Anatomía de la guerra
Por: Obed Joao da Silva Botello
La guerra ya no solo se libra con armas
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Atravesé un bloqueo creativo mientras trataba de escribir esto: me frustré, pensé en desistir, después consideré usar a mi Inteligencia Artificial (IA) de confianza para inspirarme. La idea me pareció incómoda, nunca me ha gustado recurrir a la inteligencia artificial para acelerar los procesos individuales, al final me deshice de ese pensamiento, pero no pude evitar quedarme con la duda: ¿Habrá otros como yo? ¿Cuántas veces no habremos considerado la idea de utilizar a la IA como un acelerador del proceso creativo? Con esas preguntas en mente, me reuní con algunos amigos, esperando que ellos pudieran comentar con sinceridad sobre mi recién descubierta “compañera incómoda”.
Primero visité a Cris, un amigo de la Facultad de Arquitectura que se encuentra en tercer semestre. Comentó que a la IA “no hay que tomarla como principal fuente de información, sino como un apoyo extra”. Él reconoce al proceso creativo en la arquitectura como el conjunto de investigaciones, conciencias y entendimientos que, en sumatoria, generan un resultado irrepetible, invaluable e irreplicable, que si bien puede apoyarse de la IA, no puede ser generado en su totalidad por la misma. También admitió que los seres humanos somos entes en constante expansión, crecemos intelectualmente a lo largo de nuestra vida, y en tiempos recientes, la IA crece junto con nosotros: sabemos de su existencia, nos acompaña con una cercanía íntima que se adentra en nuestro mundo cotidiano. Cris no usa frecuentemente este recurso, sin embargo lo considera una herramienta más en su ya de por sí extenso portafolio de todos los días.
Mi colega Val, de la FCPyS, me dio una plática tan interesante como reveladora: usa a la IA como un recurso para generar estructuras textuales. Afirmó con sinceridad que la emplea cuando hace algo más artístico, algo más suyo y necesita que le dé una estructura. A su parecer, resulta ventajoso que la IA, como la máquina que es, pueda funcionar como un editor increíblemente eficaz. Muchas veces se ha preguntado si su uso para estos propósitos no resulta contradictorio de cara a la esencia de uno mismo dentro del texto. Val, como muchos de nosotros, alguna vez temió por la viabilidad de su carrera de cara a un futuro permeado por la inteligencia artificial, sin embargo, confirmó sentirse aliviada al pensar que “no investiga, no entrevista, no recaba información, solamente utiliza la que ya tiene”. Aseguró que a pesar de la incomodidad que eso pueda causar, se mantiene al margen de la incertidumbre respecto a su trayectoria profesional.
Por último me reuní con Darren y Mine, dos amigos de la FFyL. El primero expresó contundentemente sus razones para utilizar la IA: “La he usado como recurso de emergencia, luego de procrastinar mucho mis proyectos, pero no para escribirlos porque considero eso una ofensa para mi propia carrera”. Para él no es más que un recurso con un potencial inquietante; confirmó que se sentía un poco aterrado al pensar en la IA como un generador de texto capaz de replicar la literalidad y estilo personal de distintos autores como él mismo. Darren ve a la inteligencia artificial como un diccionario de sinónimos, un recurso ocasional y un apoyo constantemente innecesario para los estudiosos de las letras.
Mine, por su parte, ha utilizado a la IA bajo dos vertientes distintas: como recurso y como compañera. Dijo usarla para ponerle orden a sus ideas y proyectos escolares, para buscar fuentes, tener un punto de partida y resumir algunos artículos. También mencionó haberla utilizado como un orientador en mitad de situaciones complicadas, algo así como un compañero casual, un apoyo psicológico. Para ella la IA ha sido un acompañante que ha estado a su lado en momentos particulares de la vida; aun así admite que por sobre todo, debe imperar la creatividad y el uso del intelecto personal. En este caso, la presencia del compañero incómodo es bienvenida, pues muchas veces funciona como el aliado que necesitamos en las situaciones más desesperadas.
Pensar en lo cercana que la IA se ha vuelto hacia nosotros, nuestras vidas y nuestro trabajo resulta irritante, pocos querríamos admitir la dependencia o el acompañamiento que un recurso así ha significado en el ejercicio individual. Es ese compañero incómodo que sabemos que está ahí, incluso si su presencia no es tangible. A estas alturas hemos crecido a su lado, nos aprovecha como nosotros a él. Lo que no podemos obviar es que a todos nos provoca cierta inquietud, ya sea por lo íntimo que se siente en ocasiones, por lo intimidante de su existencia de cara a nuestros futuros profesionales o por su aterradora cercanía a convertirse en uno más de nosotros, reconociendo nuestros patrones y haciendo de todo cuanto puede para mimetizarse dentro de la humanidad.
Para mí la IA no es más que una herramienta para el pensamiento a la que vuelvo en mitad de las crisis creativas, cuando todo lo demás falla siempre puedo recurrir a ella. No es lo más deseable, ni mucho menos ideal, admito a pesar de ello que no está de más tenerla en tiempos de necesidad. Comparto los temores de mis amigos al sentirme ocasionalmente amenazado por la inteligencia artificial, padezco la incertidumbre, el terror de despertar un día y sentirme reemplazado por un algoritmo que aprendió de mí, al que contribuí deliberadamente. Pero hasta que aquello no suceda, si es que sucede en algún momento, seguiré considerando a la IA como mi compañera incómoda.
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