Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creatividad.
Esta ventana es para mirar dentro de nosotrxs a través del arte y la creativdad.
Foto de Los Muertos Crew

Una botellita de mezcal con café nos espera

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

La musicalidad del desamor

Picture of Antonio Bernal Quintero

Antonio Bernal Quintero

Facultad de Filosofía y Letras

La naturaleza del amor implica —tal como lo observó Lucano dos milenios atrás y lo repitió Francis Bacon muchos siglos más tarde— ser un rehén del destino. 

Zygmunt Bauman, Amor líquido.

Todos los martes iba hasta Metrobús la Joya por María, íbamos al centro de Tlalpan y nos la pasábamos relativamente bien, pero sucedía que a veces yo era un fantasma. Tenía sueño y no tenía interés absoluto en ella. Su presencia me cansaba y no sabía qué decirle para ya no verla nunca más. Tenerla a mi lado era pesado, era una carga que ya no estaba dispuesto a arrastrar. 

—¿Qué te pasa, Carlitos? —dijo ella un poco triste. 

—Nada, la verdad es que tengo mucho sueño y ya me quiero ir a mi casa, sabes que estoy a tres horas de aquí. —dije con un tono molesto. 

—Amorcito, te entiendo, pero quiero que estemos más tiempo juntos, quédate otro rato. 

—No, neta que ya me quiero ir, por favor, no lo hagas más difícil. 

Cada martes o jueves que solía ir a Tlalpan era así, no me daba cuenta de cuánto daño le hacía a María al no decirle mis intenciones. Quería decirle: oye, quiero hablarle a otras mujeres, me gustaría salir con esta o aquella, pero no, yo decidí callar y aguantar. No sabía cómo decirle que me cansaba verla. Otro martes, una vez más. Me traté de mentalizar, sonaba una cumbia que no me hizo sentido sino hasta muchos meses después. Después de tanto amor, tú te vas y me abandonas. 

Mientras escuchaba esa canción no pensé en otra cosa que estar en casa. Miraba sus ojos, su delineado, sus pómulos prominentes, su cabello rizado, sus manos, todo me pareció bello, pero entonces ¿por qué carajos buscaba algo más si ella era todo para mí? Quién sabe, ella no se quería dar cuenta de la situación, pero yo desde hace mucho había descubierto lo que quería y no era precisamente seguir con ella. 

—Mira, compré esta botella de mezcal con café porque me dijiste que tenías ganas de tomar algo conmigo. —dijo ella muy emocionada.  

—La verdad es que no puedo tomar ahorita, sabes que estoy cuidando mi alimentación. —dije con un tono de soberbia.  

—Ah, perdón, yo creí que te iba a gustar mi regalo, ¿no te acordaste verdad? 

—La verdad no, con trabajos me acuerdo de qué hago aquí.  

Esa noche María supo que Carlitos ya no era Carlitos, sino un extraño que la hacía menos cada que podía. Siempre sintió su desprecio, pero no sabía explicar el amor que sentía por él. Cada vez que se veían era una humillación para ella. Su amor y su persona no era valorado, sentía que era insuficiente para su novio. Complacía cada perversión de él, pero eso no parecía ser suficiente. Aquella noche regresó a su casa en Tlalpan. Carlos le dio un abrazo con desprecio y María se durmió mientras escuchaba con dolor a Daniela Spalla que la comprendía mejor que nunca: ¿Cómo me dejaste de amar? De golpe y sin avisar. 

El sábado de aquella semana María fue a casa de Carlos y entre risas, sexo y hambre, se prometieron tomar el mezcal con café. Sin embargo, él fue directo y le planteó todo lo que llevaba pensando desde hace tiempo. Ella lo escuchó, pero no pudo resistir el llanto, sabía que era lo mejor para ambos, pero siempre se aferró a que él sería mejor. Eso jamás sucedió y entre abrazos y lágrimas se despidieron. 

No hubo dramatismos en ese momento, sino hasta después, cuando María optó por bloquearlo de todas sus redes sociales. No había forma de dar marcha atrás a la decisión de ambos. Carlos se arrepintió, sintió que una parte de su ser se había marchado para siempre, se preguntó al unísono de la canción: ¿Dónde se aprende a querer? 

Ambos se lloraron toda la vida, pensaron una y mil veces en volver y tratar de restaurar algo que estaba roto en pedacitos. Tuvieron esa esperanza quién sabe por cuánto tiempo. Ambos se dolieron no haber vivido la vida más tiempo. En la distancia y por casualidad, pensaron lo mismo alguna vez: Una botellita de mezcal con café nos espera.  

Más sobre Ventana Interior

Entre vagones

Entre vagones

Por: Bellaneyra Galán
Una hermosa experiencia de viajar en el Metro

Leer
A un metro de distancia

A un metro de distancia

Por: José Daniel Bautista Rojas
Algo en mí grita “peligro”

Leer
En esta ciudad

En esta ciudad

Por: Joseph Martínez Cervantes
¿Ya no te encontraré?

Leer
El cordón

El cordón

Por: Orlando Vázquez Ramírez
Para buscar y reencontrar

Leer
Ligne 1

Ligne 1

Por: Alejandra Jiménez
Algunas cosas nunca cambian

Leer
Aún te espero en el Metro

Aún te espero en el Metro

Por: Sarai Venegas Arreola
La esperanza de volver a sentir el amor

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

Una botellita de mezcal con café nos espera

Una respuesta

  1. yo creo que sin duda ella pensó en él, pero por bien de los dos tenían que dejarse 🙂 él ahora podría hacer aquello que deseaba cuando estaba con ella y está bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

sixteen − twelve =