-X, Unidad Xochimilco, Ed. Ítaca.

Tesis dos

La erradicación de la violencia de género en todas sus manifestaciones es la causa que hace confluir a las diversas expresiones del movimiento feminista. La violencia sufrida cotidianamente da lugar a formas creativas de lucha y resistencia

A pesar de la diversidad de este movimiento y de las confrontaciones que puedan derivar de la misma, hay algo que une a todas las feministas: la lucha en contra de la violencia. Si bien los desarrollos teóricos al respecto son más recientes, la violencia contra las mujeres es una constante en la historia y su eliminación una causa histórica de la lucha feminista. De ahí que, sean de la corriente que sean, las feministas se sienten interpeladas y comprometidas con su erradicación.
En los años noventa el feminismo logró que la violencia contra las mujeres fuera reconocida por la Organización de las Naciones Unidas, lo que llevó a que se plantearan estrategias para prevenirla, sancionarla y erradicarla a nivel global. Se le nombró violencia de género y se definió como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada”.1
Esta definición ha generado algunas tensiones entre feministas, pues nombrarla “violencia de género” no deja claro que quienes la ejercen son hombres contra mujeres. No obstante, en México ha sido la base para iniciativas como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (decretada en 2007) que ha posibilitado nombrar sus diferentes expresiones y establecer vías para su erradicación.
En nuestra investigación pudimos constatar que la violencia es una herida compartida por todas las mujeres, se expresa tanto en el espacio privado como en el público, pues es resultado de condiciones históricas y estructurales de desigualdad. De ahí que se hable del “continuum de violencia” para señalar justamente que son violencias conectadas y que persisten a lo largo de la historia y la trayectoria vital de las mujeres. Entre las violencias mencionadas por las feministas entrevistadas encontramos: la violencia sexual, la violencia psicológica, económica, política, vicaria, feminicida, entre otras. Tal como afirma una de nuestras entrevistadas:

(…) la violencia machista se encuentra en todos lados, en todas las familias hay violencia de cualquier tipo. Está comprobado científicamente, que las mujeres en alguna etapa de nuestra vida vamos a sufrir violencia, sea en el entorno familiar, en la escuela o en el trabajo. (Nicte-Ha, Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Aunque todas las mujeres han experimentado algún tipo de violencia, también enfrentan otras formas de discriminación debido a su posición social, su origen étnico, su orientación sexual y el lugar donde viven. Estos factores pueden hacer que las agresiones sean aún más graves. En ese sentido, algunas de las entrevistadas durante nuestra investigación reconocen que las mujeres que se encuentran en los márgenes económicos y sociales cuentan con mayores índices de feminicidio y sobreviven a otras violencias como lo son: la falta de transporte público, insuficiencia de luminarias en las calles, y una mayor revictimización por parte de funcionarios públicos.
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.

El contexto de violencia en México se ha recrudecido, lo que plantea un escenario particular para la lucha feminista, que alza la voz para decir “nos están matando”. En condiciones tan hostiles como estas, emergen, sin embargo, expresiones de resistencia creativa a la violencia. Prácticas que buscan el cuidado colectivo, el combate a la violencia desde el arte, desde actos simbólicos y potentes como las antimonumentas o los tendederos de denuncias. Por ejemplo, los escraches y tendederos de denuncias, son señalamientos públicos de quienes ejercen violencia como una forma de salvaguardar a las víctimas, tal como lo explica una de nuestras entrevistadas:

El escrache es la exposición de un agresor, este es un tipo que está violentando a una mujer y que la pone en peligro. El punto principal es que una mujer que está en riesgo no está recibiendo el apoyo institucional o comunitario que requiere. Entonces hay que hacer un escrache porque es una manera de decirle al tipo, “Le bajas o le bajas”. Algo que siempre pasa con los agresores, es que siempre están en lo privado, y como tú estás viviendo la violencia solita, son muy cínicos y descarados. En público, enfrente de todo el mundo se les encara (…) tiene que ver con salvaguardar la integridad de la mujer. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto 2022)
Así, revelar una agresión que solía ocultarse en el ámbito privado puede desactivarla o, al menos, dirigir la atención colectiva hacia el agresor.
Las antimonumentas son otra de estas prácticas que surgen para hacer frente a la violencia. Son ocupaciones del espacio físico que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son lugares en los que se reúnen las mujeres a protestar, a tejer, a hacer política de otras maneras. Con su irrupción en el paisaje urbano, recuerdan la lucha, el trabajo colectivo, el saberse acompañadas en el dolor; todo lo cual constituye identidades colectivas en torno a la lucha por las mujeres.
Estos espacios son también objeto de disputa, pues más que el lugar físico en sí, lo que está en juego es el relato, la interpretación de la realidad. De ahí que en muchas ocasiones las autoridades y gobiernos busquen desmantelar estos espacios ocupados por las activistas, pues son un recordatorio visual y contundente de su fracaso como garantes de la seguridad y la vida de las mujeres.
Las antimonumentas recuerdan y señalan la impunidad y la complicidad del estado con la violencia patriarcal. Estas son denominadas por Mónica Inés Cejas como “prácticas irreverentes”2, acciones culturales que desafían un orden simbólico y material masculino, heteronormativo y violento que niega a las mujeres como actores autónomos y de enunciación.
En suma, en nuestra investigación pudimos notar que las feministas tejen complejas y novedosas tramas de resistencia como estas, que buscan desestabilizar al orden instituido y la violencia que impone. Este es un aspecto muy importante de su cultura política.

1 Convención de Belém do Pará (1994). Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer. Artículo 1. Recuperado de: ohchr.org

2 Cejas, Mónica I. (Ed.). (2019). Feminismo, cultura y política: Prácticas irreverentes. DCSH/UAM-X, Unidad Xochimilco, Ed. Ítaca.

Tesis tres

El cuerpo ocupa un lugar central en las prácticas, discusiones y protestas del movimiento feminista. El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo es lugar de defensa de la vida, herramienta de protesta y de producción de conocimiento

El feminismo es teoría y praxis del cuerpo y desde el cuerpo. Las opresiones se encarnan, es decir, se depositan, se experimentan y se sienten en la materialidad de lo femenino. A diferencia de otros movimientos sociales, en el feminismo el cuerpo es central.
El feminismo es una teoría del cuerpo, ya que todas las desigualdades surgen porque tenemos un cuerpo distinto. Lo que vivimos y experimentamos pasa por el cuerpo. Yo creo que es una experiencia, no es como los movimientos patriarcales: porque no es la lucha por la idea, por la reforma o por la democracia, como algo que está allá. Es algo que está aquí, que tú lo vives, que tú lo sientes. […] es algo que vives cotidianamente y lo vives justamente en el cuerpo, porque las emociones las sientes en el cuerpo, los dolores los vives en el cuerpo. En el cuerpo todo se hace. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto de 2022)
El cuerpo de las mujeres es lo primero que reprime el patriarcado y que el capitalismo explota, hay un insoslayable vínculo entre patriarcado y capitalismo. Al respecto, Silvia Federici dice que la acumulación originaria no sólo se basa en la expropiación de los medios de subsistencia y la concentración de trabajadores explotables, también supone el sometimiento de las mujeres para la reproducción de la clase trabajadora.1 Las mujeres realizan ese trabajo que permite que día con día millones salgan de sus hogares a emplearse. Cocinar, limpiar y cuidar es trabajo de reproducción de la fuerza laboral que beneficia a los empleadores, es extraído del cuerpo femenino sin reconocimiento y sin ninguna remuneración.2
Siguiendo a Rita Segato,3 en todas las guerras de la humanidad el cuerpo femenino fue contemplado como territorio, se anexó como parte de lo que se conquista. La violación y la inseminación formaron parte de esa apropiación porque en lo sexual se inscribe la derrota moral del enemigo y cumple con el imaginario de destino: doblegar el cuerpo femenino. No obstante, bajo el neoliberalismo, las mujeres enfrentan una acción de guerra distinta, que es “su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte”,4 una guerra que es observable en la violencia sexual y el feminicidio. Con los altos índices de feminicidios, la defensa de la vida se ha convertido en una demanda central del activismo feminista en México.
Pero la comprensión del cuerpo desde el feminismo abarca sus conexiones con otros cuerpos, otros seres y paisajes. Así, el cuerpo se entiende como territorio y el territorio se entiende como cuerpo. El ecofeminismo latinoamericano señala cómo el proyecto capitalista y colonialista occidental impuesto en nuestra región no sólo exacerba la violencia contra las mujeres racializadas, sino también, el despojo territorial y la destrucción de la naturaleza. Aquí la defensa del cuerpo y el territorio van de la mano, porque no se puede concebir el cuerpo de las mujeres sin un espacio que dignifique la vida.5
El cuerpo es el primer territorio que se habita, es el medio para existir y habitar el mundo, ahí se reproduce y se manifiesta la vida. Es “materialidad histórica y política de la que partimos. El cuerpo vivido, el cuerpo sentido, el cuerpo territorio, el cuerpo proyectado, el cuerpo en relación con otros cuerpos, la naturaleza y la Pachamama”.6
El cuerpo no sólo es lugar de opresión sino también de resistencia. Las activistas feministas emplean sus cuerpos como herramientas para hacer visibles y denunciar de forma pública las violencias y opresiones que sobre ellas recaen, por ejemplo, a través de las marchas masivas en las que miles de cuerpos llenan las calles para protestar. O el performance, una práctica de transgresión artística en la escena pública que convierte lo vivido en primera persona, en una conciencia colectiva. Las activistas feministas lo han retomado como un elemento central de transformación, contestación, defensa, de intervención política capaz de romper con las normas, transgredir el discurso dominante y transmitir memoria colectiva mediante la materialización de sus vivencias.7
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.
Tal como afirma una de nuestras entrevistadas, Susana Gonzáles, el performance es una forma de apropiación sumamente poderosa porque el cuerpo se rebela de las ataduras patriarcales y religiosas, sale de la intimidad para destaparse, exponerse y enunciar un mensaje de opresión. Por su parte, otra de las activistas entrevistadas afirma sobre el performance: “a través del cuerpo podíamos expresar toda esta violencia y todo este dolor que sentíamos, a través de tomar espacios como la calle, espacios que siempre nos fueron negados como mujeres” (C. Aguilar, Furia Periférica, comunicación personal, 12 de septiembre de 2022).

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Además del performance, las feministas utilizan el cuerpo como herramienta política en la acción directa contenciosa. Ponen el cuerpo para intervenir el espacio pintando, quemando, quebrando vidrios y así mostrar su indignación y demandas. Esta puesta del cuerpo en la calle, desafía características propias de las mujeres: abnegación, pasividad, recato, delicadeza y agrado, desafiando el orden de género.

Además, el feminismo reivindica un tipo de conocimiento que se construye desde el cuerpo, rechazando las oposiciones modernas y coloniales que separan mente y cuerpo; apuesta por saberes encarnados. Esto quiere decir que para las feministas no hay una división tajante entre el cuerpo y la mente, por lo que nuestro conocimiento del mundo está atravesado por nuestras condiciones materiales concretas. De ahí que la epistemología feminista proponga la noción de conocimiento situado, que se refiere que no construimos conocimiento desde una mirada neutral e incorpórea, sino desde un cuerpo concreto, situado en un contexto específico. Desde ahí, nuestra mirada no puede ser total, sino parcial y localizada.

En este sentido, el conocimiento que se construye desde el feminismo es encarnado, surge de cuerpos que han sido históricamente subordinados y explotados. La mirada feminista sobre el mundo se despliega desde ese lugar y experiencia, por lo que el conocimiento que construye es distinto a aquel que proviene de cuerpos y experiencias localizadas históricamente en posiciones de dominio y privilegio.

1 Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

2 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia (comp.), Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria (pp. 49–62). CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

3 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

4 Segato, Rita (2014). “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Sociedad y Estado, 29(2), p. 342.

5 Cabnal, Lorena (2010). Feminismos diversos: El feminismo comunitario. ACSUR-Las Segovias. Recuperado de: Por una vida

6 Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana (2014), El tejido de la rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Comunidad Mujeres Creando Comunidad, p. 97.

7 Del Rio, Alfonso y Cintas, Vanesa (2013). “Los discursos feministas y las acciones de mujeres en la configuración del lenguaje de la performance”, Arte y Movimiento, 8, p. 21–32.

