ISSN : 2992-7099

Corderos de Dios en retiro. Reseña de la película: El Club, de Pablo Larraín

Ilustración: Horacio Leonardo Vázquez García

Alexis Fernando Oliveroz Osorio

Alexis Fernando Oliveroz Osorio

Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM) – México

https://orcid.org/0009-0003-5958-9235

antropólogo y arqueólogo egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido profesor de asignaturas como Teoría Arqueológica y Sistemas de Intercambio Comercial en el México prehispánico. También ha fungido como consultor técnico en el área cultural de la asociación civil de Organización de posesionarios del Ocotal. Ha participado como ponente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en el Museo Nacional de Antropología, en el Tecnológico de Monterrey, en la Universidad Autónoma de Guerrero, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en la Facultad de Filosofía y Letras, la Facultad de Arquitectura y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; y virtualmente en las redes sociales oficiales de la Zona arqueológica Cacaxtla-Xochitécatl, para el X Congreso Nacional de Arqueología de Perú y el World Anthropological Union 2025. Cuenta con el Diplomado: Desarrollo de estrategias digitales de aprendizaje. Ha escrito algunos artículos académicos y textos de divulgación. Es miembro activo de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales.

8 mayo, 2026

Por último. Es mejor el justo cuya condenación Dios conoce, que el pecador predestinado. Pero Dios ama más al pecador destinado a salvarse porque quiere para él un bien mayor, esto es, la vida eterna. Luego no siempre ama Dios más a los mejores.

Suma de Teología—Santo Tomás de Aquino.

 

En contraste con los tiempos medievales de Tomás de Aquino, en la era posmoderna la credibilidad de la Iglesia Católica como institución y como discurso está en crisis. Precisamente, cintas como El Club (2015) retratan esta situación. A una década de su estreno, esta película plasma sin escrúpulos la perversidad y oscuridad que pueden padecer las autoridades religiosas. 

Cabe destacar que, la cinta chilena El Club (2015), de Pablo Larraín ha sido aclamada por la crítica internacional. En su momento, recibió una nominación por los Golden Globe Awards como mejor película en lengua no inglesa. También ganó el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín. En México recibió el Premio Fénix 2015 como la mejor película de Iberoamérica.

Allende las premiaciones, un aspecto crucial para el éxito de esta película son las destacadas actuaciones de su elenco. Sumado a esto, la fotografía de Sergio Armstrong, aunque mantiene una paleta fría de azules y grises, envuelve al espectador con la atmosfera sombría del paisaje y sus protagonistas. Por último, no menos importante es la música y sonido de esta producción. Constantemente, la parsimoniosa y suave música de fondo se ve interrumpida por los ladridos de los perros, los alborotos de los curas, la violenta golpiza a Sandokan o el suicidio repentino de uno de los sacerdotes. 

La historia de esta película ocurre en el poblado costero de La Boca, Chile. Si bien, tal localidad colinda con el mar y el observador podría pensar que se trata de un paraíso, el entorno playero de La Boca es presentado como un escenario desesperanzador y miserable. Precisamente, en este poblado es que aparece un grupo de sacerdotes retirados y que fueron excomulgados. Dicha asociación está compuesta por el Padre Vidal (Alfredo Castro), el Padre Ortega (Alejandro Goic), el Padre Silva (Jaime Vadell), el Padre Ramírez (Alejandro Sieveking) y la Madre Mónica (Antonia Zegers).

Aparentemente, esta agrupación ejerce una vida cristiana común. Siembran y cosechan, pescan, cantan, meditan y rezan, cuidan de un perro y evitan tener conflictos con el prójimo. No obstante, todas estas prácticas tan solo son una fachada que está a punto de desmoronarse. El punto de quiebre ocurre cuando a la casa es exiliado el Padre Matías Lazcano (José Soza). La incomodidad incrementa cuando un desequilibrado mental de nombre Sandokan (Roberto Farías) revela con severos gritos que ha sido abusado sexualmente cuando era niño por el cura Lazcano. La comunidad de sacerdotes reacciona nerviosamente, le exigen a Lazcano atienda al estruendoso Sandokan y le dan una pistola para que ejecute un disparo al aire y logre espantarlo. No obstante, cuando el Padre Matías está frente a su víctima prefiere dispararse a la cabeza y terminar con su vida.

Derivado de estos acontecimientos, El Vaticano envía al Padre García (Marcelo Alonso) con la misión de vigilar el comportamiento de los curas retirados de La Boca. De hecho, el Padre García es un psicólogo ampliamente certificado y que tiene la fama de haber censurado varias casas de retiro. El accionar de García podría estar avalado parcialmente por los valores emblemáticos de la Teología de la Liberación. Dicho movimiento religioso buscó purificar las estructuras eclesiásticas de la escuela, estuvo a favor de los ideales de la clase obrera y abrazó los movimientos revolucionarios pro justicia humana. Empero, prontamente uno descubre que el Padre García a pesar de sus buenas intenciones por denunciar los atropellos de otros líderes religiosos, goza de un alto capital económico y social.

