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CRÉDITO: Sara Téllez Albarrán | FES Aragón

Aprender a decir “paz” en varios idiomas

Número 20 / ENERO - MARZO 2026

Cine por la paz, pero también desde la paz

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Sara Téllez Albarrán

Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón

Cuando entré al Centro de Lenguas de la FES Aragón para estudiar francés, pensaba que estaba ahí por algo bastante simple: mejorar mi perfil académico, poder leer teoría en otro idioma, quizá algún día hacer un intercambio. No imaginaba que terminaría discutiendo genocidio, colonialismo y violencias cotidianas a partir de películas francesas, ni que una hoja de trabajo diseñada para una clase de idioma terminaría siendo una pequeña trinchera política. 

La iniciativa “Cine por la PAZ”, del Centro de Lenguas, se insertó en el Tour de Cine Francés como algo más que “funciones de cine” para practicar listening o aprender vocabulario. Desde el principio, la propuesta fue otra: aprovechar la potencia del cine para pensar las violencias que nos atraviesan (desde el aula, el transporte público y los pasillos de la UNAM, hasta las pantallas donde seguimos, horrorizadxs, el genocidio en Palestina y otras guerras), y articularlo con la política actual de la UNAM en torno a la cultura de paz. 

En clase no conjugamos verbos únicamente, también nos preguntamos qué significa “résistance” en el siglo XXI, qué implica hablar de “dignité” o “justice” cuando el derecho internacional parece fallar una y otra vez frente a los pueblos masacrados. Y lo hacemos desde un lugar concreto: somos estudiantes de lenguas y de Relaciones Internacionales, sentadxs en un salón en Aragón, con una hoja de trabajo frente a nosotrxs que nos pide reflexionar sobre la violencia y la paz en un mundo donde ya no es tan sencillo controlar la opinión pública desde una o dos potencias. 

En este Tour de Cine Francés hemos visto personajes que viven discriminación, racismo, precariedad, violencias de género y de clase. Aunque las historias estén situadas en barrios de París o en escuelas francesas, hay algo que se parece demasiado a nuestra realidad. Esa es, quizá, una de las primeras lecciones: la violencia cotidiana tiene acentos distintos, pero una gramática común. En las hojas de trabajo de Cine por la PAZ, no sólo traducimos expresiones o describimos escenas; pensamos en las violencias estructurales que se cuelan en lo que parece vida normal. Discutimos las microagresiones en el aula, los comentarios racistas o clasistas que suelen disfrazarse de broma, la forma en que se jerarquizan los cuerpos, las lenguas y los pasaportes. 

Al salir de la función, cuando caminamos hacia el metro, la palabra “seguridad” deja de ser un concepto abstracto. La gente que corre para alcanzar el convoy, la presencia (o ausencia) de policías, la sensación de vulnerabilidad que se siente en el trayecto a casa: todo se vuelve parte de aquello que en inglés nombran como “everyday violence” y que, a veces preferimos no mirar de frente porque duele reconocerla dentro de nuestra propia universidad. 

Del salón de idiomas a la geopolítica

Como estudiante de relaciones internacionales, la experiencia de ver cine en francés se convierte en una especie de laboratorio de “geopolítica en cámara lenta”. Las películas del Tour de Cine Francés — en toda su riqueza y diversidad— nos obligan a hacer conexiones: ¿Cómo se relaciona la exclusión de jóvenes migrantes en un suburbio de Francia con las fronteras militarizadas en otras partes del mundo? ¿Qué tienen que ver las políticas coloniales del pasado con los discursos islamófobos del presente? ¿Por qué las noticias sobre Palestina (y otros pueblos sometidos) parecen eco de historias que el cine ya nos había contado, pero que no quisimos ver del todo? 

En clase hablamos de “peacebuilding”, pero no como un término técnico que aparecerá en un examen, sino como una práctica que empieza con algo tan aparentemente sencillo como escuchar al otrx en su propia lengua. Cuando una película nos muestra a alguien cambiando de Francés a árabe, o mezclando francés con otra lengua, vemos que lo lingüístico también es político: ¿qué lenguas son consideradas “cultas” y cuáles son tratadas como problema? Al conectar estas cuestiones con el genocidio en Palestina, la reflexión se vuelve incómoda, pero necesaria. No se trata de “apoyar una causa” desde redes sociales, sino de preguntarnos qué significa, desde la UNAM, construir una postura informada, crítica y solidaria en un sistema internacional que produce, tolera y justifica la muerte masiva de ciertos cuerpos. 

