Desmorados y desajolotizados
Por: Jesús Axel Cuapio García
Un Mundial que maquilló la ciudad, no sus problemas
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
El conflicto palestino-israelí, originado a finales del siglo XIX con el sionismo y agravado tras la creación de Israel en 1948, ha generado décadas de guerras, desplazamientos y tensiones sin resolver entre israelíes y palestinos.
En octubre de 2023, el conflicto palestino-israelí escaló tras un ataque sorpresa de Hamás desde Gaza, al que Israel respondió con una ofensiva militar masiva, bloqueo total y la invasión del enclave. La crisis humanitaria se agravó y la guerra evidenció el papel clave de la tecnología satelital en los conflictos modernos: vigilancia y coordinación.
Los satélites
Los satélites artificiales son dispositivos tecnológicos creados por el ser humano y lanzados al espacio para orbitar la Tierra u otros cuerpos celestes con distintos propósitos. Se mantienen en el espacio gracias a la velocidad que adquieren en su lanzamiento, lo que les permite contrarrestar la gravedad y seguir una trayectoria estable alrededor del planeta.
De acuerdo a la periodista Ivanna Kostina, los satélites militares son diseñados y operados por fuerzas armadas para cumplir funciones estratégicas en defensa, seguridad y operaciones militares; suelen estar equipados con tecnología avanzada para recopilar información, mejorar la comunicación entre tropas y fortalecer la capacidad de respuesta en conflictos.
Los satélites militares se dividen en varios tipos: los de reconocimiento vigilan movimientos enemigos; los de navegación guían tropas, misiles y drones; los de detección alertan sobre lanzamientos de misiles; y los de guerra electrónica interfieren señales y sistemas enemigos.
Conflicto palestino-israelí
El uso de satélites militares en la guerra ha revolucionado la estrategia y las tácticas de combate, proporcionando una ventaja significativa en inteligencia, vigilancia, comunicaciones y navegación. En conflictos modernos como el genocidio contra Palestina, los satélites han sido fundamentales para recopilar información en tiempo real, mejorar la precisión de los ataques y garantizar la seguridad de las fuerzas desplegadas, en este caso las denominadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
En el caso de Israel, la integración de estos satélites con su sistema de defensa Iron Dome –domo de hierro en español– ha sido esencial para interceptar y destruir cohetes lanzados por grupos armados antes de que impacten en su territorio, además, a los satélites se les une una compleja red de radares y la coordinación humana para lograr esa hazaña.
El periodista Sergio Parra detalla que los satélites de alerta temprana son esenciales para detectar lanzamientos de misiles y activar defensas en segundos, lo que reduce la vulnerabilidad de instalaciones y poblaciones. Además de su función táctica, también documentan los efectos del conflicto con imágenes clave para operaciones militares y denuncias de violaciones a derechos humanos. No obstante, el aumento de su uso ha generado preocupaciones sobre la militarización del espacio y el desarrollo de satélites antisatélites, lo que abre nuevos riesgos en la seguridad internacional, tal sería el caso del fallo de sistemas de comunicaciones, navegación y defensa.
Satélites de Israel
Israel dispone de satélites propios, como el Ofek-13, utilizado para reconocimiento militar por radar. Además de estos, muchas de sus operaciones se apoyan también en satélites estadounidenses y de empresas privadas que colaboran con su gobierno y fuerzas armadas, sin mencionar la coordinación de otras fuerzas militares y de inteligencia.
El Estado de Israel también dispone del EROS-C3, parte de la serie de satélites de observación EROS, operado por la empresa ImageSat International. Este sistema de reconocimiento avanzado, desarrollado por tecnología israelí, fue lanzado en diciembre de 2022 y está equipado con cámaras de alta resolución que permiten capturar imágenes detalladas y precisas. Su utilidad abarca desde labores de inteligencia militar hasta funciones de seguridad y vigilancia estratégica. Se estima que tanto el gobierno israelí como las FDI hacen uso de este satélite para monitorear amenazas potenciales en la región, consolidando así su capacidad de supervisión y respuesta ante situaciones de conflicto. Según las Industrias Aeroespaciales de Israel, este satélite es de los más avanzados del mundo debido a su capacidad de captar imágenes en alta resolución.
Teoría del conflicto
La Teoría del Conflicto explica que los enfrentamientos surgen por desigualdades, competencia por recursos y diferencias de poder entre grupos que buscan mantener privilegios, lo que genera tensiones y desigualdad, ayudando a entender por qué conflictos como el de Israel y Hamás persisten y escalan.
Además de basarse en el Estado y la ley, también considera la moral y otros factores fuera del marco legal. Se relaciona con la teoría de juegos, que analiza las estrategias detrás de la toma de decisiones y cómo influyen en la interacción entre personas. Aunque la manipulación existe en cualquier dinámica social, esta teoría diferencia entre el abuso de poder y los acuerdos justos que surgen de negociaciones genuinas.
Es así como, el uso de satélites militares en el conflicto refleja cómo la desigualdad tecnológica refuerza la asimetría de poder. Israel utiliza satélites como los ya mencionados TecSar y el EROS-C3 para monitorear movimientos en Gaza y Cisjordania, detectar lanzamientos de cohetes y coordinar ataques de precisión. Esto le otorga una ventaja estratégica sobre grupos palestinos, que no cuentan con este tipo de tecnología.
¿Alternativa pacífica para el uso de satélites militares?
A pesar de su predominante uso en el ámbito militar, los satélites también pueden desempeñar un papel crucial en la mitigación del conflicto entre Israel y Palestina si se emplean con fines pacíficos –aunque esto suene algo contradictorio–.
Por ejemplo, los satélites militares pueden monitorear violaciones de alto al fuego y facilitar la verificación del cumplimiento de acuerdos de paz mediante la vigilancia de movimientos de tropas y el lanzamiento de misiles. Organismos internacionales o mediadores –como la ONU u otras naciones de la región como Jordania o Egipto– podrían acceder a imágenes satelitales para verificar denuncias de ataques y garantizar que ambas partes cumplan compromisos diplomáticos. Esto haría que la supervisión del conflicto no dependiera únicamente de los actores involucrados, reduciendo la posibilidad de escaladas basadas en información sesgada o manipulada –como se vive actualmente la situación–.
Finalmente, el intercambio de tecnología satelital entre Israel y Palestina, bajo un esquema de cooperación supervisado por organismos internacionales, podría promover la desmilitarización parcial y el desarrollo de capacidades tecnológicas compartidas, aunque este planteamiento puede no ser el más viable debido a la tendencia pro-Israel de los organismos internacionales.
Las telecomunicaciones se han convertido en un elemento estratégico en las relaciones internacionales, no solo como motor económico, sino también como herramienta de poder. Hoy, los Estados compiten por el liderazgo tecnológico con la misma intensidad con la que antes disputaban recursos naturales.
Esta carrera ha agudizado tensiones globales en torno a la ciberseguridad, la soberanía digital y la brecha tecnológica.
El conflicto entre Israel y Palestina refleja esta lógica: Israel, respaldado por potencias como Estados Unidos, utiliza su superioridad satelital y de vigilancia para asegurar una ventaja militar y geopolítica. El espacio tecnológico se ha transformado en un nuevo campo de disputa, donde el control de la información y del espectro digital define las relaciones de poder. En este contexto, la tecnología satelital es tanto un instrumento bélico como un símbolo de hegemonía en el orden internacional actual.
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