En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
Ulises Flores Hernández / Facultad de Estudios Superiores FES Aragón

La resistencia cotidiana

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

Habitar el vagón para apropiarnos del transporte público

Picture of Karla Yaretzi Sedano Hernández

Karla Yaretzi Sedano Hernández

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

La remodelación de algunas estaciones del Metro de la CDMX nos ha obligado a cuestionar si estos cambios se llevan a cabo para quienes hacemos uso de estos espacios con cotidianidad. Desde mi propia experiencia, el transporte público ha sido el escenario principal de mi movilidad. Desde pequeña mis padres me enseñaron a utilizar el metro aún con el caos y el peligro que este implicaba, nunca me permitieron temerle a sus transbordos, que muchas veces resultan confusos. Sembraron en mí un profundo amor por esta ciudad de retrasos, deficiencias y suciedades, porque si tengo que cruzar la Ciudad de México lo haré en transporte público.

Quienes utilizamos el metro y otros medios de transporte público sabemos que este se lleva gran parte de nuestra vida, para bien y para mal. No debería ser normal hacer tres horas de camino al trabajo o a la escuela. Sin embargo, al ser tanto el tiempo que gastamos en estos espacios, es imposible no crear recuerdos importantes, tengo en mente las pláticas al borde del llanto con mis amigas, las veces que aún con el corazón roto tuve que caminar en estos transbordos interminables, las tardes de regreso a casa con personas que hoy ya no están presentes en mi vida, ver Ciudad Universitaria con un amanecer de fondo a través de la ventana del Metrobús, los reencuentros inesperados entre vagones y las risas provocadas por una conversación banal con una amiga mientras esperamos la llegada del metro.

Si tenemos algún recuerdo del transporte público que nos genera algún sentimiento significa que nos hemos apropiado de este espacio y, por ende, es parte de nuestra vida cotidiana. Es por eso que las remodelaciones durante la época mundialista nos generan tanta indignación, denotan que nuestras autoridades, aquellas que toman decisiones respecto a las obras realizadas, se encuentran completamente desconectadas de las problemáticas que nos atraviesan como usuarios ya que en nosotros recaen los retrasos por causa de estas modificaciones. Pensamos que evitar salir de casa durante el mundial y abandonar el uso del transporte público es la respuesta ante la frialdad tecnocrática que, aunque no lo queremos aceptar, es una forma de despojo. Pero entonces, ¿cómo nos anteponemos al desentendimiento de las autoridades hacia los usuarios del transporte público y lo que significa utilizarlo a diario para llegar al trabajo o a la escuela, puesto que no contamos con otra forma de trasladarnos en esta ciudad? La forma que encuentro es habitando nuestra ciudad con la misma cotidianidad, hacer notar nuestra presencia en las calles y no abandonar el transporte público como una manera de protestar.

Michel de Certeau lo habla en su obra La invención de lo cotidiano (2000) y su distinción entre las estrategias del poder y las tácticas de los usuarios. Él argumenta que las estrategias son el cálculo de relaciones de fuerza que asumen un lugar propio y que tienen la capacidad de delimitar un ambiente y actuar con visibilidad y proyección; es decir, son acciones racionales que tienden a crear sus propios espacios, en este caso, los diversos tipos de transporte público. En cambio, las tácitas las concibe como acciones puntuales e ingeniosas que se dan en el lugar del otro, muchas veces movimientos microscópicos e invisibles que consiguen transformar y manipular lo que se ha impuesto por medio de la estrategia, es decir, tienen esta naturaleza de resistencia, lo táctico no crea un lugar, más bien aprovecha las oportunidades en el tiempo y transforma un fragmento de la realidad. 

A pesar de que Certeau reconoce que estas microresistencias no constituyen una revolución total, sí crean una resistencia permanente que mantiene un espíritu emancipador frente a la alienación impuesta por el sistema. Son una forma en la que el individuo se enfrenta a las imposiciones y permite un desvío a la posibilidad de ser y, sobre todo, de crear. No abandonar el transporte público en medio de las remodelaciones, el mundial o cualquier eventualidad que nos orille a cuestionarnos su uso, sirve para incomodar a aquellos que nos ignoran y resulta un acto de resistencia cotidiana. 

Al final, quienes le daremos vida a las supuestas remodelaciones somos nosotros. Así que ocupemos y exijamos un transporte digno, sin abandonarlo, continuemos riendo, llorando, besando, cantando y bailando entre los andenes, vagones y asientos. Habitemos la ciudad con todo y lo malo y aunque no lo digamos con frecuencia, por vergüenza o porque no creamos que lo merezca, amamos a la Ciudad de México. Abandonarla a ella y a su transporte sería uno de los mayores errores que podríamos cometer.

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La resistencia cotidiana

Una respuesta

  1. Brillante artículo. Incide en lo que es nuestro, en lo que siendo cotidiano llega a ser parte de nuestra vida, con satisfacciones, utilidad en el servicio, refugio de nuestras limitaciones, complemento en nuestras vidas.
    Insisto, brillsnte artículo.

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