Facultad de Filosofía y Letras
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Supuse que pedirle a mi creador que me llevara delante de él sería la mejor opción, en vez de quitarme la vida por mi propia mano. Al final me habían contado que él tiene el control de todo, incluso de mi propia muerte, así que, ¿por qué no pedirle que adelantara ese trágico suceso que todos los humanos estamos destinados a experimentar por naturaleza?
Ese pensamiento, recurrente a lo largo de las últimas semanas, se relacionaba con la muerte. No se trataba de arrebatarme la vida, pero por alguna extraña razón se me habían quitado las ganas de vivir. No es que mi vida fuera miserable ni nada por el estilo; no estaba en depresión, o tal vez sí, pero no estaba dispuesto a aceptarlo. Creo que me encontraba confuso, a veces triste y desesperado por sentirme abandonado. Tal vez tenía miedo de la vida misma y por eso empezaba a creer que, para quitarme ese miedo, lo mejor sería desaparecer.
Recuerdo cómo empezó todo. Estaba delante de mis amigos y se rieron de algo que yo no entendía; era como una suma de chistes locales que yo no podía comprender. Recuerdo otro día en el que vi a la joven que más he amado en mi vida tomarle la mano a otro sujeto. Y por último, recuerdo haber hablado muchas veces con mi creador sin obtener respuesta alguna. Eso, sumado a mi soledad, supongo que hizo que una cosa me llevara a la otra.
¿De verdad por cosas tan simples deseaba morir? Supongo que no hay un manual que diga cuándo sería bueno quitarse la vida o qué tan graves deben ser tus problemas para que decidas olvidarte de todos los que te aman.
Me dirigía al campo con un cuchillo en la mano. Me recosté en la pradera, cuyo pasto estaba algo alto. El paisaje era precioso, con todas las estrellas a lo largo de mi vista: una panorámica infinita y maravillosa. Me puse de rodillas y empecé a hablar.
—Hola. No conozco tu nombre, pero mi madre habla de ti todo el tiempo. He intentado contactarte, pero realmente no sé si tengo que hacer alguna clase de sacrificio o encender una hoguera para llamar tu atención. Me sentía absolutamente ridículo. Escucha, sé que me has visto o al menos escuchado. Mi madre dice que si te llamo con convicción entonces tú responderás, solo que jamás te he visto, así que no puedo asegurarte que mi convicción sea estable.
>>Sabes, hace tiempo me sentí triste. A veces siento que soy demasiado sentimental porque por cualquier cosa me veo tirado en la cama llorando como un hombre que acaba de experimentar lo peor en la vida. También creo que no he sabido dejar ir algunas cosas y, bueno, cada día siento que me aprisiona algo. Ni siquiera tengo deudas; nadie me ha engañado románticamente hablando, pero a veces siento un extraño cansancio de no vivir. Sé que es ridículo porque es contradictorio. Debería ser feliz, tengo todo y aún así deseo que me lleves contigo.
>>Creo que uno de los mayores problemas de mi vida es que antes creía saber cuál era mi propósito en la tierra, pero ahora es diferente, todo está nublado. Todo lo que he vivido, todo lo que me hicieron de niño, los gritos de mi madre y la exigencia de mi padre, por un tiempo se transformó en otra cosa, en amor. Pero creo que por un instante tropecé y me perdí, y ahora no sé cómo regresar.
>>Lo que quiero decirte en esta noche es, delante de todas las estrellas creadas, delante de ti o de lo que sea que eres, delante de esta pradera, te pido llévame contigo, no quiero vivir más.
Pero esperé. Esperé dos minutos, cinco, diez. No quería matarme. Solo quería morir.
Al momento de tomar el cuchillo y calcular el área en la cual cortaría mi muñeca para derramar mi sangre, una luz blanca cegó mis ojos y caí dormido sobre el piso.
Me pregunto cuánto tiempo habrá pasado. Todo se veía extraño; era como un sueño en el que tenía los ojos cerrados pero en lugar de ver oscuro estaba viendo blanco, una luz. Tal vez había amanecido, tal vez me desmayé por la adrenalina. Todos esos pensamientos pasaron por mi mente cuando, de pronto, abrí los ojos.
No sentía mi cuerpo y al abrir los ojos vi un cielo hermoso, quizás el más hermoso que hubiera visto en toda mi vida: un azul pleno y nubes blancas. Era un día soleado, pero no con un sol que quema, sino con un sol de invierno, ese que sale una vez los domingos para recordarte que aún sigue ahí a pesar del frío de diciembre.
Me encontraba recostado sobre la pradera, pero, ¿era la misma? Nunca lo sabré. Al ponerme de pie vi un árbol sobre una pequeña colina, a lo lejos; alguien estaba sentado bajo el árbol, un hombre que vestía ropa común, parecía granjero.
Estaba extrañado, no sabía dónde me encontraba. Me dirigí hacia el hombre de la pradera.
Llegué a su lado y me senté junto a él en silencio. La pradera se veía infinita, pero él no la estaba mirando: tenía los ojos cerrados. El hombre respiró profundo con una sonrisa en el rostro, su cabellera castaña y larga se movía con el viento.
—¿Cuán agradable y perfecto es este lugar, no lo crees? —dijo el hombre al abrir los ojos y volver a mirar la pradera.
Quizás caminé dormido hacia otra granja, pensé.
—No, no caminaste dormido —dijo el hombre como si hubiera leído mis pensamientos.
—Señor, ¿es suyo este lugar? —pregunté con temor.
—En realidad todo lo que ven tus ojos es mío; pero permití a tu abuelo que cuidara de él. Se lo regalé y él se lo heredó a tu madre, pero tu padre intentó adueñarse de él, así que no lo dejé.
