Sistema de Experiencias Colectivas
Por: Laura Jaramillo Rios
La necesidad de apropiarnos del metro como un lugar nuestro y habitable
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
El 4 de septiembre de 1969, en la Ciudad de México, se inauguraba el Metro, con la Línea 1, que corría en ese entonces desde Chapultepec hasta Zaragoza. Pronto llegarían las líneas 2 y 3 y, con ello, también empezaría a crecer la red con más líneas y ampliaciones de las ya existentes. Este proceso continuó hasta el año 2000, cuando se concluyó la Línea B, y se retomó con la inauguración de la Línea Dorada en 2012. Desde aquel día de 1969, el metro impactó duramente en la vida social del capitalino, apareciendo en canciones como las de Chava Flores o Rockdrigo González, que después adaptaría El Tri.
La también llamada limusina naranja haría apariciones en el cine y la televisión, desde una pequeña aparición en segundo plano hasta tener un rol más importante en pantalla. Tal fue el caso de Arnold Schwarzenegger, quien aparecería en la estación Chabacano de la Línea 9 para su película de 1990, El vengador del futuro. Pese a todos estos elementos culturales, y sumada la maravilla de transportar masivamente a la ciudadanía, había un elemento tangible que impactó mucho en la sociedad y que hoy ya no existe: el boleto.
En 1969, el Departamento del Distrito Federal adaptó la tecnología francesa para el peaje de usuarios y para entrar a recorrer la gran Ciudad de México. Eran unos boletos acartonados, con una franja magnética al centro y que medían solo 5.5 x 3.1 cm. Se ampliaba así la experiencia de modernidad, con trenes eléctricos silenciosos a la francesa, con un toque mexicano por ese color naranja tan característico, y una ingeniería de túneles y estaciones soterradas que revolucionó la arquitectura nacional, porque la Ciudad de México está en una zona lacustre y hacer estos túneles fue algo sin precedentes.
Estos pases se vendían por tiras de cinco piezas o bien sueltos; la tira se podía doblar en una pequeña cartera, y una pieza era un acceso que se depositaba en una ranura del torniquete. Si este te lo rechazaba, lo regresaba por un panel de control que estaba en la parte superior, lo que hacía que el boleto perdiera su propiedad magnética y fuera inútil. Con suerte, el policía en turno te podía dejar pasar al romper el boleto en dos.
El boleto y su costo fueron tema de discusión cuando subía su precio, por su pequeño tamaño y el alto poder de movilidad que te daba. El metro siempre ha mantenido una connotación de ser accesible; por ello, nunca fue de extrañar que se registraran manifestaciones cuando el valor de este cartoncillo se elevaba.
Conforme al Catálogo de Boletos del metro, de Ernesto Castro Calderón, coleccionista y metroaficionado, en esos primeros años el color de las piezas era naranja; poco después, en los 70, su color fue rosa y posteriormente amarillo. En 1972 apareció el primer boleto conmemorativo, con la imagen de Benito Juárez, hoy toda una rareza para el pequeño mundo del coleccionismo especializado. Hasta 1989 se volvió a emitir otro boleto conmemorativo, esta vez por el 20 aniversario de la red. En este boleto se veía el logo conmemorativo que incluía un tren y un número 20. Después de esta emisión, el boleto mutaría al color blanco.
También cabe mencionar que en los años 90 llegó el “abuelito” de la Tarjeta de Movilidad Integrada: los llamados abonos. En el año 2000 hubo una emisión conmemorativa por la inauguración de la Línea B. Y, una vez llegado el nuevo milenio, salían esporádicamente emisiones conmemorativas hasta que, en 2007, se volvió una práctica recurrente usar el boleto como medio propagandístico para dar anuncios importantes a la ciudadanía, celebrar aniversarios de instituciones o conmemorar fechas importantes. Este cambio incentivó e hizo crecer el coleccionismo, comparándose con la numismática y la filatelia.
En 2008 llegaría la tarjeta electromagnética. En esta época fue muy conveniente tener estas dos formas de pago, pues si solo necesitabas hacer un viaje, comprabas un boleto y te ibas sin más; ¿usabas el metrobús o hacías viajes constantemente? La tarjeta era la opción. Para gustos, había colores. Recuerdo que muchos preferían usar el boleto por tradición y sencillez; otros voltearon a ver a la tarjeta como la modernidad, y porque el joven metrobús los obligó a usarla, al igual que la naciente Línea 12. Así fue hasta que llegó el 2018.
