La última tarde en Coyoacán: diálogos con el Dr. Enrique Dussel

Pedro Reygadas Robles-Gil

Universidad Intercultural Indígena de Michoacán - México

ORCID - https://orcid.org/0000-0001-7419-8388

Profesor-Investigador de Tiempo Completo Titular C, Universidad Intercultural Indígena de Michoacán. Doctor en Antropología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Cuenta con un  Diplomado en Estudios a Profundidad en Ciencias del Lenguaje (Université Lumière, Lyon, Francia) y un Máster en Filosofía (York University, Toronto, Canadá). Maestro y Licenciado en Lingüística (ENAH). Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde 2005. Autor de 23 libros de ciencia, literatura y periodismo, escritor de numerosos artículos arbitrados, director de dos documentales de largometraje y productor de más de 500 guiones de radio y televisión. Premio Nacional de Investigación Lingüística Wigberto Jiménez Moreno 2008. También es miembro fundador del Centro de Investigaciones y Estudios Transmodernos.

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La última tarde en Coyoacán: diálogos con el Dr. Enrique Dussel

The last afternoon in Coyoacán: Dialogues with Dr. Enrique Dussel

Recibido: 22 de agosto de 2025, Aceptado: el 15 de febrero de 2026

Cómo citar: Reygadas, P. (2026). La última tarde en Coyoacán: diálogos con el Dr. Enrique Dussel. Revista Tlatelolco: democracia democratizante y cambio social. Dossier Especial - Enrique Dussel: la praxis y la teoría de la liberación, XX-XX.

Resumen

Este texto ofrece un testimonio intelectual y afectivo sobre la trayectoria y el legado de Enrique Dussel, destacándolo como figura central de la Filosofía de la liberación e impulsor de una reconfiguración mundial de la historia de las filosofías. A partir de una relación académica de más de dos décadas, el autor reconstruye espacios de colaboración decisivos, como la creación de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM, la formulación de una Historia Mundial de las Filosofías en plural y el impulso al diálogo Sur-Sur en ámbitos como la UNESCO. Asimismo, se subraya el desplazamiento crítico del canon eurocéntrico hacia una periodización situada desde el Sur, la reivindicación de los núcleos ético-míticos originarios y la apertura hacia las filosofías de Abya Yala. El texto examina también los aportes de Dussel a la ética, la política, la hermenéutica analógica y la analéctica, así como su exigencia de una argumentación crítica fundada en la interpelación de las víctimas. En conjunto, combina reflexión teórica, memoria personal y reconocimiento ético para retratar a Dussel como un maestro riguroso, un intelectual comprometido y un “esclavo de su conciencia ética”.

Palabras clave:

 filosofía de la liberación, historia mundial de las filosofías, descolonización, hermenéutica analógica 

Abstract

This text offers an intellectual and deeply personal account of the trajectory and legacy of Enrique Dussel, presenting him as a central figure in the Philosophy of Liberation and as a driving force behind the global reconfiguration of the history of philosophies. Drawing on more than two decades of academic collaboration, the author reconstructs key moments of shared work, including the creation of the B.A. in Philosophy and History of Ideas at the Autonomous University of Mexico City (UACM), the development of a plural World History of Philosophies, and the promotion of South–South dialogue in international forums such as UNESCO. The text further highlights the critical displacement of the Eurocentric canon toward a historical periodization grounded in the Global South, the recovery of original ethical-mythical cores, and the opening of philosophical inquiry to the philosophies of Abya Yala. It also examines Dussel’s contributions to ethics, politics, analogical hermeneutics, and analectics, as well as his insistence on a critical form of argumentation grounded in the interpellation of victims. Taken as a whole, the text weaves together theoretical reflection, personal memory, and ethical recognition, portraying Dussel as a rigorous teacher, a committed public intellectual, and, in the author’s words, a “slave to his ethical conscience.”

Keywords:

philosophy of liberation, world history of philosophies, decolonization, analogical hermeneutics

Introducción

A mi juicio, Enrique Domingo Dussel Ambrosini es el más importante filósofo del Sur Global del último tercio del siglo XX. Ello se debe a que co-creó la Filosofía de la liberación latinoamericana en 1971, tras su “despertar del sueño heideggeriano”; debatió con ventaja frente a algunas de las mentes más preclaras del pensamiento crítico mundial, como los filósofos de la Escuela de Frankfurt; y maduró un pensamiento cuya influencia se extendió a México, América Latina y el mundo durante las dos primeras décadas del siglo XXI. Todo ello acompañado de un amplio reconocimiento internacional, expresado en ocho doctorados honoris causa, además del reconocimiento popular insurgente.

No aspiro siquiera a enunciar un pensamiento —y una práctica teórica— de tan enorme riqueza como el que forjó el Dr. Enrique Dussel durante casi sesenta años de vida académica y logró plasmar en 59 libros e incontables artículos que abarcan la síntesis, la historia y la renovación de la política, la economía, la ética, la erótica, la estética y la filosofía, así como de la Teología de la liberación. Del mismo modo, su obra aborda el marxismo, el hegelianismo, el humanismo, la decolonialidad y la historia de las filosofías. Por ello, en este artículo me interesa dibujar los trazos de la interacción intermitente que pude sostener con él durante los últimos veintiún años de su vida, a fin de contribuir a la representación social del filósofo.

1.Conocer a Dussel

Conocí a Enrique Dussel en el año 2002. Yo fungía como primer coordinador de Humanidades y Ciencias Sociales de la naciente Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), creada por el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador. El primer rector de la universidad fue el ingeniero Manuel Pérez Rocha, impulsor también de la creación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) de la Ciudad de México, que, por cierto, incorporó por primera vez cuatro semestres de filosofía en la educación media superior.

El ingeniero y rector Manuel Pérez Rocha me convocó a su oficina para presentarme al doctor Dussel, quien enseguida nos expuso, con entusiasmo, dos propuestas orientadas a la vida universitaria: incorporar a algunos jóvenes filósofos críticos y crear un seminario de discusión en la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas, cuyo primer borrador ya habíamos elaborado con el apoyo de Francesca Gargallo y Rubén García Clark, ambos discípulos de Horacio Cerutti, coimpulsor de la Filosofía de la liberación. Cabe destacar que, desde ese primer encuentro, fui testigo del modo en que Dussel impulsaba a las y los jóvenes pensadores, así como a sus propios discípulos.

