En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Cultura Colectiva

Virgencita, líbrame del sistema patriarcal

Número 18 / JULIO - SEPTIEMBRE 2025

Yo no fui hecha de la costilla de un hombre!

Picture of Valentina Díaz Díaz

Valentina Díaz Díaz

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 8

Hablar de religión se volvió uno de los temas más controversiales en el siglo XXI, pues cada vez nacen más puntos de vista alrededor de las distintas formas de creer. La sociedad actual ha evolucionado y modernizado sus ideales respecto a la espiritualidad y la fe, lo que origina posturas más liberales. Sin embargo, estos constantes cuestionamientos a los dogmas establecidos y a su funcionamiento han puesto en jaque a las instituciones eclesiásticas. Pero, ¿qué papel juega la religión y nuestras creencias en la sociedad?

La religión, además de ser parte fundamental de nuestra identidad, configura el tejido moral, social y cultural a través de las costumbres, ideas y tradiciones que profesa. Las creencias son el reflejo de una sociedad y también un filtro en donde se construye lo que es moralmente “correcto” e “incorrecto” acorde con los valores que promueve cada credo. El problema llega cuando las creencias espirituales, lejos de ser un medio de unión, se convierten en un factor de desigualdad, división social y vulneran a diversos sectores de la sociedad que no cumplen con los cánones que se imponen en el marco de cada dogma como pueden ser las infancias, las identidades sexuales diversas, los pueblos originarios, los grupos racializados y por último, aunque no menos importante, las mujeres, población  oprimida por las estructuras religiosas e invisibilizada por el sistema patriarcal en el que vivimos. Así que antes de continuar con este artículo estás cordialmente invitadx a ponerte las gafas moradas para cuestionar y reflexionar: en qué creemos, por qué lo aceptamos y desde qué trinchera lo defendemos. 

Aunque la religión cristiana es la más dominante a nivel global, otras religiones como el islam, el hinduismo, el catolicismo, el budismo y el sintoísmo no quedan exentas de conductas patriarcales; es decir, mantienen una postura privilegiada de los hombres dentro de las sociedades. La teología feminista es una rama de la filosofía teológica nacida en el siglo XX que evalúa y debate las estructuras de los sistemas de creencias religiosas androcentristas desde un enfoque inclusivo con las mujeres. Pongamos como ejemplo una de las figuras más representativas dentro de la religión cristiana: El Génesis. Ahí, Eva nace de la costilla de un hombre, Adán. Según La Biblia, Génesis 2: 

Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar, y de la costilla de Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.  Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada (Génesis 2, RVR1960).

 

Eva fue culpada del pecado original por el cual fue castigada con dolor en el parto y la menstruación. Con este hecho nace uno de los principales esquemas de discriminación y exclusión hacia el género femenino, el rechazo hacia la menstruación, idea aceptada no solo dentro del cristianismo, sino también en religiones predominantes como el judaísmo, hinduismo y el islam, las cuales han mantenido el tema de la menstruación como un asunto impuro por siglos y que apenas, en los últimos años, se ha comenzado a aceptar y a visibilizar lo que siempre ha sido un proceso biológico sano, natural y parte del desarrollo femenino. 

Lo anterior deja mucho que pensar, ¿cuántas mujeres crecieron con la idea de que reglar era algo vergonzoso, asqueroso o forzosamente secreto?, ¿cuántas veces una mujer tuvo que esconder una toalla femenina? Este es solo el comienzo de una gran lista de creencias y valores religiosos que se construyeron a raíz de las profecías. Otro aspecto compartido entre las doctrinas eclesiásticas es el rol de las mujeres dentro de una comunidad; a las mujeres se les catalogó como objetos, vistas con ojos de deseo y lujuria, como si la feminidad fuera inherente al pecado. A su vez las mujeres, para perdonar sus pecados o ser una “buena mujer” se vieron obligadas a mostrar en sociedad una imagen limpia, pulcra, humilde, callada y sobre todo virgen, incluso con una gentileza extrema y una capacidad de indulgencia desorbitante. 

Los ideales que se promueven dentro de las religiones llegaron a ser extremadamente crueles y radicales Por ejemplo, dentro del islam existen conductas casi esclavizantes, desde obligarlas a portar un hiyab, un velo para protegerlas de las miradas no deseadas, hasta castigos públicos como latigazos, apedreamientos y otras formas de violencia si no cumplen con lo que establece dicha religión. 

Sobre el tema de la virginidad, un término asociado a aquellas mujeres que no han tenido relaciones sexuales y que, según las mayoría de las tradiciones religiosas, las hace libres de pecado; para muchas comunidades representa la dignidad total de la mujer, se cree que una mujer virgen es más “pura”, lo que no es más que una forma sutil, establecida por la iglesia e incorporada en la sociedad, para controlar la sexualidad y el cuerpo de las mujeres, estas prácticas demuestran que aún no existe una igualdad de género real, en pleno siglo XXI la mayoría de personas con creencias religiosas conservadoras mantienen una perspectiva limitada a los parámetros tradicionales. No obstante, así como hay personas muy apegadas a la fe, también existen grupos que luchan por deconstruir los sesgos que existen dentro de las bases de diversas doctrinas religiosas para reconstruirlos, en espera de lograr un bien común sano, que pueda acercar a las personas a una fe de verdad, que les dé un propósito y sobre todo una identidad sin interferir en la libertad de otras personas. 

Para finalizar, no se busca faltar al respeto a quienes profesan alguna fe, sino invitarles a considerar cómo aspectos tan trascendentales de nuestra vida, como lo son nuestras creencias, han sido configuradas dentro de un sistema patriarcal. No es malo creer en algo, somos libres de hacerlo y muchas veces puede resultar reconfortante o liberador; sin embargo, es necesario debatir lo que creemos, enfatizar la represión que las mujeres han tenido dentro de las religiones y no olvidar que no es el único sector de la población excluido desde los entornos religiosos. Hay ocasiones en que la moral se vuelve una excusa para discriminar y eso jamás debería suceder, los grupos vulnerables son creados por las sociedades a base de prejuicios y estereotipos que lo único que hacen es separar a las personas. Una fe impuesta no es fe de verdad. Para creer, primero tenemos que cuestionar. 

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