En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Ana Karen Rodríguez Álvarez | Escuela Nacional Preparatoria Plantel 8

¡Madres, ya no llegué!

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

Salir a tiempo y aún así perder la primera clase

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Emir López Guzmán

acultad de Ciencias Políticas y Sociales

Suena el reloj, apenas logras entreabrir los ojos y apagas la alarma. Empiezas a pensar en qué hacer y qué ropa ponerte. Revisas el celular: ¡Sorpresa! Tu profesor te ha dejado una nueva tarea. Las manecillas del reloj marcan las 4:20 de la madrugada, un silencio acogedor recorre la casa mientras todos duermen. Es hora de partir. Tu día ya comenzó.

Llegas a la base de combis y, para tu buena suerte, la fila no es tan larga. La vida es bella; te tocó un buen lugar y un coyotito te puedes echar. Te pones los audífonos, escuchas tu música favorita, todo transcurre con aparente normalidad. Mientras, algunos rostros reflejan cansancio, otros aprovechan para ir leyendo o ver videos en su celular. Te cuestionas: ¿realmente vale la pena todo lo que estás sacrificando? Tiempo, dinero y algo más que esfuerzo.

Entre empujones y golpeteos logras subirte al Metro. Son las seis de la mañana, vas a tiempo para llegar a tu primera clase.

—Güey, valió madres. No voy a llegar, sigo en Indios Verdes.

Abres la barra de notificaciones del celular, investigas qué ocurre y, para sorpresa de nadie, te enteras de que se descompuso un tren.

Ventiladores apagados. ¡Pfff! Huele a algo más que humanidad. Resbala tu mano y puedes sentir el sudor de todos los que se agarran del tubo, unos casi encima de otros. Todos compartimos algo en común: angustia.

—¡Chingada madre! No voy a llegar —dice un señor molesto, mientras revisa la hora en su reloj.

El malestar aparece en cualquier momento para los más de tres millones y medio de pasajeros que usan el Metro de la Ciudad de México todos los días. ¿A quién no se le ha hecho tarde por su culpa? Tan solo en esta urbe se pierden cerca de 184 horas en el tráfico anualmente, casi 8 días de tu existencia.

¡Por fin! El Metro cierra sus puertas y comienza a avanzar. Un viaje de veinte minutos se convirtió en uno de cincuenta para poder llegar a la universidad. Intentas motivarte e ignorar tus emociones. La clase ya comenzó, y aunque tus amigos y compañeros te esperan en el salón de clases, aún no has llegado. 

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