Sociólogo y Doctor en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. Investigador y asesor independiente. Formó parte del proyecto Plan Integral de Manejo del Centro Histórico (PIMCH) de la Ciudad de México “2017-2022” y “2023-2028”, así como en el PIMCH de la Ciudad de Puebla “2021-2024”.
La relación que existe entre la seguridad y la ciudad se da principalmente a través de la expansión y estructuración de la misma, ya que este vínculo se crea principalmente por los procesos de sucesión-invasión del espacio. Por ello, debemos entender cómo se vive el espacio y las relaciones sociales que se dan en él. De igual manera, es preciso comprender los procesos de construcción de las identidades culturales y socio-urbanas que nos permita una aproximación a la génesis y formación de la identidad social urbana, sin perder de vista los distintos elementos que se desarrollan a lo largo de dicho proceso, así como la importancia que tiene la relación ciudad, sociedad, habitabilidad, vivienda e inseguridad.
Por su parte, la incidencia delictiva en la ciudad es un problema que nos atañe a todos como sociedad, de tal manera que se deben de crear mecanismos que garanticen la seguridad; el Estado-nación y sus representantes deben generar propuestas para prevenirla y erradicarla, evaluando y analizando la incidencia delictiva en el área de intervención para establecer mecanismos alternativos de solución. Desde esta perspectiva, es necesario recolectar información estadística en el espacio físico urbano en intervención para que nos ayude a comprender el fenómeno de la delincuencia como eje articulador de la espacialidad, habitabilidad, vivienda y patrimonio.
Palabras clave: ciudad, sociedad, habitabilidad, vivienda e inseguridad
Repoblar el Centro Histórico de la Ciudad de México (CHCDMX) deberá pasar por la reubicación de las bodegas que actualmente ocupan 70% del espacio potencial para desarrollar vivienda –así se planteó en el VII Simposio de Centros Históricos, convocado por la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios. De acuerdo con el urbanista René Coulomb, es importante la reubicación de las bodegas actualmente localizadas en el Centro Histórico, así como la construcción de mercados de abasto de productos no perecederos (Acosta, 2019). Por su parte, el politólogo Inti Muñoz –ex titular del Fideicomiso del Centro Histórico– resalta el potencial que existe en el centro de la ciudad para desarrollar vivienda, pues se calcula que hay un espacio disponible de 70% que debe re-aprovecharse (Acosta, 2019).
Ante el cuestionamiento de que actualmente el espacio del centro histórico es ocupado por bodegas en segundos pisos, con rentas más jugosas que lo que significarían las rentas de vivienda menores a 10,000 pesos para evitar gentrificación, Coulomb también se refirió a la necesidad de “respetar la estructura socioespacial” del centro. “Todos cabemos en el Centro Histórico”, mencionó, al tiempo que explicó que se trata de hacer vivienda de interés social, pero también media y residencial, pues la aspiración es tener un centro “plurisocial” (Acosta, 2019).
En este contexto, el Gobierno de la Ciudad de México, en 2019, dio inicio al Plan Integral de Revitalización del Centro Histórico, que abarca los perímetros “A” y “B”, con el propósito de reactivar los sectores de comercio, turismo y vivienda, y de repoblar el área. La inversión total anunciada, para ese año, ascendía a 750 millones de pesos, además de que se buscaba atraer inversión de la iniciativa privada (Acosta, 2019).
Desde esta perspectiva debemos entender la importancia del CHCDMX como eje articulador de espacialidad, habitabilidad, vivienda y patrimonio. Este vínculo nos acerca a la relación intrínseca de la ciudad con su dimensión urbana y con los niveles de inseguridad, poniendo énfasis en que la insuficiente atención de las autoridades correspondientes y de sus habitantes va a influir de manera directa en la habitabilidad, el patrimonio y la seguridad a través de tres vertientes:
Con base en lo anterior, la rehabilitación urbana y psicosocial podría convertirse en una forma efectiva de lograr vivienda, habitabilidad y prevención del delito.
