En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
Metro CDMX / Gobierno de la CDMX

Hacer mucho y a la vez nada

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

¿Cómo usamos el tiempo que pasamos en el metro?

Picture of Natalia Santelmo

Natalia Santelmo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

En una ciudad tan grande como la Ciudad de México, el transporte público es parte de la vida diaria de las personas y, para muchos, no es una opción sino una necesidad. Un  ejemplo somos nosotros los estudiantes. Muchos de nosotros necesitamos atravesar la ciudad de extremo a extremo y algunos más también necesitan trasladarse desde el Estado de México.

A lo largo de este camino, solemos pasar trasladándonos hasta tres horas dependiendo el lugar desde el que partimos y contando solo el camino de ida, no el de regreso a casa. Pero, ¿qué solemos hacer en todas esas horas? La respuesta es fría y corta: nada. 

Desgraciadamente,  a pesar de la gran cantidad de tiempo que pasamos todos los días en combis, camiones, metrobúses o líneas del metro, por mencionar solo algunos transportes; no hacemos nada, no porque no queramos sino porque no se puede. 

Me voy a enfocar en el Sistema de Transporte Colectivo, mejor conocido como Metro. Éste traslada a más de 3 millones de personas dentro de la CDMX a diario, son cantidades impresionantes que cuando te toca vivirlas todos los días y en horas pico se vuelven agotadoras. Podrías aprovechar ese tiempo para leer, estudiar, terminar tareas, o si quisieras “no hacer nada” para dormir, pero muchas veces apenas tienes chance de respirar y mantenerse en pie tratando de que los empujones no te hagan soltarte del tubo que apenas alcanzas.Tanto así que no puedes concentrarte en otra cosa.

Además, no solamente se sufre con la saturación del Metro sino también con los retrasos que éste genera, más ahora que están “arreglando” las instalaciones ya sea para tener un mejor servicio o  solo porque nuestro país está a punto de ser una de las sedes del Mundial.

Esos retrasos van desde los 10 hasta los 30 minutos por estación pero nunca vas a saber si te van a tocar o no. Tomar el metro es arriesgarte a ciegas: puede que salgas de tu casa con 30 minutos de sobra y llegues a tiempo o una hora tarde o que ni siquiera puedas llegar a tu destino; en mi caso a la escuela. Es una situación que últimamente me ha pasado con frecuencia al utilizar la línea 3, que de por sí es de las más concurridas y que las remodelaciones la retrasan aún más. 

Sin embargo, es muy común escuchar opiniones de personas que rara vez utilizan el transporte o que realizan trayectos en zonas que avanzan sin contratiempos y que minimizan estos problemas con frases como “sal más temprano” o “solo es cuestión de organizarse”. Existe una gran diferencia entre observar al transporte público desde afuera y vivirlo todos los días: usarlo implica un desgaste físico, emocional y social que muchas veces es ignorado. Aquellas opiniones minimizan las experiencias de quienes sí dependen de él. Visto desde afuera parece exagerado que estemos cansados incluso antes de empezar el día pero pasar horas entre empujones, retrasos, ruido o gente grosera termina afectando el estado de ánimo de cualquiera. Es muy fácil opinar cuando no se tiene que esperar un camión, una combi o un vagón tan lleno que ni el aire circula.

Asimismo, en el transporte público también se ve reflejada la desigualdad. Muchas personas pueden evitarlo gracias a que tienen automóvil, pueden pagar aplicaciones de transporte o viven cerca de sus trabajos y escuelas;mientras que otras deben levantarse de madrugada y pasar gran parte de su día trasladándose. A todo esto hay que sumarle que el desgaste que provoca puede no ser solamente económico  o físico sino también emocional por el estrés constante de  pensar si el transporte llegará tarde, si habrá demasiada gente o si el trayecto será seguro. Para muchas personas, especialmente mujeres, usar el transporte público también significa mantenerse alerta todo el tiempo por miedo al acoso o a situaciones incómodas a pesar de que existan secciones para mujeres.

Aun con todo lo mencionado, el transporte público es muy importante y una alternativa muy accesible para los mexicanos, cuando se encuentra funcionando de manera correcta nos ahorra mucho tráfico, tiempo y dinero, pero no debemos olvidar que merecemos un traslado digno y seguro. Hay que cuestionarnos qué tanto el problema es el transporte público y qué tanto es la falta de empatía hacia quienes lo usan todos los días. Aprendamos a escuchar y comprender las experiencias y dejemos de minimizar algo que afecta a millones de personas todos los días.

Lee aquí más artículos relacionados

Sistema de Experiencias Colectivas

Sistema de Experiencias Colectivas

Por: Laura Jaramillo Rios
La necesidad de apropiarnos del metro como un lugar nuestro y habitable

Leer
La desesperanza es mental

La desesperanza es mental

Por: Julieta Claudia Sánchez Wong
¿Cómo nos afecta el monólogo interno al viajar en el transporte público?

Leer
¿El metro es un devorador de vidas?

¿El metro es un devorador de vidas?

Por: Ángel Gabriel Rivera Palacios
Cada vagón transporta historias, esfuerzos y sueños

Leer
El amor también tiene última parada en flores

El amor también tiene última parada en flores

Por: Kirban Cruz León
Tres años juntos terminaron en silencio

Leer
Amor subterráneo como acto de resistencia

Amor subterráneo como acto de resistencia

Por: Samanta Lizette Djantio Franco
El cariño nos salva del ruido del tren

Leer
El transporte público, un tercer hogar olvidado

El transporte público, un tercer hogar olvidado

Por: Alondra Alarcón
Mi trayecto diario es una transición de paisajes

Leer

Deja tus comentarios sobre el artículo

Hacer mucho y a la vez nada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

seven + 5 =