Tesis tres

El cuerpo ocupa un lugar central en las prácticas, discusiones y protestas del movimiento feminista. El cuerpo como territorio y el territorio como cuerpo es lugar de defensa de la vida, herramienta de protesta y de producción de conocimiento

El feminismo es teoría y praxis del cuerpo y desde el cuerpo. Las opresiones se encarnan, es decir, se depositan, se experimentan y se sienten en la materialidad de lo femenino. A diferencia de otros movimientos sociales, en el feminismo el cuerpo es central.
El feminismo es una teoría del cuerpo, ya que todas las desigualdades surgen porque tenemos un cuerpo distinto. Lo que vivimos y experimentamos pasa por el cuerpo. Yo creo que es una experiencia, no es como los movimientos patriarcales: porque no es la lucha por la idea, por la reforma o por la democracia, como algo que está allá. Es algo que está aquí, que tú lo vives, que tú lo sientes. […] es algo que vives cotidianamente y lo vives justamente en el cuerpo, porque las emociones las sientes en el cuerpo, los dolores los vives en el cuerpo. En el cuerpo todo se hace. (Amelia, Consejo Técnico IBERO, comunicación personal, 29 de agosto de 2022)
El cuerpo de las mujeres es lo primero que reprime el patriarcado y que el capitalismo explota, hay un insoslayable vínculo entre patriarcado y capitalismo. Al respecto, Silvia Federici dice que la acumulación originaria no sólo se basa en la expropiación de los medios de subsistencia y la concentración de trabajadores explotables, también supone el sometimiento de las mujeres para la reproducción de la clase trabajadora.1 Las mujeres realizan ese trabajo que permite que día con día millones salgan de sus hogares a emplearse. Cocinar, limpiar y cuidar es trabajo de reproducción de la fuerza laboral que beneficia a los empleadores, es extraído del cuerpo femenino sin reconocimiento y sin ninguna remuneración.2
Siguiendo a Rita Segato,3 en todas las guerras de la humanidad el cuerpo femenino fue contemplado como territorio, se anexó como parte de lo que se conquista. La violación y la inseminación formaron parte de esa apropiación porque en lo sexual se inscribe la derrota moral del enemigo y cumple con el imaginario de destino: doblegar el cuerpo femenino. No obstante, bajo el neoliberalismo, las mujeres enfrentan una acción de guerra distinta, que es “su destrucción con exceso de crueldad, su expoliación hasta el último vestigio de vida, su tortura hasta la muerte”,4 una guerra que es observable en la violencia sexual y el feminicidio. Con los altos índices de feminicidios, la defensa de la vida se ha convertido en una demanda central del activismo feminista en México.
Pero la comprensión del cuerpo desde el feminismo abarca sus conexiones con otros cuerpos, otros seres y paisajes. Así, el cuerpo se entiende como territorio y el territorio se entiende como cuerpo. El ecofeminismo latinoamericano señala cómo el proyecto capitalista y colonialista occidental impuesto en nuestra región no sólo exacerba la violencia contra las mujeres racializadas, sino también, el despojo territorial y la destrucción de la naturaleza. Aquí la defensa del cuerpo y el territorio van de la mano, porque no se puede concebir el cuerpo de las mujeres sin un espacio que dignifique la vida.5
El cuerpo es el primer territorio que se habita, es el medio para existir y habitar el mundo, ahí se reproduce y se manifiesta la vida. Es “materialidad histórica y política de la que partimos. El cuerpo vivido, el cuerpo sentido, el cuerpo territorio, el cuerpo proyectado, el cuerpo en relación con otros cuerpos, la naturaleza y la Pachamama”.6
El cuerpo no sólo es lugar de opresión sino también de resistencia. Las activistas feministas emplean sus cuerpos como herramientas para hacer visibles y denunciar de forma pública las violencias y opresiones que sobre ellas recaen, por ejemplo, a través de las marchas masivas en las que miles de cuerpos llenan las calles para protestar. O el performance, una práctica de transgresión artística en la escena pública que convierte lo vivido en primera persona, en una conciencia colectiva. Las activistas feministas lo han retomado como un elemento central de transformación, contestación, defensa, de intervención política capaz de romper con las normas, transgredir el discurso dominante y transmitir memoria colectiva mediante la materialización de sus vivencias.7
Entrevistada: Susana Gonzáles, GENDES, A.C.
Tal como afirma una de nuestras entrevistadas, Susana Gonzáles, el performance es una forma de apropiación sumamente poderosa porque el cuerpo se rebela de las ataduras patriarcales y religiosas, sale de la intimidad para destaparse, exponerse y enunciar un mensaje de opresión. Por su parte, otra de las activistas entrevistadas afirma sobre el performance: “a través del cuerpo podíamos expresar toda esta violencia y todo este dolor que sentíamos, a través de tomar espacios como la calle, espacios que siempre nos fueron negados como mujeres” (C. Aguilar, Furia Periférica, comunicación personal, 12 de septiembre de 2022).
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Además del performance, las feministas utilizan el cuerpo como herramienta política en la acción directa contenciosa. Ponen el cuerpo para intervenir el espacio pintando, quemando, quebrando vidrios y así mostrar su indignación y demandas. Esta puesta del cuerpo en la calle, desafía características propias de las mujeres: abnegación, pasividad, recato, delicadeza y agrado, desafiando el orden de género.

Además, el feminismo reivindica un tipo de conocimiento que se construye desde el cuerpo, rechazando las oposiciones modernas y coloniales que separan mente y cuerpo; apuesta por saberes encarnados. Esto quiere decir que para las feministas no hay una división tajante entre el cuerpo y la mente, por lo que nuestro conocimiento del mundo está atravesado por nuestras condiciones materiales concretas. De ahí que la epistemología feminista proponga la noción de conocimiento situado, que se refiere que no construimos conocimiento desde una mirada neutral e incorpórea, sino desde un cuerpo concreto, situado en un contexto específico. Desde ahí, nuestra mirada no puede ser total, sino parcial y localizada.

En este sentido, el conocimiento que se construye desde el feminismo es encarnado, surge de cuerpos que han sido históricamente subordinados y explotados. La mirada feminista sobre el mundo se despliega desde ese lugar y experiencia, por lo que el conocimiento que construye es distinto a aquel que proviene de cuerpos y experiencias localizadas históricamente en posiciones de dominio y privilegio.

1 Federici, Silvia (2010). Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Traficantes de Sueños.

2 Federici, Silvia (2019). “Comunes y comunidad ante las desposesiones del neoliberalismo”, en Dobrée, Patricio y Quiroga, Natalia (comp.), Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria (pp. 49–62). CLACSO, Articulación Feminista Marcosur-AFM, Centro de Documentación y Estudios.

3 Segato, Rita (2013). La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Tinta Limón.

4 Segato, Rita (2014). “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Sociedad y Estado, 29(2), p. 342.

5 Cabnal, Lorena (2010). Feminismos diversos: El feminismo comunitario. ACSUR-Las Segovias. Recuperado de: Por una vida

6 Paredes, Julieta y Guzmán, Adriana (2014), El tejido de la rebeldía ¿Qué es el feminismo comunitario? Comunidad Mujeres Creando Comunidad, p. 97.

7 Del Rio, Alfonso y Cintas, Vanesa (2013). “Los discursos feministas y las acciones de mujeres en la configuración del lenguaje de la performance”, Arte y Movimiento, 8, p. 21–32.

Bloque 1. Valores, principios, saberes y emociones

Tesis cuatro

El movimiento feminista en México abraza una pluralidad de identidades políticas. Rechaza la visión única que lo homogeniza.

La identidad política feminista conjuga las dimensiones personal y colectiva de manera indisoluble. En general, una mujer llega a identificarse como feminista a través de un proceso de reflexión sobre la propia vida, así como de su conexión con la vida de otras mujeres, lo que le lleva al reconocimiento de que la situación personal se vincula estrechamente con la condición social de género; que todas como mujeres compartimos una condición de subordinación, pero que la situación personal define la forma particular en la que vivimos esa condición.

Tal como afirma Marcela Lagarde “las mujeres comparten como género la misma condición histórica y difieren en sus situaciones particulares, en sus modos de vida, en sus concepciones del mundo, así como en los grados y niveles de opresión”.1 La identidad política, por tanto, comparte un horizonte, pero también difiere en algunos aspectos. De ahí que haya múltiples formas de ser feminista, pues las mujeres se identifican con distintas corrientes de este pensamiento, practican formas diversas de organizarse y de luchar.

Entrevistada: Gabriela Juárez, Colectiva Buscadoras

Algunas de las corrientes feministas mencionadas por quienes participaron en nuestra investigación son:

El feminismo negro o afrofeminismo. En términos generales, este se enfoca en la intersección del género con la raza; estos dos sistemas de opresión dan lugar a experiencias específicas de violencia y discriminación que viven las mujeres negras. De sus vivencias y reflexiones nace esta vertiente del feminismo.

El feminismo decolonial. Nace de las experiencias de opresión de las mujeres en países que han sido colonizados, específicamente de América Latina. Propone que no sólo el género produce discriminación y violencia sino el sistema colonial y neocolonial que persiste en diversas formas de desigualdad. Es una corriente que se posiciona de manera crítica frente al feminismo europeo y llama a “descolonizar el feminismo”, a crear nuestras propias categorías de análisis desde las experiencias de las mujeres de América Latina.

El feminismo lésbico. Pone el énfasis en la heterosexualidad como una norma que, al ser desafiada por las mujeres lesbianas, desencadena formas de violencia y exclusión contra ellas. Desde esta perspectiva, la mirada crítica se dirige no sólo hacia el género, sino hacia la heterosexualidad. Esta vertiente del feminismo promueve espacios separatistas y reflexiona en torno a la potencia política del amor entre mujeres.

El feminismo comunitario. Surge en Bolivia en el marco de las luchas campesinas e indígenas que llevaron a la fundación del Estado Plurinacional en 2008. Sin embargo, ha seguido su propio curso. Desde esta corriente, se apuesta por descolonizar el feminismo al mismo tiempo que por una lucha política en contra del capitalismo y el neoliberalismo. Además, ven a la comunidad como el principio que cuida a la vida y a la vida arraigada en el cuerpo y en el territorio.

El feminismo liberal. Se denomina así a un tipo de feminismo que se centra en la igualdad de género y la promoción de los derechos de las mujeres dentro del marco de las sociedades democráticas y los sistemas económicos capitalistas. En lugar de cuestionar dichas estructuras económicas y sociales, busca la inclusión de las mujeres en ellas; la igualdad de oportunidades, la igualdad de salarios y la igualdad de derechos legales y políticos.

El feminismo radical. Es un tipo de feminismo que busca ir a la raíz de la opresión de las mujeres: el patriarcado, un sistema que reproduce la supremacía masculina a partir de la explotación y subordinación femenina. Para el feminismo radical, el cuerpo y capacidad reproductiva de las mujeres ha sido siempre objeto de control y explotación en las sociedades, de ahí que buscan la abolición de la prostitución, de la pornografía y de la gestación subrogada.

El feminismo socialista. Para esta corriente la opresión de las mujeres es resultado no sólo del patriarcado sino del capitalismo, por lo cual, la lucha feminista debe abarcar ambos sistemas. Las feministas socialistas luchan por la reestructuración de la sociedad a partir de la eliminación de la propiedad privada y la esclavitud doméstica. Proponen distribuir de manera colectiva el trabajo de cuidado del hogar y las hijas e hijos. Otra de sus luchas es por la emancipación sexual tanto de mujeres como hombres y por el fin de la violencia de género.

El ecofeminismo. Señala que el mundo no sólo está construido desde la mirada masculina, sino desde un sesgo antropocéntrico, es decir que pone al humano como el centro y medida de todas las cosas, desestimando las complejas relaciones de interdependencia y cooperación que hay entre las especies, incluída la humana. El ecofeminismo argumenta que tanto las mujeres, como los animales y la naturaleza son objeto de la explotación del sistema patriarcal. Por lo tanto, la lucha ecofeminista busca transformar el mundo tomando en consideración a esas otras víctimas del patriarcado.

