Temática

El mundo cambió

Mi ciudad

Participante

Jonathan Martín Abrego Camacho

Mención Honorífica

Mi ciudad, con eterno insomnio, ¿qué te pasa que te encuentro tan callada? Tú que siempre estás contenta hoy no me dices nada, tú que siempre le sonríes al visitante hoy le volteas la cara, diciéndole quédate en tu casa. Mi ciudad, refugio del sabio y del perdido, del rico y del mendigo, del tranza y del amigo, hoy solo tus calles son testigos de un obligado olvido. Acostumbrada estas al ruido, a la alegría de tus hijos que andan por tus entrañas, de San Cosme a Pantitlán, de Tacuba al Peñón, de Tepito a la Escandón, en el metro o en camión a patín o de aventón, escuchando una canción, platicando de fútbol o del kilo de limón. Mi ciudad, concubina del borracho, del poli corrupto, del muchacho, del galán o el que está gacho, del godín y el mamarracho, del paisano y del gabacho se ha quedado entre penumbras, vacía y triste vigilando.

Mi ciudad es la más buena, hoy está en cuarentena, y nos embriaga la pena, de mirar la luna llena, tan redonda y tan serena solo a través de la ventana. Hoy como Poncio ella se lava las manos y le pide a sus hijos que lo hagan para volver a abrazarlos. Mi ciudad inquieta quiere volver a ver por sus inolvidables calles al poli mordelón, al cura santurrón, al junior comprador, al vago fumador, al poeta soñador, al viejo jugador, al albañil albureador, al chavo fortachón, al mecánico jalador, al taxista valedor, al niño juguetón, pero todos sin infección.

Mi ciudad, mi querida ciudad, mi eterna ciudad, no te dejes vencer por la terrible enfermedad, tú que derrotaste al invasor extraño en la noche triste más feliz que tuviste, tú que te levantas con más fuerza cada vez que te sacude un terremoto, tú que soportas inundaciones y contaminación, sequías y corrupción, no te dejes vencer por la infección, iza orgullosa tu bandera por los hospitales dónde luchan tus guerreros y guerreras modernos vestidos de blanco arriesgando la vida como los antiguos aztecas para calmar la sed de los dioses.

Mi ciudad, mi romántica ciudad, mi auténtica ciudad que vendes recuerdos y regalas amores, que ofreces pasiones y compras colchones, o algo de fierro viejo que venda.

Nuestro idilio no tendrá fin, pronto volveremos a reír, a escuchar juntos las sabrosas risas de los niños en un jardín, las notas melancólicas de una vieja canción que sale de un organillero un medio día rojo en la Alameda, pronto volveremos a escuchar las voces graves de un mariachi tequilero en tu plaza Garibaldi un viernes sensual, pronto volveremos a encontrarnos en esa eterna trajinera en Xochimilco un domingo caluroso, pronto correremos juntos por tu inconmensurable bosque de Chapultepec. Pronto, pronto, pronto.