Hasta aquí hago un paréntesis para confesar mi grave ignorancia: en aquel momento aún no había leído con detenimiento la obra de Enrique Dussel. Sin embargo, desde el día en que lo conocí me cautivaron su carisma, su entusiasmo, su convicción y, sobre todo, su planteamiento sobre la necesidad de construir la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas desde un lugar crítico en Latinoamérica. A partir de ese momento, y del contacto con su discípulo, entonces maestro, Juan Manuel Contreras Colín, empecé a leer su obra de manera asidua. Su pensamiento me cautivó e influyó profundamente en el mío. Desde entonces, nuestra colaboración derivó en un seminario permanente para la creación de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas, que formó parte de la etapa fundacional de la UACM. De acuerdo con las ideas del entonces rector, quien proponía construirla con la incorporación de jóvenes filósofos “dusselianos” y de otros tantos discípulos de Luis Villoro, el seminario se consolidó con la participación activa de Dussel, pese a la ausencia del propio Villoro. Ello se convirtió en un pilar fundamental de aquellas experiencias formativas, tanto para los estudiantes como para la propia institución.

2.Una nueva orientación de la Historia de la Filosofía: Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM

Durante el seminario de creación de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas, el Dr. Enrique Dussel discutió, en igualdad de condiciones, con todos los asistentes durante más de un año. Cada aspecto del plan de estudios fue abordado, argumentado y consensuado, a pesar de las diferencias de perspectiva que existían con Luis Villoro. Cabe destacar que Dussel nos impulsó a defender una nueva visión del campo filosófico en todos sus rubros —filosofía teórica, filosofía práctica, lógica, epistemología, historia de la filosofía e historia de las ideas, incluyendo el aporte de las mujeres—, en una batalla argumentativa constante frente al reduccionismo de la filosofía analítica (UACM, 2024). Hasta aquí, quiero destacar particularmente el aporte al estudio histórico, secundado por el Dr. Contreras Colín, su equipo técnico y quien escribe, en un proceso que, paradójicamente, demostró la superioridad de la argumentación crítica latinoamericana frente al pensamiento analítico occidental.

Finalmente, y como resultado del seminario, en lugar de consolidar un área dedicada únicamente a la Historia de la Filosofía, se creó, quizá por primera vez en los estudios universitarios, un área básica de Historia de las Filosofías (en plural), así como otra destinada al estudio de la Historia de las Ideas, orientada a considerar lo que podríamos denominar las “primeras ontologías” de diversas culturas del mundo. Resulta importante señalar que, gracias a este planteamiento curricular, las y los estudiantes de la UACM han podido estudiar no solo el pensamiento occidental, sino también el egipcio, el hebreo, el indio, el chino y el amerindio; es decir, pueden aproximarse al desarrollo realmente universal de las filosofías desde un lugar de enunciación situado en México, América Latina y los pueblos del Sur Global. Dicho de otro modo, a partir de la propuesta surgida de este seminario pueden ampliar su comprensión del mundo desde aquello que el hegelianismo, así como la filosofía y la política imperiales dominantes, han considerado el territorio del No Ser. Así, este plan de estudios puede considerarse, incluso, un quiebre en la enseñanza filosófica tradicional.

A partir de este parteaguas, y en el marco del análisis de la historia de la filosofía, en 2003 discutimos con el Dr. Dussel y el Dr. Contreras Colín la importancia de los mapas históricos,sociológicos y filosóficos de Randall Collins (1998), así como la necesidad de hacer un aporte adicional, quizá complementario, desde América Latina. Dussel sostenía de manera tajante que a aquella obra le faltaba un capítulo: el dedicado a la historia de las filosofías en América Latina. 

Poco después, en 2004, se publicó Una historia de la filosofía latinoamericana, de Carlos Beorlegui, bajo el sello editorial Deusto. Contento y reconociendo el aporte de aquel investigador vasco, Dussel también advirtió las limitaciones de la publicación. En ese sentido, David Sobrevilla (2007) coincidió con esa lectura al señalar que la reconstrucción histórica de Beorlegui excluía al humanismo cristiano, empleaba de manera acrítica el concepto de “descubrimiento” de América, mostraba cierto españolismo y omitía diversos aspectos clave para comprender el proceso filosófico de la región. Tampoco reconocía esfuerzos historiográficos latinoamericanos previos, como los trabajos de Abelardo Villegas, Leopoldo Zea, Alain Guy y un colectivo de investigación de origen cubano.

El resultado de aquel escenario fue la elaboración de un texto crítico, escrito por estudiosos y estudiosas de diversos países de América Latina y coordinado por el Dr. Dussel: el libro colectivo El pensamiento latinoamericano, del Caribe y “latino” (1300-2000). Historia, corrientes, temas, filósofos, publicado en 2011. Podemos considerar que esta obra constituyó un esfuerzo colectivo en el que la visión y las reflexiones de diversos especialistas conformaron un corpus que trascendió sus propias trayectorias individuales. Si bien dedicó muy poco espacio a las filosofías originarias —como en su momento le hicimos saber al Dr. Contreras Colín—, al menos dio un paso importante al incorporarlas como parte sustancial de la corriente general de nuestra historia filosófica regional.

Así, podemos considerar que esta nueva historia representa el primer texto histórico radical y crítico frente a las historias eurocéntricas de la Filosofía, pues mira nuestra historia desde América Latina e, incluso, se construye por algunos de sus protagonistas filosóficos, contemplando así la historia desde la filosofía de la liberación, el pensamiento emancipatorio, la perspectiva identitaria latinoamericana y la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort, cubriendo 18 tradiciones filosóficas del siglo XX y reseñando el pensamiento de 211 intelectuales. Gracias a ello, América Latina y el mundo cuentan con una obra crítica de referencia sobre la filosofía latinoamericana desde sus propias raíces.

