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Por: América Gabriela Salazar Morales
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Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
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Durante siglos la religión católica ha predominado sobre otras religiones a nivel mundial, lo cual ha influido de manera constante sobre la vida y las percepciones de la gente que la practica e incluso de la que no, en particular en países en los que la mayoría de su población es creyente. Pero, ¿el catolicismo ha llegado incluso al amor? Si bien no podemos constatar eso, sí se desarrolló una estructura que enmarca y moldea los parámetros hegemónicos de la unión entre personas con fines románticos: el sacramento del santo matrimonio.
Con base en lo plasmado en La Biblia podemos definir al sacramento del matrimonio como una unión permanente y sagrada, ordenada por Dios desde el principio de los tiempos, que se basa en el amor, la fidelidad y la cooperación mutua. Según el texto religioso, Dios creó el matrimonio como un componente esencial de su plan para la humanidad que data desde la creación de Adán y Eva. De este modo se aseguró que el matrimonio tiene como propósito la compañía mutua, la procreación y la ayuda entre el hombre y la mujer. Ahora bien, si pasamos a lo sentimental, según la iglesia católica el matrimonio se caracteriza por el amor profundo y la unidad entre los cónyuges que se convierten en “una sola carne”. En relación con todo lo anterior sería fácil asegurar que la iglesia católica promueve la idea de uniones duraderas basadas en la más sólida confianza y amor entre las partes; sin embargo, los creyentes no siempre reproducen al pie de la letra las sagradas disposiciones al respecto.
El matrimonio se utiliza como herramienta política y social para unir de manera irrevocable familias, bienes o influencias, situaciones en las que rara vez se procura la existencia del amor ferviente entre las partes. En adición, la idea del matrimonio tiene muchos significados culturales y representa un centenar de cosas diferentes, desde la entrada a la madurez de algún miembro de la familia, hasta prueba de la valía social de una persona. Tampoco podemos obviar el evidente sesgo machista que el matrimonio católico ha perpetuado durante muchos años; recordemos, por ejemplo, que antes los sacerdotes durante la ceremonia nupcial incluían el juramento de la novia a ser fiel servidora de su marido por el resto de sus días y hasta que la muerte los separe. En muchas culturas la idea del matrimonio tradicional católico ha supuesto un yugo permanente a las mujeres, y por desgracia también a niñas, que se ven envueltas en situaciones de violencia por parte de sus familias, de su comunidad y de sus maridos.
Es innegable que la estructura del matrimonio ha mutado en diversas ocasiones en aras de mantenerse vigente y de satisfacer las aparentes necesidades sociales cada vez más convulsas, desde su institucionalización jurídica hasta la aprobación de matrimonios igualitarios en 2023, bendecidos por el sumo pontífice de entonces, el Papa Francisco. Todas estas disposiciones influyen en los ideales románticos que las personas construyen o que deciden evitar con base en sus vínculos sentimentales. Después de este recorrido cabe preguntarnos si el Santo Sacramento del Santo Matrimonio establecido por la iglesia católica, ¿se ha reemplazado o simplemente se transformó en algo más ad hoc para las sociedades contemporáneas pero reproduce los mismos valores de dominación hacia las mujeres?
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