Temática

Los que pueden quedarse en casa y los que no

Moneta

Participante

Mariana Gómez

Mención Honorífica

Hoy desperté con un poco de flojera, intenté abrir mis ojos, pero parece que están pegados. No quiero ir a trabajar y mis hijos secundan la idea.

<<Hoy no vayas, casi todos están en casa tú también quédate…>>

No es así de fácil, si no salgo hoy nos veremos muy apretados con los gastos mañana, eso y que no tendré mucha gasolina, que por cierto es la materia prima para este trabajo.

Por fin me levanté, me bañé, desayuné y busqué algunas monedas que me sirvieran para dar cambio a los pasajeros y sí, los niños tienen razón, casi todos están en casa y por ese casi es que todavía salgo. Mientras revisaba las monedas encontré una “especial”, bueno así les dice mi hija a las monedas que parecen nuevecitas, como recién salidas de la fábrica, bien brillosas. Mi hija las guarda como amuleto y por un tiempo las conserva, las guarda en una alcancía de monedas “especiales” y después de un tiempo las deja salir a recorrer el mundo. A veces tengo la impresión de que les da algunos consejos antes de sacarlas, pero en esta ocasión no se la di a guardar esta moneda de golpe salió a recorrer el mundo.

Mis compañeros diabéticos, hipertensos, las que están embarazadas y los que tienen hijos pequeños pueden quedarse en casa, yo no cumplo ninguna de esas características, así que me toca presentarme en el consultorio lista para atender a todos los que lleguen.
El trabajo en el hospital siempre es así, demandante, cansado, movido y estresante, pese a todo me encanta. La situación en el mundo hoy es muy crítica, el personal encargado de la salud está muy solicitado.

Hoy es un buen día, tomé un taxi para llegar temprano, el sol ya está iluminando todo a su alcance.
<<Que tenga buen día y cuídese>>, me dijo el chófer mientras bajaba del auto y recibía mi cambio, un billete y tres monedas.
Cuí-de-se. Hoy más que nunca resuenan esas palabras en mi cabeza, no son sólo una despedida cordial es un consejo. “Si me cuido yo, te cuido a ti y juntos nos cuidamos…” el slogan de estos días.
No siempre llego tan temprano, pero hoy quería orar con mis compañeros, aquellos que confiamos la omnisciencia y omnipotencia de Dios. En estos días vivimos una situación que ocupa y preocupa a muchos alrededor del mundo, algunos hemos decidido pedir ayuda extra.
Me siento como si fuera mi primer día de trabajo, nerviosa, pero también me siento fuerte, me siento feliz, me siento hermosa, me siento viva.

El semestre en la universidad iba genial, en mi último examen de cálculo saqué 9, está vez sí tenía todas mis tareas al corriente y llegaba temprano a las clases. Ahora sigue casi genial, aunque mi rutina ha cambiado un poco. Sigo llegando temprano, pero a la plataforma para la clase y envío al mail de mis profes las tareas y exámenes.

Eso de tomar clases en línea no está tan mal, es más todo se ve muy normal, la última clase un compañero dijo que llevaba galletas para vender y compartió la pantalla para ofrecer galletas de Minecraft.

Hace unos días me invitaron a colaborar para reconstruir toda la facultad y el anexo con Minecraft. Utilizamos bloques de cobblestone, sandstone y Stone bricks para hacer paredes, pasillos y escaleras lo más parecido a nuestra escuela. Le mostré a mi hermana el resultado y empezó a reírse, no tuve que decir nada de inmediato reconoció el lugar, eso me hace pensar que elegimos los materiales más parecidos que el servidor podía ofrecer.
Entre las clases en línea, tareas, memes, challenges, limpiar, ver películas y comer se me han ido las semanas.

A veces tengo la impresión de que el mundo no es tan grande y que no estamos tan lejos uno del otro, todo el tiempo estamos creando contenido, en momentos de incertidumbre usamos la risa para aliviar la tensión, seguimos subiendo información y reaccionando a lo que vemos.