Por otra parte, resulta importante agregar que, en 2005, en este complejo proceso de reconstrucción de la filosofía latinoamericana y con el aliento del Dr. Dussel, el Dr. Contreras Colín me propuso emprender una tarea monumental: la elaboración de una “Historia Mundial de las Filosofías” (en plural). Diecinueve años después, todavía seguimos inmersos en esa labor inconclusa. Apenas hemos logrado algunos avances, inspirados en la filosofía del Dr. Dussel, que pueden sintetizarse en:

1) Se logró repensar la proto-filosofía griega y elaborar un mapa de ella con el apoyo de CONACYT y El Colegio de San Luis (Reygadas y Contreras, 2009), ubicándonos para ello no solo desde Occidente, sino también —como aprendimos del Dr. Dussel— desde Asia Menor y África, e incorporando la consideración de las mujeres griegas. Esta labor fue retomada en 2023 y está próxima a completarse en una reedición ampliada que incluirá a un gran número de filósofas de la Antigüedad);

2) Se elaboró una historia de las filosofías en Abya Yala (que Dussel no pudo emprender), que concretamos en tres tomos en 2021: “Sentipensares. El co-razon-ar de las filosofías amerindias”; 

3) Postulamos una matriz teórica para integrar la historia de las Filosofías desde lo que denominamos como los grandes núcleos ético-míticos mundiales: Mesoamérica, los Andes, Mesopotamia, la cultura bantú, la cultura mongola, la cultura semita y el núcleo indo-persa-hitita-europeo que, por cierto, nos permitió colocar al “pensamiento filosófico occidental” en el que consideramos como su justo lugar, como parte de un entramado filosófico mayor.

Después de lograr nuestro primer avance del proyecto, el Dr. Dussel presentó, en el Congreso Mundial de Filosofía celebrado en Seúl en 2008, la aplaudida ponencia “Una nueva edad mundial en la historia de la filosofía”, donde desarrolló ampliamente su planteamiento sobre los países colonizados que, a partir de estos procesos de reivindicación, dejaban de quedar fuera de la historia: los “núcleos problemáticos universales” se presentan en todas las culturas. Así, también podemos considerar que Dussel logró otorgar un lugar a las narrativas míticas en el “gran estudio” de la filosofía: el mito “es un relato racional basado en símbolos”, afirmó repetidas veces. Asimismo, criticó la pretensión de universalidad europea sin desdeñar los aspectos formales universales, con el propósito de impulsar una “nueva Edad” de diálogo interfilosófico respetuoso de las diferencias, capaz de aprender de otras tradiciones y encaminarse hacia la conformación de un pluriverso transmoderno que otorgue un lugar a las filosofías periféricas, subalternas y poscoloniales. En ese camino, debatió siempre con los más diversos pensadores mundiales.

En el marco de estas experiencias, en julio de 2012 tuve la oportunidad de acompañar a Dussel en el camino de la revisión histórica de la filosofía, cuando compartimos el Diálogo Filosófico Sur-Sur organizado por la UNESCO en Rabat, Marruecos. Allí, la “Agenda para un diálogo inter-filosófico Sur-Sur” del Dr. Dussel fue, a mi juicio, el trabajo más importante del evento, pues delineó con claridad y profundidad el nuevo panorama histórico de la filosofía mundial desde el lugar de enunciación crítico del Sur. Cabe señalar que, por mi parte, presenté un panorama sobre el “Diálogo inter-filosófico Sur-Sur: perspectivas y prospectivas desde Amerindia” (Reygadas, 2014), trabajo que, por cierto, logró despertar en Dussel un mayor interés por este tema desde su pasión por la descolonización de la filosofía. En este sentido, siempre insistiría en la importancia de la labor realizada por los propios pensadores y pensadoras hablantes de las lenguas originarias.

Resulta importante destacar que, en Rabat, Dussel reflexionó en torno al tránsito desde la duda sobre la existencia de la capacidad creadora del Sur hacia el conocimiento histórico de sus propias tradiciones. También desnudó la influencia occidental a partir de la Modernidad y de su poder político, económico y militar. Criticó la colonialidad filosófica internalizada por los sujetos subalternos y mostró el camino hacia otra historia y otra periodización de la misma, preocupación que mantuvo hasta su muerte. De igual forma, denunció el yo filosófico europeo y eurocéntrico, desde Descartes hasta Heidegger; el enmascaramiento del Ego conquiro por el Ego cogito; y defendió la posibilidad de acompañar la independencia del Sur Global desde sus propias filosofías, las “filosofías del Sur”. Su defensa de la necesidad no solo del estudio, sino también de la crítica hacia la propia tradición, contribuyó a la construcción de un “[…] pensamiento claro, fundamentado y comprensible a los responsables de la realidad concreta, política, económica, cultural, estética, tecnológica, científica, de los países del Sur; una filosofía propia, expresión del Sur y útil para su comunidad” (Dussel, 2015, p. 97). En suma, el encuentro en la UNESCO constituyó un primer paso hacia la “simetría filosófica” más allá de la Modernidad, el capitalismo, el eurocentrismo y el colonialismo. Hoy las “filosofías del Sur” se despliegan y disputan los sentidos con el Norte Global, aunque aún queda mucho por recorrer en el camino hacia la simetría y la superación del eurocentrismo (Contreras, 2019).

No omito mencionar otra experiencia en Rabat igualmente trascendental: fue en este lugar y contexto donde Dussel comenzó a formular la necesidad de discutir la periodización de la historia para romper con el molde eurocentrado, una idea de importancia fundamental para la descolonización. Consideramos que este proceso debe comenzar desde la educación básica y profundizarse en la universidad. De hecho, insistió mucho en la importancia de este tema cuando Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales en México, enfatizando que la historia debía enseñarse desde una perspectiva propia, con una periodización basada en nuestras experiencias, y que debían abandonarse los textos históricos eurocéntricos que imponen categorías como el Esclavismo y la Edad Media, periodizaciones que no corresponden a nuestra propia conformación histórica.