Como puede advertirse, esta diversidad de vertientes tiene que ver con orientaciones y énfasis distintos, no con diferencias esenciales, sino de posiciones frente a las diversas opresiones. Es decir, las feministas comparten una visión crítica que se opone a la desigualdad; pero en función de sus intereses, de sus propias condiciones de vida o trayectorias, se sentirán más cercanas a una corriente u otra del feminismo, a aquellas que hagan énfasis en uno u otro tipo de opresión, en una u otra forma de lucha. Como afirma una de nuestras entrevistadas:
Conoces las experiencias, entonces puedes decir “a mí aquí en este espacio me toca luchar desde el feminismo de la periferia”. Pero si al rato hay una opresión contra alguna compañera lesbiana, bueno, me tocará abanderarme desde el feminismo lésbico, ¿no? … esas experiencias atraviesan y me toca. Y el feminismo migrante, el feminismo comunitario, el feminismo indígena y así te vas. (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022)
Para las feministas, la identidad no es algo que siempre sea igual y fijo, sino más bien una manera en la que nos ubicamos en el mundo. Como señala Marta Lamas, se trata de una reconceptualización de la política que supone “cambiar la pregunta ¿quién soy yo?, presente en algunas reivindicaciones de diversidad, por ¿dónde estoy? El énfasis en el dónde —en la posición— permite ver a las otras personas junto a mí y facilita el pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad”.2 Pensar así la identidad posibilita la conexión entre activistas, el establecimiento de alianzas y agendas comunes, potenciando el alcance político del feminismo. Por eso “hay que cuestionar la idea de una identidad única, que supuestamente dota de sentido, y reconocer la simultaneidad de distintas construcciones de la identidad”. 3
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López
En suma, podemos entender la identidad política feminista como resultado de una serie de factores, tanto subjetivos como estructurales: la vivencia de violencia de género, la reflexión colectiva en torno a esa vivencia, condiciones materiales y económicas que sitúan a las mujeres en uno u otro lugar y, por tanto, su proceso de identificación con el feminismo de una u otra tendencia. En este proceso, la identidad es construida, no esencial, es una posición que va cambiando a lo largo de la trayectoria vital y política; es diversa y simultánea, siempre en tensión, lo que permite la crítica y apertura hacia las alianzas y agendas comunes. No obstante, hay un piso común que logra aglutinar a todas las identidades y es la lucha por un mundo mejor para las mujeres, una manera de ver y pensar el mundo que se vuelve un motor de lucha y reflexión constante.

1 Lagarde, Marcela (2008). “Antropología, feminismo y política: Violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres”, en Bullen, Margaret y Diez, Carmen (coord.), Retos teóricos y nuevas prácticas. Ankulegi Antropologia Elkartea, p. 35.

2 Lamas, Marta (2000). De la identidad a la ciudadanía. Cinta de Moebio: Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, 7, p. 20.

3 Ibid.

Tesis cuatro

El movimiento feminista en México abraza una pluralidad de identidades políticas. Rechaza la visión única que lo homogeniza.

La identidad política feminista conjuga las dimensiones personal y colectiva de manera indisoluble. En general, una mujer llega a identificarse como feminista a través de un proceso de reflexión sobre la propia vida, así como de su conexión con la vida de otras mujeres, lo que le lleva al reconocimiento de que la situación personal se vincula estrechamente con la condición social de género; que todas como mujeres compartimos una condición de subordinación, pero que la situación personal define la forma particular en la que vivimos esa condición.

Tal como afirma Marcela Lagarde “las mujeres comparten como género la misma condición histórica y difieren en sus situaciones particulares, en sus modos de vida, en sus concepciones del mundo, así como en los grados y niveles de opresión”.1 La identidad política, por tanto, comparte un horizonte, pero también difiere en algunos aspectos. De ahí que haya múltiples formas de ser feminista, pues las mujeres se identifican con distintas corrientes de este pensamiento, practican formas diversas de organizarse y de luchar.

Entrevistada: Gabriela Juárez, Colectiva Buscadoras

Algunas de las corrientes feministas mencionadas por quienes participaron en nuestra investigación son:

El feminismo negro o afrofeminismo. En términos generales, este se enfoca en la intersección del género con la raza; estos dos sistemas de opresión dan lugar a experiencias específicas de violencia y discriminación que viven las mujeres negras. De sus vivencias y reflexiones nace esta vertiente del feminismo.

El feminismo decolonial. Nace de las experiencias de opresión de las mujeres en países que han sido colonizados, específicamente de América Latina. Propone que no sólo el género produce discriminación y violencia sino el sistema colonial y neocolonial que persiste en diversas formas de desigualdad. Es una corriente que se posiciona de manera crítica frente al feminismo europeo y llama a “descolonizar el feminismo”, a crear nuestras propias categorías de análisis desde las experiencias de las mujeres de América Latina.

El feminismo lésbico. Pone el énfasis en la heterosexualidad como una norma que, al ser desafiada por las mujeres lesbianas, desencadena formas de violencia y exclusión contra ellas. Desde esta perspectiva, la mirada crítica se dirige no sólo hacia el género, sino hacia la heterosexualidad. Esta vertiente del feminismo promueve espacios separatistas y reflexiona en torno a la potencia política del amor entre mujeres.

El feminismo comunitario. Surge en Bolivia en el marco de las luchas campesinas e indígenas que llevaron a la fundación del Estado Plurinacional en 2008. Sin embargo, ha seguido su propio curso. Desde esta corriente, se apuesta por descolonizar el feminismo al mismo tiempo que por una lucha política en contra del capitalismo y el neoliberalismo. Además, ven a la comunidad como el principio que cuida a la vida y a la vida arraigada en el cuerpo y en el territorio.

El feminismo liberal. Se denomina así a un tipo de feminismo que se centra en la igualdad de género y la promoción de los derechos de las mujeres dentro del marco de las sociedades democráticas y los sistemas económicos capitalistas. En lugar de cuestionar dichas estructuras económicas y sociales, busca la inclusión de las mujeres en ellas; la igualdad de oportunidades, la igualdad de salarios y la igualdad de derechos legales y políticos.

El feminismo radical. Es un tipo de feminismo que busca ir a la raíz de la opresión de las mujeres: el patriarcado, un sistema que reproduce la supremacía masculina a partir de la explotación y subordinación femenina. Para el feminismo radical, el cuerpo y capacidad reproductiva de las mujeres ha sido siempre objeto de control y explotación en las sociedades, de ahí que buscan la abolición de la prostitución, de la pornografía y de la gestación subrogada.

El feminismo socialista. Para esta corriente la opresión de las mujeres es resultado no sólo del patriarcado sino del capitalismo, por lo cual, la lucha feminista debe abarcar ambos sistemas. Las feministas socialistas luchan por la reestructuración de la sociedad a partir de la eliminación de la propiedad privada y la esclavitud doméstica. Proponen distribuir de manera colectiva el trabajo de cuidado del hogar y las hijas e hijos. Otra de sus luchas es por la emancipación sexual tanto de mujeres como hombres y por el fin de la violencia de género.

El ecofeminismo. Señala que el mundo no sólo está construido desde la mirada masculina, sino desde un sesgo antropocéntrico, es decir que pone al humano como el centro y medida de todas las cosas, desestimando las complejas relaciones de interdependencia y cooperación que hay entre las especies, incluída la humana. El ecofeminismo argumenta que tanto las mujeres, como los animales y la naturaleza son objeto de la explotación del sistema patriarcal. Por lo tanto, la lucha ecofeminista busca transformar el mundo tomando en consideración a esas otras víctimas del patriarcado.

Como puede advertirse, esta diversidad de vertientes tiene que ver con orientaciones y énfasis distintos, no con diferencias esenciales, sino de posiciones frente a las diversas opresiones. Es decir, las feministas comparten una visión crítica que se opone a la desigualdad; pero en función de sus intereses, de sus propias condiciones de vida o trayectorias, se sentirán más cercanas a una corriente u otra del feminismo, a aquellas que hagan énfasis en uno u otro tipo de opresión, en una u otra forma de lucha. Como afirma una de nuestras entrevistadas:
Conoces las experiencias, entonces puedes decir “a mí aquí en este espacio me toca luchar desde el feminismo de la periferia”. Pero si al rato hay una opresión contra alguna compañera lesbiana, bueno, me tocará abanderarme desde el feminismo lésbico, ¿no? … esas experiencias atraviesan y me toca. Y el feminismo migrante, el feminismo comunitario, el feminismo indígena y así te vas. (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022)
Para las feministas, la identidad no es algo que siempre sea igual y fijo, sino más bien una manera en la que nos ubicamos en el mundo. Como señala Marta Lamas, se trata de una reconceptualización de la política que supone “cambiar la pregunta ¿quién soy yo?, presente en algunas reivindicaciones de diversidad, por ¿dónde estoy? El énfasis en el dónde —en la posición— permite ver a las otras personas junto a mí y facilita el pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad”.2 Pensar así la identidad posibilita la conexión entre activistas, el establecimiento de alianzas y agendas comunes, potenciando el alcance político del feminismo. Por eso “hay que cuestionar la idea de una identidad única, que supuestamente dota de sentido, y reconocer la simultaneidad de distintas construcciones de la identidad”. 3
28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López
En suma, podemos entender la identidad política feminista como resultado de una serie de factores, tanto subjetivos como estructurales: la vivencia de violencia de género, la reflexión colectiva en torno a esa vivencia, condiciones materiales y económicas que sitúan a las mujeres en uno u otro lugar y, por tanto, su proceso de identificación con el feminismo de una u otra tendencia. En este proceso, la identidad es construida, no esencial, es una posición que va cambiando a lo largo de la trayectoria vital y política; es diversa y simultánea, siempre en tensión, lo que permite la crítica y apertura hacia las alianzas y agendas comunes. No obstante, hay un piso común que logra aglutinar a todas las identidades y es la lucha por un mundo mejor para las mujeres, una manera de ver y pensar el mundo que se vuelve un motor de lucha y reflexión constante.

1 Lagarde, Marcela (2008). “Antropología, feminismo y política: Violencia feminicida y derechos humanos de las mujeres”, en Bullen, Margaret y Diez, Carmen (coord.), Retos teóricos y nuevas prácticas. Ankulegi Antropologia Elkartea, p. 35.

2 Lamas, Marta (2000). De la identidad a la ciudadanía. Cinta de Moebio: Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, 7, p. 20.

3 Ibid.

Tesis cinco

Las feministas viven y entienden la historia como un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias presentes y pasadas, en el que la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, en un proceso que es a la vez personal y político.

La historia es un terreno ocupado por personajes y voces masculinas, los hombres la han contado ejerciendo el poder de los vencedores y con ello, las voces y experiencias femeninas han quedado silenciadas. Como afirma Françoise Theubaud, “durante mucho tiempo la historia fue la historia de los hombres, a los que se concebía como representantes de la humanidad”.1 Pero el feminismo rompe con esta idea abriendo paso a otros relatos y formas de contar y entender el mundo. No se trata únicamente de incluir a las mujeres en la historia hegemónica, sino replantear la forma de entender el pasado y su vínculo con el presente y futuro; formular otras preguntas a las fuentes; desentrañar las formas de ocultamiento, silenciamiento y distorsión de los hechos, así como la reproducción de estereotipos de género y las formas de justificar la desigualdad en el relato histórico.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Para las feministas la historia no sólo es el relato hegemónico y lineal que ordena acontecimientos y personajes, sino un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias. En dicho tejido la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, tanto cercanas como lejanas. La historia de la lucha de las mujeres incluye no sólo a las grandes referentes teóricas y políticas del feminismo, sino también a las abuelas, madres, hermanas, amigas, maestras.
La rebeldía de alzar la voz, la valentía, si para nosotras es complicado ahorita, sé que para ellas lo fue más y creo que eso es un motorcito que nos impulsa a seguir; las ancestras lo hicieron y se rebelaron en su casa, en los espacios públicos, se quedó esa llamita encendida. (Dafne, Crianzas feministas, comunicación personal, 25 de agosto del 2022)

Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Por otra parte, en la historia de la lucha de las mujeres se teje también el pensamiento de feministas que, desde la teoría, ponen sus palabras al servicio de la comprensión del mundo. La teoría feminista ayuda a nombrar y entender lo que vivimos y por tanto, a transformarlo, de ahí que, en el tejido histórico feminista, las autoras ocupan un lugar importante. En este sentido, las feministas han creado formas de recuperar y compartir la teoría con otras mujeres más allá de los espacios académicos. Por ejemplo Luna, escuela de pensamiento feminista; Tallercitas Feministas, Ancestras o la Escuela Feminista de Comunicación (colectivas que conocimos en el transcurso de la investigación), son esfuerzos de divulgación de la teoría feminista que buscan hacer llegar a un público más amplio las ideas y pensamiento feminista.
Me fui haciendo todo este mapa conceptual de todos los lugares del feminismo, activismos, teorías, y decidí formar una escuela de pensamiento feminista, porque yo dije: a mí me costó mucho trabajo entender teóricamente dónde está cada lugar, cada piso, cada vertiente, así que desarrollé Luna, intentando dar a las mujeres esta teoría… que las mujeres salgan con una formación política y filosófica y sobre todo teórica de lo que es realmente el feminismo y que considero que es una responsabilidad también decirnos feministas. (Andrea, Luna, Escuela de Pensamiento Feminista, comunicación personal, 6 de septiembre del 2022)
Así, la teoría feminista sale de las aulas y espacios académicos y es transmitida a otras mujeres y niñas. Este proceso de enseñanza y aprendizaje colectivo es profundamente político y el conocimiento es asumido como una responsabilidad.

