¿Para ser aesthetic hay que estar siempre agotados?
Por: Banshee Gómez Gutiérrez
Cuando el descanso parece un acto de rebeldía
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Es final del semestre, periodo de ensayos, proyectos y exámenes. El día podría ser lunes o jueves, la tarde está bien entrada al interior de la estación del metro Copilco. Los andenes se encuentran apenas habitados, el silencio resulta casi palpable; las escaleras que conectan los andenes con la zona de los torniquetes son solitarias a más no poder. Los escalones son de color grisaseo, un camuflaje perfecto para ocultar el desgaste, un envejecimiento producto de las incontables pisadas de estudiantes que las transitan a diario.
Al descender a la zona de abordaje se observan las pinturas del mural “El perfil del tiempo”, y pese a lo cautivador que es, se vuelve inevitable bajar la mirada a las vías del tren: una envoltura de galletas, un trozo de papel empujado por la llegada de un tren, una rata que corre entre las sombras, y en el medio una perpetua mancha de cal que se extiende por varios metros hasta fundirse con el tezontle negro que enmascara liquido rojizo a modo de relleno del suelo.
El mundo no se detuvo, continúo aún cuando aquello que Durkheim nombró como una anomia se ha repetido en concretud en el mismo sitio, y aunque se tiene un protocolo por parte de las autoridades correspondientes para proceder, el cuestionamiento real debe focalizarse a la interseccionalidad que culminó en dichos actos. Es decir, la realidad que empuja al individuo al colapso.
El país va encaminado a cumplir estándares para albergar un mundial de fútbol. El continente se ve subyugado a ser el eje de influencia de la potencia del hemisferio. La economía global se articula agudizando una brecha de marginación y, en medio del caos, similar a lo planteado por Nisbet, el mito del progreso procura la materialidad por encima del bienestar social y moral.
Al detenerse a reflexionar sobre aquella pregunta que plantea si el bienestar emocional es lo más punk que hay en la actualidad, se tienen que tomar en cuenta un conjunto de factores: las obligaciones, los deberes, las expectativas y roles. Priorizando según los propios intereses, pero también acorde a la época que se vive, se debe tomar en cuenta el entorno familiar, el académico y la estabilidad económica. Todos estos elementos influyen en el bienestar emocional. Ante esto, la meritocracia es ciega frente al punto de partida situado.
La pandemia afectó en gran medida a la generación que se encuentra más expuesta a la saturación de información por internet. Les aisló en un periodo fundamental para el desarrollo intrapersonal, les creó la ilusión de seguridad al vivir detrás de una pantalla. Una generación que se volvió vulnerable.
Si algo enseñó el punk como corriente disruptiva, eso ha sido a funcionar de manera independiente al sistema impuesto, cualquiera que este sea; a señalar las fallas que tiene, a expresar la insatisfacción sin miedo a experimentar, a protestar mediante el apoyo mutuo, a no permitir la dependencia total del Estado.
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