En estas trincheras nuestras armas son palabras convertidas en argumentos y contra argumentos.
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Foto de Caleb Oquendo de Pexels

El amor de los padres

Número 17 / ABRIL - JUNIO 2025

¿Tienes una familia con afectos sanos?

Picture of Abigail Huitzil Ortega

Abigail Huitzil Ortega

Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo

¿Quién no ha soñado alguna vez con un amor sincero, lleno de respeto, donde florezcan la confianza y la conexión genuina? Ese anhelo de amar y ser amado profundamente es algo que muchos compartimos. Sin embargo, surgen preguntas inevitables: ¿cómo saber si realmente amamos a alguien o a varias personas?, ¿qué acciones nos permiten cuidar y respetar ese sentimiento? Y, quizá lo más difícil, ¿cómo dejar ir a alguien cuando el amor no crece, o cuando se desvanece, ya sea en silencio o con un estruendo en el corazón?

Aunque aún estoy en preparatoria, he reflexionado mucho sobre el amor. La curiosidad me llevó a preguntar a otros sobre este tema tan complejo: ¿qué es el amor? Las respuestas me sorprendieron, algunos lo describían como algo cínico, falso y efímero; un sentimiento fácil de superar. Otros lo veían como la experiencia más sublime de la vida, algo infinito e indescriptible. Pero esas conversaciones solo generaron más preguntas. ¿Qué pasa con quienes creen que el amor es horrible?, ¿llorarán por amores imposibles?, ¿se arrepentirán de no haber dado el primer paso?, ¿serían capaces de entregar todo su amor a una sola persona?

Está claro que, en el amor, adultos y adolescentes no somos tan distintos. Lo paradójico es que, aunque lo vivimos y sentimos a diario, sabemos muy poco o nada sobre él. Según Jay Shetty en Las 8 reglas del amor, siempre hay algo que aprender en cada etapa de una relación. Este libro captura con acierto que el amor es un terreno donde se gana o se pierde, a veces es complicado, y cada movimiento puede ser tanto un logro personal como una decepción. Pero también enseña que podemos aprender a conocerlo y después a dejarlo ir.

Inspirada por estas ideas, quiero compartir lo que he aprendido sobre el amor, a través de aciertos y errores en la vida amorosa y familiar. Abordaré dos formas de amor especialmente relevantes hoy, partiendo de dos preguntas clave:

 

¿Te amas a ti mismo?

Responder que sí es fácil, pero… ¿Qué significa realmente amarse?

Amarte a ti mismo es difícil. Lo digo con certeza. Implica apreciar tu yo por completo, disfrutar de tu propia compañía en silencio, celebrar tus logros y aceptar tus tropiezos. Es reconocer tus errores, como cualquier ser humano, y enfrentar obstáculos con dedicación. Es levantarte cuando caes y esforzarte por ser una mejor versión de ti.

Pero no siempre es sencillo. El pasado suele regresar con recuerdos de acciones que no hemos superado y que consideramos fracasos. Lamento decirte que hay cosas que no pueden deshacerse; cargarás con el dolor de haberlas arruinado. Sin embargo, eso no significa que estés condenado a repetirlas. Sí, es difícil intentar algo nuevo cuando el pasado te persigue, pero enfrentarlo a tu ritmo es más saludable que arrastrar ese peso durante años.

Los jóvenes (no todos, pero muchos) somos influenciados por otros. La sociedad, la familia, los amigos. Comentarios o regaños, incluso con buena intención, pueden erosionar el amor propio. Los padres son un ejemplo clave, a menudo no saben expresar su amor porque nadie les enseñó cómo hacerlo. Aprendieron a base de ensayo y error, intentando preparar a sus hijos para un mundo difícil. Por eso, detrás de sus enojos, falta de paciencia o malentendidos, hay una historia de dolor no resuelto. Ellos, consciente o inconscientemente, darían todo por ti. Pero no siempre reflexionan si su manera es la correcta. La solución está en hablar.

¿Qué tan típico es el amor de los padres?

Hace poco tuve una conversación profunda con mi madre. Le conté cosas y ella me compartió las suyas. Nunca imaginé que hubiera vivido tantas experiencias buenas y malas. Construir esa confianza no fue fácil, pero tuve suerte porque ella quiso entenderme, comprender mi soledad, mi edad y mi forma de pensar. En ese momento, sentí una conexión genuina.

Le confesé que a veces mi amor propio flaqueaba, y que algunos de sus comentarios lo debilitaban. Ella, al intentar entenderme, me habló de su juventud, su familia disfuncional, sus luchas. Reafirmó lo que siempre ha sentido por mí: amor basado en lo que ve y en lo que, como madre, siente. Me dijo que soy una persona buena, educada y con metas claras. Pero, yo también me abrí a entenderla.

Me mostré vulnerable ante la persona en quien más confío, y surgió un sentimiento intenso: amor y miedo. No miedo negativo, sino a ser la única que experimentara eso en mi familia. Entonces lo entendí, si amo a mi madre y ella me ama, puedo amarme a través de sus ojos.

¿Cómo seguir adelante?

Amarse es tan difícil como amar a otros. A veces no sabemos cómo expresarlo o nadie nos enseñó. Quizá incluso vemos nuestros errores con más dureza que los ajenos.

Amarse no es solo reconocer lo bueno, sino también lo malo: aquello en lo que fallaste, en lo que no eres hábil, porque nadie es bueno en todo. Amarse es conocerse, virtudes y defectos, talentos y limitaciones. Ser bueno en historia y pésimo en química no define tu valor como persona, sino tu capacidad para perseverar y romper tus propias barreras.

Para cerrar, diré esto: he aprendido mucho sobre el amor. En cualquier situación, lugar o relación, ya sea con padres, hermanos o amigos, siempre hay lecciones. Aprendemos a expresarnos, a mejorar vínculos, a soltar. Algunas cosas cuestan más que otras, y no estamos obligados a perdonar o dejar ir de inmediato. Cada quien avanza a su ritmo.

A veces creemos que debemos enfrentar la vida solos. Pero el amor, como el futuro, es un paso a ciegas. No sabemos qué nos deparará, y aunque la soledad tiene su valor, también está bien pedir ayuda cuando el peso es demasiado.

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