Recordando, en 2018 la CDMX quedó a manos de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. Una vez que tomó posesión Sheinbaum, el boleto del metro detuvo sus emisiones conmemorativas, quedándose estancado en el diseño del 50 aniversario, del 2019. En este mismo año también se creó la Tarjeta MI (Movilidad Integrada), que pretendió desde entonces ser capaz de pagar el pasaje en todos los sistemas de transporte público de la ciudad. Por consecuencia, se sustituyó una línea de tarjetas conmemorativas que se habían sincronizado con los boletos para conmemorar eventos y, como muestra de una gestión “ecológica”, se abrió un programa donde se podían cambiar cierto número de tarjetas de primera generación por una nueva. Con la llegada de esta nueva tarjeta —que tienes que comprar una nueva cada que se te pierda u olvides—, el boleto del metro empezaría a contar sus días.
Como últimos ejemplos de piezas conmemorativas podemos hablar de una colección de 13 variantes del 50 aniversario, un color distinto como variante; del 100 aniversario del Zoológico de Chapultepec y del 45 aniversario de la Corporación Mexicana de Impresión, S. A. de C. V. Esto ocurrió en 2023, año en que la “modernidad” fue ordenada con la sustitución de los torniquetes, para que la nueva tarjeta fuera el único modo de acceso, siendo así que paulatinamente el boleto del metro empezó a desaparecer.
El 29 de enero de 2024 se anunció que saldría a la venta el último boleto en la historia del metro, con un diseño alusivo a los primeros años y la leyenda al anverso: 1969/2023. Otras dos leyendas al reverso decían: Último Boleto del metro. Edición final del boleto magnético, 54 años 1969-2023; Modernización tecnológica: ingreso con Tarjeta MI. Piezas vendidas y usadas solamente en las líneas 2 y 3, puesto que la Línea Rosa se encontraba en mantenimiento general y el resto de la red ya había actualizado su sistema de acceso.
Así fue como el viernes 19 de abril de 2024 fue anunciado como el último día en el que operó el boleto del metro. A las 12 de la noche de aquel día, se esfumaron los cincuenta y cuatro años, siete meses y quince días que la CDMX se movió con boleto.
¡Oh, boleto, boletito!, que la modernidad al panteón te mandó directito. ¿Cómo un pequeño cartón movió a toda una ciudad por 54 años? ¿Cuántas personas usaron el boleto? Tus abuelos, tus papás, tú y yo lo usamos. Hoy son solo una pieza más del Museo del metro, en la estación Mixcoac de la Línea 12. Es imposible imaginar cuántos viajes se realizaron en los 54 años que se emitieron estos artilugios que ya viven en la memoria. Puede ser que la tecnología y la modernidad fueran necesarias, pero sin ese pedacito de cartón nunca hubiéramos podido acceder al surreal metro que conocemos, a nuestra amada limusina naranja, que es amo y señor de nuestros recuerdos, el pilar de la movilidad masiva, el hogar de nuestros pensamientos más profundos.
La estafeta ya ha sido entregada, la movilidad se ha transformado en nuevos fenómenos y, pese a eso, el impacto del boleto sigue ahí: llamándole taquilla al lugar donde recargamos nuestra tarjeta, cada validación de peaje se sigue llamando boleto e, incluso, rara vez alguien quiere entrar con un antiguo boleto. Justo hoy, 8 de abril de 2026, día en que se ha escrito este texto, es anunciada una edición especial de la Tarjeta MI por el Mundial de este año, que ha sido toda una euforia por esta pieza y el evento que celebra.
Un nuevo horizonte, un paso se ha dado en nuestro mundo chilango, pues desde la simple etimología de la palabra boleto alude a la bula, que era un sello oficial que permitía el tránsito y los viajes, y esa es la función de la Tarjeta MI. Hoy la tarjeta es la nueva llave de acceso, con sus dinámicas propias, con su identidad gráfica característica y sus propias problemáticas, pero espero nunca se olvide que caminamos sobre el legado del boleto magnético.
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