La lucha feminista tiene también sus espacios físicos de memoria. Entendiendo con Elizabeth Jelin2 que son procesos subjetivos anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales, las memorias feministas enlazan lo individual y lo colectivo y construyen significados que le dan sentido a la vivencia común. Así, por ejemplo, las Antimonumentas o la Glorieta de las mujeres que luchan, son espacios físicos que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son espacios en los que se reúnen las mujeres a protestar sabiéndose acompañadas por otras que comparten su misma experiencia; así se constituyen identidades colectivas en torno a una lucha común.

En suma, para las feministas la historia no es el relato hegemónico lineal y progresivo que ordena personajes y acontecimientos en el tiempo, sino un entramado de experiencias, ideas y resistencias cotidianas que van abriendo caminos y posibilidades de ser. Son aprendizajes de cultura política que se van transmitiendo de unas a otras.
Esta forma de entender la historia de la lucha de las mujeres contrasta con los relatos hegemónicos de los movimientos sociales, estado-céntricos y en clave de liderazgos y heroísmos individuales. Desde el feminismo —principalmente desde el feminismo comunitario, que es una de las corrientes que explícitamente replantea la idea de la historia— se apuesta por descolonizar esta temporalidad, la concepción única y lineal del tiempo y “mirar con ojos que miran en otro tiempo, que recuperan el tiempo de nuestras abuelas y sus luchas en comunidad, un tiempo que no se ha ido, que circula, para construir nuestro tiempo de esperanza, de vivir bien en comunidad”. 3
En ese fluir del tiempo, la lucha y pensamiento de las mujeres es una llama encendida que nutre al feminismo y le permite constituirse como una fuerza política e intelectual que transforma el mundo para las que están y para las que vienen.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

1 Thébaud, Françoise (1993). “Introducción”, en Duby, Georges y Perrot, Michelle (coord.), Historia de las mujeres en occidente, Tomo V. El siglo XX. Taurus, p. 26.

2 Jelin, Elizabeth (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

3 Guzmán, Adriana (2019). Descolonizar la memoria, descolonizar feminismos. Tarpuna Muya, p. 15.

Tesis cinco

Las feministas viven y entienden la historia como un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias presentes y pasadas, en el que la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, en un proceso que es a la vez personal y político.

La historia es un terreno ocupado por personajes y voces masculinas, los hombres la han contado ejerciendo el poder de los vencedores y con ello, las voces y experiencias femeninas han quedado silenciadas. Como afirma Françoise Theubaud, “durante mucho tiempo la historia fue la historia de los hombres, a los que se concebía como representantes de la humanidad”.1 Pero el feminismo rompe con esta idea abriendo paso a otros relatos y formas de contar y entender el mundo. No se trata únicamente de incluir a las mujeres en la historia hegemónica, sino replantear la forma de entender el pasado y su vínculo con el presente y futuro; formular otras preguntas a las fuentes; desentrañar las formas de ocultamiento, silenciamiento y distorsión de los hechos, así como la reproducción de estereotipos de género y las formas de justificar la desigualdad en el relato histórico.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Para las feministas la historia no sólo es el relato hegemónico y lineal que ordena acontecimientos y personajes, sino un tejido rico y complejo que incorpora sentires, saberes y experiencias. En dicho tejido la propia vida se enlaza con la de otras mujeres, tanto cercanas como lejanas. La historia de la lucha de las mujeres incluye no sólo a las grandes referentes teóricas y políticas del feminismo, sino también a las abuelas, madres, hermanas, amigas, maestras.
La rebeldía de alzar la voz, la valentía, si para nosotras es complicado ahorita, sé que para ellas lo fue más y creo que eso es un motorcito que nos impulsa a seguir; las ancestras lo hicieron y se rebelaron en su casa, en los espacios públicos, se quedó esa llamita encendida. (Dafne, Crianzas feministas, comunicación personal, 25 de agosto del 2022)

Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Por otra parte, en la historia de la lucha de las mujeres se teje también el pensamiento de feministas que, desde la teoría, ponen sus palabras al servicio de la comprensión del mundo. La teoría feminista ayuda a nombrar y entender lo que vivimos y por tanto, a transformarlo, de ahí que, en el tejido histórico feminista, las autoras ocupan un lugar importante. En este sentido, las feministas han creado formas de recuperar y compartir la teoría con otras mujeres más allá de los espacios académicos. Por ejemplo Luna, escuela de pensamiento feminista; Tallercitas Feministas, Ancestras o la Escuela Feminista de Comunicación (colectivas que conocimos en el transcurso de la investigación), son esfuerzos de divulgación de la teoría feminista que buscan hacer llegar a un público más amplio las ideas y pensamiento feminista.
Me fui haciendo todo este mapa conceptual de todos los lugares del feminismo, activismos, teorías, y decidí formar una escuela de pensamiento feminista, porque yo dije: a mí me costó mucho trabajo entender teóricamente dónde está cada lugar, cada piso, cada vertiente, así que desarrollé Luna, intentando dar a las mujeres esta teoría… que las mujeres salgan con una formación política y filosófica y sobre todo teórica de lo que es realmente el feminismo y que considero que es una responsabilidad también decirnos feministas. (Andrea, Luna, Escuela de Pensamiento Feminista, comunicación personal, 6 de septiembre del 2022)
Así, la teoría feminista sale de las aulas y espacios académicos y es transmitida a otras mujeres y niñas. Este proceso de enseñanza y aprendizaje colectivo es profundamente político y el conocimiento es asumido como una responsabilidad.

La lucha feminista tiene también sus espacios físicos de memoria. Entendiendo con Elizabeth Jelin2 que son procesos subjetivos anclados en experiencias y en marcas simbólicas y materiales, las memorias feministas enlazan lo individual y lo colectivo y construyen significados que le dan sentido a la vivencia común. Así, por ejemplo, las Antimonumentas o la Glorieta de las mujeres que luchan, son espacios físicos que albergan la memoria colectiva de agravios e injusticias contra las mujeres. Pero también son espacios en los que se reúnen las mujeres a protestar sabiéndose acompañadas por otras que comparten su misma experiencia; así se constituyen identidades colectivas en torno a una lucha común.

En suma, para las feministas la historia no es el relato hegemónico lineal y progresivo que ordena personajes y acontecimientos en el tiempo, sino un entramado de experiencias, ideas y resistencias cotidianas que van abriendo caminos y posibilidades de ser. Son aprendizajes de cultura política que se van transmitiendo de unas a otras.
Esta forma de entender la historia de la lucha de las mujeres contrasta con los relatos hegemónicos de los movimientos sociales, estado-céntricos y en clave de liderazgos y heroísmos individuales. Desde el feminismo —principalmente desde el feminismo comunitario, que es una de las corrientes que explícitamente replantea la idea de la historia— se apuesta por descolonizar esta temporalidad, la concepción única y lineal del tiempo y “mirar con ojos que miran en otro tiempo, que recuperan el tiempo de nuestras abuelas y sus luchas en comunidad, un tiempo que no se ha ido, que circula, para construir nuestro tiempo de esperanza, de vivir bien en comunidad”. 3
En ese fluir del tiempo, la lucha y pensamiento de las mujeres es una llama encendida que nutre al feminismo y le permite constituirse como una fuerza política e intelectual que transforma el mundo para las que están y para las que vienen.

28S2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

1 Thébaud, Françoise (1993). “Introducción”, en Duby, Georges y Perrot, Michelle (coord.), Historia de las mujeres en occidente, Tomo V. El siglo XX. Taurus, p. 26.

2 Jelin, Elizabeth (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

3 Guzmán, Adriana (2019). Descolonizar la memoria, descolonizar feminismos. Tarpuna Muya, p. 15.

Tesis seis

El movimiento feminista rompe con los esquemas jerárquicos e individualistas propios de las formas liberales de hacer política; crea espacios que tienden a la deliberación democrática y horizontal, la diversidad y lo comunitario

Desde su origen, las feministas organizadas han roto con las formas típicas de hacer política. Su posición al margen de la política patriarcal les ha permitido tener una mirada distinta del mundo y las vías para su transformación. Por política patriarcal nos referimos a la que surge del “privilegio de lo masculino en todos los ámbitos de la construcción de significado del mundo occidental, la predominancia de líderes y las militancias estructuradas”1; esto se traduce en instituciones, leyes, normas sociales y prácticas políticas que refuerzan la dominación masculina y la opresión de las mujeres. El feminismo, nos dice Rita Segato2, lleva a la política en otra dirección; una política encarnada, enraizada en lo comunal-social, una política arraigada en la vida. Contraria a la lógica patriarcal, la política feminista no busca tomar el Estado para transformar a la sociedad, sino que se enlaza con la vida y es ahí, en el sostenimiento cotidiano de la vida en donde está lo político.
La lógica dicotómica de la modernidad hegemónica excluye al cuidado del ámbito de lo político. Si bien no hay una definición consensuada al respecto, el cuidado se refiere a todas las actividades y prácticas que se necesitan para reproducir y sostener la vida cotidiana de las personas en sociedad, como: el cuidado de las y los niños y otras personas dependientes, la limpieza de los espacios domésticos, la elaboración de alimentos, y toda la planificación y gestión que suponen dichas tareas; además, involucra una dimensión afectiva y vincular. Estas tareas, a pesar de ser indispensables para la vida cotidiana de cualquier persona, han recaído históricamente en los hogares y en las mujeres. Esto responde, como afirman Karina Batthyány y otras3, a la división sexual del trabajo, la naturalización de las mujeres como cuidadoras, la escasez de políticas públicas para atender este tema y las desigualdades sociales.
Desde la perspectiva política patriarcal, cuidar no es político, sino una tarea doméstica de carácter privado, atribuido históricamente a las mujeres y por tanto desvalorizado. Pero el feminismo pone al cuidado en el centro y nos recuerda su alto potencial político. Pues, como señala Ana de Miguel4, a los teóricos se les ha olvidado señalar que los humanos, por naturaleza, somos cuidables. Somos vulnerables y necesitamos del cuidado para sobrevivir, es una condición fundamental de la existencia humana sobre la que la teoría política tradicional poco ha elaborado.
Por otra parte, Rita Segato afirma que el movimiento feminista no acepta vanguardias, la politicidad de las mujeres no es burocrática, en el sentido de que no gestiona al movimiento, sino que lo va construyendo al andar; aprendiendo en el hacer5. La política feminista es, en términos de Guiomar Rovira, una “política de prefiguración”, experimental, lúdica, hacker; “es más evanescente y limitada en el tiempo, pone en escena la sociedad a la que se aspira en el aquí y el ahora”.6

La entrevistada es Laura Nieto de Las Vanders

Las formas de organización y deliberación de las colectivas feministas tienden a la horizontalidad y lo democrático, priorizan el diálogo sobre la imposición. Si bien, son procesos difíciles y no siempre lo logran, hacen un esfuerzo deliberado por no repetir las formas patriarcales de hacer política. Tal como señalan nuestras entrevistadas:

Como una colectiva autogestiva, nunca hemos tenido fondos, todo lo que se ha hecho ha sido de manera autogestiva, somos una colectiva lineal, las decisiones se toman en colectiva, no hay una representante. (Candy Rodríguez, Colectiva insubordinadas, comunicación personal, 13 de septiembre del 2022)

Tenemos una junta mensual, en donde nos reunimos a final de mes y ya vemos qué nos falta, qué se ha avanzado, qué podemos hacer, cómo han visto a las integrantes de sus comisiones, qué están haciendo y todo […] la junta mensual nos sirve para eso, para dialogar entre nosotras, por si algo no estamos haciendo bien […] nunca he tomado una decisión sin antes consultarlo a ellas […] siempre en las juntas trato de que ellas dialoguen, de que den su opinión, cómo se sienten ellas trabajando, cómo estamos avanzando, qué nos hace falta. (Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Muchas veces, lo que impulsa a la acción colectiva feminista es un deseo común de sanar en términos emocionales o espirituales, de encontrarle sentido y lugar a historias compartidas de dolor. Como afirma Diana Gómez, “todas estas emociones están íntimamente relacionadas con el cuidado, y son materialización del afecto. Estas emociones son el motor que enciende la lucha”7. Así lo formula una de las activistas entrevistadas para la investigación:
[La espiritualidad] es una herramienta que lleva a las mujeres a buscar a sus hijos, a levantarse cada día. Que las ayuda a tener un aire, a seguir buscando una energía vital, una fuerza interior que las mueva desde la fe, desde la espiritualidad. Y yo lo que les digo a ellas es que eso se llama espiritualidad feminista. (Gabriela Juárez, Colectivo Buscadoras, comunicación personal, 13 de agosto del 2022)
Sobre la lucha por el Estado, no hay una posición única dentro del feminismo, sino múltiples perspectivas. Desde los años noventa con la institucionalización del feminismo, el lugar de las activistas frente al Estado ha sido un tema de discusión. Mientras que algunas se asumen autónomas y denuncian al Estado como una institución patriarcal; otras, denominadas institucionales, encuentran ahí vías eficaces para la transformación. Entre estos dos polos, hay diversas posiciones y propuestas que hacen del feminismo un movimiento con una relación compleja con el Estado, como expondremos en la tesis 8.
En suma, la política en femenino, como dice Raquel Gutiérrez, no se trata sólo de añadir mujeres a la política ya existente, eso sería “gestionar el infierno y lo que queremos es desarmarlo… queremos ir construyendo algo distinto que vaya naciendo de los intersticios que quedan en el infierno”8. La política feminista rompe con la forma patriarcal, liberal, de hacer política, pues parte desde un lugar distinto. La posición históricamente subordinada de las mujeres, les ha brindado la posibilidad de plantear otros caminos para la transformación del mundo. Políticas que rompen con las dicotomías modernas que oponen razón/emoción, cuerpo/mente; políticas que integran, cuidan, sostienen. Que buscan la horizontalidad y la autonomía, más que la verticalidad y la lógica de mandar y obedecer.