Así, cuando en el periodo 2013-2014 acompañé al Dr. Dussel durante su rectoría en la UACM, ocupando el área de investigación, tuvimos varias conversaciones acerca del tema histórico-filosófico y sobre las filosofías “originarias”, tanto durante las horas de comida como en los trayectos de regreso a casa por las noches. También recuerdo que, entre sus mayores preocupaciones respecto de mis disquisiciones compartidas con el Dr. Contreras Colín, se encontraban el tema del individuo filósofo y el de la “libertad” en Abya Yala. En ese momento intenté convencerlo de mi perspectiva sobre el tema y del potencial que representa Abya Yala para caminar hacia el futuro desde la comunalidad y la libertad. Le comentaba sobre el sujeto libre del “discurso mexica”, en contraposición a muchas interpretaciones simplificadoras que presentan a dicho sujeto como sometido al destino. Asimismo, y al calor de nuestras conversaciones, sostenía que, a diferencia de Occidente, en nuestro mundo antiguo el “bien” era algo en cuestión y no algo dado de antemano. El sujeto es libre y la elección del bien es opcional; en este sentido, el problema de Abya Yala no es la ausencia de libertad, sino su supresión por la colonialidad. En ello también cabe señalar la existencia de pensadores individuales como Nezahualcóyotl, Macuilxochitl o el propio Guamán Poma durante la Colonia —a quien Dussel había estudiado—, pero inscritos en la importancia, no menor, del pensamiento colectivo, tanto general como de grupos más específicos, como los tlamatinimeh de Tlatelolco, quienes hicieron posible que Sahagún recopilara el Códice Florentino, cuya parte en español sería publicada posteriormente como Historia general de las cosas de Nueva España.

En este camino, el Dr. Contreras Colín fue elaborando, conmigo como sparring, su análisis histórico de los núcleos ético-míticos a partir de la propuesta de Paul Ricoeur (1961, p. 447), que utilizamos para el análisis en diversos trabajos. Nuestro primer desarrollo extenso fueron los tres tomos sobre “Sentipensares. El co-razon-ar de las filosofías amerindias”. Posteriormente, pulimos esta propuesta en varios seminarios de formación que desarrollamos en la Secretaría de Inclusión y Bienestar Social en 2018, y hemos continuado trabajando sobre ella hasta la fecha.

Por su parte, el Dr. Enrique Dussel asumió como propio el aporte de los núcleos ético-míticos mundiales, enriqueciendo esta reflexión con su enorme enciclopedismo histórico y filosófico. Estoy convencido de que esta aproximación será fundamental en los años por venir, especialmente cuando el Dr. Contreras Colín publique su texto sobre este enfoque histórico-filosófico, producto de la escuela dusseliana que compartimos. 

La historia de las filosofías después de Dussel deberá avanzar necesariamente hacia una “Historia Mundial de las Filosofías”, y la historia de las filosofías latinoamericanas deberá sustentarse en el propio pensamiento latinoamericano, reconocido en toda su extensión. De igual forma, la periodización de la historia deberá articular criterios universales con criterios planteados desde cada región, atendiendo a sus procesos particulares y evitando reducirlos a la subsunción en relatos hegemónicos que han negado la historia de otros pueblos desde el otro lado de la línea colonial. La historia filosófica debe incluir también a las Filosofías Ancestrales.

3.La argumentación, el discurso, la semiótica y la hermenéutica analógica

Una vez que compartimos tiempo con el Dr. Enrique Dussel en la Coordinación del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales, así como en la UACM en general, me invitó a participar con él en el jurado doctoral para la titulación del filósofo aimara boliviano Juan José Bautista Segales, quien presentó un trabajo sobre la obra de Peirce. Se trataba de una excelente tesis descriptiva, como varios de los trabajos que Juan José ya había elaborado. Aunque nunca compartí con Dussel su apreciación sobre la persona de Bautista, sí compartimos aquel momento y conversamos sobre la importancia de la lógica-semiótica peirceana, que considero fundamental para el pensamiento crítico. En este sentido, Juan José Bautista contribuyó con una lectura del pensamiento peirceano desde América Latina, que complementa otras reflexiones como las de Umberto Eco o Nicole Everaert, todo ello bajo el impulso de Dussel, quien siempre guió y acompañó a sus discípulos.

Por otra parte, conversando con el maestro Dussel sobre la Escuela de Frankfurt, considero relevante mencionar que él había defendido un fundamento universal de la Ética de la liberación frente a la Ética del discurso de Apel. Asimismo, había cuestionado los fundamentos apelianos al señalar que partían de una realidad marcada por la miseria del 75 % de la humanidad, y había debatido con Habermas al oponer la situación concreta a la situación comunicativa ideal y abstracta. Yo coincidía con el maestro en mi análisis sobre el discurso, por lo que le solicité hacer el prólogo de mi libro (Reygadas, 2005), publicado por la UACM. En su prólogo, el Dr. Dussel (2005) mostró su interés fundamental por estos temas: la hermenéutica, la ética del discurso y la dimensión simbólica. Además de la generosa presentación que hizo del libro y del reconocimiento —que considero inmerecido— a la novedad de mi obra y a su ruptura con una visión reductiva de la argumentación, Dussel señaló críticamente que era necesario considerar el aporte y el estudio de América Latina al campo de la argumentación desde una perspectiva poscolonial. Por ello, lo cito in extenso:

Para terminar, se me ocurre proponerle a nuestro amigo y colega, si fuera posible en el futuro, tratar el tema pretendiendo frontalmente intentar la elaboración de un Arte crítico de argumentar, y por ello plenamente latinoamericano (a partir de nuestra postración colonial, de la existencia de pueblos originarios indígenas, siendo la nuestra una cultura periférica, etcétera), que usara todos los avances de las nuevas teorías de la argumentación, desde la emergencia de lo más novedoso en la actualidad, y que se tuviera muy en cuenta como hilo conductor de la investigación y en la ex posición, lo que hemos llamado con algunos colegas (Walter Mignolo, Aníbal Quijano, Ramón Grosfoguel y otros) la «diferencia poscolonial», que a través de toda esta obra se hace presente en situaciones tales, y muy bien descrita, de los «silencios que gritan», de las víctimas de la injusticia, no sólo en los niveles económico y político (siempre tenidos en cuenta), sino propiamente cultural, y por lo tanto argumentativo. Las víctimas no pueden participar en la argumentación. La pretensión consistiría en ordenar todo el material (que se encuentra como disperso en toda la obra) de un Arte crítico de argumentar a partir del otro, del silenciado, del oprimido, del excluido, del pobre, del pueblo postergado. (Dussel, citado en Reygadas, 2005, pp. 14-15)

