Sistema de Experiencias Colectivas
Por: Laura Jaramillo Rios
La necesidad de apropiarnos del metro como un lugar nuestro y habitable
Facultad de Filosofía y Letras
Facultad de Filosofía y Letras
Son muchas las historias que acontecen dentro de los diferentes medios de transporte de la movilidad integrada de la Ciudad de México, pero especialmente para alguien que vive tan alejado de los principales sitios de interés de la capital mexicana, en la periferia y frontera del sur oriente, es más duro lidiar con los diferentes medios de transporte qué se tienen que utilizar para llegar a algún destino alejado de la región. Por lo que ahora recopilaré algunas experiencias de estos medios de transporte que utilicé durante mi estadía de primer semestre en Ciudad Universitaria allá por los meses finales del 2024.
Esta historia comienza con la entrega de documentos para la inscripción en la UNAM. La noche anterior habíamos acordado ir mi padre y yo a aquella cita, la cual sería a las 10 am. Le dije que sería buena idea salir a las 5:30 o las 6:00, a lo que respondió que aquello era muy temprano y que llegaríamos como a las 7:00 u 8:00. Lo que olvidaba mi padre, era que por aquel entonces, debido a los trabajos de mantenimiento de nivelación de vías, no se encontraba disponible el tramo Pantitlán- Cd. Deportiva del Metro de la línea 9 y que la línea 1 estaba demasiado congestionada, pero él siguió en su postura de irnos casi a las 7:00. Y tal como mis presagios me habían advertido, una tragedia pasó: llegamos a la entrada de la Línea 9 y A, por aquel entonces el sistema de apoyo que iba de Pantitlán a Velódromo se localizaba dentro del CETRAM, afuera de la entrada a línea 1, pero en aquella ocasión el abordaje se estaba dando en la entrada de la línea 9 y A, por lo que al ver aquello nos salimos allí sin saber el gran caos que se formaria.
Llegamos a una fila que estaba debajo de la estación elevada, donde al poco tiempo se crearon dos filas para después formar una sola para abordar un autobús, posteriormente vi una estampida hacia el parabús donde se suponía que solo era de descenso, de modo que un trabajador del metro y algunos policías pidieron que se deshiciera una de las dos filas y se hiciera solo una, a lo que la multitud respondió con un unánime “no”. El trabajador del Metro insistió pero la turba no desistió de su posición. Inmediatamente llegaron las cámaras de televisión y el reportero que informaba de la situación había confirmado mis presagios funestos.
Eran cerca de las 8:30, por lo que al ver que la situación no mejoraría mi padre sugirió que regresaramos por el metro a Tepalcates y de ahí tomamos el Metrobús hasta la Colonia del Valle y de allí a Perisur. Afortunadamente en esas horas la afluencia de la línea A en dirección a Estación La Paz es casi inexistente, por lo que no hayamos obstáculos para nuestra travesía, o eso creíamos. Llegando a los andenes del metrobús encontramos una multitud igual de numerosa que la que se hallaba en Pantitlán, a lo que se sumaba la falta de unidades de transporte; con mucha suerte pudimos abordar un autobús, pero aquello había resultado en la pérdida de una hora para llegar a la cita.
Durante los inicios de aquel semestre yo solía tomar este medio de apoyo a la Línea 9, principalmente de regreso, ya que a la hora que salía no solía haber tanta gente. Sin embargo en una ocasión, cuando se estaba discutiendo sobre la reforma al poder judicial y al estar tomado el palacio legislativo de San Lázaro, los diputados fueron a reunirse a la Sala de Armas en la Magdalena Mixihuca, lo que ocasionó un cierre de la vialidad debido a una manifestación enfrente del recinto que afectó el servicio de apoyo a la Línea 9 y la unidad en la que yo viajaba quedó varada cerca de Cd. Deportiva, entonces y al ver que la situación no iba a cambiar avisé a mi padre, que también solía tomar esa ruta, para que se previniera, de manera que decidí bajarme de esa unidad y caminar hasta Pantitlán. Esa ha sido la única vez que he podido caminar en una avenida principal como lo es Viaducto y caminé hasta llegar a la estación Puebla, donde gracias a Dios había un camión que pasaba por una calle muy cerca de mi casa y que no es usual encontrar por esa horas. De esa manera pude volver sano y salvo a casa, sin embargo ese bloqueo duró hasta el día siguiente.
El metrobús también ha resultado ser un amigo y enemigo. La historia más infortunada que tuve fue curiosamente el segundo día de clases del semestre. Primero tuve que lidiar con la siempre conflictiva línea A y sus llenos totales de vagones. Esa fue la situación con la que me encontré nada más llegar el primer tren, el cual no pude abordar así que decidí esperar el siguiente. La situación no fue mejor tras esto y al ver que ya eran casi las 6:30 decidí tomar el siguiente viniera como viniera, abordando un tren relativamente más tranquilo pero igual de tardado que los otros, llegando a Tepalcates a las 6:45, al saber que casi la totalidad de los usuarios buscan llegar a Pantitlán y al ver que no muchas personas se bajaron en esa estación pensé que ya lo peor había pasado. Más equivocado no podía estar pues al llegar a los parabuses la situación era prácticamente igual que con el servicio de apoyo de la línea 9, teniendo que dejar pasar 4 autobuses hasta poder abordar uno y con una trifulca de personas de por medio. Ya eran las 7 de la mañana cuando el autobús pudo salir, pero a diferencia de la Línea 1 del metrobús, la Línea 2 es más tardada debido a lo complicado de su ruta. Ciertamente cuando llegue a la estación UPIICSA a las 7:45 ya había perdido las esperanzas en utilizar esa ruta para llegar temprano a la escuela, pidiendo a gritos ahogados que aquel viaje ya terminara, ciertamente ese dia llegue sumamente tarde, arribando a mi facultad alrededor de las 8:20. Tras este desolador panorama decidí mejor ahora tomar otra ruta alternativa.
