Violencia sin prejuicios
Por: Gustavo Cervantes Flores
Lastimosa y latente realidad
Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco
Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco
Hace casi medio año me topé con tres historias que exploraban con notable profundidad la naturaleza del deseo. La primera fue Wixoss, un anime basado en un juego de cartas que plantea una pregunta fundamental: ¿realmente quieres aquello que deseas? Un personaje interesante de este anime es Hitoe, quien anhela tener amigos, y a medida que socializa mediante el juego, los consigue. Contra todo pronóstico, después de que dejara de jugar, perdió por tercera vez. Por las reglas de la dinámica se le invirtió aquello que deseaba, careciendo de la capacidad de volver a relacionarse con alguien, fue condenado a una soledad perpetua. Esto me generó una duda, ¿Qué estás dispuesto a hacer por aquello que anhelas? Otro personaje del mismo anime que quería ser popular terminó desaparecida, consumida por el resentimiento y las cicatrices. En contraste, la protagonista Ru inició sin un deseo claro —“Mi hermano está bien, nos visita, y mi abuela nos cuida” —. Al verse reflejada en las demás, encontró lo que quería: proteger a sus amigas.
La segunda historia, Darling in the Franxx, sitúa la pulsión en el espejo del otro. Zero Two, por ejemplo, anhela ser deseada por Hiro para alcanzar su propia humanidad. Busca una completitud que únicamente es visible en el encuentro con la mirada del otro, en la curiosidad genuina que despierta ser vista. En esta búsqueda subyace una necesidad casi filosófica: la de ser objetualizado. Como lo remarcó el filósofo Heráclito, “nadie se baña dos veces en el mismo río”, todo fluye. Sin embargo, el objeto en su esencia permanece. Ser objeto para alguien es en cierta forma ser percibido como completo y estable. Esta es la esencia de Darling: la búsqueda de la completitud del ser a través del reconocimiento mutuo.
La última historia con la que me encontré fueron los juegos y el anime de Nier, narrativa que cuestiona la esencia de lo humano. En ellas, las máquinas son capaces de sentir y actuar con una humanidad más auténtica que los autómatas, seres que se proclaman herederos de una humanidad ya extinta. Nier, bajo la peculiar dirección de Yoko Taro, nos obliga a preguntarnos: ¿Acaso el deseo humano es único de los humanos? ¿Qué es lo que realmente nos hace humanos?
En esta época de conflictos, al borde constante de una supuesta tercera guerra mundial, me asalta la pregunta: ¿por qué deseamos lo que deseamos? Estas tres historias comparten una respuesta: lo que ansiamos es al otro. Como diría el psicoanalista Jacques Lacan —es el otro el que nos enseña a desearlo—, es quien nos impulsa a movernos, lo que nos refleja dónde encontramos la pulsión que pretende saciar nuestros deseos.
Hace poco me cuestioné sobre la felicidad y, en resumen, hallé que la mayoría de las personas la definen como “el instante en que un deseo se cumple”. Nos enfrentamos a una paradoja: el deseo no ansía ni su cumplimiento ni su negación, quiere “seguir deseando”. Bajo esta premisa, la única liberación definitiva del deseo y la única experiencia que se asemejaría a una felicidad absoluta y estática-estética es la muerte. Solo en nuestra ausencia el deseo cesa, porque se extingue la otredad que lo alimenta. Pensémoslo así: nos comprendemos a nosotros mismos en contraste con el otro. Si no hubiera otro que niegue lo que no somos seríamos todo y nada a la vez. Al deseo le ocurre lo mismo: si no existe otro que sea objeto de nuestro anhelo, el deseo se disuelve. No podemos desearnos a nosotros mismos, ya que eso no llena nuestra falta inherente. Wixoss, Darling in the Franxx y Nier no nos muestran únicamente una exploración del deseo, sino también una solución: la salvación. Cuando llega es siempre un acto de reciprocidad. Abrirse a él, preocuparse mutuamente, compartir el peso del mundo. Estos finales no son simples desenlaces felices, son la confirmación de una verdad incómoda y fundamental: el ‘yo’ es un eco que resuena siempre en la presencia del otro. Sin esa otredad que nos refleja, ¿sobre qué se sustentaría nuestro propósito?, ¿qué forma tomaría nuestro deseo? La respuesta, tal vez, no es única de estas historias, sino está en la mirada de quien tenemos al lado.
Por: Lesly Sarai Martínez Cárdenas
Cuando el amor persiste, aunque todo haya terminado