La categoría de Centro Histórico (CH) nació formalmente en 1980 con el decreto presidencial que lo declaró Zona de Monumentos Históricos y, posteriormente, con la declaratoria como Patrimonio de la Humanidad en 1987. Mediante estas acciones públicas, se cambió también la forma de entender la problemática del comercio ambulante en sus calles. De una visión higienista que predominó hasta los años ochenta, el comercio ambulante se convirtió en un problema asociado con la pérdida del patrimonio histórico, atentando contra uno de los elementos más representativos de la identidad nacional.
Es importante destacar algunos datos duros que arrojan luz sobre el importante peso del Centro Histórico en la economía de la Ciudad de México, sus desafíos y oportunidades. Bastan algunos números para confirmar lo anterior(3):
A pesar de la pérdida de la vivienda, la fuerte reducción en su parque habitacional, la subutilización de los edificios, el abandono de sus espacios públicos, el deterioro en la imagen urbana, el ascenso de las actividades informales propias de la crisis como el ambulantaje, el surgimiento de ciertos actores con actividades como la prostitución y la notoria presencia de grupos vulnerables –como la población indígena o indigente, las niñeces en condición de calle, la población adulta mayor, entre otros–, el CH posee una riqueza única debido a la diversidad de actividades económicas, políticas, sociales y culturales que se llevan a cabo en menos de 10 kilómetros cuadrados. Tan sólo en el ámbito económico, el CH representa un verdadero soporte para la ciudad, pues contiene aproximadamente 39 mil 375 empresas dedicadas al comercio, los servicios y la industria; es decir, concentra el 10% de las unidades existentes generadoras de empleo en toda la Ciudad de México (PDICHC, 2000).
La importancia de recuperar la vivienda en el Centro Histórico desde un enfoque de vecindad(6) contempla perspectivas importantes. Por un lado, está la vivienda en sus diferentes esferas sociales, económicas y urbano-arquitectónicas. Por otro lado, tenemos la habitabilidad en tanto cualidad de un espacio apto y confortable para vivir. Frente a ello, el despoblamiento del Perímetro “A” (que pasó de tener hasta 200 mil habitantes hacia finales del siglo XIX, a 31 mil en los primeros años del siglo XXI) se ha detenido para dar pie a un inicial repoblamiento (de 34 mil habitantes en 2010 a casi 40 mil en 2016). Derivado de lo anterior, existe una visión casi consensual sobre la importancia de atender las condiciones que permitan hacer del Centro un lugar sosteniblemente habitable, pues en él viven alrededor de 10 mil familias (Centro Histórico Ciudad de México, s/f).
Si bien en el CHCM se han implementado fuertes políticas de vivienda social a lo largo de las últimas tres décadas –especialmente tras el terremoto de 1985, promoviendo la rehabilitación de cientos de edificios expropiados–, las actuales condiciones presupuestales de las instituciones han resultado en la desaceleración y el estancamiento de los programas de expropiación, crédito, inversión y mejora de la vivienda popular existente. Ello ha producido un déficit acumulado de creación de nuevas unidades habitacionales y un delicado problema de riesgo estructural en decenas de viejos edificios habitados precariamente (Centro Histórico Ciudad de México, s/f).
La organización autogestiva vecinal y la participación ciudadana son muy importantes para la intervención de la mejora barrial. Un problema adicional y transversal es el de las condiciones jurídicas de la propiedad. Se estima que entre una tercera parte y la mitad del total de propiedades con uso de suelo habitacional tienen algún tipo de insuficiencia o irregularidad jurídica: inmuebles intestados o en manos de herederos en conflicto, ocupación no regularizada, escrituración faltante o incompleta, déficit de condominización, adeudos históricos en el pago de agua o predial por la inexistencia de documentos que acrediten a inquilinos y propietarios, entre diversos tipos de inconsistencias. Ello provoca, a su vez, serias dificultades o imposibilidades para echar a andar proyectos, generar nuevos esquemas e inversiones o realizar intervenciones físicas (Centro Histórico Ciudad de México, s/f).