1 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), pp. 223-240.

2 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

3 Batthyány, Karina (Coord.) (2020). Miradas latinoamericanas a los cuidados. CLACSO, Siglo XXI Editores.

4 De Miguel, Ana (2021). Ética para Celia. Contra la doble verdad. Ediciones B.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), p. 225.

7 Gómez, Diana (2019). “Emociones, epistemología y acción colectiva en contextos de violencia socio-política. Reflexiones breves de una experiencia de investigación feminista”, en Castañeda, Martha, Otras formas de (des)aprender: investigación feminista en tiempos de violencia, resistencia y decolonialidad. Hegoa, SIMREF, p. 82.

8 Gutiérrez, Raquel (18 de mayo de 2017). “No queremos gestionar el infierno, queremos desarmarlo y construir algo distinto”, Pikara Magazine. https://www.pikaramagazine.com/2017/05/raquel-gutierrez-aguilar/ [Consultado el 28 de junio del 2023].

Tesis seis

El movimiento feminista rompe con los esquemas jerárquicos e individualistas propios de las formas liberales de hacer política; crea espacios que tienden a la deliberación democrática y horizontal, la diversidad y lo comunitario

Desde su origen, las feministas organizadas han roto con las formas típicas de hacer política. Su posición al margen de la política patriarcal les ha permitido tener una mirada distinta del mundo y las vías para su transformación. Por política patriarcal nos referimos a la que surge del “privilegio de lo masculino en todos los ámbitos de la construcción de significado del mundo occidental, la predominancia de líderes y las militancias estructuradas”1; esto se traduce en instituciones, leyes, normas sociales y prácticas políticas que refuerzan la dominación masculina y la opresión de las mujeres. El feminismo, nos dice Rita Segato2, lleva a la política en otra dirección; una política encarnada, enraizada en lo comunal-social, una política arraigada en la vida. Contraria a la lógica patriarcal, la política feminista no busca tomar el Estado para transformar a la sociedad, sino que se enlaza con la vida y es ahí, en el sostenimiento cotidiano de la vida en donde está lo político.
La lógica dicotómica de la modernidad hegemónica excluye al cuidado del ámbito de lo político. Si bien no hay una definición consensuada al respecto, el cuidado se refiere a todas las actividades y prácticas que se necesitan para reproducir y sostener la vida cotidiana de las personas en sociedad, como: el cuidado de las y los niños y otras personas dependientes, la limpieza de los espacios domésticos, la elaboración de alimentos, y toda la planificación y gestión que suponen dichas tareas; además, involucra una dimensión afectiva y vincular. Estas tareas, a pesar de ser indispensables para la vida cotidiana de cualquier persona, han recaído históricamente en los hogares y en las mujeres. Esto responde, como afirman Karina Batthyány y otras3, a la división sexual del trabajo, la naturalización de las mujeres como cuidadoras, la escasez de políticas públicas para atender este tema y las desigualdades sociales.
Desde la perspectiva política patriarcal, cuidar no es político, sino una tarea doméstica de carácter privado, atribuido históricamente a las mujeres y por tanto desvalorizado. Pero el feminismo pone al cuidado en el centro y nos recuerda su alto potencial político. Pues, como señala Ana de Miguel4, a los teóricos se les ha olvidado señalar que los humanos, por naturaleza, somos cuidables. Somos vulnerables y necesitamos del cuidado para sobrevivir, es una condición fundamental de la existencia humana sobre la que la teoría política tradicional poco ha elaborado.
Por otra parte, Rita Segato afirma que el movimiento feminista no acepta vanguardias, la politicidad de las mujeres no es burocrática, en el sentido de que no gestiona al movimiento, sino que lo va construyendo al andar; aprendiendo en el hacer5. La política feminista es, en términos de Guiomar Rovira, una “política de prefiguración”, experimental, lúdica, hacker; “es más evanescente y limitada en el tiempo, pone en escena la sociedad a la que se aspira en el aquí y el ahora”.6

La entrevistada es Laura Nieto de Las Vanders

Las formas de organización y deliberación de las colectivas feministas tienden a la horizontalidad y lo democrático, priorizan el diálogo sobre la imposición. Si bien, son procesos difíciles y no siempre lo logran, hacen un esfuerzo deliberado por no repetir las formas patriarcales de hacer política. Tal como señalan nuestras entrevistadas:

Como una colectiva autogestiva, nunca hemos tenido fondos, todo lo que se ha hecho ha sido de manera autogestiva, somos una colectiva lineal, las decisiones se toman en colectiva, no hay una representante. (Candy Rodríguez, Colectiva insubordinadas, comunicación personal, 13 de septiembre del 2022)

Tenemos una junta mensual, en donde nos reunimos a final de mes y ya vemos qué nos falta, qué se ha avanzado, qué podemos hacer, cómo han visto a las integrantes de sus comisiones, qué están haciendo y todo […] la junta mensual nos sirve para eso, para dialogar entre nosotras, por si algo no estamos haciendo bien […] nunca he tomado una decisión sin antes consultarlo a ellas […] siempre en las juntas trato de que ellas dialoguen, de que den su opinión, cómo se sienten ellas trabajando, cómo estamos avanzando, qué nos hace falta. (Red feminista Mx, comunicación personal, 10 de octubre de 2022)

Muchas veces, lo que impulsa a la acción colectiva feminista es un deseo común de sanar en términos emocionales o espirituales, de encontrarle sentido y lugar a historias compartidas de dolor. Como afirma Diana Gómez, “todas estas emociones están íntimamente relacionadas con el cuidado, y son materialización del afecto. Estas emociones son el motor que enciende la lucha”7. Así lo formula una de las activistas entrevistadas para la investigación:
[La espiritualidad] es una herramienta que lleva a las mujeres a buscar a sus hijos, a levantarse cada día. Que las ayuda a tener un aire, a seguir buscando una energía vital, una fuerza interior que las mueva desde la fe, desde la espiritualidad. Y yo lo que les digo a ellas es que eso se llama espiritualidad feminista. (Gabriela Juárez, Colectivo Buscadoras, comunicación personal, 13 de agosto del 2022)
Sobre la lucha por el Estado, no hay una posición única dentro del feminismo, sino múltiples perspectivas. Desde los años noventa con la institucionalización del feminismo, el lugar de las activistas frente al Estado ha sido un tema de discusión. Mientras que algunas se asumen autónomas y denuncian al Estado como una institución patriarcal; otras, denominadas institucionales, encuentran ahí vías eficaces para la transformación. Entre estos dos polos, hay diversas posiciones y propuestas que hacen del feminismo un movimiento con una relación compleja con el Estado, como expondremos en la tesis 8.
En suma, la política en femenino, como dice Raquel Gutiérrez, no se trata sólo de añadir mujeres a la política ya existente, eso sería “gestionar el infierno y lo que queremos es desarmarlo… queremos ir construyendo algo distinto que vaya naciendo de los intersticios que quedan en el infierno”8. La política feminista rompe con la forma patriarcal, liberal, de hacer política, pues parte desde un lugar distinto. La posición históricamente subordinada de las mujeres, les ha brindado la posibilidad de plantear otros caminos para la transformación del mundo. Políticas que rompen con las dicotomías modernas que oponen razón/emoción, cuerpo/mente; políticas que integran, cuidan, sostienen. Que buscan la horizontalidad y la autonomía, más que la verticalidad y la lógica de mandar y obedecer.

1 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), pp. 223-240.

2 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

3 Batthyány, Karina (Coord.) (2020). Miradas latinoamericanas a los cuidados. CLACSO, Siglo XXI Editores.

4 De Miguel, Ana (2021). Ética para Celia. Contra la doble verdad. Ediciones B.

5 Segato, Rita (9 de mayo de 2020). “La politicidad de las mujeres no reconoce vanguardias”, Catarsis Revista.

6 Rovira, Guiomar (2018). “El devenir feminista de la acción colectiva: las redes digitales y la política de prefiguración de las multitudes conectadas”, Teknokultura, 15(2), p. 225.

7 Gómez, Diana (2019). “Emociones, epistemología y acción colectiva en contextos de violencia socio-política. Reflexiones breves de una experiencia de investigación feminista”, en Castañeda, Martha, Otras formas de (des)aprender: investigación feminista en tiempos de violencia, resistencia y decolonialidad. Hegoa, SIMREF, p. 82.

8 Gutiérrez, Raquel (18 de mayo de 2017). “No queremos gestionar el infierno, queremos desarmarlo y construir algo distinto”, Pikara Magazine. https://www.pikaramagazine.com/2017/05/raquel-gutierrez-aguilar/ [Consultado el 28 de junio del 2023].

Tesis siete

Las feministas miran de manera crítica y situada no sólo el mundo, sino su propio quehacer político; tienen una alta capacidad de autocrítica

Uno de los fundamentos del feminismo es partir de la propia experiencia para conocer y transformar el mundo. Es decir, tanto en términos epistemológicos como políticos, la mirada de las feministas sobre el mundo no se desliga de la mirada sobre sí mismas. A esta manera de actuar le podemos llamar conocimiento situado.
La noción de conocimiento situado supone que ningún conocimiento es abstracto y universal, sino que está atravesado y moldeado por el lugar desde el que se construye, por el cuerpo y mirada de quien investiga, por el contexto social, cultural y político desde el que se sitúa.1 Esto no solo es una tarea epistemológica del feminismo, sino también ética y, por tanto, política. Es asumir que el contexto importa, tanto el contexto personal como el social. Que las vivencias de las personas influyen en cómo perciben y entienden el mundo; por lo tanto, las condiciones concretas de vida resultan en formas distintas de entender la lucha feminista, tal como afirma una de nuestras entrevistadas:
Nosotras hablamos de luchas de mujeres, las mujeres en todos lados del mundo luchan y eso debe resaltarse. Las estrategias y las formas de resistir van a ser distintas, las cadenas de estas mujeres van a ser distintas a las nuestras. Hay una identificación, estamos justamente luchando para liberarnos… El sistema patriarcal […] es la base de las opresiones y es en donde se superponen otro tipo de opresiones, como pueden ser las relacionadas con el racismo, la clase social, con las dominadas, dominantes, etc […] no es lo mismo mis opresiones que las que se viven en otro lado. (P. Flores, Colectiva Crea Ciudad, comunicación personal, 14 de septiembre de 2022)
Esta postura también implica el reconocimiento de las diferentes miradas, no asumir que desde un solo lugar es posible dar cuenta de la totalidad de lo que se quiere conocer o transformar. Por ende, esta mirada crítica no sólo se dirige hacia la sociedad, sino a la propia vida y militancia, así como al movimiento mismo. En nuestra investigación pudimos dar cuenta de la alta capacidad autocrítica de las feministas tanto en su vida privada, sus relaciones, así como en términos colectivos. Cabe decir que el ejercicio autocrítico no es cómodo, es más bien doloroso, como señala una de las entrevistadas:
De entrada, el feminismo confronta y aprender a ver el camino desde el feminismo, duele. Duele renunciar o tratar de renunciar a un sistema que es seductor. El patriarcado y el capitalismo son seductores, entonces nos jala. Por eso, hay lo de la ética del placer, que es como este freno que le vamos a poner a toda esta seducción tan perversa del sistema político y económico. La reflexión feminista ha sido una herramienta muy poderosa para entender mi propia historia y para sostener mi vida. (Raquel Ramírez, Escuela feminista de comunicación, comunicación personal, 2022)
La autocrítica dentro del feminismo no es nueva, por una parte, es lo que ha permitido que sea un pensamiento y un movimiento antidogmático, comprometido con los grupos oprimidos y potente en su capacidad de análisis y transformación social. Pero, por otra parte, ha sido motivo de distanciamientos y dificultades para encaminar la lucha hacia resultados más tangibles. En el IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Taxco, México, en 1987, se elaboró un documento que condensa esta mirada autocrítica del feminismo y que llama a no negar “los conflictos, las contradicciones y las diferencias. Seamos capaces de establecer una ética de las reglas de juego del feminismo, logrando un pacto entre nosotras, que nos permita avanzar en nuestra utopía de desarrollar en profundidad y extensión el feminismo en América Latina”.2

Reflexión colectiva en el foro: (Re)articulando la historia y el presente de los feminismos en México: Acción, colectividad y política

En suma, el feminismo como pensamiento y como movimiento ha sido históricamente crítico, no sólo de la sociedad sino de sí mismo. Las activistas feministas están en constante reflexión sobre su propia vida, su lugar en el mundo y su militancia. Este carácter autocrítico ha permitido que el movimiento se mantenga vivo, antidogmático, irreverente. No obstante, también ha sido motivo de tensiones y distancia entre las feministas.