—¿Conoció a mi abuelo?
—Sí, era uno de mis amigos.
—Señor, no estoy entendiendo. ¿Usted quién es? ¿Y a qué se refiere con que no dejó que mi padre se quedara con él?
—Tu padre quería arrebatarle a tu madre este lugar, un terreno que ha pasado por generaciones en tu familia y que pasará a ser tuyo si decides quedarte.
—Pero no pienso mudarme, señor.
El hombre sonrió con tristeza.
—No me refería a eso.
Supongo que él lo sabía todo: todo de mi familia, todo de mí.
—¿Esto es un sueño? —pregunté.
—Sí y no. No me es posible explicarlo para que lo entiendas del todo, pero hay algunas cosas que debemos hablar —procedió el hombre.
—Te escuché. Siempre te escuché. También debes saber que siempre estuve ahí contigo: cuando tu madre te gritó y te lastimó, cuando tu padre se puso violento y te llamó asno. También estuve cuando te enamoraste de una jovencita que no estaba destinada a estar contigo, incluso estuve ese día en la universidad cuando nadie estuvo contigo. Estuve cuando te quedaste sin alimento por haberlo regalado al hombre del puente. He estado en cada parte de tu vida, pero tú nunca me has conocido.
—Señor, yo ya no quiero más esta vida y sé que de alguna forma usted lo sabe.
—Lo sé, y por eso estamos aquí, porque tienes dos opciones. Solo que hay cosas que necesito que sepas antes de tomar una decisión.
—¿Y cuáles son?
—Bueno, la primera es que si dejas que corra la sangre de tu muñeca, morirás; pero la diferencia es que yo no estaré contigo. No tendrás paz, nunca. Nunca volverás a amar, llorarás siempre. Nunca volverás a ver a tu madre, este lugar morirá junto con ella y tú, y yo jamás volveré a hablar contigo. Aunque me has pedido que te lleve conmigo, necesito decirte que aún no es el tiempo de que me acompañes.
—¿Y cuál es la segunda opción? —pregunté al borde del desmayo.
—La otra opción es que decidas quedarte. Y como sé que pedirlo no será suficiente, te haré una promesa si eliges esa decisión, te prometo que si regresas jamás te dejaré, nunca te abandonaré. Ahora que me conoces, no te abandonaré, pero necesito que me busques. Yo estaré ahí, pero si no me hablas no podré acercarme más de lo que me permitas.
—¿Eres el creador? —pregunté.
Él respondió:
—Soy el que soy, y en este momento soy tu amigo.
¿Acaso el creador me había contestado? ¿Acaso me había mirado? ¿Acaso existía un creador que estuvo todo el tiempo frente a mis ojos y jamás lo vi?
—Necesito hacerte una pregunta.
—Claro —respondió dulcemente el hombre.
—Perdí mi propósito, no lo encuentro. Es como si me lo hubieran escondido y se hubieran escapado los que lo hicieron. No deseo amar más, no deseo continuar soportando la soledad y la falta de amor. No encuentro más motivos para amar tu creación.
—Si alguna vez te pierdes, ve al cielo y yo estaré ahí. Si no encuentras el camino a tu alrededor, entre los árboles, los animales, las flores y las estrellas, todo está en control. ¿Verdad? Pues así mismo tu vida: tu vida está destinada a algo más allá de lo que puedes ver y de lo cual no te puedo decir. Pero sí puedes saber esto, todo ese sufrimiento que has vivido te llevará a cumplir lo que tengo en mente para ti.
—¿Pero cómo puedo confiar en ti? —pregunté—. ¿Cómo confiar cuando me viste sufrir toda una vida y nunca viniste a visitarme? Ahora que deseo morir, ¿decides buscarme? ¿Sólo me encontraré en el sufrimiento?
—Todo lo que has vivido te llevó a conocerme. Sé que a muchos no les es suficiente, pero una vez que encuentras el camino para llegar al inicio, entonces todo tomará sentido. Tu vida tiene sentido; he visto más en ti de lo que tú mismo ves. Pero es tu decisión: si decides confiar…
A veces vivir a ciegas en un camino de creencias es difícil, pero a veces es lo mejor que le puede pasar a un ser humano. El amor es lo más importante, lo entendí esa noche. Es el propósito de mi vida. Quizás amar y vivir en amor será mi propósito, quizás también el de otros humanos.
—Conejos —dije.
—¿Qué dices?
—Siempre he querido conejos en la granja, que corran sobre la pradera. Si me quedo, ¿será posible que envíes a alguno?
El hombre se rió, me dio un abrazo que me envolvió en luz y, con una risa infinita y armónica, esperé volver a sentir todo ello con mi amigo de la pradera.
Cuando desperté aún era de noche. El cuchillo estaba en mi mano; había regresado a la noche de la pradera. Supe que mi madre estaba en casa porque la luz estaba encendida, y junto a mí había una cola esponjosa que me hacía cosquillas en la mejilla.
Por: Karla Nieto González
Juntos podemos ser la voz y la esperanza de aquellos que la han perdido
4 Responses
Una sola palabra WOOOOUUUU
Woooo hermoso escrito
EXCELENTE REFLEXIÓN.
TODOS PASAMOS EN ALGUN
MOMENTO DE NUESTRA VIDA, POR SITUACIONES DIFICILES.
SOLO HAY QUE ENCONTRAR LA LUZ QUE NOS AYUDARÁ A SALIR ADELANTE.
Muchas gracias por escribir éste cuento tan alentador. Mucha gente y sobre todo nuestros jóvenes necesitan saber que vale la pena vivir, pese a cualquier situación. Siempre la mejor OPCIÓN será vivir. Espero éste mensaje llegue a muchos a tiempo.
Excelente mensaje