En contraste, se han generado opciones de vivienda en renta –sobre todo de departamentos para personas con ingresos medios. Los profesionales del ámbito inmobiliario reportan una ocupación de 100% y un tiempo de permanencia de inquilinos cada vez mayor. Esta opción parece tener posibilidades de crecimiento en la medida en que se produzcan mejores condiciones para la inversión en materia de permisos, regularización de las propiedades y estímulos fiscales. Una medida saludable han sido los ajustes recientes en los programas parciales de desarrollo urbano del CHCM, los cuales permiten, a casi la totalidad de los inmuebles, el uso de suelo habitacional mixto. Este esquema, preponderantemente privado, puede extenderse al campo de la venta de departamentos en edificios rehabilitados si se mejora el procedimiento para darle a las propiedades el régimen de condominio.
Existe una demanda probada de alternativas de vivienda en el CHCM; principalmente, por parte de los 170 mil empleados que trabajan en la zona y que viven actualmente en lugares alejados. Al mismo tiempo, y de manera gradual, han ido avanzando las rehabilitaciones de aproximadamente un 50% de los 200 edificios que fueron expropiados en los últimos años. Esta parece ser la base del repoblamiento registrado. En este sentido, también se incluye el inicio del proyecto de intervención integral en la zona de San Pablo-Merced (al sur oriente del Perímetro “B”), a través de la figura de “Sistema de Actuación por Cooperación” (SAC) de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Ciudad (SEDUVI), que se estima aportaría una cuota de 2 mil nuevos habitantes al CHCM. Finalmente, se calcula que en más de un 50% del área total construida y que se encuentra vacía o subutilizada en ambos perímetros de la Zona de Monumentos, la ciudad histórica podría recibir al menos un aproximado de 40 mil habitantes más. Esto convierte al CH en un importante polo urbano, clave en los retos actuales y futuros del conjunto de la zona metropolitana (Centro Histórico Ciudad de México, s/f).
Es notable la pérdida de la vivienda en el Centro Histórico y, con ella, el desaprovechamiento del espacio. El abandono de la vivienda constituye una de las principales actividades que impactan de manera negativa la habitabilidad. Ante este escenario, el Gobierno de la Ciudad de México invertirá 2 mil millones de pesos durante los próximos cuatro años como parte del programa de Recuperación del Centro Histórico; recursos que esperan duplicarse con la participación de la iniciativa privada (Roa, 2020). Otras de las acciones que se realizarán, en el corazón de la capital, a partir del año 2020 y hasta el 2024 son la recuperación de espacios públicos, el incremento de la seguridad, la rehabilitación de inmuebles y mobiliario urbano, la promoción cultural y el impulsó a la regeneración urbana y vivienda incluyente.
Hablar del Centro Histórico, de las condiciones de habitabilidad, de la vivienda y de la inseguridad nos obliga a hacer referencia a los proyectos que genera el Gobierno de la CDMX con el objetivo de lograr una rehabilitación integral de la zona. Lo anterior a través de diferentes planes como la rehabilitación de inmuebles con acciones de vivienda de interés social, la promoción de la inversión por parte de la iniciativa privada (IP), el desarrollo de programa de plazas comerciales y vivienda para comunidades vulnerables e indígenas en el Centro Histórico y la recuperación de inmuebles de alto riesgo.
Estos proyectos, sin embargo, deben: estar encaminados y dirigidos a las necesidades, retos y accesibilidad que demanda un centro histórico; entender la administración y gestión del espacio en sus diferentes esferas sociales; comprender la necesidad de habitabilidad de los residentes de la zona y los nuevos habitantes; promover la atención e integración de las zonas periféricas para generar una ciudad holística en términos de habitabilidad, vivienda, movilidad y seguridad. En conjunto, todo ello debe responder a las dinámicas que demanda un CH y su relación con lo patrimonial, a fin de promover una vivienda digna, accesible, dinámica e incluyente que no genere desigualdad. Debe también incluir la participación de las y los habitantes del CH en la búsqueda de soluciones y en la toma de decisiones. Este vínculo debe generar un mejor reordenamiento de los espacios públicos, así como la inclusión social, integración y conservación de un espacio digno de ser habitado.
