Leviatán
Por: Verónica Hernández Carapia
Monstruos que matan al “príncipe azul”
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán
En el mundo existen metrópolis con particularidades que las hacen únicas e inigualables. ¿Quién imaginaría que entre sus caminos y espacios ronda un estilo de vida dinámico y álgido? Pues sí, en ellas convergen todo tipo de personas que escriben su historia y dejan huella por los rincones y pasajes; también tienen maravillas que construyen su legado e identidad propia, y entre sus rumbos se crean recuerdos y anécdotas que marcan a sus transeúntes de por vida, una de esas ciudades es ni más ni menos que la Ciudad de México.
Originaria de la época prehispánica, con un acervo cultural e histórico muy interesante, donde la cotidianidad rodea el alto dinamismo y el movimiento de su gente por las calles; su tráfico vehicular es caótico y estresante en horas pico, su transporte público está diversificado e integrado, su estilo de vida es progresista y sus lugares la vuelven memorable entre conocidos y foráneos, además se puede disfrutar los fines de semana.
Y la verdad es que la capital mexicana es un universo que lo tiene todo: emblemáticos recintos, museos, mercados, monumentos, sectores poblacionales, pueblos y barrios originarios; y la gran gastronomía, riqueza natural y patrimonial que tiene le imprimen una
identidad diversa y hacen de ella un referente excepcional en el país y en el mundo. Su participación colectiva y social la posiciona como una ciudad democrática y plural donde todxs convivimos por igual, somos parte del mismo equipo de fútbol.
Cómo no olvidar el bellísimo ajolote, originario de los canales de Xochimilco y un referente en la historia de esta metrópoli, que nos recuerda sus orígenes con la fundación de la gran México Tenochtitlan; o aquellos rótulos en los puestos de comida callejera que simbolizan el arte popular; y ni qué decir del pueblo de San Andrés Mixquic, ubicado en Tláhuac y característico por su lumbrada y ofrendas en el Día de Muertos; o del pueblo de San Lorenzo Tezonco de origen iztapalapense que tiene una historia y una popularidad muy importantes para la grandeza histórica y cultural de la Ciudad.
Tampoco dejemos de pensar en la clásica y tradicional leyenda de La Llorona que se cuenta en las trajineras y los embarcaderos xochimilcas; o en la representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa; o en los desfiles conmemorativos de la Independencia y la Revolución Mexicana en el Zócalo del Centro Histórico que, junto con otras festividades, imprimen a la metrópoli un sello distintivo.
En la Ciudad de México encontramos de todo, su diversidad única la vuelve majestuosa en cada rincón, lugar y esquina; su identidad la convierte en un punto de equilibrio para todas las clases y todos los sectores. Pero también sientes el desgaste de vivir con prisas, presiones y sustos que se pueden hacer presentes a cualquier hora del día, en cualquier día de la semana. La vida chilanga no se entendería sin los agotadores y terribles tráficos vehiculares en sus principales avenidas y calles, inclusive al estar varias horas parado sin poder avanzar; viajar en el Metro rodeado de multitudes y en medio del inaguantable calor que hay en sus túneles, estaciones, trenes y vagones; correr con tanto estrés para cualquier lado y con la preocupación de llegar tarde o quedarse a medio camino; o salir afectado por los cierres viales y buscar alternativas muy apresuradamente.
Mucho menos se explicaría la vida sin ser parte de la enorme contaminación auditiva producto de los altos niveles de ruido de cláxones, bocinas y otros medios de emisión de sonido; sin padecer de los “dobles no circula” a consecuencia de la contingencia ambiental y del exceso de smog; y sin salir con el enorme susto y nerviosismo de escuchar la Alerta Sísmica y sentir un sismo o microsismo en cualquier parte. Todo en medio de un desorden al que muchxs nos acostumbramos a vivir y de problemáticas que a diario nos aquejan.
El transporte público no se salva del enorme caos que se vive, siempre se llena y a veces hasta retrasa su servicio por el gran tumulto de personas que, en medio de la desesperación, revientan las unidades para tratar de llegar a sus destinos; el Metro a menudo llega a fallar por su falta de mantenimiento, y el Tren Ligero se satura constantemente por el reducido tamaño de sus dos vagones y la falta de trenes en operación. Los incidentes son el pan de cada día y el martirio constante en la Ciudad, y solo queda esperar y ser muy pacientes ante estas situaciones comunes que nos toca vivir.
En fín, esto es solo una probadita de todo lo que esta metrópoli nos esconde entre sus rumbos, rincones, recintos, anécdotas, rutinas y vivencias. Pero, más allá de lo bonito y lo feo que tenga, la Ciudad de México representa una verdadera y única joya por todo el significado que posee en su nombre y legado; alberga a todas las voces y distintas formas de vivir un mismo entorno todo en medio de un dinamismo constante y situaciones que dejan lucir lo bueno y lo malo de la vida, convirtiéndola en una urbe activa y cambiante.
Y en medio de millones de historias y experiencias que se suscitan a diario desde el norte hasta el sur, y desde el poniente hasta el oriente, siempre queda una inspiración para conocerla, recorrerla, disfrutarla y vivirla al máximo, sin importar nuestros gustos y nuestras simpatías e ideologías, una capital que siempre nos recibe con los brazos abiertos.
Por: Oscar Santiago Gutiérrez
Todos los días rezo por llegar a salvo a casa
Por: Ámbar Carreón Cruz
Resistencia, dignidad y humanidad del pueblo palestino
Una respuesta
Inteligente, la Ciudad de México, más que surreal tiene una energía dinamista y muy cultural sobre todo.
Pese al caos del tumulto, siempre es un placer visitarla y poder descubrir en los rincones menos conocidos lo más maravilloso de esta bella ciudad.