Julieta Sacbé nació en el agua, nació en casa, como se hacía antes. Al salir del vientre de Verónica mi esposa, Julieta quedó inmersa en el agua, en la pequeña alberca que habilitamos para su nacimiento. Verónica me pidió que estuviera detrás de ella para que se apoyara, en medio de mis piernas, la sentía cansada por el trabajo de parto de más de doce horas, pese a ello, al ver salir a la bebé nos envolvió una enorme alegría. De inmediato con ayuda de la partera, Julieta tuvo su primer contacto fuera del agua, su primer contacto en este mundo, en el regazo de mamá, Julieta Sacbé abrió los ojos, nos miró y acto seguido, después de un silencio, lloro.
Allí estaba mi suegra, mi cuñada y mi otra hija Angélica, quienes apoyaron a Vero en el último tramo de las contracciones. Llenos de asombro reímos, lloramos, respiramos, Julieta Sacbé sin duda percibía esa energía de quienes la esperaban desde hace nueve meses. Acaricie su cabeza, mientras su mamá la abrazaba, aún con el cordón umbilical latiendo. Afuera del cuarto, mi cuñado, mis sobrinos, los tíos y tías, aguardaban contentos al haber oído el llanto. Uno a uno pasaron a verla, a darle la bienvenida. La nieta y sobrina deseada, la hija esperada era ya una realidad. Minutos después envuelta en sus primeras cobijas comenzó el ritual; Julieta paso a tener contacto con los brazos de cada uno de los presentes, más de uno con nerviosismo, otros más con lágrimas de dicha la cargaron, la abrazaron y besaron en una especie de bienvenida a la comunidad, a la humanidad, al universo.
A partir del 15 de marzo de 2020, Julieta no ha podido volver a tener contacto con el clan. Estamos en cuarentena. Día treinta.
La idea del parto en agua era justo para eso, para tener un parto humanizado donde una vez que naciera Sacbé no pasara de manera inmediata a una mesa fría a ser revisada y llevada a un cunero hasta esperar la recuperación de mamá, más de un ginecólogo había pronosticado cesárea obligada. El parto en agua nos garantizaba eso; tener el primer contacto físico con Sacbé, hacer un trabajo de parto tranquilo, sin cesárea, pausado, tenerla cerca, sentirla, hablarle. Y así fue.
Durante casi seis meses nuestra casa ha sido el lugar de encuentro, amigos y familiares han llegado a testificar, el milagro de la vida, la bendición de la que hemos sido partícipes, además de observar y descubrir, y sobre todo asegurar, el parecido que tiene Julieta a mí. Bueno eso dicen.
Desde los primeros días mi cuñado y su familia, conocidos como los “Chepes” (José Manuel el líder, Verónica mi cuñada, Josep el hijo mayor, e Isaías el hijo menor ) , Mama V, como le dicen a mi suegra Verónica Romano (sí, son tres Verónicas) y el abuelo Don Armando han estado cerca y al pendiente del desarrollo de Julieta; al avance en su peso, al crecimiento de su cabello, a la primera sonrisa, a su ropa, a su alimentación. Por lo menos cinco días a la semana todo ello ha sido tema de conversación. Haciendo un flashback, como en el cine, esta gran familia han sido cómplice de haber arropado a Julieta desde antes del nacimiento, querida y tocada desde la pancita han sido acompañantes de miedos, de esperanzas, de sueños, aliados en la fiesta de revelación del sexo del bebe, en el baby shower y en el bautizo, al que por cierto, llegaron los Torres, los Romanos, los Mendoza, los Justo, los Bautista, los Lavoignet como en tiempos recientes no se había visto.
“Por algo fue festejada en demasía”, dice la mamá de Julieta, “si hubiera estado embarazada en esta cuarentena me cuelgo de la lámpara”, “adiós seguimiento de embarazo en Ciudad de México”, “adiós curso psicoprofilactico, “adiós parto en agua”. Se vuelcan los miedos y ansiedades del trauma del coronavirus.
El primer paso lo dimos entre el 12 y 14 de marzo, las noticias ya anunciaban que los adultos mayores estaban en riesgo de contraer el virus, Verónica Romano la abuela materna era quien nos apoyaba en el cuidado de Sacbé por lo menos cuatro días a la semana. Julieta Sacbé a los cuarenta días entro a la guardería del IMSS.
Para la abuela Julieta se había convertido en su consuelo, en su alegría, las mil posibilidades, de trascender y/o tal vez resarcir, como todos, un pasado que no entendemos cuando es presente. Tejerle vestidos, comprarle diademas, preocuparse por llegar temprano a la guardería y tener el privilegio de ser la primera en abrazarle y consentirla con su cariño, se habían convertido en una rutina en esos meses, realmente para ella no era rutina era la vida misma.