Otro de los principales problemas para crear vivienda y habitabilidad en el CH es el comercio ambulante en la vía pública, pues invade el espacio público, crea espacios aptos para delinquir, es generador de violencia y afecta las condiciones de los inmuebles con valor patrimonial debido a su cambio de uso habitacional a comercial o mixto.
En las calles donde persiste el comercio ambulante, la calidad de vida se ve afectada de múltiples formas. Los conflictos por la presencia del comercio ambulante en las calles del CH se perciben de manera reiterada y cada vez más violenta; existe una amplia diversidad de organizaciones de ambulantes que luchan por el control de las calles. Por su parte, las autoridades trabajan para la erradicación del comercio en la vía pública, creando mesas de trabajo entre comerciantes, habitantes y entes interinstitucionales. Sin embargo, se han logrado pocos avances, al tiempo que se identifica cierta resistencia para llevar a cabo los acuerdos tomados.
Otro aspecto que dificulta erradicar el comercio informal corresponde a la inversión y remodelación por parte de los propietarios de los inmuebles de uso habitacional quienes, en algunos casos, sustituyeron dichos inmuebles por comercios, bodegas, estacionamientos y oficinas. Derivado de lo anterior, se ha producido una fuerte competencia entre la conservación de edificios antiguos y deteriorados y la posibilidad de hacerlos rentables mediante el cambio del uso habitacional. Estas tensiones están más presentes en las zonas periféricas del perímetro “A” y en la zona nororiente del CH. En estos espacios se puede observar que ahí donde existen edificios antiguos y deteriorados también existen puestos semifijos de comercio ambulante. Asimismo, si bien algunos de estos edificios operan como vivienda (por lo regular en la planta baja), también funcionan como bodegas de comerciantes –en su mayoría chinos y coreanos.
A continuación, se presentan dos mapas que permiten identificar las zonas de ambulantaje y bodegas en tanto áreas de incidencia delictiva alta –por ejemplo, delitos de alto impacto, destacando el robo a transeúnte con y sin violencia.
Mapa 1. Comercio ambulante CDMX
Mapa 2. Bodegas del Comercio ambulante
Fuente: Levantamiento de campo, diciembre 2022. Notas: 1) Incluye las modalidades de comercio fijo, semifijo y “toreros”. 2) En su gran mayoría, las bodegas son de tipo habitacional, vecindades y viviendas particulares.
Derivado de los mapas, es posible identificar los siguientes puntos con presencia de comercio ambulante:
El reordenamiento y la regulación de la apropiación del espacio público –en particular del comercio ambulante–, sin duda generará una mejor valoración del mismo; el espacio público será concebido como un espacio complaciente para una vivienda habitable; como un espacio de valor patrimonial; y, por supuesto, como un espacio seguro con integración social y carácter comunitario y donde el ciudadano que habita, vive, camina y visita el CH sea partícipe de su entorno y no solo un espectador.
Los proyectos de recuperación de inmuebles, rehabilitación vivienda de interés social, regeneración urbana, vivienda incluyente, proyectos e Inversión privada, sin duda son un avance importante y significativo de trabajo en conjunto entre el Gobierno de la Ciudad de México, iniciativa privada y habitantes del centro, sin embargo podemos observar que si bien el comercio informal y las bodegas en el centro, son un lastre para que se pueda rehabilitar, adquirir y ocupar vivienda, otro aspecto de suma importancia es la inseguridad.
Las estrategias para prevenir los delitos en la ciudad se han orientado a la integridad social, la creación y la revalorización de un diseño urbano seguro en lo que se refiere a la construcción de una ciudad con variables físicas que contribuyan a la disminución de zonas delictivas a través de estrategias y acciones que consideren dos dimensiones de análisis: inseguridad objetiva, en donde se estudia la incidencia delictiva, e inseguridad subjetiva que se centra en las percepciones, sentimientos y representaciones de inseguridad. El eje de articulación entre ambas es la espacialidad, la habitabilidad, la vivienda y el patrimonio.