Después, hizo justamente referencia a lo que comentamos sobre la Escuela de Frankurt:

En mi debate con Karl-Otto Apel, a esa protesta, ese grito del otro excluido, lo describí como un acto-de-habla bajo el nombre de «interpelación». Es a partir de este núcleo fuerte que interpela desde la exterioridad de los sistemas argumentativos vigentes, hegemónicos o dominantes, que sería posible ofrecer al «centro» (Estados Unidos y Europa), una Teoría crítica del arte de argumentar, con sentido liberador, que sabe situar el hontanar arquitectónico categorial desde la periferia, desde abajo, desde la mayoría de la humanidad empobrecida. Como decía un dirigente popular en el Foro Social Mundial: «¡No tenemos nada!, somos pobres, pero tenemos la razón». «Tienen la razón» y la necesitan; y necesitan a la razón porque quieren vivir. El querer vivir es la voluntad, y la motivación de la voluntad es la fuerza y el poder del razonar; porque al final la razón (y la argumentación como su mediación) es una astucia de la vida. Es la vida que no se resigna a ser eliminada en los excluidos, en las grandes masas del sur, a los que no se les permite el ejercicio pleno de la racionalidad. (Dussel, citado en Reygadas, 2005, p. 16)

Tomé su observación como un acicate para profundizar en mi propia reflexión hasta la publicación de nuestro primer libro: Mapa Mundial de la Historia de las Filosofías, en 2009. Sin embargo, a partir de ese momento aceleré el paso y publiqué diversos trabajos bajo el horizonte dusseliano. Así, en 2010 publiqué con la Universidad de Guadalajara un capítulo titulado El arte de argumentar: una visión del ethos desde América Latina, en el que reconstruyo uno de los pilares de la retórica desde una perspectiva decolonial. Este trabajo constituyó un primer paso para atender la recomendación de Dussel formulada en el prólogo de El arte de argumentar, y para reconocer desde dónde se habla, así como el lugar de enunciación presente en toda práctica argumentativa.

A esta experiencia le siguieron varias ponencias internacionales en distintos foros: 1) el citado encuentro de Rabat con la UNESCO, cuyo trabajo publiqué posteriormente en la revista alemana Concordia (Reygadas, 2013), dirigida por Fornet Betancourt, con el propósito de contribuir a la historia latinoamericana y mundial de las filosofías, avanzando también en el estudio de las filosofías originarias más allá de lo desarrollado en la historia coordinada por el Dr. Dussel; 2) el Congreso Mundial de Filosofía de Guatemala, que también compartí con él y que dio lugar a un trabajo sobre la filosofía del Ser, el “siendo” y la relación tiempo-espacio en Amerindia, publicado posteriormente por la UNESCO;  y 3) un congreso de análisis del discurso, que me permitió publicar con el Dr. Juan Manuel Contreras Colín el capítulo de un libro que trató sobre la Ontología del Principio Integral y Ometeotl en la Filosofía Náhuatl. 

Cabe destacar que, cuando platicaba en aquellos momentos con el Dr. Enrique Dussel, desde mi ponencia en el Diálogo Sur-Sur de Rabat, me hizo la observación crítica de que la reflexión sobre las filosofías originarias correspondía primordialmente a las personas filósofas hablantes nativas de las lenguas originarias. Algo que es, definitivamente, cierto y que plantea el problema ético de si, desde la condición “mestiza”, podemos abordar las filosofías originarias. Mi pretensión al respecto es más bien reconocerlas y darles un lugar, sabiendo que el momento futuro corresponde a los filósofos y filósofas originarios (aunque, más bien, lo es cada vez más el momento presente). Y si bien estamos lejos de los tiempos en que el filósofo binni záa Gregorio López y López fue cuestionado y casi impedido de titularse en la UNAM por plantear que existe una Filosofía zapoteca, todavía queda mucho camino por recorrer para el pleno reconocimiento de estas tradiciones filosóficas.

El caso es que me llevó 18 años poder concretar un texto sobre la argumentación en lenguas amerindias y dar cumplimiento a la recomendación del Dr. Dussel. En 2023, dentro de la colección sobre análisis del discurso y semiótica de la cultura de la Dra. Julieta Haidar, publicada por la editorial Analéctica, publiqué Amo tlacohualli in tlahtolli. “La palabra no se vende”. Sentipensares del lenguaje y de la argumentación en Abya Yala. Posteriormente, este trabajo dio lugar a una versión de profundización y divulgación, más accesible, realizada con la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán: Sentir, pensar, hablar y argumentar en nuestras lenguas originarias. Considero que este trabajo es original y pionero, y que estuvo marcado por aquel prólogo del Dr. Enrique Dussel de 2005; por ello, tan pronto como salió publicado, se lo hice llegar.