Entrevistada: Las Sabinas

Pero, como señala Vanessa, “el problema de la fragmentación llega con la intolerancia a la diferencia, en lugar de mirar nuestras diferencias para separarnos tendríamos que ver en qué puntos nos encontramos, pueden ser pocos, pero tiene que haber puntos de encuentro y desde ahí se puede trabajar” (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022).

A pesar de las diferencias, la lucha feminista avanza porque las une un compromiso común por la construcción de una vida libre de violencia para las mujeres. Como afirmamos en la tesis 2, esa es la causa que hace converger a todas las vertientes del feminismo y es en ella en la que se han logrado pactos para avanzar en la utopía feminista.

Nos une un compromiso común

1 Haraway, Donna (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra; Harding, Sandra (1996). Ciencia y Feminismo. Morata.

2 D’ Atri, Andrea. (2004). Pan y Rosas Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Las Armas de la Crítica, p. 18.

Tesis siete

Las feministas miran de manera crítica y situada no sólo el mundo, sino su propio quehacer político; tienen una alta capacidad de autocrítica

Uno de los fundamentos del feminismo es partir de la propia experiencia para conocer y transformar el mundo. Es decir, tanto en términos epistemológicos como políticos, la mirada de las feministas sobre el mundo no se desliga de la mirada sobre sí mismas. A esta manera de actuar le podemos llamar conocimiento situado.
La noción de conocimiento situado supone que ningún conocimiento es abstracto y universal, sino que está atravesado y moldeado por el lugar desde el que se construye, por el cuerpo y mirada de quien investiga, por el contexto social, cultural y político desde el que se sitúa.1 Esto no solo es una tarea epistemológica del feminismo, sino también ética y, por tanto, política. Es asumir que el contexto importa, tanto el contexto personal como el social. Que las vivencias de las personas influyen en cómo perciben y entienden el mundo; por lo tanto, las condiciones concretas de vida resultan en formas distintas de entender la lucha feminista, tal como afirma una de nuestras entrevistadas:
Nosotras hablamos de luchas de mujeres, las mujeres en todos lados del mundo luchan y eso debe resaltarse. Las estrategias y las formas de resistir van a ser distintas, las cadenas de estas mujeres van a ser distintas a las nuestras. Hay una identificación, estamos justamente luchando para liberarnos… El sistema patriarcal […] es la base de las opresiones y es en donde se superponen otro tipo de opresiones, como pueden ser las relacionadas con el racismo, la clase social, con las dominadas, dominantes, etc […] no es lo mismo mis opresiones que las que se viven en otro lado. (P. Flores, Colectiva Crea Ciudad, comunicación personal, 14 de septiembre de 2022)
Esta postura también implica el reconocimiento de las diferentes miradas, no asumir que desde un solo lugar es posible dar cuenta de la totalidad de lo que se quiere conocer o transformar. Por ende, esta mirada crítica no sólo se dirige hacia la sociedad, sino a la propia vida y militancia, así como al movimiento mismo. En nuestra investigación pudimos dar cuenta de la alta capacidad autocrítica de las feministas tanto en su vida privada, sus relaciones, así como en términos colectivos. Cabe decir que el ejercicio autocrítico no es cómodo, es más bien doloroso, como señala una de las entrevistadas:
De entrada, el feminismo confronta y aprender a ver el camino desde el feminismo, duele. Duele renunciar o tratar de renunciar a un sistema que es seductor. El patriarcado y el capitalismo son seductores, entonces nos jala. Por eso, hay lo de la ética del placer, que es como este freno que le vamos a poner a toda esta seducción tan perversa del sistema político y económico. La reflexión feminista ha sido una herramienta muy poderosa para entender mi propia historia y para sostener mi vida. (Raquel Ramírez, Escuela feminista de comunicación, comunicación personal, 2022)
La autocrítica dentro del feminismo no es nueva, por una parte, es lo que ha permitido que sea un pensamiento y un movimiento antidogmático, comprometido con los grupos oprimidos y potente en su capacidad de análisis y transformación social. Pero, por otra parte, ha sido motivo de distanciamientos y dificultades para encaminar la lucha hacia resultados más tangibles. En el IV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Taxco, México, en 1987, se elaboró un documento que condensa esta mirada autocrítica del feminismo y que llama a no negar “los conflictos, las contradicciones y las diferencias. Seamos capaces de establecer una ética de las reglas de juego del feminismo, logrando un pacto entre nosotras, que nos permita avanzar en nuestra utopía de desarrollar en profundidad y extensión el feminismo en América Latina”.2
En suma, el feminismo como pensamiento y como movimiento ha sido históricamente crítico, no sólo de la sociedad sino de sí mismo. Las activistas feministas están en constante reflexión sobre su propia vida, su lugar en el mundo y su militancia. Este carácter autocrítico ha permitido que el movimiento se mantenga vivo, antidogmático, irreverente. No obstante, también ha sido motivo de tensiones y distancia entre las feministas.

Entrevistada: Las Sabinas

Pero, como señala Vanessa, “el problema de la fragmentación llega con la intolerancia a la diferencia, en lugar de mirar nuestras diferencias para separarnos tendríamos que ver en qué puntos nos encontramos, pueden ser pocos, pero tiene que haber puntos de encuentro y desde ahí se puede trabajar” (Vanessa, Colectiva Barro Negro Zumpango, comunicación personal, 05 de septiembre de 2022).

A pesar de las diferencias, la lucha feminista avanza porque las une un compromiso común por la construcción de una vida libre de violencia para las mujeres. Como afirmamos en la tesis 2, esa es la causa que hace converger a todas las vertientes del feminismo y es en ella en la que se han logrado pactos para avanzar en la utopía feminista.

1 Haraway, Donna (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Cátedra; Harding, Sandra (1996). Ciencia y Feminismo. Morata.

2 D’ Atri, Andrea. (2004). Pan y Rosas Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo. Las Armas de la Crítica, p. 18.

Bloque 2. Trayectorias y prácticas políticas feministas

Tesis ocho

El movimiento feminista es crítico del Estado patriarcal y sus formas liberales de justicia y democracia. Las mujeres crean constantemente alternativas que buscan disputar y trascender las instituciones del Estado

La relación entre el feminismo y el Estado siempre ha sido compleja. Al ser un movimiento y pensamiento fundamentalmente crítico del status quo, su relación con la estructura de gobierno ha sido tanto de confrontación y crítica como de colaboración y participación. Sin embargo, las feministas tienen muy claro que el Estado, como un ente patriarcal, no puede ser el objetivo último de la lucha, sino que lo trascienden y encuentran otros espacios para la transformación.

Los gobiernos, por su parte, se han posicionado de formas distintas frente al movimiento feminista. En ocasiones han sido receptivos a sus demandas, en otras han permanecido indiferentes, mientras que en otros momentos han recurrido a la represión como respuesta a las protestas y reclamos feministas. A pesar de estas respuestas, la lucha de las mujeres persiste y para ello se plantean diversos caminos que suponen formas distintas de relación con el Estado.

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Según Virginia Vargas1, estas relaciones se pueden resumir en dos tendencias históricas: las feministas que han decantado por una estrategia dentro de las instituciones del Estado y la sociedad política, y aquellas que prefieren una estrategia autónoma. Las primeras reconocen la necesidad de integrarse a las distintas instituciones del Estado y a los tres niveles de gobierno, para crear políticas públicas que atiendan las necesidades particulares de las mujeres. Las segundas ven como una contradicción cooperar con la que consideran es la principal estructura de opresión hacia las mujeres (el Estado), por lo que crean proyectos alternativos de impacto local o regional en beneficio de las mujeres.

En nuestra investigación encontramos esas dos grandes tendencias, que expresan una diversidad de matices en torno a una discusión fundamental para la transformación social: la cuestión de la democracia. Por un lado, hay quienes consideran que no existe la democracia, que es una ilusión, pues “…no es representativa, no es interseccional, no es incluyente; hay mucho derroche para cosas innecesarias, pero no para un parlamento abierto, una apertura a la participación real” (Mizraya, Colectividad(es) comunicación personal, 11 de octubre 2022).
Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Desde esta visión crítica a la democracia, hay feministas que señalan su carácter unilateral y androcéntrico. Afirman que las formas de organización, participación, representación y toma de decisiones se han establecido a partir del reconocimiento de una sola forma de ser ciudadanos, la de los hombres, que los muestra como los únicos capaces de hacer política, pues el espacio público les pertenece. Mientras que a las mujeres, históricamente se les ha atribuido el espacio doméstico y con ello han sido expulsadas del espacio y discusión pública.

Algunas de nuestras entrevistadas críticas a la democracia afirmaron que no existe un solo molde para la participación y la toma de decisiones, por lo que, a través del pensamiento crítico, se pueden explorar otras formas de participación: “…pues también habrá otros feminismos que harán algunas críticas a la democracia liberal y que busquen otros sistemas de participación, de horizontalidad, manteniendo este horizonte crítico, creo que uno de los principios fundamentales es mantener la crítica a las relaciones de poder” (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal el 31 de agosto 2022).

En este sentido, ante la inacción del Estado y las instituciones de impartición de justicia en casos de violencia sexual, por ejemplo, las feministas impulsan proyectos que buscan resarcir dicha falla institucional. Desde distintas trincheras organizan conversatorios, se solidarizan con familiares y sobrevivientes a partir de la creación de colectivas para la asesoría jurídica y psicológica; acompañan a través de círculos de reflexión y erigen y toman monumentos para crear memoria.

Como alternativa a la impunidad, algunas colectivas y organizaciones de la sociedad civil han comenzado a discutir el antipunitivismo como forma de justicia y resarcimiento del daño. Esto implica que dan más peso a las estrategias que reconstruyen el tejido social, que a las que castigan a través del encierro, además de cuestionar fuertemente el acceso a la justicia que tienen las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, pues para ellas nunca es pronta ni expedita. Proponen otra forma de entender la justicia, una muy emparentada con la noción de “sanación”, que ofrece alternativas al trauma y el aislamiento que el castigo y el encierro traen, tanto para mujeres como para hombres:

Queremos brindar un enfoque de la justicia a partir de lo que las sobrevivientes consideran que es la justicia. Para nosotras la justicia puede tener un significado diverso, depende de la sobreviviente. Por ejemplo, para una persona puede ser una sentencia que esté a su favor, pero quizá para otra eso no sea realmente lo que está esperando, sino quizás solo necesite sanar lo que ocurrió en ella después de una experiencia de violencia sexual. O quizá para otras, por ejemplo, poder hablar de lo que sucedió simplemente. (C. Doroteo, Las Sabinas, comunicación personal el 16 de septiembre de 2022)
Por lo tanto, muchas colectivas y organizaciones acompañan el proceso de sanación y justicia de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, y que en muchos casos han pasado por la experiencia de la revictimización y la violencia de Estado en las instituciones de impartición de justicia. Apuestan por crear una alternativa que permita reconstruir el tejido social desde la perspectiva de la víctima. Retoman la estrategia de los grupos de autoconciencia2 de la década de los años setenta y lo transforman en un lugar de reconocimiento de la justicia.

Por su parte, las feministas que trabajan desde dentro del Estado para impulsar los cambios a favor de las mujeres, han sido históricamente señaladas por las alas más autónomas del feminismo por cooperar con una institución patriarcal. No obstante, entre nuestras entrevistadas se expresó el reconocimiento del trabajo que hacen las feministas institucionales, pues sin su esfuerzo muchas de las demandas del movimiento feminista seguirían sin ser concretadas. Como ejemplo, Marcela Lagarde, desde el feminismo institucional impulsó comisiones, reformas, discusiones legislativas que pusieron en el centro la urgencia de atender la violencia feminicida en México. Derivado de todo ese esfuerzo se tipificó el feminicidio como delito y se promulgó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En su lucha, las feministas desde dentro del Estado se enfrentan con las formas patriarcales de hacer política, pues su presencia en las instituciones suele ser incómoda para quienes quieren mantener el statu quo, no obstante desde ahí ayudan a concretar y estructurar las demandas del movimiento.

