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Foto de Nikolai Vorobiev

La armonía de la tormenta

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

Detengámonos un momento para reflexionar por qué somos lo que somos

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Genaro Isaías Flores Paredes

Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Plantel Morelia

El caos contemporáneo de la naturaleza humana (genocidios justificados, golpes de estado y el renacimiento del fascismo) pareciera estar ligado a eventos sobrenaturales, profecías mal interpretadas e incluso a una maldad pura y latente en el corazón de todo hombre que lo acompaña desde el nacimiento; maldad esperando el sigiloso andar del tiempo para brotar y florecer. La ascensión de tiranos, la masacre de pueblos y la destrucción paulatina de la vida es, o eso parece, nuestro inexorable destino como especie.

Por otro lado y sin afán de encasillar fe alguna, considero que existen tres máximas, tres puntos de partida irrevocables que bien podrían tomar el papel de Génesis en la comprensión y estudio de la historia y de la conciencia de todos los pueblos: la realidad material, los medios de transformación de esta y el choque de fuerzas antagónicas por el control y dominio de las dos primeras. Trinidad eterna, inmutable y humana. Dicha trinidad ha sido difamada, oculta y envuelta en largas redes de falacias y miedo, construidas a través de mecanismos de propaganda, muerte y tortura, cobijadas con narrativas dulces de libertad y progreso que adormecen con elocuencia el peso de las cadenas y el hambre de miles de millones de esclavos modernos. ¿Podemos decir que es culpa de la colmena humana el no ser consciente de las fuerzas que moldean su realidad? Absolutamente no.

Entendiendo que el ser humano es un animal político-conceptual y entiende su realidad partiendo de conceptos y por medio de sus relaciones sociales, podemos mencionar que términos como “libertad” y “voluntad” han sido usados por la burguesía y sus lacayos de ultraderecha en los últimos años como espada y flecha. Contrario a lo que estos parásitos proponen en sus campañas de desinformación a través de medios masivos como el cine, la televisión, música y otros más, pienso que los individuos no se forjan con base a un aliento de inspiración propia o divina; nacen, crecen y se desarrollan en el entorno del sector productivo que la fortuna les asignó dentro de la maquinaria del capital. El “sentido común” es prueba de ello.

Antonio Gramsci asumía el sentido común como el conjunto de ideas, creencias, prejuicios y valores que la gente adopta sin reflexión, tomados del ambiente en el que vive, partiendo de las proyecciones filosóficas de la hegemonía de la clase dominante; es decir, la burguesía construye la identidad de sus súbditos a través de imposiciones materiales, ideológicas y espirituales. ¿Parece exagerado? Detengámonos un momento para reflexionar por qué somos lo que somos, por qué actuamos y pensamos cómo lo hacemos. ¿Realmente hay libertad y albedrío en nuestras decisiones?¿En qué o quiénes pensamos cuando escuchamos estas palabras?

Thomas Hobbes, en su obra más popular, El Leviatán, habla sobre el estudio de las causas, consecuencias y series de imaginaciones en el mundo humano y natural para después profundizar en la naturaleza misma de un Estado eclesiástico y civil. Partiendo de esto, la importancia del estudio de estos temas radica en que, mediante el constante análisis de las causas de las circunstancias de nuestra realidad, nos lleva a desmantelar narrativas falaces, propaganda e incluso a devolverle la mortalidad a aquellos que nos gobiernan. De esta manera, el caos se vuelve predecible y las tormentas menos tempestuosas. Dicho autor menciona: “Un signo es el acontecimiento antecedente del consiguiente; y, por el contrario, el consiguiente del antecedente; cuando han sido observadas, tanto menos incierto es el signo, y, por lo tanto, quien tiene más experiencia en cualquiera clase de negocios dispone de más signos para armonizar el tiempo futuro”. De esta manera, mediante la aguda observación de causas y consecuencias, podemos tomar el papel de profetas.

El control de conceptos, la manipulación de ellos para armar discursos y narrativas fantasiosas y el ocultamiento de las causas de los eventos políticos de relevancia e interés son la piedra angular en el control de masas. Ahora, si todo está determinado por las condiciones en las que nos desarrollamos, ¿de qué manera es posible intervenir para generar un cambio? ¿Cómo le podemos hacer frente a la bestia imperialista si esta controla y produce parte de nuestra propia realidad? Karl Marx ya mencionaba que el propio capital incubará las manos que le darán muerte. Poniendo esto en el contexto del estudio de las causas y consecuencias de la naturaleza de nuestra realidad, nosotros como estudiantes podemos ser la causa que lleve al pueblo de nuestra nación a ser consciente de las fuerzas que moldean su entorno y sus vidas.

Aunque la mayoría de las revoluciones en un principio fueron impulsadas por la burguesía para abolir las monarquías, es la clase trabajadora, el proletariado, quien combate en ellas y, dentro de estos movimientos, las universidades han jugado un papel de suma importancia, pues son los humanistas que en ellas se forjan quienes ayudan a darle dirección a la batalla por la dignidad. Tal fue el caso de los gloriosos “Rojos” del siglo XIX, la mejor clase política que México ha tenido, integrados por grandes e ilustres personajes como Melchor Ocampo y el Nigromante, quienes combatieron con la pluma y el fusil por los derechos de la clase oprimida.

Si bien las condiciones aún no son propicias para aniquilar con el fuego de las bayonetas a nuestros verdugos, porque, en efecto, no hay otro camino y la batalla por la vida será inevitable, sí podemos actuar desde nuestras trincheras como universitarios, poniendo nuestro conocimiento y formación al servicio de los nuestros. Esta es la forma más honorable de agradecer a todos aquellos que contribuyen y hacen posible nuestro lugar en la máxima casa de estudios del país, en una universidad creada para servir al pueblo. Hoy, una sombra vuelve a acechar a nuestra gran América Latina: una bestia que ya lanzó el primer mordisco, de cuyas fauces aún brotan sangre y petróleo venezolanos, y que ha esparcido a lo largo del continente, desde México hasta Chile, múltiples lacayos y sirvientes para que, a través de ellos, se le otorguen de manera legítima nuestras tierras, ríos, mares y selvas.

Estamos en riesgo; nuestra indiferencia o acción ante los hechos presentes y venideros marcarán la pauta de nuestra dignidad y valor como humanidad.

Que nuestra ciencia, cultura y arte nutran a nuestra sociedad y pongan en sus manos las herramientas de la transformación y, de esta manera, estaremos cubriendo nuestro escudo azul y oro de gloria, pues trascenderemos junto con nuestra patria.

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