En suma, con el Dr. Dussel tuve varias pláticas sobre la argumentación y el análisis del discurso. Traté de persuadirlo de la gran importancia y amplitud del pensamiento de la Dra. Julieta Haidar en torno al análisis del discurso y la semiótica de la cultura, frente al de Gilberto Giménez, que en su momento el Dr. Dussel había tomado como base para algunas reflexiones. Sin embargo, él me convenció de la importancia radical de la hermenéutica, que, debido a un prejuicio derivado de mi formación marxista-leninista, yo dejaba de lado y juzgaba como idealista. Se puede considerar, pues, que Dussel, especialmente en Hermenéutica y Liberación, fue un profundo conocedor de la obra de Paul Ricoeur, quien parte de una filosofía reflexiva (de Jean Nabert) y de la fenomenología (de Husserl), desarrollando un giro hermenéutico orientado al análisis de los símbolos y del contexto histórico. No obstante, Dussel observó la necesidad de incorporar la dimensión económica a la hermenéutica:

Es por ello que la filosofía de la liberación tiene como primer capítulo una "filosofía de la miseria", y Marx es (hoy más que nunca, después de la caída del muro de Berlín en 1989 y de la declaración por George Bush del "Imperio americano", el 29 de enero de 1991 ante el Congreso de su patria) un filósofo que hay que tener en cuenta para poder construir la "vía larga" de una "económica" sin la cual la "hermenéutica" se torna ideológica, idealista, literalista. No hay sólo lectores ante textos, hay muchos más hambrientos ante no-pan (siendo que han sido los productores de dicho "pan"). Alguien dijo: "-¡Tuve hambre y me diste de comer!", como criterio absoluto de toda ética posible. Era una ética en la que la "carnalidad" era un momento central. Por ello, el "hambre" y el "comer" -como opinaba Feuerbach- son temas de una "filosofía de la economía", una "económica" -que no es un mero "sistema" a lo Habermas, ni una mera cuestión del nivel B de la ética como en Apel-. Dicha "económica" es un momento central, con la "pragmática-hermenéutica", de una filosofía de la liberación, de una filosofía de la "pobreza en tiempos del cólera". (Dussel, 1993, p. 156)

Realizó, además, una contribución fundamental a la hermenéutica, al método con la creación de la hermenéutica analógica y a la analéctica. La hermenéutica dusseliana puede considerarse como una interpretación, una fenomenología orientada a la liberación. Y precisamente desde ese enfoque hermenéutico, la última vez que vi al Dr. Dussel fue con motivo del prólogo que iba a escribir para mi libro Sentir, pensar, hablar y argumentar en nuestras lenguas originarias. Una tarde de 2023, le llevé a su casa en Coyoacán el borrador impreso del libro, pues él no quería leerlo únicamente en formato electrónico y deseaba dialogar sobre el texto antes de elaborar el prólogo. Acudí a su casa porque se encontraba convaleciente después de haber padecido un derrame cerebral. Compartimos así tres horas que considero las más ricas de nuestro diálogo filosófico durante los 21 años en que lo conocí, traté y compartí con él. Más tarde, al observar que el prólogo no concluía y al enterarme de que su salud continuaba siendo inestable, le pedí, a través del Dr. Contreras Colín, desistir de ese compromiso en favor de su recuperación. De este modo, aquel prólogo quedó únicamente en la mente del Dr. Dussel, a quien nunca volví a ver.

Cabe destacar que, con motivo de ese último encuentro, me reiteró su interés fundamental por la argumentación y me habló sobre la importancia de la estética, en particular de la estética latinoamericana, un tema que ocupaba sus reflexiones en las últimas ocasiones en que pude conversar con él. Dussel hizo referencia a la importancia de la dimensión simbólica, que yo abordaba en mi texto. Al ver que trataba el tema del pensamiento simbólico en Abya Yala y, en particular, en la Wiphala, se extendió largamente sobre sus propias reflexiones al respecto, aunque retomó este tema de manera limitada en el libro.

Para el Dr. Dussel, la simbólica y, en particular, la simbólica estética constituían un núcleo fundamental del pensamiento filosófico, que ejemplifica a través de la Wiphala. A su entender, según me expresó, la Wiphala es un dispositivo argumentativo y hermenéutico tan poderoso, e incluso más, que el I Ching, perteneciente al núcleo ético-mítico mongol. Sin embargo, a diferencia de este último, la base del juego hermenéutico no es el seis, sino el siete; y en lugar de las rayas y los palos de bambú, aparecen los cuadrados de colores. Su comentario debe ser tomado con mucha seriedad para el futuro de la filosofía originaria. La Wiphala constituye uno entre los símbolos argumentativos originarios fundamentales, como lo son también el quincunce y la chakana.

Este símbolo andino-amazónico de la Wiphala, documentado desde tiempos anteriores a Atahualpa (con origen en la región del Titicaca), representa la vida en armonía, el amor y el respeto al universo, a la Madre Tierra, a todos los seres vivos y espirituales. Asimismo, está asociado con los siete principios del universo y con el arcoíris. La Wiphala constituye un dispositivo simbólico, filosófico, argumentativo, hermenéutico y heurístico inagotable, con base siete. Fue precisamente este símbolo el que la derecha boliviana quemó durante el golpe de Estado de 2019 en Santa Cruz, Bolivia, al haberse actualizado como emblema de resistencia y símbolo antiimperialista. Su significado se interpreta, como ocurre con muchas tradiciones orales, con determinadas variaciones; sin embargo, cada color remite a un significado específico, por ejemplo:

[…] rojo de la Pachamama, el Kay Pacha, el ser humano (runa), el saber transmitido por los apus y por los ancestros; el naranja de la memoria oral, los qhipus, los yachay wasi (casa de sabiduría, escuelas), el ayllu que agrupa a la comunidad, la medicina ancestral; el amarillo de Nunaq, espíritu presente en todas las cosas y las virtudes andinas: Munay (amor incondicional), Yachay (sabiduría), LLank´ay (trabajo alegre y con pasión) y Kamay (creatividad), así como la integralidad dual: qhari – warmi; el blanco de la evolución hacia el buen vivir, el desarrollo personal-comunitario, el trabajo artesanal y la reciprocidad del ayni; el verde de Yaku Mama (la Madre Agua), la Allpamama (naturaleza), su trabajo, sus frutos para el desarrollo de la economía comunitaria; el azul de Hanan Pacha, el mundo de arriba, el universo, las energías tanto sutil (sami) como densa (jucha), lo kósmico y telúrico, la chakana y las matemáticas; el violeta, que comprende el ayllu, las regiones y las naciones (Markas y Llajtas), al Inka como representante del Tawantinsuyu, la comunidad y el gobierno. (Reygadas, 2023b, p. 296)

Tenemos un amplio conjunto simbólico, visual y escultórico que puede dar lugar a un desarrollo enorme de la reflexión sobre el pensamiento de los pueblos originarios a nivel continental, tema al que, por cierto, me acerqué de manera inicial (Reygadas, 2023b). En aquella oportunidad del diálogo en Coyoacán, más allá del prólogo que no pudo concretarse, pude darme cuenta de que el Dr. Dussel había asumido plenamente como propia la idea del Dr. Juan Manuel Contreras Colín acerca de los núcleos ético-míticos originales para la reconstrucción de la historia mundial de las filosofías. Me expuso, de hecho, su intención —ya no concretada— de revisar la historia filosófica mundial desde esa perspectiva.