Uno de los principales problemas en todas las sociedades es la inseguridad, por lo que es necesario estudiar y analizar una de sus mayores representaciones: la delincuencia. Esta inquietud por entender el origen social de la delincuencia es generada por la creciente inseguridad en el espacio urbano, pues provoca miedo en la sociedad. Este delito se encuentra presente en los aspectos de la vida cotidiana, a través de una combinación de diversos factores y circunstancias. El Estado, por su parte, ha mostrado su incapacidad para combatir su propagación.
La incidencia delictiva en la Ciudad de México ha venido aumentando rápidamente desde el año 2009. Los delitos en aumento son el robo a transeúnte, el robo a casa habitación y el robo a negocio. La vía pública es el lugar más vulnerable para el ciudadano. Además, la incidencia delictiva afecta seriamente la calidad de vida, pero no solamente por el daño económico en el patrimonio familiar, sino por el impacto psicosocial que tiene en los niveles de seguridad que percibe la ciudadanía.
Es notable el abandono de algunos equipamientos por problemas de inseguridad. La pérdida de la vivienda causa que ciertas zonas se sienten muy aisladas en determinadas horas del día, generando inseguridad y desaprovechamiento del espacio público fragmentado que genera inseguridad. Por otra parte, la inseguridad forma un punto de soporte a las actividades que impactan de manera negativa a la vivienda y habitabilidad; la estadística delictiva, así como artículos e investigación de campo, permiten identificar las zonas de mayores incidencias delictivas.
En términos geográficos, los mayores incrementos porcentuales se han presentado en las alcaldías periféricas de la ciudad. Diversos estudios han encontrado una alta concentración de delincuentes en unas pocas colonias de la ciudad alrededor del CH.
Tabla 1. Estadísticas delictivas en la Alcaldía Cuauhtémoc, 2018-2020
| Año | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| N° | Colonia | 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| 1 | Centro | 1802 | 1568 | 831 | 825 | 284 | 5310 |
| 2 | Guerrero | 471 | 402 | 155 | 179 | 78 | 1285 |
| 3 | Morelos | 205 | 187 | 153 | 128 | 58 | 731 |
| 4 | Tabacalera | 150 | 179 | 67 | 63 | 20 | 479 |
| Total | 2628 | 2336 | 1206 | 1195 | 440 | 7805 | |
Fuente: FGJCM, s/f.
Tabla 2. Estadísticas delictivas en la Alcaldía Venustiano Carranza, 2018-2020
| Año | |||||||
| N° | Colonia | 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | |
| 1 | Merced Balbuena | 75 | 113 | 54 | 41 | 75 | 358 |
| 2 | Morelos | 143 | 218 | 163 | 151 | 18 | 693 |
| 3 | Zona Centro | 253 | 392 | 195 | 222 | 59 | 1121 |
| Total | 471 | 723 | 412 | 414 | 152 | 2172 | |
Fuente: FGJCM, s/f.
En las tablas 1 y 2 podemos observar que las colonias con mayor incidencia delictiva, en la zona centro de la ciudad de México, corresponden a colonias periféricas del perímetro “A” y “B” del CHCDMX, destacando la colonia Centro, la colonia Guerrero y la Morelos. Los delitos de alto impacto más comunes son el robo a transeúnte con y sin violencia, en un horario que va de las 12:00hrs a las 18:00hrs. Los días de la semana que más se delinque es el día viernes, seguido del sábado y el día lunes. Por su parte, las calles con mayor incidencia delictiva son Eje Central Lázaro Cárdenas, Anillo de Circunvalación, Avenida Hidalgo, Corregidora, Paseo de la Reforma, San Ciprian, Plaza de la Constitución, Rosario, José María Pino Suarez, Plaza de la Soledad, José María Izazaga, Emiliano Zapata, San pablo y Circunvalación.