Regresando a la casa, la tensión cada vez es mayor. El Padre García entrevista a todos los miembros. Es justo de estos interrogatorios que se desprende con firmeza una caracterización más detallada de la psique de los personajes. Como muestra, se revela que el Padre Vidal fue denunciado por su intentó de abuso infantil, aunque este niega profundamente ser pedófilo y presume por el contrario su cualidad de resistencia ante las tentaciones del mal. Además, entra en conflicto con García debido al verdadero uso que hacen del perro galgo que resguardan en la casa. En realidad, debido al entrenamiento y cualidades físicas del galgo, éste se ha convertido en un objeto de apuestas para las carreras caninas realizadas en el pueblo y en un medio de ingresos sólido para la comunidad sacerdotal. Aun cuando el Padre García amenaza a Vidal de cerrar la Casa de retiro, éste no promete dejar de entrenar al perro para realizar más apuestas.

Por otra parte, el Padre Ortega se presenta sin cargos de pedofilia, pero pronto se descubre que su excomulgación se debió al tráfico de bebés no deseados que perpetuó. Ortega se defiende mencionando que él solo buscaba dar niños a quien verdaderamente merecían tenerlos. No hay arrepentimientos en su confesión. Más adelante, se evidencia un alcoholismo de Ortega que lo lleva a confrontarse con el nuevo inquilino. Pero para que no cierren la casa, Ortega tiene que ceder a la prohibición de bebidas alcohólicas ejercida por García.

Sobre el Padre Silva se sabe que fue un ex militar. García interroga a Silva por qué siendo sacerdote permitió tantos abusos del régimen pinochetiano. Silva solo niega los hechos, pero fueron tantas las acusaciones y evidencias en su contra que finalmente fue excomulgado. Y sobre el Padre Ramírez poco y nada se sabe. En su intercambio con García, solo se limita a repetir las letanías de Sandokan.

García también se comunica con la Madre Mónica, quien a diferencia de los hombres parece no tenerle miedo alguno. De ella se sabe que fue misionera por África, que adoptó una nativa como hija, pero que debido a su color de piel no fue aceptada por su superiora. No hay certeza de que esto sea real, pero no hay dudas de que la Madre Mónica se ha vuelto parte de la casa de La Boca. Es más que una simple monja. Desempeña labores domésticas, apacigua a los curas, es parte de la red de apuestas propiciadas por el Padre Vidal y es una confidente de las actividades mundanas de la comunidad. La fidelidad de Mónica es absoluta. Tanto que cuando es advertida por García de cerrar la casa de retiro, dicha mujer amenaza con exponer públicamente las atrocidades cometidas por las figuras religiosas.

En el clímax de la película el Padre García intenta reformular los comportamientos de la comunidad y Sandokan sigue vociferando en contra de los curas. Sin embargo, el resto de la casa planea un plan en contra del misero Sandokan. Matan a todos los perros de carrera del pueblo, incluido el galgo de Vidal y hacen creer a la gente que el culpable fue Sandokan. La histeria colectiva estalla sobre la corporalidad de Sandokan. Es golpeado brutalmente por la población. Sin embargo, logra sobrevivir. García le besa las heridas, quizás como la analogía de un Mesías reivindicado, y les exige a los otros curas adoptarlo como un hermano más.

Ante el reclamo insistente de García, los sacerdotes primeramente niegan aceptarlo. Prefieren marcharse antes que recibir a un loco. Pero cuando el Padre García expone que él se retirará para no volver jamás, el grupo decide adoptarlo. Sandokan entonces es rebautizado como el Padre Tomás. Finalmente, la víctima es absorbida y se vuelve parte de la comunidad. Quizás esto le sucedió al confundido Padre Ramírez.  De fondo se escucha en la casa: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten piedad de nosotros, de nosotros ten piedad». Así, el filme cierra cabalmente.

Para el autor de este texto, El Club (2015) de Pablo Larraín representa la cara más oscura de la Iglesia Católica, desde la perspectiva de sus perpetradores. Los resultados fueron reformas, mas no revolución. Los cambios propiciados para la comunidad fueron superficiales, pero nunca de estructura. De hecho, la figura no radicalizada de García es un arquetipo maquiavélico en el que el fin justifica los medios. La pragmática de la comunidad sacerdotal queda impregnada de conversión espiritual y perdón a cambio de la propia salvación de la agrupación.

Sin tapujos, es una joya del cine chileno. Si bien se trata de un drama controversial y abrumador, es una película desarrollada de ejemplar manera. Es una obra que no solo explora los ya tan conocidos casos de pedofilia, que han sido perpetrados en la vida real por sacerdotes como Marcial Maciel o Roger J. Vangheluwe, sino que también incursiona en otros ámbitos sociológicos como la vocación, la homosexualidad, la adopción, las masculinidades, las adicciones, etcétera. En fin, El Club (2015) se mantiene vigente en el imaginario colectivo por los delicados temas que aborda y por la seriedad y profundidad con la que los enfrenta.

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