Asimismo, pude comprender que, a través del paso del tiempo y de nuestras discusiones y textos con el Dr. Contreras Colín, su interés por la estética se situaba ya en otro lugar con respecto a las “filosofías originarias”, reconociendo plenamente su potencial. De manera puntual y explícita me hizo saber: “A mí me correspondió abrir la brecha en la filosofía occidental para hacer un lugar a América Latina y a las filosofías del Sur. A las nuevas generaciones les corresponde abrir la brecha para las filosofías originarias; es algo que yo ya no puedo hacer y que deben realizar, sobre todo, quienes hablan las lenguas originarias” (comunicación personal con Dussel, 2022). Y así fue efectivamente: murió poco después, dejándonos esa tarea como uno más de sus múltiples legados: transitar de la Filosofía de la liberación nacional y continental hacia la inclusión de las Filosofías de Abya Yala, un universo rico y en constante despliegue que, en realidad, como él mismo me hizo saber al conocer mi trabajo, corresponde principalmente a los propios pensadores y pensadoras de los pueblos originarios. Por ello, juntos estamos escribiendo una nueva historia de las filosofías latinoamericanas orientada a la liberación de las mujeres, los pueblos originarios, los trabajadores asalariados y los campesinos.

4.La política

Después de colaborar en la creación del seminario de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas y de que el Dr. Enrique Dussel hiciera el prólogo de El arte de argumentar, dejé la UACM para trasladarme a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2005 y, más tarde, a El Colegio de San Luis, en diciembre de 2006. En esta última institución, mi esposa, la Dra. Josefina Guzmán Díaz, realizaba un posdoctorado en Estudios Sociales, en estrecha colaboración con la Universidad Autónoma Metropolitana, donde más tarde se convertiría en vecina de cubículo del Dr. Enrique Dussel (quien, por cierto, cada vez que la veía volvía a preguntarle su nombre). Para entonces, junto con mi esposa y otras personas militantes, participábamos en un par de asociaciones civiles dedicadas a los derechos humanos y al desarrollo comunitario. Nuestro trabajo se centraba en comunidades del desierto potosino, donde contribuimos a defender los derechos humanos, la lucha por la tierra, la sanación y la cultura, además de impulsar una “Ludoteka Rodante del Desierto”.

En ese contexto, mi esposa pidió al Dr. Dussel que impartiera un seminario de formación política para las y los militantes de dichas organizaciones. Él accedió a presentar y discutir su libro 20 tesis de política, pero con una condición: que las y los participantes leyeran primero el libro y lo discutieran. Ese gestus lo define por entero. Siempre fue extremadamente exigente y riguroso, consigo mismo y con las demás personas.

Entonces organizamos un seminario de lectura en torno a 20 tesis de política y, una vez concluido, la Dra. Josefina Guzmán volvió a insistir al Dr. Dussel para que impartiera el seminario, a lo cual accedió y se trasladó a El Colegio de San Luis. Así, tuvimos al Dr. Dussel exclusivamente para nosotros y nosotras durante varios días, mañana y tarde, profundizando en la política y su relación con la ética. Nunca olvidaré sus enseñanzas. Cada vez que he tenido oportunidad las he compartido en el ámbito de la salud alternativa, en las universidades, en la práctica de los derechos humanos, en la educación alternativa impulsada por la Alianza Ecoversidades —que aglutina a cerca de 500 iniciativas en todo el mundo— y en el trabajo con las organizaciones del movimiento social que contribuimos a formar.

El centro que creamos en la asociación civil lleva el nombre de Centro de Investigaciones y Estudios Transmodernos, en honor a su orientación transmoderna. Aunque somos conscientes de la limitación de un término que todavía utiliza como criterio de demarcación la propia Modernidad, asumimos, con Dussel, la utilidad del concepto para el diálogo filosófico intercultural y para la proyección utópica hacia una humanidad igualitaria. La asociación civil misma lleva el nombre de El Tiempo que Resta (Jetztzeit), un concepto de Walter Benjamin que conocimos gracias al Dr. Dussel y al Dr. Contreras Colín. Como Benjamin, el Dr. Dussel nos enseñó a vivir cada momento con toda la energía, como si fuese el último. Así lo vimos siempre: asistiendo al seminario de la UACM a pesar de sus múltiples compromisos nacionales e internacionales, asumiendo la rectoría de dicha institución aun a costa de su salud y queriendo seguir estudiando, incluso cuando ya se encontraba gravemente enfermo. Siempre buscó continuar el camino de su reflexión y de la liberación hasta que ya no tuvo más fuerzas.

Cabe destacar que, en el seminario de El Colegio de San Luis nos centramos en la política, pero en las varias pláticas posteriores el Dr. Dussel nos fue presentando, todavía en ciernes, su idea de escribir 20 tesis de economía, una propuesta que, si mal no recuerdo, le sugirió el Dr. Juan Manuel Contreras Colín, al igual que había sucedido con 20 tesis de política, con el propósito de difundir ampliamente su pensamiento, algo que, sin duda, consiguió. Así, a lo largo de dos décadas de conversaciones, pudimos observar el movimiento del pensamiento del Dr. Dussel: sentipensando la argumentación, el discurso y la hermenéutica; abriendo poco a poco un mayor espacio al pensamiento originario, como puede apreciarse en Una historia de la filosofía latinoamericana, en la reunión de la UNESCO de 2013 y en sus últimos años. Todo ello se sumaba a una profunda congruencia entre pensamiento y acción, expresada en su compromiso con la creación de la Licenciatura en Filosofía e Historia de las Ideas en la UACM; en el trabajo realizado con nosotros en San Luis Potosí; en el impulso del grupo del Sur en la UNESCO; en la defensa de Cuba, Venezuela y Bolivia (donde recibió la distinción del Poncho Rojo); en la rectoría de la propia UACM; en la elaboración de una Cartilla Ética para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador; y en la escuela de formación militante de MORENA. Una vida política y éticamente consecuente en todo momento.