El comportamiento delictivo muestra una relación estrecha con el espacio urbano, la vivienda, las condiciones de habitabilidad, la falta de integridad social y la concentración espacial de la pobreza. Por lo tanto, si se tiene una visión extensa y georeferenciada podemos generar ventajas estructurales e interinstitucionales para una pertinente atención del problema, siempre en diálogo con las características propias de un CH entendido como un espacio donde se juega lo público, las condiciones de habitabilidad, la vivienda digna y el patrimonio de la ciudad.
En el siguiente y último mapa podemos observar una serie de diversas acciones –en materia de vivienda, seguridad y habitabilidad– que se han implementado en el CHCDMX. Por ejemplo, hay acciones de recuperación de inmuebles de alto riesgo, de rehabilitación de inmuebles con vivienda de interés social, también está el programa de regeneración urbana y vivienda incluyente y proyectos privados. Por su parte, se identifican zonas de incidencia delictiva durante 2020–2021, de comercio ambulante fijo, semifijo y “toreros”, así como bodegas de tipo habitacional o mixto en vecindades y viviendas particulares.
En términos generales, la mayoría de acciones se inclinan hacia la zona norponiente y surponiente. Hay muy poca intervención en la zona nororiente y suroriente, la cual cuenta con mayor presencia de ambulantaje y zona de bodegas, casas con uso habitacional pero de uso comercial, así como calles con mayor incidencia delictiva en delitos de alto impacto.
Nuevamente, el interés del valor económico predomina en las acciones realizadas por parte de las autoridades correspondientes, olvidándose de la habitabilidad de y para los habitantes del centro, la cual generaría una mayor percepción de seguridad y promovería acciones orientadas a la mejora del espacio público; calles iluminadas, corredores seguros, una menor incidencia delictiva, menos espacios públicos generadores de violencia, etc. Estas acciones ayudarían a generar ciudadanía y un arraigo a su habitabilidad, evitando la gentrificación y la expulsión de las personas en condiciones vulnerables.

Mapa 3. Condiciones de vivienda, habitabilidad y seguridad en el CHCDMX
Fuente: https://www.google.com/maps/d/edit?mid=1mLToc7Op9CMzif3tXFyOTeM_KLd3VUsQ&usp=sharing
El delito en la ciudad es un fenómeno social y expansionista. Hay diversos estudios que muestran cómo el fenómeno de la delincuencia está vinculado con la ciudad y el diseño espacial. Por lo tanto, el Estado se debe de encargar de contrarrestarlo, asumiendo la prevención del delito como una política estatal. En ese sentido, se deben evaluar los riesgos sociales, políticos y económicos a fin de establecer prioridades por medio de información válida y certera que sustente las actividades, programas y estrategias a seguir para lograr la disminución de los delitos en la ciudad.
El efecto de los delitos es importante ya que algunos de estos –a partir de sus características dentro de la estructura social y el entorno psicosocial– son capaces de alterar toda la dinámica social; cuando tenemos barrios y ciudades con gran desigualdad social y ambiental, ésta incide en la violencia y en la delincuencia, generando una percepción de miedo o de amenaza en la ciudadanía. El encierro se presenta como el mecanismo de defensa más común e inmediato. Por lo tanto, uno de los principales objetivos del Estado debe ser crear ambientes urbanos seguros, mejorar la calidad de vida de sus habitantes y promover la participación ciudadana en dicho proceso.
La delincuencia en la ciudad forma parte de la estructura normal de una sociedad. Sin embargo, su incidencia es diferenciada: los delitos se presentan de modos y circunstancias distintas dependiendo de la zona y el contexto social, político y económico específico.
Se ha observado que el comportamiento delictivo muestra una relación estrecha con el espacio urbano, la vivienda, la habitabilidad, la falta de integridad social y la concentración espacial de la pobreza. Asimismo, la vivienda, habitabilidad e inseguridad, también guarda relación con factores económicos, políticos, sociales y culturales. El CH se divide en 2 perímetros: el perímetro “A”, que cuenta con una población con mayores ingresos, turistas y comercios establecidos; y el perímetro “B”, que cuenta con una mayor desigualdad de ingresos y con una mayor densidad poblacional, lo que incentiva la inseguridad por razones económicas.