Más que una separación tajante entre feminismo institucional y autónomo, lo que vemos es que ambos caminos contribuyen a la transformación de la vida de las mujeres, y que ya sea fuera o dentro, las feministas son críticas del Estado, sus instituciones, así como sus formas patriarcales de política, justicia y democracia.

1 Vargas, Virginia (2008). “La tensión entre ‘institucionalizadas’ y ‘autónomas’ en los feminismos latinoamericanos”, en Vargas, Virginia, Feminismos en América Latina. Su aporte a la política y a la democracia (pp. 133–211). UNMSM, Programa Democracia y Transformación Global, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. América Latina Genera

2 Esta práctica política tuvo su origen en el feminismo estadounidense radical de los años setenta. Consistía en pequeñas reuniones de mujeres en las que se planteaban temas que les aquejaban en su vida cotidiana. El proceso de reflexión colectiva les conducía a la conciencia de que esos problemas aparentemente personales, en realidad eran políticos, reflejo de una sociedad históricamente construida para sostener la supremacía masculina. Por tanto, la solución no podía ser personal.

Tesis ocho

El movimiento feminista es crítico del Estado patriarcal y sus formas liberales de justicia y democracia. Las mujeres crean constantemente alternativas que buscan disputar y trascender las instituciones del Estado

La relación entre el feminismo y el Estado siempre ha sido compleja. Al ser un movimiento y pensamiento fundamentalmente crítico del status quo, su relación con la estructura de gobierno ha sido tanto de confrontación y crítica como de colaboración y participación. Sin embargo, las feministas tienen muy claro que el Estado, como un ente patriarcal, no puede ser el objetivo último de la lucha, sino que lo trascienden y encuentran otros espacios para la transformación.

Los gobiernos, por su parte, se han posicionado de formas distintas frente al movimiento feminista. En ocasiones han sido receptivos a sus demandas, en otras han permanecido indiferentes, mientras que en otros momentos han recurrido a la represión como respuesta a las protestas y reclamos feministas. A pesar de estas respuestas, la lucha de las mujeres persiste y para ello se plantean diversos caminos que suponen formas distintas de relación con el Estado.

8M2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Angeles Palma López

Según Virginia Vargas1, estas relaciones se pueden resumir en dos tendencias históricas: las feministas que han decantado por una estrategia dentro de las instituciones del Estado y la sociedad política, y aquellas que prefieren una estrategia autónoma. Las primeras reconocen la necesidad de integrarse a las distintas instituciones del Estado y a los tres niveles de gobierno, para crear políticas públicas que atiendan las necesidades particulares de las mujeres. Las segundas ven como una contradicción cooperar con la que consideran es la principal estructura de opresión hacia las mujeres (el Estado), por lo que crean proyectos alternativos de impacto local o regional en beneficio de las mujeres.

En nuestra investigación encontramos esas dos grandes tendencias, que expresan una diversidad de matices en torno a una discusión fundamental para la transformación social: la cuestión de la democracia. Por un lado, hay quienes consideran que no existe la democracia, que es una ilusión, pues “…no es representativa, no es interseccional, no es incluyente; hay mucho derroche para cosas innecesarias, pero no para un parlamento abierto, una apertura a la participación real” (Mizraya, Colectividad(es) comunicación personal, 11 de octubre 2022).
Entrevistada: Emiliana Díaz, Fundación Alana

Desde esta visión crítica a la democracia, hay feministas que señalan su carácter unilateral y androcéntrico. Afirman que las formas de organización, participación, representación y toma de decisiones se han establecido a partir del reconocimiento de una sola forma de ser ciudadanos, la de los hombres, que los muestra como los únicos capaces de hacer política, pues el espacio público les pertenece. Mientras que a las mujeres, históricamente se les ha atribuido el espacio doméstico y con ello han sido expulsadas del espacio y discusión pública.

Algunas de nuestras entrevistadas críticas a la democracia afirmaron que no existe un solo molde para la participación y la toma de decisiones, por lo que, a través del pensamiento crítico, se pueden explorar otras formas de participación: “…pues también habrá otros feminismos que harán algunas críticas a la democracia liberal y que busquen otros sistemas de participación, de horizontalidad, manteniendo este horizonte crítico, creo que uno de los principios fundamentales es mantener la crítica a las relaciones de poder” (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal el 31 de agosto 2022).

En este sentido, ante la inacción del Estado y las instituciones de impartición de justicia en casos de violencia sexual, por ejemplo, las feministas impulsan proyectos que buscan resarcir dicha falla institucional. Desde distintas trincheras organizan conversatorios, se solidarizan con familiares y sobrevivientes a partir de la creación de colectivas para la asesoría jurídica y psicológica; acompañan a través de círculos de reflexión y erigen y toman monumentos para crear memoria.

Como alternativa a la impunidad, algunas colectivas y organizaciones de la sociedad civil han comenzado a discutir el antipunitivismo como forma de justicia y resarcimiento del daño. Esto implica que dan más peso a las estrategias que reconstruyen el tejido social, que a las que castigan a través del encierro, además de cuestionar fuertemente el acceso a la justicia que tienen las mujeres en situaciones de vulnerabilidad, pues para ellas nunca es pronta ni expedita. Proponen otra forma de entender la justicia, una muy emparentada con la noción de “sanación”, que ofrece alternativas al trauma y el aislamiento que el castigo y el encierro traen, tanto para mujeres como para hombres:

Queremos brindar un enfoque de la justicia a partir de lo que las sobrevivientes consideran que es la justicia. Para nosotras la justicia puede tener un significado diverso, depende de la sobreviviente. Por ejemplo, para una persona puede ser una sentencia que esté a su favor, pero quizá para otra eso no sea realmente lo que está esperando, sino quizás solo necesite sanar lo que ocurrió en ella después de una experiencia de violencia sexual. O quizá para otras, por ejemplo, poder hablar de lo que sucedió simplemente. (C. Doroteo, Las Sabinas, comunicación personal el 16 de septiembre de 2022)
Por lo tanto, muchas colectivas y organizaciones acompañan el proceso de sanación y justicia de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, y que en muchos casos han pasado por la experiencia de la revictimización y la violencia de Estado en las instituciones de impartición de justicia. Apuestan por crear una alternativa que permita reconstruir el tejido social desde la perspectiva de la víctima. Retoman la estrategia de los grupos de autoconciencia2 de la década de los años setenta y lo transforman en un lugar de reconocimiento de la justicia.

Por su parte, las feministas que trabajan desde dentro del Estado para impulsar los cambios a favor de las mujeres, han sido históricamente señaladas por las alas más autónomas del feminismo por cooperar con una institución patriarcal. No obstante, entre nuestras entrevistadas se expresó el reconocimiento del trabajo que hacen las feministas institucionales, pues sin su esfuerzo muchas de las demandas del movimiento feminista seguirían sin ser concretadas. Como ejemplo, Marcela Lagarde, desde el feminismo institucional impulsó comisiones, reformas, discusiones legislativas que pusieron en el centro la urgencia de atender la violencia feminicida en México. Derivado de todo ese esfuerzo se tipificó el feminicidio como delito y se promulgó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. En su lucha, las feministas desde dentro del Estado se enfrentan con las formas patriarcales de hacer política, pues su presencia en las instituciones suele ser incómoda para quienes quieren mantener el statu quo, no obstante desde ahí ayudan a concretar y estructurar las demandas del movimiento.

Más que una separación tajante entre feminismo institucional y autónomo, lo que vemos es que ambos caminos contribuyen a la transformación de la vida de las mujeres, y que ya sea fuera o dentro, las feministas son críticas del Estado, sus instituciones, así como sus formas patriarcales de política, justicia y democracia.

1 Vargas, Virginia (2008). “La tensión entre ‘institucionalizadas’ y ‘autónomas’ en los feminismos latinoamericanos”, en Vargas, Virginia, Feminismos en América Latina. Su aporte a la política y a la democracia (pp. 133–211). UNMSM, Programa Democracia y Transformación Global, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. América Latina Genera

2 Esta práctica política tuvo su origen en el feminismo estadounidense radical de los años setenta. Consistía en pequeñas reuniones de mujeres en las que se planteaban temas que les aquejaban en su vida cotidiana. El proceso de reflexión colectiva les conducía a la conciencia de que esos problemas aparentemente personales, en realidad eran políticos, reflejo de una sociedad históricamente construida para sostener la supremacía masculina. Por tanto, la solución no podía ser personal.

Tesis nueve

El movimiento feminista busca transformar las relaciones de opresión y exclusión que impone el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, cuestionando los roles socialmente asignados a las mujeres y proponiendo acciones para la emancipación

Tras un feminismo global que iguala a todas las mujeres, en América Latina surge uno situado, periférico, mestizo e intruso1 que devela cómo el género no es la única opresión que sufren las mujeres. Sobre éstas, recaen múltiples violencias asociadas a la raza, la clase y la geopolítica, vinculadas a estructuras impuestas por el colonialismo y el capitalismo. Este feminismo es crítico a un feminismo occidental que toma como sujeto histórico a la mujer blanca, urbanita, clase media y heterosexual; singularizando las opresiones y las resistencias. Este feminismo situado surge del pensamiento y la praxis política de mujeres indígenas, negras, campesinas y lesbianas. Es situado porque mira las condiciones y situaciones de opresión de las mujeres y sus formas específicas para hacerles frente.

12 de octubre 2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Desde Latinoamérica se habla de descolonizar el feminismo, esto es, dejar de pensar desde parámetros de occidente, dejar de asumir un tiempo lineal, la posmodernidad como proyecto único, no delimitar las opresiones a una variable; descolonizar el feminismo es, como dice Adriana Guzmán, recuperar la memoria de los pueblos, de las ancestras.2 Desde esta perspectiva, es esencial disputar los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico, para construir los propios y dar cuenta de las diversas condiciones que las mujeres afrontan.
De ahí el cuestionamiento a la noción y uso liberal de la interseccionalidad. Como señala Ochy Curiel, esta perspectiva “pregunta muy poco por la producción de estas diferencias contenidas en las experiencias de muchas mujeres, fundamentalmente racializadas y pobres. Por tanto, tiende a un multiculturalismo liberal que pretende reconocer las diferencias, incluyéndolas en un modelo diverso, pero que no cuestiona las razones que provocan la necesidad de esa inclusión”.3 Es decir, no basta con reconocer que las mujeres somos diversas, sino preguntarnos qué es lo que produce dicha diversidad, pues no son diferencias esenciales, sino productos de la diferenciación. Es así que, la crítica decolonial feminista apunta a desbaratar los sistemas de opresión como el centralismo, el racismo, el capitalismo, que hacen a las mujeres periféricas, negras, empobrecidas.
Para las feministas que entrevistamos en el transcurso de esta investigación, el patriarcado no es un sistema aislado. Por el contrario, éste se encuentra atravesado por lógicas coloniales y capitalistas, las cuales expresan un conjunto de jerarquías que divide a las mujeres en blancas/morenas, pobres/ricas, centro/periferia, que son derivadas de una lógica racial y de clase.
Yo creo que las mujeres viven una situación de discriminación y de racismo. Creo que conviven cotidianamente con esta situación […] es algo estructural, desde que vas caminando en la calle y el carro no te da el paso, no respeta que estás pasando. Son situaciones que te suenan hasta cierto punto como muy tontas, o sea estúpidas, pero pasa. De ahí se deriva todo, cómo te trata la persona que te vende el boleto del metro, quién te cobra el pasaje de la combi. Aunque sean de la misma colonia, si es de tez clara y tú eres de tez morena, pues como eres prieto y yo soy güero, te voy a discriminar desde que te veo. Justo es algo con que lidiar desde abajo, desde la cotidianidad. (F. Maldonado, Las Erinias UAM y Justicia Pro-Persona A.C, comunicación personal, 19 de octubre de 2022)
Para romper con este colonialismo y clasismo, las activistas feministas señalan la necesidad de cuestionar los propios privilegios, de reconocerse desde la pluralidad. Coinciden en la importancia de escuchar, de construir un diálogo, de superar visiones de superioridad y de no imponer realidades absolutas. Así lo plantea una de nuestras entrevistadas:
El reconocimiento de lo diferente, de lo distinto, esa empatía, es difícil reconocer al otro, reconocer que hay quien ha tenido procesos distintos, que pertenece a una colectiva o grupo distinto porque su historial es distinto al tuyo […] puedes aliarte y trabajar en conjunto […], reconocer lo distinto y reconocer tanto nuestras limitaciones, como nuestras capacidades. (Sandra Rondín, Comunidad de FB Científicas Mexicanas, 9 de enero de 2023)
Por su parte, Susana González, de GENDES, reflexiona:
¿Por qué seguimos pensando en esta visión colonizadora de imponer, de llegar y decir aquí la verdad es esta y entonces hay que hacer esto? ¿Por qué no escuchar siempre, en todas partes, a quien está viviendo una experiencia y atender desde ahí? Si estamos hablando de comunidades indígenas, ¿qué es lo que necesitan, qué es lo que están exigiendo? y no llegar y pensar que vamos a rescatarlos […] me parece que no hay nada que rescatar, más bien hay que escuchar y hay que atender desde donde se necesita. (Susana Gonzáles, GENDES, A.C., 12 de agosto 2022)
Esto se añade al proceso continuo de cuestionamiento a los roles de género, la toma de conciencia de las violencias y discriminaciones contra las mujeres, lo que trae consigo una manera distinta de ver el mundo: “supone darse cuenta de las mentiras, grandes y pequeñas, en las que está cimentada nuestra historia, nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía, los grandes proyectos y los detalles cotidianos”.4 En definitiva, es tener conciencia de género.
En suma, en esta tesis proponemos que el movimiento feminista hace una crítica al patriarcado, el colonialismo y el capitalismo como sistemas de opresión que se superponen y dan lugar a condiciones de desigualdad y violencia para las mujeres.