Como padres veíamos a Julieta hacer empatía con la abuela, fueron creando su propio código de costumbres durante el día, las mamilas, las horas de sueño, el baño, el tiempo para reír, para cantarle, ella misma hacia una reflexión en torno al abuelo Armando, “cada que viene a verla le hace fiesta, le habla como bebe, y le hace desfiguros para hacerla reír”, tal vez se refería a que el cuerpo se transforma para dar paso a un lenguaje gestual y único que comunica y que solo los abuelos pueden dar, expresar, sentir e interpretar.
El 14 de Marzo mi esposa angustiada y preocupada habló con mama V para decirle que habría que cuidarse, que habría que hacer caso, (al Dr. Gatell) que tomáramos la recomendación sugerida, que era por su bien, que a sus 60 años podría ser un riesgo que se trasladara a casa, que el lunes ya no viniera a casa, que podríamos contagiarla; pues ambos trabajábamos y el estar en contacto con muchas personas nos convertía en factores de riesgo. Yo, escuchaba el diálogo que por unos instantes parecía monólogo, mama V, se quedó en silencio no alcanzaba en ese momento a comprender que le estábamos pidiendo, Solo se oyó llanto detrás del celular y un “los voy a extrañar, los amo,” mama V quedo inconsolable, fuimos a dormir o tal vez solo cerramos los ojos esa noche para pensar e intentar entender que era lo que se venía.
Verónica y yo intentamos organizar las tareaslaborales para poder regresar por Julieta a la guardería y ya no salir por la tarde a menos que fuera algo urgente.
Al pasar una semana se anuncia la segunda etapa, y con ella las medidas de distanciamiento social “Quédate en casa”, lo que implica el cierre de escuelas. A Verónica en su colegio le dan salida y trabajo en casa, Julieta Sacbé estará a su cuidado. La guardería también cerraría y eso tiene fuertes implicaciones con su segundo espacio de vida social . Con las educadoras, en particular las de la sala A de menores de seis meses, ha establecido un lazo y aprendido diversas cosas; rutinas, horas de vigilia, de sueño,
juegos de estimulación temprana, horarios de alimentación, y aunque pareciera no relevante, se hacen notar en sus frecuentes reportes, en un registro colocado en la recepción, donde se indica, que avances ha logrado en el día, desde mirar un objeto, seguirlo, poner atención, escuchar la música, hasta el reconocimiento de sus voces y rostros, en pocos meses nos ha regalado esa expresión maravillosa en los bebés que es la sonrisa y que está presente en su llegada a la guardería como en la salida. Desde el 23 de marzo Julieta ha dejado de establecer esos vínculos afectivos con sus educadoras.
La familia Chepe hasta esos momentos del mes no podía comprender cómo será dejar de ver a Julieta. Casi todos los días después de sus respectivos trabajos venían a la casa a saludarla, cagarla, dormirla, hablarle, sonreírle, a estar con ella y de paso a cenar, contar las anécdotas del día, tomar una cerveza y hacer de cada visita una fiesta, Julieta por su parte corresponde con su alegría al verlos llegar, su sonrisa, su quietud en sus brazos, su paz.
Por ahora todo se ha esfumado.
¿Cómo construir una primera infancia sin los vínculos familiares? Hace una semana vinieron los Chepes, respetando la sana distancia querían ver a la niña, se quedaron en la entrada del pequeño Jardín de la casa, Julieta y su mamá desde la puerta saludaban, con esos grandes y oscuros ojos Julieta Sacbé intentaba entender que pasaba, vi su carita tratando de identificar a quienes del otro lado se esforzaban por hacerla reír, con muecas, voces, diálogos para bebes, lenguaje gestual pero no, Julieta no sonrió. ¿Acaso estará olvidando los rostros? ¿Qué pasa con su memoria? ¿Qué puede registrar? ¿Con que se queda?
No puedo dejar de pensar, aunque guardando las distancias, las lecturas que leíamos en clase de psicología del desarrollo sobre el impacto emocional en niños que habían sido privados de contacto social, como Víctor el niño de L´Aveyron, o los experimentos con monos privados del contacto físico, recordaba también la historia de Mowgli de Kipling ¿Cómo nos marcará esta falta de contacto social? ¿En el futuro se podrá ver este registro en algún lugar de nuestro cerebro? Cómo cuando en la corteza de los árboles los especialistas pueden ver, si fueron años de lluvia o sequía, o como en las rocas el geólogo puede ver los sucesos críticos de la formación de la tierra. Yo me imagino que este aislamiento en Julieta dejara una huella emocional que habrá que ayudar a sanar.