La línea 5, ahora partiría desde Pantitlán hasta La Raza donde conecta con la Línea 3. La primera vez que la utilicé era ya un poco tarde y aunado a esto hubo un gran retraso en los trenes, además de una gran afluencia de gente por lo que ya contemplaba llegar tarde. Dios se apiadó de mí y mandó un tren vacío a la estación, por lo que incluso pude irme sentado en el tren hasta Copilco, al ver la forma tan milagrosa en la que se presentó esa Línea conmigo comencé a utilizarla como mi medio predilecto de transporte. Sin embargo el amor duró poco, la tragedia sucedió un miércoles. Al llegar a La raza de la Línea 5 el tren se retrasó durante casi 10 minutos hasta su arribo, donde había mucha gente esperando. Al subir a este transbordo el tren se fue muy lento hasta que al llegar a Consulado pasó lo peor: nos dijeron que bajáramos y que el tren dejaría de dar servicio. Al bajar muchos se quejaron y empezaron a discutir con los oficiales de policía, pero al ser una estación de correspondencia muchos se fueron al transbordo con la Línea 4, incluido yo; durante el trayecto comencé a pensar en qué transporte tomar para llegar a casa, al llegar a Morelos muchos se bajaron, al llegar a Candelaria se fue mucha más gente, por lo que pensé bajarme en Jamaica, pero de ahí tendría que tomar el temible servicio de apoyo de la Línea 9, por lo que opté por bajarme en Santa Anita para transbordar a la línea 8 hasta Constitución de 1917 y de ahí tomar el Cable Bus hasta Santa Martha. Ese tren se fue bastante lento ya que estaba lloviendo, la lluvia incluso me alcanzó en el Cablebús, siendo una experiencia muy interesante ver llover desde las alturas pero llegando sano y salvo hasta Santa Martha, esto generó preocupación en mi familia pues llegué casi a las 7 de la noche a casa.
Ya que mencionamos el Cablebús, esa ocasión no fue la primera vez que lo utilicé para ir a mi casa de regreso. Las primeras semanas que asistí a la escuela solo comencé a ver diferentes rutas de transporte, por lo que un día decidí emprender una ruta similar, bajando en Chabacano para ir a Constitución de 1917 y tomar el Cablebús, era la primera vez que lo usaba por lo que no sabía que debía transbordar en una estación llamada Xalpa, al llegar a la susodicha estación me dijeron que debía bajar, sin embargo debido a la revisión anual que le hacen a este medio de transporte, y que justamente tocó ese día, no estaba operativo el servicio de Xalpa a Santa Martha, por lo que tuve que usar el servicio de apoyo de la RTP para cubrir dicho trayecto.
Todo iba normal de no ser porque dicho autobús tendría que avanzar por la calzada Ermita-Zaragoza. Eran las 4 de la tarde de un jueves de quincena, de modo que el tráfico hizo que se retrasara bastante más de lo esperado, pero al estar familiarizado con el trayecto no me significó ninguna preocupación, cosa que sería muy diferente para los demás pasajeros que viajaban conmigo, en su mayoría señoras de mediana edad, pues parecía que nunca habían pisado esos rumbos. Muchas de ellas me preguntaron cómo volver por esa ruta desde el metro de la Línea A, a quienes expliqué los diferentes microbuses que también viajan sobre esa avenida para realizar el mismo recorrido. Aquí comenzó mi faceta de guía de transporte público en caso de emergencias, donde en su mayoría señores y señoras que no viajan muy seguido o no suelen ubicar transbordos o rutas alternas, me preguntan a mí por una forma de llegar a sus destinos.
Como se puede apreciar son muchas las cosas que se viven en el transporte público, mi caso resulta bastante llamativo, ya que ejemplifica lo difícil que es trasladarse desde las periferias hasta los principales sitios de interés o trabajo que se tienen en la zona de la capital mexicana, asimismo, muestra lo difícil que es hacer operativo el sistema de transporte colectivo cuando se realizan obras de mantenimiento de manera simultánea al uso de los usuarios. Todo esto refleja la pobre planeación de las obras de mantenimiento. Sin embargo, pese a las experiencias negativas, la realidad es que también se disfruta de ayudar a gente que no sabe cómo llegar a sus destinos o no suele viajar muy seguido, también se disfruta de compartir buenos momentos agradables con familia y amigos, que también viajan y están con nosotros en ese lugar llamado transporte público.
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