Entre un lápiz y un bulto de cemento, pesa más la desigualdad
Por: Elizabeth Pérez
La desigualdad no nace de cuestiones personales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Cuando hablamos de IA pueden venir muchas cosas a nuestra mente, entre ellas que es una herramienta con inteligencia propia o que en un futuro podría superar o sustituir la inteligencia humana, pero los límites de la inteligencia artificial están condicionados a los límites humanos, pues la IA recopila datos e información proporcionados por humanos y hace uso solamente de estos mismos.
Hay muchos mitos sobre la IA, comenzando por su “novedad”, ya que no es tan actual como parece. Existe desde alrededor de los años 50, con el primer modelo de neurona artificial de McCulloch y Pitts, que fue una base muy importante en el camino de la investigación neuronal en procesos biológicos del cerebro y obviamente para las redes neuronales en la inteligencia artificial.
A lo largo de los años estos modelos fueron mejorando, desarrollando redes neuronales con muchas capas. Estas capas están inspiradas en las redes neuronales humanas y le permiten a la IA usar datos para identificar patrones complejos.
Para que la IA funcione, debe procesar grandes cantidades de datos utilizando algoritmos y modelos matemáticos para poder identificar patrones complejos y realizar tareas de manera independiente. Todo esto es dirigido y programado por personas. Claro que también puede tener un aprendizaje automático para mejorar, aparentemente sin necesidad de ser programada para ello, pero lo hace a partir de los datos que tiene, por lo que, al final, se podría decir que sí fue programada.
Con base en esto podemos entender que aunque parece que la IA tiene la capacidad de pensar por sí misma, realmente está condicionada por la inteligencia (y también por los errores) de quienes crean los sistemas que la hacen funcionar.
Era muy necesaria esa pequeña explicación de cómo funciona la IA para comprender que no actúa de manera independiente, sino programada y que en muchas ocasiones los datos de estas programaciones no son neutros y están cargados de ideas y prejuicios de los programadores y al ser sistemas que recopilan estos datos, terminan por replicarlos e incluso aumentarlos.
Quizás en este punto, el título de este ensayo ya tenga más sentido, pues ya nos dimos cuenta de que la inteligencia artificial y todas las grandes capacidades que tiene no se debe a algo artificial, sino a algo programado; pero, así como existen cosas “buenas” van a existir cosas no tan buenas.
Ahora me quiero enfocar en esos aspectos no tan positivos, no necesariamente de la IA, sino de los sistemas programados que la hacen funcionar, “culpando” de alguna manera a la inteligencia humana y no artificial.
Un gran ejemplo de esto es un caso bastante polémico entre 2014 y 2018 protagonizado por Amazon y “su algoritmo al que no le gustaban las mujeres”.
La empresa había creado un algoritmo para contratar personal, la intención era reclutar a los mejores currículums, pero estuvo mal diseñado, pues comenzó a descartar cualquier currículum que tuviera la palabra “woman” o alguna referencia femenina.
¿A qué se debió esto? A que el algoritmo se basó en datos de anteriores contrataciones, en las que la mayoría de los contratados eran hombres, por lo que empezó a replicar esos datos favoreciendo a los hombres por ser quienes “dominaban” esa industria.
Si bien, esto podría parecer un pequeño error por un descuido, no debemos quitarle importancia, ya que creó un gran sesgo de discriminación sexista hacia las mujeres, cosa que obligó a Amazon a quitar ese algoritmo. Además de que se pudo evitar, ¿de qué manera? Probablemente si no le hubieran dejado toda la responsabilidad a los historiales de contratación anteriores, pero al no hacerlo, el sistema solamente replicó lo que se le había enseñado.
Si una inteligencia artificial tuviera una verdadera autonomía, ¿habría actuado igual? No es algo que se pueda responder fácil, pues volvemos a lo mismo, una IA debe ser programada para funcionar y si en esa programación no agregan esas inclusiones el resultado sería el mismo, pero tampoco se puede agregar absolutamente todo lo existente porque no sería fácil, no se darían cuenta de que falta algo, hasta que falta.
Este caso nos deja muy claro que la inteligencia artificial no actúa de manera independiente, más bien refleja la inteligencia y/o errores de los humanos.
Entonces, ¿la IA podría aprender de los datos existentes para crear una conciencia propia? Probablemente ya podemos imaginar la respuesta: no, no podría. Una IA con esa capacidad sería una “Superinteligencia artificial”, algo que solo existe en ciencia ficción, ya que los sistemas de IA son diseñados por personas y en ocasionas nosotros mismos, como humanos no somos capaces de actuar ante alguna situación, tampoco podríamos programar una IA a actuar improvisadamente.
No hay nada de qué preocuparse cuando se trate de IA, podríamos verla como un espejo de la inteligencia humana. Además, como ya lo mencioné en este texto, existen muchos errores y sesgos alrededor de esta, pero si necesariamente tuviera que existir una preocupación con respecto a la IA, quedaría en el uso, la confianza, responsabilidad y dependencia que las personas depositen en ella.
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