5. El trabajo, la profundidad, la responsabilidad y el ejemplo

Cuando mi hijo menor veía al Dr. Dussel en la rectoría de la UACM me preguntaba: “Papá, ¿por qué el Dr. Dussel trabaja tanto en la Universidad, en vez de que, a su edad, se dedique a descansar y a estar con su familia?”. Creo que su esposa pensaba de la misma manera. Pero, como dijo el Doctor en su discurso de toma de posesión de la rectoría, lo movían la responsabilidad y la coherencia política que lo llevaron a responder a la necesidad de la UACM de fraternidad, tolerancia y diálogo después de un gravísimo conflicto. A ello agregó: “Soy esclavo de mi conciencia ética”, de la interpelación levinasiana del rostro y de la mirada del otro que pide ayuda. En cada momento que compartí con él pude ser testigo de su entrega incesante al trabajo, a la reflexión y al servicio; tanto, que cuando aceptó ser rector de la UACM, su salud se vio afectada.

Cabe mencionar que, frente a ello, en un par de ocasiones le ofrecí brindarle sanación, lo que, después de alguna reticencia, aceptó. Así, pude darle terapia en su casa y confío en que le fue de utilidad en ese momento de su recuperación. También lo acompañamos, junto con el Dr. Contreras Colín, quien consiguió para él una revisión médica de primer nivel, gracias a la importancia que entonces tenía la UACM y al aprecio que despertaba la figura del Doctor. Tengo la impresión de que su paso por la rectoría de la Universidad implicó para él un enorme desgaste personal. Si bien fue el más grande filósofo de la historia latinoamericana y, probablemente, uno de los pensadores más importantes de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, no era un hombre formado para la organización política cotidiana ni para la confrontación política directa. Por más que intentamos acompañarlo, el rector era él y asumía una enorme responsabilidad. Desde el momento en que tomó posesión del cargo lo expresó con claridad, al señalar que se hundía en la incertidumbre de “arrojarme a la alberca sin saber si hay agua”.

Más allá de esto, no quisiera dejar de mencionar que el área que el Dr. Dussel me encomendó en la UACM fue la de Investigación. Era uno de los grandes temas polémicos de la Universidad, porque la exrectora Esther Orozco, quien dejó el cargo en medio de un conflicto universitario de gran magnitud, había impulsado a un conjunto de personas investigadoras, principalmente en las Ciencias Naturales y, en especial, en Genómica, relegando, desde la perspectiva de distintos sectores de la comunidad, a las ciencias sociales y las humanidades. Sin embargo, como científico e investigador, el maestro insistió en atender y fortalecer la investigación universitaria. Bajo su conducción revisé todos los proyectos de investigación existentes en la Universidad. Posteriormente, gestionamos un importante financiamiento para la investigación gracias a que, junto con Dussel y su equipo, convencimos al Dr. Drucker Colín. Aplicando su perspectiva ética, actuamos siempre con transparencia y de cara a la comunidad a la que servimos. Al final, logramos una gestión exitosa de la investigación y pudimos construir una buena relación con la comunidad universitaria. Con Dussel y su equipo obtuvimos una ampliación significativa del presupuesto de la UACM, así como un importante fortalecimiento de su imagen pública, avances que, desde mi perspectiva, no lograron mantenerse durante la gestión de Hugo Aboites.

Así, en medio de constantes y fuertes polémicas en la Universidad, durante las largas sesiones del Consejo Universitario democrático, Dussel fue capaz de mantener la cohesión de la comunidad y la proyección de la Universidad hacia un mejor horizonte, a pesar de la incesante politiquería (muchas veces soterrada). En cada momento de su gestión universitaria acompañamos al Dr. Dussel, junto con los integrantes de su equipo, a cada paso, cada día. Desde mi perspectiva, los numerosos logros de su rectoría en materia de investigación, en la proyección de la Universidad y en los acuerdos para ampliar el presupuesto fueron posibles, en buena medida, gracias a su enorme autoridad intelectual, a su capacidad de diálogo y a su dedicación incansable, aun a costa de su propio bienestar, como lo he venido señalando.

6.La despedida

Las tres horas que pasé con él en 2022, en su casa de Coyoacán —la última vez que lo vi—, fueron para mí algunas de las más preciadas de mi vida. Siento que aquel diálogo ocurrió en un No Tiempo, un diálogo que vuelve una y otra vez y que atesoro en mi memoria. Quizá, en su fuero interno, el Doctor intuía que se acercaba el final de su vida. Lo cierto es que, además de exponer siempre con brillantez sus ideas y plantear las preguntas más profundas sobre cada tema, siento que en aquella conversación me señaló una ruta. De esas largas horas creo poder extraer, para mí, tres tareas en la continuación de su legado, además de todas aquellas que nos plantea su inmensa obra y la profundidad de su pensamiento, no solamente a las personas filósofas, sino también a los mexicanos, a los latinoamericanos, a los pueblos del Sur y a quienes filosofan en cualquier parte del mundo: seguir construyendo la revisión de la historia y de la historia de las filosofías desde la perspectiva de los núcleos ético-míticos originales y desde el lugar de enunciación de las víctimas; avanzar en la Estética de la liberación del Sur y de América Latina; profundizar en el aporte filosófico de la argumentación simbólica de América Latina; y contribuir, desde mi propio lugar, a las muchas otras tareas que su legado deja abiertas y que otras personas continuarán, sin duda, como él lo hizo: siendo un esclavo de la ética y un luchador incansable por el pensamiento de la liberación.

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