I
Salir a la calle, calle honda, indeleble calle,
líneas que se curvan, calle visceral,
dónde cruzan los sueños, de albores tristes
y tardes remotas, llena de voces,
de ángeles geriátricos que piden auxilio.
Salir a desempacar la sombra, a deambular el hambre,
andar sin frac, con el alma a tientas reconociendo el laberinto.
Todo vibra en silencio;
II
como las moscas olfateando el manso testuz, o la metrópolis de hormigas obreras,
se oye el céfiro cantar de la marea
y no hay huellas relamiéndose en las olas.
No pugna la primavera su estacional, no revientan los geranios,
no despunta la esperanza de agua lubrica. se fueron sin decir adiós;
Puerto abandonado, puerto de pérgolas y almendros agrios,
puerto astillado por la sequía.
III
Se oye entre mormullos, “saldremos del vado”
Se respira el viento del mañana, volverán aquellos días
de furor y dicha,
regresaran en parvada los que se fueron ha empollar la riqueza,
en la plaza colonial redoblaran las campanas, se escuchará entre mormullos extranjeros: “this is life, we return to paradise”