Hojas de trabajo, pequeñas trincheras 

Las hojas de trabajo que acompañan cada película están diseñadas para mucho más que comprobar si entendimos el argumento. En Cine por la PAZ se nos invita a vincular escenas específicas con preguntas como: ¿Qué tipo de violencia se representa aquí? ¿Física, simbólica, institucional? ¿Cómo se relaciona con situaciones que conocemos en México o en nuestra universidad? ¿Qué habría hecho este personaje si hubiera tenido acceso a otra lengua, a otra educación, a otra red de apoyo? ¿Qué aprendemos sobre la paz cuando no hay un final feliz? 

Estas preguntas nos colocan frente a la idea de que aprender una lengua extranjera es también tomar una postura política. Cuando vemos cómo se construye la imagen del “otro peligroso” en una cinta francesa, inevitablemente miramos cómo en México hemos construido nuestras propias figuras de enemigxs, nuestros chivos expiatorios, nuestros silenciamientos. En un mundo donde la información circula a velocidades extremas, donde ya no bastan uno o dos gobiernos para controlar la opinión general, el aula de lenguas se convierte en un espacio de resistencia: un lugar donde desaceleramos, analizamos, contrastamos y decidimos no quedarnos con la primera narrativa que aparece en pantalla. 

La UNAM como trinchera: cultura de paz y lenguas extranjeras 

La UNAM ha hablado en los últimos años de “cultura de paz”, pero ese concepto corre el riesgo de quedarse en el nivel del discurso institucional si no se encarna en prácticas concretas. Ahí es donde el papel del Centro de Lenguas se vuelve crucial. En nuestros cursos, el énfasis ya no está únicamente en aprobar un examen de certificación, también se trata de formar agentes de cambio capaces de leer medios internacionales, contrastar fuentes, seguir debates en distintos idiomas y, sobre todo, reconocer las violencias que se reproducen también en las relaciones cotidianas. 

Cuando en clase comentamos noticias sobre Palestina u otros conflictos, lo hacemos desde fuentes en francés o en inglés, lo que nos permite ver matices que a veces se pierden en la traducción al español. Al mismo tiempo, nos confronta con las “violencias epistémicas”: quién tiene el poder de narrar un genocidio, quién decide qué palabras usar para nombrarlo, quién puede decir “guerra” y quién apenas aparece como “daños colaterales”. La universidad, entendida como trinchera, es algo más que el lugar donde protestamos o sacamos mantas (aunque eso también es fundamental), sino el terreno donde nos entrenamos para no reproducir sin crítica las narrativas hegemónicas, incluso cuando vienen en un francés perfecto o en un inglés neutro. 

Cine por la paz, pero también desde la paz 

La riqueza de la selección del Tour de Cine Francés en el Centro de Lenguas no está más allá de la calidad cinematográfica, sino en la oportunidad que abre para pensar la paz de manera compleja. Una paz entendida no como silencio o ausencia de conflicto, más bien una “paz imperfecta”, tejida desde abajo, que reconoce sus contradicciones. Ver a personajes que resisten, que cuida, que se organizan, que recuerdan, nos ayuda a imaginar otros futuros, a veces una escena en la que alguien se niega a olvidar una masacre, o en la que un grupo de jóvenes decide no reproducir el odio heredado, dice más sobre la construcción de la paz que cualquier documento diplomático. 

En nuestro camino de regreso a casa, después de las clases, llevamos algo más que nuevas palabras en francés: cargamos preguntas. ¿Qué estamos haciendo, desde la FES Aragón y desde la UNAM, para que la complicidad o sea nuestra lengua materna frente al genocidio? ¿Cómo transformamos las clases de lengua en espacios donde no se normalice la burla, la exclusión, el racismo, la misoginia? Tal vez la construcción de la paz empiece en gestos muy concretos: cambiar la forma en que hablamos entre nosotrxs, cuestionar chistes que lastiman, exigir narrativas más justas en los medios, practicar el escuchar antes de responder. Pero también, y esto lo aprendemos viendo cine en otra lengua, se trata de atrevernos a nombrar. Decir “genocidio” cuando es genocidio, decir “violencia estructural” cuando no es inseguridad, decir “paz” no como consigna vacía, más bien como compromiso. 

Toda la información sobre las películas que trabajamos, así como las hojas de reflexión y el enfoque de Cine por la PAZ, se puede consultar en el micrositio del Centro de Lenguas: https://sites.google.com/aragon.unam.mx/cinefrancescle/inicio 

 

Ahí, entre sinopsis, materiales didácticos y propuestas de análisis, también se está escribiendo otra historia de la UNAM: la de una comunidad que se toma en serio su papel en la construcción de paz, que aprende a decir “paix”, “peace” o 和平, pero que, sobre todo, intenta vivirla en cada rincón de sus trincheras cotidianas.

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