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Emilio Juárez / Escuela Nacional Preparatoria Plantel 8 Miguel E. Schulz

El teatro sí importa… incluso en la prepa

Número 22 / JULIO - SEPTIEMBRE 2026

No es entretenimiento: es memoria, crítica y resistencia

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Emilio Juárez

Escuela Nacional Preparatoria Plantel 8

El 27 de marzo pasado se conmemoró el Día Mundial del Teatro, una fecha de gran relevancia no solo para quienes se dedican a las artes escénicas, sino para toda la sociedad. El teatro, considerado la madre de las artes escénicas, ha sido históricamente un espacio de encuentro, reflexión y expresión colectiva. A través de él las comunidades dialogan, cuestionan su realidad y construyen identidad. No es únicamente entretenimiento: es memoria, crítica y resistencia. Esta conmemoración nos invita a pensar en su impacto a nivel global, pero también a cuestionarnos cuál es su lugar en nuestro entorno más cercano.

En este sentido, surge una pregunta importante: ¿qué tanta relevancia tiene el teatro en nuestra comunidad?, y más específicamente, ¿qué papel juega dentro del bachillerato? Aunque muchas veces se reconoce su valor en el discurso, en la práctica sigue siendo relegado a un segundo plano dentro de las instituciones educativas.

A lo largo de mis dos años como estudiante de preparatoria, he tenido la oportunidad de involucrarme activamente en el teatro dentro de mi comunidad escolar. He participado en festivales, presentaciones y distintos eventos que buscan acercar el arte a lxs estudiantes. Estas experiencias me han permitido no solo desarrollarme en lo personal y artístico, sino también conocer de primera mano el quehacer teatral en espacios como la ENP y el CCH. He visto de cerca el talento, la creatividad y el compromiso de muchxs compañerxs que encuentran en el teatro una forma de expresión auténtica.

Sin embargo, también he sido testigo de las múltiples dificultades que implica hacer teatro en este contexto. Desde mi primera participación en una obra, bajo la dirección de mi maestra Deia Vargas, comprendí que llevar a cabo una puesta en escena dentro del bachillerato no es una tarea sencilla. Existen obstáculos constantes que van desde la falta de reconocimiento por parte de algunos docentes de otras asignaturas, quienes consideran el teatro como una actividad secundaria o prescindible, hasta las limitaciones materiales que enfrentamos como estudiantes.

En muchas ocasiones, quienes hacemos teatro debemos recurrir a nuestros propios recursos económicos para cubrir gastos de vestuario, utilería o escenografía. A esto se suma la carencia de espacios adecuados para ensayar o presentar nuestras obras, lo que limita el alcance y la calidad de nuestros proyectos. Esta situación refleja una problemática estructural: el arte, y en particular el teatro, no recibe el mismo respaldo institucional que otras áreas consideradas prioritarias.

Pero también es importante reconocer que el problema no proviene únicamente de “arriba”, de las instituciones o de las autoridades. Existe una dimensión comunitaria que no podemos ignorar. En las dos ocasiones en las que he tenido la oportunidad de presentar proyectos escénicos en otros planteles, he notado una reacción preocupante por parte del público. Desde el momento en que se menciona que venimos de otra preparatoria, el ambiente cambia: surgen burlas, abucheos o incluso personas que deciden levantarse e irse con comentarios como “qué hueva el teatro”. Esta actitud refleja una falta de empatía y de cultura de apoyo entre estudiantes. En lugar de reconocernos y respaldarnos como comunidad, muchas veces optamos por descalificar o ignorar el trabajo de lxs demás, incluso cuando hay esfuerzos por difundir las funciones y generar público.

A esto se suma otra problemática interna que debilita aún más la percepción del teatro: la falta de compromiso en algunos espacios educativos. Existen casos en los que la propia materia de teatro es tomada a la ligera, tanto por estudiantes como por algunos docentes que permiten o fomentan que se “barquee”. Esto no sólo devalúa el esfuerzo de quienes sí se lo toman en serio, sino que también genera una imagen generalizada de que el teatro es una asignatura fácil o poco importante. En contraste, hay profesores que realmente buscan dignificar la materia, que exigen, acompañan y motivan procesos creativos sólidos; sin embargo, su trabajo muchas veces queda opacado o invalidado por estas prácticas más permisivas.

El teatro, lejos de ser un obstáculo o una distracción, es uno de los espacios más valiosos que tenemos lxs estudiantes para expresarnos libremente. Es un lugar donde podemos alzar la voz, abordar problemáticas sociales, explorar nuestras emociones y construir comunidad. A través del trabajo escénico, se desarrollan habilidades fundamentales como la empatía, el trabajo en equipo, la disciplina y la creatividad, elementos esenciales en la formación integral de cualquier estudiante.

No obstante, es evidente que dentro del ámbito escolar existe una tendencia a priorizar otras áreas, particularmente el deporte, otorgándoles mayor visibilidad y apoyo. Si bien el impulso al talento deportivo es importante, no debería darse en detrimento de las disciplinas artísticas. Ambas forman parte del desarrollo humano y merecen condiciones equitativas para su crecimiento.

Por ello, resulta necesario que las instituciones educativas replanteen el lugar que ocupa el teatro dentro de sus comunidades. Se requiere un compromiso real que se traduzca en apoyos concretos: espacios dignos para ensayar y presentarse, recursos materiales, acompañamiento docente y reconocimiento institucional. Asimismo, sería pertinente fortalecer los vínculos con las escuelas profesionales de teatro de la UNAM, generando redes de colaboración que permitan a lxs estudiantes del bachillerato acceder a formación, orientación y oportunidades de desarrollo artístico.

El teatro en la escuela no es un lujo ni un complemento opcional: es una herramienta poderosa para la formación crítica y sensible de lxs jóvenes. Es en estos espacios donde muchxs encuentran una voz, una identidad y un sentido de pertenencia. Ignorar su valor es limitar las posibilidades de expresión y crecimiento de toda una comunidad estudiantil.

En conclusión, el Día Mundial del Teatro no debería ser sólo una fecha conmemorativa, sino un llamado a la acción. Es momento de reconocer, valorar y apoyar el trabajo de quienes, desde el bachillerato, hacen del teatro un acto de resistencia, creación y comunidad. Porque el teatro no solo vive en los grandes escenarios, sino también en cada salón, en cada patio y en cada estudiante que se atreve a contar una historia.

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