Los días de encierro inevitablemente te llevan a pensar en la muerte ¿Qué pasaría si fuera yo quien enfermara? A mis 46 años con hipertensión estoy en riesgo. Hace un mes murió mi compadre, compañero y amigo de trabajo, después de seis meses de haber sufrido un asalto violento y quedado en silla de ruedas, víctima de esa violencia heredada, y ahora con esta pandemia me asaltan nuevamente esos pensamientos ¿Cómo dejar arregladas y orden las cosas de esta vida? ¿Cómo cerrar ciclos? ¿Cómo pedir perdón? ¿Cómo ser mejor persona? ¿Cómo no dañar? ¿Cómo vivir cada día sin pendientes que me agobien y tratando de hacer lo mejor en lo que me toca? No ver crecer a Julieta me aterra, vivo hoy dos momentos mágicos, la vida con una hija (Angélica) de 17 años con todos los pormenores que trae la edad, la toma de decisiones universitarias y el amor, y por otro lado Julieta el inicio de la vida, la crianza en tiempos de pandemia y de un planeta que necesitamos mejorar, ¿Me dará tiempo? ¿Nos dará tiempo? Con esas preguntas duermo un día y el otro también.
A pesar del miedo uno agradece que todo esto nos acerque a las personas que uno aprecia, la pandemia es el tema cotidiano, el preocuparnos por la salud del otro ha sido una conversación que antes no se daba, preguntar por su presión, por el seguimiento de su diabetes, por su alimentación, por sus alergias, va siendo un tema que a pesar de la distancia y a través del teléfono y correo nos acerca, nos hace vernos sensibles al otro, y reconocernos vulnerables, finitos, con necesidades de salud, con una familia a nuestro alrededor y con preocupaciones, y no tanto como el jefe, el maestro, el licenciado, el compañero de rutina en el trabajo, al que antes no veía y no reconocía.
Hoy es el día 39 de cuarentena, no salir, no tener contacto, trae consecuencias, Verónica y yo discutimos. A ella le preocupa mi salud y yo violente una regla. Me doy cuenta que es necesario respirar que no estamos hechos para el aislamiento, que lo que no se mueve se muere.
Vero y yo cada noche como un ritual nos sentamos a ver la conferencia del Dr. Hugo Gatell, nos emociona su comportamiento, su saber, como un bailarín de ballet sobre hielo, sortea preguntas, ágil en la interpretación, es nuestro punto de seguridad, no sería igual dormirse sin esa conferencia, a veces Sacbe se sienta y observa la pantalla, me gusta imaginar que comprende y espera las palabras del Dr.Gatell que anuncian el fin de la cuarentena, imagino dirá, “Buenas noches son las diecinueve horas estamos en Palacio Nacional de México. Vamos a iniciar la conferencia diaria sobre la situación de COVID, la pandemia causada por el virus SARS CoV-2 en México. A partir de los datos que hoy hemos presentado y por la gran participación de la ciudadanía y de su comportamiento y solidaridad, se levanta la cuarentena, con precaución vayan y abrasen a sus seres queridos” como cuando se va la luz y regresa, en cada colonia, en cada barrio se escucharan aplausos, gritos de alegría, risas, habrá llanto, habrá fiesta en el corazón.
Julieta Sacbé sonreirá ya con huellas inequívocas de su primer diente, mamá V llamará para hacernos saber que llegará el día de mañana a ver a su muñeca, Don Armando no esperara, llegará esa misma noche. Verónica dará gracias a Dios, la abrazará fuerte, yo le besaré y le escribiré un pequeño cuento, para que cuando aprenda a leer, con sorpresa pueda conocer lo que le toco vivir de bebé. Después hablaré a los Chepes y a Angélica para abrazarnos con el alma.
Seguro estoy de que la gente que me rodea será solidaria, resarciremos juntos, tejeremos juntos encuentros pendientes, contactos, abrazos, risas, Julieta volverá a reconocer a cada uno, y con cada uno, encaminaremos a Julieta a una mejor familia, a una mejor sociedad, más humilde, más cuidadosa, más solidaria y más crítica.
Se llama Sacbé porque en maya significa camino blanco y esos caminos blancos para los mayas unían lo sagrado, que así sea, que cada contacto con Julieta Sacbé sea camino que nos congregue a ser mejores personas, que los espejos en los que nos vimos reflejados en esta cuarentena los trabajemos de manera personal y social
Me gusta pensar que cada contacto físico y emocional en Julieta quedará grabado, registrado en su memoria, como la corteza en los árboles y la huella en las rocas, el reto será que la huella del afecto, de la sensibilidad, del contacto con el otro, del amor, sea más ancha, mucho más ancha que la de la cuarentena, más nos vale que así sea, porque no habrá más tiempo.
¿Qué hora es? Son las siete, me dice Vero, ya empezó la conferencia.