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Tejidos de realidades

Número 14 / JULIO - SEPTIEMBRE 2024

Poemas que retratan prejuicios

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Víctor Arizmendi

|Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán

Solo un presente

 

Me sigue como perro que olfatea, 

lleva así un buen rato,

con simulado espacio,

sé que pronto se olvidará de su correa, 

y me sofocará con su brazo reacio.

 

No pertenezco aquí, lo lamento,

mi otra alma siempre me ha suplicado, 

que le ahogue este estómago hambriento,

con algunos pesos de dulce avellanado.

 

Juro que soy honesto, sólo vengo por un presente, 

mis ropas sucias por el cemento seco,

son a causa de querer salir adelante, 

no por venir de un lugar mal chueco.

 

Podría comprar un pantalón sin parches, 

o una mochila sin emblema político,

pero una promesa se cumple sin reproches,

si no sería un cumpleaños fatídico.

 

Lo veo acercarse de prisa oficial,

por favor no me acose como si fuera sabandija, prometo no volver a esta gran plaza comercial, 

sólo déjeme llevarle un chocolate a mi hija.

 

Entre estaciones

 

¿Y a ella por qué le echa esos ojos juzgones?,

si sólo se sentó en uno de estos vagones.

Impaciente por llegar a su lejano destino,

aunque ahora oscurecida por aquel cretino.

 

Usted analiza sus mallas negras y falda acortada,

no ve más que una educación degradada. 

Lástima que no se le atraviese por la cabeza,

que a ella le hace sentir bien vestir con tal viveza.

 

Pobre, tan contenta que se le veía tarareando,

hasta que ese la tocó mientras iba pasando. 

Sus ojos temblaron buscando alguna defensa, 

pero usted solo la barrió con una mueca de vergüenza.

 

Ahora resulta que se lo buscó por necia,

mostrando más de lo que dicta su dizque decencia,

pero ella no debería cargar con ningún miedo,

o al menos contar con su abuela en cualquier enredo.

 

Se nota en su mirada que ella ya no confía,

ni en usted ni en cualquiera que atraviese esta vía,

ojalá le siga siendo fiel a su estilo e imagen, 

arrojando sobre el andén a aquellos que la sobajen.

 

Sin Corbata

 

Los escucho susurrar a lo lejos, 

creyendo que no me doy cuenta como lazan pestes a mi vestimenta, 

que ya no luce bien ante espejos.

 

Nada nuevo de esos abogados,

que prefieren dos trajes formales, 

en lugar de normas amigables

que sí ayudan a los desamparados.

 

Me respetaban por la larga corbata, enrollada al cuello como serpiente, 

y por el zapato resplandeciente,

que solo incomodidad delata.

 

Si supieran cómo encontré a mi padre, 

aquel que todos ustedes admiraban, 

colgado por fantasmas que le picaban, 

hasta orillarlo a un horrendo encuadre.

 

Entendí que siempre odió su profesión,

así que no pienso seguir sus pasos, 

me pondré a lo que dicten mis brazos, 

sin pensarlo ni bajo presión.

 

Y como te ven te tratan,

solía decirme en las mañanas,

pero eso es problema de otras ranas, 

que brincan y no se desatan.

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