Entre vagones
Por: Bellaneyra Galán
Una hermosa experiencia de viajar en el Metro
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
No sé hacer poesía,
pero tú sí sabías.
Yo apenas sabía abordar los días,
subirme a ellos sin preguntar demasiado
hacia dónde iban.
Tú, en cambio, parecías conocer los mapas.
Leías señales invisibles,
encontrabas sentido en los desvíos.
Por eso intento escribirte ahora.
Porque hay trenes que llegan a su destino,
y después de eso
ya no queda más camino.
Porque te vas,
o porque nos vamos,
que no es lo mismo,
pero se parece demasiado.
En Autobuses del Norte empezó todo, ¿te acuerdas?
Éramos apenas una coincidencia,
dos nombres compartiendo una misma ruta.
No había señales de que aquel encuentro sencillo
iba a convertirse en tantos kilómetros.
Y tú ya parecías estar escribiéndonos,
guardando nombres para estaciones
que yo todavía no sabía que existían.
Yo no sabía leer entre líneas,
tú sí.
Tú siempre sí.
En Hidalgo tuvimos la primera cita,
y después escribiste sobre eso.
Lo sé porque me lo leíste en voz baja.
Decías que el amor a veces llega
como un tren que no esperabas tomar,
un viaje donde nadie sabe
cuándo aparecerá la estación final,
y quizá por eso todos miran por la ventana,
intentando que el paisaje dure un poco más.
Yo no entendía de metáforas,
pero entendía de quedarme.
Y me quedé.
Me quedé en las conversaciones largas,
en las despedidas que siempre encontraban una estación más,
en la forma en que tus ojos se detenían
en paisajes que los demás atravesábamos sin mirar.
En Chapultepec celebraste mi cumpleaños
y después lo convertiste en poema.
Yo nunca había sido alguien importante
en las historias de nadie.
Pero contigo descubrí algo extraño:
que algunas personas no cambian el rumbo del viaje,
pero sí la forma de recorrerlo.
Y, por primera vez,
sentí que había llegado a algún lugar.
En nuestra primera noche en Bellas Artes,
la ciudad brillaba alrededor.
Dijiste que todo tenía ritmo,
que incluso nosotros
ya rimábamos sin saberlo.
Yo no supe qué responderte.
Nunca supe nombrar las cosas como tú.
Pero recuerdo haber pensado
que, si la vida era una estación,
quería perder todos los trenes contigo.
No sé hacer poesía,
pero contigo viví dentro de una.
Y, como todo viaje,
el nuestro también siguió avanzando.
Hubo días luminosos,
días lentos,
días que parecían repetirse.
Y aun así seguíamos ahí,
compartiendo la misma ruta,
creyendo que siempre habría una estación más.
Hasta que llegamos a Universidad,
la última estación de nuestra ruta compartida.
No desde el dolor,
no desde el quiebre,
sino desde esa calma extraña
donde el amor entiende
que a veces es simplemente el momento
en que dos caminos continúan separados.
Y tú, que hacías poesía de todo,
convertiste incluso el adiós
en algo hermoso.
Y creo que está bien.
No terminó en ruinas,
terminó en silencio.
Como terminan los viajes largos:
con la frente apoyada en la ventana,
viendo alejarse el último paisaje,
comprendiendo que haber llegado
no vuelve menos hermoso el camino.
Hubo un “gracias
por todo lo que sí fue”.
Y creo que ninguna despedida
podía decir más que eso.
Hay historias que cumplen exactamente
lo que vinieron a ser.
Y después siguen su camino.
Tú seguirás escribiendo,
porque así es como existes.
Seguirás convirtiendo momentos en versos,
calles en recuerdos,
personas en páginas.
Y yo…
yo me quedaré con todo lo que aprendí al acompañarte.
Supongo que esto también es amor:
aceptar que el viaje terminó
sin arrepentirse de haber subido.
Supongo que así también se cierra una historia.
Como un tren que llegó a su destino.
Todos descienden,
las puertas se cierran,
el andén queda vacío,
pero la ruta existió.
Y nadie puede borrarla.
En fin, no sé hacer poesía.
Pero si alguna vez escribí algo parecido,
fue porque te conocí.
2 Responses
Muchas felicidades Rafa, que orgullo verte compartir tu talento en esta publicación de la UNAM. ¡Enhorabuena por este gran logro y sigue adelante por muchos más!
muy bonita tu poesía , sigue escribiendo tienes ese Don aprovechalo