Entrevistada: Pamela Janin, FPFV

Es una visión crítica de la sociedad que reconoce la complejidad de las opresiones y busca activamente desmontarlas a través de prácticas como las que hemos referido en las tesis anteriores: organización social, movilizaciones, protestas, arte, redes de acompañamiento, modificaciones a las leyes, espacios de formación, así como una constante reflexión personal y colectiva, entre otras.

1 Eskalera Karakola (2004). “Diferentes diferencias y ciudadanías excluyentes: una revisión feminista”, en Hooks, Bell et al., Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras (pp. 9-32). Traficantes de Sueños.

2 Guzmán, Adriana (2020). “¿Qué es feminismo para las feministas comunitarias?”, Aguaceros, 3, pp. 5-6.

3 Curiel, Ochy (2014). “Construyendo metodologías feministas desde el feminismo decolonial”, en Mendia, Irantzu et al. (Eds.), Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista. Universidad del País Vasco, SIMRF, p. 53.

4 Varela, Nuria (2008). Feminismo para principiantes. Ediciones B, S. A., p. 19

Tesis nueve

El movimiento feminista busca transformar las relaciones de opresión y exclusión que impone el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, cuestionando los roles socialmente asignados a las mujeres y proponiendo acciones para la emancipación

Tras un feminismo global que iguala a todas las mujeres, en América Latina surge uno situado, periférico, mestizo e intruso1 que devela cómo el género no es la única opresión que sufren las mujeres. Sobre éstas, recaen múltiples violencias asociadas a la raza, la clase y la geopolítica, vinculadas a estructuras impuestas por el colonialismo y el capitalismo. Este feminismo es crítico a un feminismo occidental que toma como sujeto histórico a la mujer blanca, urbanita, clase media y heterosexual; singularizando las opresiones y las resistencias. Este feminismo situado surge del pensamiento y la praxis política de mujeres indígenas, negras, campesinas y lesbianas. Es situado porque mira las condiciones y situaciones de opresión de las mujeres y sus formas específicas para hacerles frente.

12 de octubre 2022, Foto/Equipo de investigación PUEDJS-UNAM: Pilar Godínez Mejía

Desde Latinoamérica se habla de descolonizar el feminismo, esto es, dejar de pensar desde parámetros de occidente, dejar de asumir un tiempo lineal, la posmodernidad como proyecto único, no delimitar las opresiones a una variable; descolonizar el feminismo es, como dice Adriana Guzmán, recuperar la memoria de los pueblos, de las ancestras.2 Desde esta perspectiva, es esencial disputar los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico, para construir los propios y dar cuenta de las diversas condiciones que las mujeres afrontan.
De ahí el cuestionamiento a la noción y uso liberal de la interseccionalidad. Como señala Ochy Curiel, esta perspectiva “pregunta muy poco por la producción de estas diferencias contenidas en las experiencias de muchas mujeres, fundamentalmente racializadas y pobres. Por tanto, tiende a un multiculturalismo liberal que pretende reconocer las diferencias, incluyéndolas en un modelo diverso, pero que no cuestiona las razones que provocan la necesidad de esa inclusión”.3 Es decir, no basta con reconocer que las mujeres somos diversas, sino preguntarnos qué es lo que produce dicha diversidad, pues no son diferencias esenciales, sino productos de la diferenciación. Es así que, la crítica decolonial feminista apunta a desbaratar los sistemas de opresión como el centralismo, el racismo, el capitalismo, que hacen a las mujeres periféricas, negras, empobrecidas.
Para las feministas que entrevistamos en el transcurso de esta investigación, el patriarcado no es un sistema aislado. Por el contrario, éste se encuentra atravesado por lógicas coloniales y capitalistas, las cuales expresan un conjunto de jerarquías que divide a las mujeres en blancas/morenas, pobres/ricas, centro/periferia, que son derivadas de una lógica racial y de clase.
Yo creo que las mujeres viven una situación de discriminación y de racismo. Creo que conviven cotidianamente con esta situación […] es algo estructural, desde que vas caminando en la calle y el carro no te da el paso, no respeta que estás pasando. Son situaciones que te suenan hasta cierto punto como muy tontas, o sea estúpidas, pero pasa. De ahí se deriva todo, cómo te trata la persona que te vende el boleto del metro, quién te cobra el pasaje de la combi. Aunque sean de la misma colonia, si es de tez clara y tú eres de tez morena, pues como eres prieto y yo soy güero, te voy a discriminar desde que te veo. Justo es algo con que lidiar desde abajo, desde la cotidianidad. (F. Maldonado, Las Erinias UAM y Justicia Pro-Persona A.C, comunicación personal, 19 de octubre de 2022)
Para romper con este colonialismo y clasismo, las activistas feministas señalan la necesidad de cuestionar los propios privilegios, de reconocerse desde la pluralidad. Coinciden en la importancia de escuchar, de construir un diálogo, de superar visiones de superioridad y de no imponer realidades absolutas. Así lo plantea una de nuestras entrevistadas:
El reconocimiento de lo diferente, de lo distinto, esa empatía, es difícil reconocer al otro, reconocer que hay quien ha tenido procesos distintos, que pertenece a una colectiva o grupo distinto porque su historial es distinto al tuyo […] puedes aliarte y trabajar en conjunto […], reconocer lo distinto y reconocer tanto nuestras limitaciones, como nuestras capacidades. (Sandra Rondín, Comunidad de FB Científicas Mexicanas, 9 de enero de 2023)
Por su parte, Susana González, de GENDES, reflexiona:
¿Por qué seguimos pensando en esta visión colonizadora de imponer, de llegar y decir aquí la verdad es esta y entonces hay que hacer esto? ¿Por qué no escuchar siempre, en todas partes, a quien está viviendo una experiencia y atender desde ahí? Si estamos hablando de comunidades indígenas, ¿qué es lo que necesitan, qué es lo que están exigiendo? y no llegar y pensar que vamos a rescatarlos […] me parece que no hay nada que rescatar, más bien hay que escuchar y hay que atender desde donde se necesita. (Susana Gonzáles, GENDES, A.C., 12 de agosto 2022)
Esto se añade al proceso continuo de cuestionamiento a los roles de género, la toma de conciencia de las violencias y discriminaciones contra las mujeres, lo que trae consigo una manera distinta de ver el mundo: “supone darse cuenta de las mentiras, grandes y pequeñas, en las que está cimentada nuestra historia, nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra economía, los grandes proyectos y los detalles cotidianos”.4 En definitiva, es tener conciencia de género.
En suma, en esta tesis proponemos que el movimiento feminista hace una crítica al patriarcado, el colonialismo y el capitalismo como sistemas de opresión que se superponen y dan lugar a condiciones de desigualdad y violencia para las mujeres.

Entrevistada: Pamela Janin, FPFV

Es una visión crítica de la sociedad que reconoce la complejidad de las opresiones y busca activamente desmontarlas a través de prácticas como las que hemos referido en las tesis anteriores: organización social, movilizaciones, protestas, arte, redes de acompañamiento, modificaciones a las leyes, espacios de formación, así como una constante reflexión personal y colectiva, entre otras.

1 Eskalera Karakola (2004). “Diferentes diferencias y ciudadanías excluyentes: una revisión feminista”, en Hooks, Bell et al., Otras inapropiables. Feminismos desde las fronteras (pp. 9-32). Traficantes de Sueños.

2 Guzmán, Adriana (2020). “¿Qué es feminismo para las feministas comunitarias?”, Aguaceros, 3, pp. 5-6.

3 Curiel, Ochy (2014). “Construyendo metodologías feministas desde el feminismo decolonial”, en Mendia, Irantzu et al. (Eds.), Otras formas de (re)conocer. Reflexiones, herramientas y aplicaciones desde la investigación feminista. Universidad del País Vasco, SIMRF, p. 53.

4 Varela, Nuria (2008). Feminismo para principiantes. Ediciones B, S. A., p. 19

Bloque 3. Visión crítica de la sociedad

Tesis diez

El horizonte utópico del movimiento feminista es poner la vida y la autonomía de las mujeres al centro para transformar al mundo

El cuerpo, y por tanto la vida de las mujeres, es el primer territorio que el patriarcado y el capitalismo buscan expropiar, ocupar, explotar; son —como nos recuerda Rita Segato— recursos para la guerra, son territorios anexados y conquistados1. En el sistema capitalista y patriarcal hay vidas que merecen vivir y vidas que no lo merecen, vidas susceptibles de ser desechables e invisibles2 porque son producto de la precarización que las hace vulnerables. La vida de las mujeres ha sido históricamente concebida como vidas para otros, vidas que se encargan de la reproducción, el cuidado, el sostenimiento y el placer de otros.3 Por otra parte, si bien son vidas que socialmente valen menos, el capitalismo se sostiene gracias al trabajo de reproducción al que las mujeres dedican su vida y que es un trabajo invisibilizado y desvalorizado.4 De ahí que poner la vida de las mujeres en el centro sea una demanda radical, pues supone una transgresión al orden histórico de desigualdad que ha regido al mundo y un trastocamiento del sistema capitalista.
En esta tesis afirmamos que el reclamo por la vida y la autonomía de las mujeres configura el horizonte utópico de las feministas. Pero la utopía desde el feminismo no puede esperar, tiene que ir ocurriendo aquí y ahora. Como afirma Rita Segato, “​​la politicidad de las mujeres es de otro tipo, no es ‘utópica’, no va hacia un destino prefijado. Cada paso es una victoria hacia un horizonte que es abierto”.5 La utopía feminista se vive cotidianamente, se construye con lo que se tiene y como se puede, en ese sentido, es una utopía más concreta y pragmática.
Poner la vida al centro. Yo creo que eso es algo que resume bien como una utopía o un horizonte feminista. Tiene mucho que ver con que la vida esté puesta al centro. No sé, con que también las personas vivan felices y libres de violencia ejerciendo los derechos. Y yo igual pienso que más que un futuro, pues hay un montón de mujeres, de personas trans, personas intersex, construyendo presentes feministas. O sea, mucho tiene que ver con celebrar eso, en medio de todo el sufrimiento, que las mujeres están allí sosteniendo y conteniendo, pues celebrar también que hay una parte del gozo y que eso es en el presente, poner la vida en el centro. Creo que eso resume muy bien. (Marina, Fondo Semillas, comunicación personal, 2022)
Ese pragmatismo, no obstante, no significa acotar los sueños o dar por perdida una batalla por grandes cambios, como derribar al patriarcado. Al contrario, como señala el testimonio anterior, poner la vida en el centro supone también el gozo del presente, de sabernos vivas y poder imaginar un mundo mejor. La capacidad de imaginación aunada a la práctica colectiva cotidiana posibilita la concreción de la utopía feminista.
Entrevistada: Claudia, Las Sabinas
Desde esta perspectiva, los cambios tienen lugar en el entorno más inmediato de las feministas. Es decir, la revolución feminista no aspira, en principio, a tomar el Estado para hacer grandes cambios estructurales, sino que apuesta por ir transformando el mundo que rodea a las mujeres, hacerlo más visible, más digno, más cuidadoso. En muchos casos eso empieza con las familias, el barrio, la escuela, el trabajo; en otros, como vimos, las feministas se involucran en los espacios gubernamentales, en las instituciones y desde ahí también construyen el cambio que buscan. Como afirma Raquel Gutiérrez, el “porvenir no habita un hipotético futuro sino que se construye paso a paso disputando el hoy y el ahora en múltiples niveles”.6