Eventualmente he salido a hacer algunas ¡compras de pánico!, bien, bien no son compras de pánico sino que vamos por cosas para la despensa.
Aunque un poco vacías las calles, el super sigue puertas abiertas, fui el viernes pasado, la fila para las cajas era impresionante, respire profundamente para llenarme de paciencia y después de un largo rato llegué a la caja, pagué y guardé todo en una bolsa. Mi cambio fueron dos monedas una de diez y otra de cinco. La de cinco esta súper padre parece que da brillo por sí misma.

Un día antes de que se declarara la segunda fase fui a trabajar como cada día. Subí al transporte y llegué mucho más rápido que cualquier otro día, incluso me tocó ir sentada y había varios asientos libres. Desde hace una semana que las clases en las escuelas se han suspendido de manera presencial y en muchos trabajos les han pedido que se queden en casa, pero yo todavía voy.

A la hora de la comida salí a caminar, ya han cerrado varios negocios, así que no tenía muchas opciones. Lleve un libro y cinco galletas de avena de buen tamaño, muy ricas, tienen pequeños trozos de chocolate y arándanos que les dan un toque delicioso, yo misma las preparé siguiendo una receta de internet.

Me senté en una banca tomé una galleta y mientras la masticaba miré alrededor todo tan tranquilo, nada parecido a cualquier otro día, nadie corriendo a x o y lugar, ningún estudiante caminando lento de regreso a casa en compañía de amigos, ningún vendedor de papas, ni congeladas, sólo estamos unos cuantos.

Un hombre sordo se acercó a mí y me dio una tarjeta con una pequeña leyenda, eso junto con la gesticulación de su rostro y el movimiento de sus manos me hicieron entender que estaba vendiendo las tarjetas, el precio yo lo determinaba. Aunque hubiera querido comprar no podía, conmigo llevaba las galletas y el libro, pero ninguna moneda.

Ojalá conociera un poco de LSM, pero con las señas que pude y la mejor sonrisa que pude dibujar en mi cara le intenté decir que no podía comprar, pero podía invitarle una de mis deliciosas galletas y aceptó.

Estaba a punto de abrir mi libro cuando otra persona se acercó a mí, esta vez era una mujer vestía un suéter azul marino y una falda tableada color gris, en su manos cargaba una bolsa negra de gran tamaño llena de servilletas bordadas. Servilletas de tela blanca, su bordado no parecía de hilo para bordar, era más como un tipo de fino estambre de colores brillantes, los diseños eran flores.

Me intentó vender alguna de sus servilletas, una vez más dije que no llevaba dinero para comprar, me insistió diciendo que no había venido nada en todo el día porque había muy poca gente en la calle, pero en verdad no podía, entonces me dijo que si podía cooperar con alguna moneda para comprar algo de comer y no es que no quisiera es que no había ni una moneda en la bolsa de mi pantalón.

Le dije que no tenía más que unas galletas de avena que yo misma había preparado, le invité a comer conmigo y aceptó.
La señora se sentó junto a mí en la banca, mientras comíamos las pocas galletas que tenía platicamos de los eventos de salud mundial que hasta la fecha son la noticia del día, compartimos nuestros temores, la conversación tuvo un giro y comenzamos a hablar de nuestras familias y “nuestros pueblos”, bueno yo he vivido toda mi vida en la Ciudad de México, pero ella vive en un lugar cercano a Toluca donde hablan otomí. Después nos despedimos y cada una se levantó de la banca para continuar con su camino.

Resiliencia también es escuchar al otro, vaciar los temores y hablar de las cosas o la gente que nos anima cada día. Resiliencia también es sentarse con alguien a tomar un respiro y compartir una galleta para agarrar fuerzas y seguir.

De esa experiencia ya han pasado dos semanas y desde entonces he estado en casa. He salido unas veces para comprar alimentos.
Ayer salí a la calle para hacer unas compras y desde el suelo un pedazo de metal reluciente, era una moneda, casi perdida entre el polvo. Llegué a casa lavé mis manos, limpie la moneda y mis compras.

Justo hace unos leía que en algunas culturas se regalan monedas como una forma de desear buena fortuna y bienestar al otro, por eso algunos guardan monedas como amuleto de buena suerte. No conozco a la persona que tenía esta moneda antes de mí, pero lo voy a considerar como un regalo que habla de un buen augurio para los días por venir.