Las estrategias para una vivienda habitable y con seguridad en los perímetros “A” y “B” se deben enfocar hacia la integridad social y la creación de un diseño de vivienda y habitabilidad segura con relación a la creación de una ciudad urbana incluyente con variables físicas que contribuyan a la disminución de zonas delictivas y a una percepción de seguridad urbana aceptable.
La participación ciudadana es clave fundamental para generar programas gubernamentales, de vivienda, habitabilidad e inseguridad. Son los propios ciudadanos, a través de formas de organización de participación ciudadana y en coordinación con las instituciones gubernamentales e iniciativa privada, quienes deben establecer mecanismos de gestión para crear vivienda y habitabilidad incluyente en un entorno con seguridad urbana.
El CHCDMX ha logrado mantenerse como un espacio donde interactúan, crecen y se desarrollan todas las esferas sociales y político-administrativas más importantes del país. Sin embargo, el deterioro físico, urbano y arquitectónico no se detiene y una de sus manifestaciones más significativas es la pérdida de la vivienda y la desvalorización del espacio público, los cuales se incrementaron en gran medida por los sismos de 1985 y 2017, que mostraron lo frágil y dañados que se pueden encontrar algunos de los edificios de uso habitacional: por ejemplo, en el sismo de 1985 se reportaron 757 edificios con colapso total, parcial o con daños severos (FICA, 1988), de los cuales alrededor del 55% correspondían al sector vivienda multifamiliar o unifamiliar. En el sismo de 2017, de los 38 edificios colapsados, 27 de ellos eran de uso habitacional, ya sean vecindades, unifamiliares o multifamiliares (IIUNAM, 2017).
Ambos sismos repercuten de manera directa al derecho a una vivienda digna y asequible con alto sentido de habitabilidad; una vivienda dañada o afectada estructuralmente, además de ser un peligro potencial de colapso –como el ocurrido el 5 de octubre de 2022 en el número 27 de la calle Justo Sierra, en el Centro Histórico–, también crea otros problemas sociales, pues muchas personas se encuentran buscando donde vivir o cómo re-habitar su espacio, dando pie a la desvalorización del espacio público, el abandono de la vivienda, el ambulantaje y la inseguridad.
La pronta atención de las autoridades es fundamental para prevenir riesgos. Sin embargo, no es una tarea fácil ya que también es indispensable la participación ciudadana y la confianza entre habitantes y gobierno.
Otra problemática que se observa por parte de las autoridades es la falta de proyectos, programas y políticas que busquen regenerar el tejido social, ya que es la base para el desarrollo económico y social de la zona. Estas intervenciones resultan ser muy endebles y lejos de ayudar a erradicar el problema terminan agravándolo. Estos proyectos carecen de perspectiva social y comunitaria, además de ser muchas veces difíciles de mantener, de darles continuidad y difusión.
Estos cambios han traído modificaciones en la vivienda del CH y en su entorno psico-social-urbano. Dicha situación ha dado como resultado una realidad habitacional muy heterogénea, una vivienda segregada y reproductora de la pobreza donde los pobres no son alcanzados por los beneficios sociales y lejos de sentirse parte del entorno habitable, se crea un clima de exclusión social con un sentimiento de inferioridad y rezago en todas las esferas sociales. Dicho de otro modo, se genera un parque habitacional que se deteriora paulatinamente por la ausencia de políticas habitacionales específicas para las colonias que integran el CH.
En este sentido, el reto está en hacer que las y los habitantes dejen de ser sólo receptores de ayuda y se apropien de las intervenciones que se hacen en sus propias comunidades. Es importante que conozcan los programas y proyectos urbanos que son de ellos y para ellos. De no seguir esta línea, el tejido social continuará viéndose afectado. Por ello, es importante generar mecanismos de participación ciudadana e interinstitucional que consideren al habitante como partícipe y no solo espectador del espacio que él mismo habita, sino como integrante que construye su entorno y lo dota de identidad.
https://alcaldiacuauhtemoc.mx/descubre/centro-historico-de-la-ciudad-de-mexico/
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